Aunque esta metalurgia seguía centrando su interés principalmente en hacer cascabeles, su enfoque se ampliaba. Las propiedades de los bronces permitían vaciar cascabeles más grandes y delgados, con diseños más complejos que sus equivalentes en cobre (figura 20). Las aleaciones de bronce se derriten a temperaturas más bajas que el cobre puro. Además se solidifican a una escala de temperaturas y no a una sola, lo que permite que el metal liquido fluya por el molde y que llene los detalles de los moldes. Los bronces son más fuertes y resistentes que el cobre puro lo cual facilita y explica el hecho de que podían producir cascabeles más grandes y delgados. La concentración de estaño o de arsénico en estos cascabeles varia entre el 7 y el 25 por ciento (figura 21). En la figura se aprecia la microestructura de uno de los cascabeles de cobre - estaño que contiene 18% de estaño. Cuando está presente el arsénico en concentraciones tan elevadas el color del metal se ve plateado. Cuando el estaño aparece en concentraciones altas el metal se ve dorado. Es notorio que los artesanos agregaban el estaño o el arsénico en concentraciones mucho más altas de lo necesario para realizar los diseños lo cual nos hace concluir que buscaban intencionalmente los colores dorados y plateados que resultaban.
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Figura 20: Cascabeles hechos en bronce (el cobre arsénico y el cobre-plata) que tipifican el Periodo 2 de la metalurgia del Occidente de México. Son vaciados a la cera perdida |
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Figura 21: Microestructura de una sección longitudinal de un cascabel de cobre-estaño. Contiene 18% de estaño |
Además de alterar el color del metal, el uso de los bronces facilitaba la producción de cascabeles más grandes y con formas variadas. Esto amplifica el rango de tonos que podían producir los cascabeles. En estos cascabeles, el tono es función del volumen interior de la cámara de resonancia y el tamaño de la abertura de la base.
Los metalúrgicos del occidente de México también aprovechaban las propiedades de los bronces para variar y mejorar el diseño de las pinzas y las argollas. Las pinzas que corresponden al Periodo 2 - es decir que datan de después de 1200 d.C. - contienen el estaño en proporciones entre el 8 y el 12 por ciento. Estas pinzas son convexas, además de ser más anchas, largas y finas que las pinzas de cobre del Periodo 1 (figura 22). Muchas de estas pinzas se trabajaron en caliente, porque cuando la concentración de estaño traspasa el 5% se vuelven frágiles al martillarlas. Nuestro trabajo experimental indica que la dureza y resistencia de los bronces es imprescindible para realizar estos diseños y para producir un utensilio funcional. Por medio de programas de computador que simulan las tensiones y el comportamiento de de formación de estructuras sólidas, se sabe que estos utensilios funcionaban muy bien como instrumentos depilatorios, pero que las características del diseño son tales que fallan cuando están hechos de cobre. También indican que la concentración de estaño ha de ser más elevada de lo necesario para que la pinza funcione. Esto nos indica que agregaban el estaño en altas concentraciones con la intención específica de producir un rango de colores dorados. En el occidente de México las pinzas llegaron a tener una función simbólica además de la práctica. Son muy grandes: algunas miden más de 10 centímetros de largo. Hay documentos del siglo XVI en que se muestra a sacerdotes michoacanos que las llevaban puestas como símbolo del estado y del poder religioso.
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Figura 22: Pinzas del Occidente de México del Periodo 2. Son hechas de cobre- arsénico y cobre-estaño. Las que estan hechos de cobre-estaño tienen estaño presente en proporciones hasta el 12%, que hace que el color del metal se vea dorado. |
Se modificó también el diseño de las argollas fabricadas de bronce de cobre - estaño. Sus diámetros son más grandes y el grosor es menos que las argollas de cobre del Periodo 1. Estos cambios de diseño reflejan la dureza y resistencia que caracteriza a los bronces. El estaño aparece en concentraciones que llegan hasta el 20%, que también les da un color dorado.
El uso sistemático del bronce para producir colores dorados o plateados en objetos de uso por parte de la elite -en cascabeles, argollas y pinzas- es uno de los alcances técnicos más notables de la metalurgia mesoamericana. Pero, si querían producir colores plateados y dorados ¿por qué no usaban la plata y el oro? Nuestros experimentos indican que era técnicamente imposible: que para realizar estos diseños y para la función de los objetos se necesitaban las propiedades del bronce, específicamente sus características de solidificación, su fluidez, su dureza y su resistencia. En otras palabras, si el artesano quería vaciar un cascabel grande, delgado, y con elementos complejos que también se viera dorado o plateado, su única solución era usar los bronces.
Durante el Periodo 2 los utensilios siguen siendo un componente menor en la metalurgia de la región. Aprovecharon las propiedades mecánicas de los bronces para mejorar los diseños y ampliar las posibilidades funcionales. En agujas, cinceles y hachas el estaño o arsénico aparece en concentraciones bajas - entre el uno y el 5%. Cuando son martillados, estos se vuelven más duros y resistentes. La dureza y la resistencia son precisamente las propiedades que uno quiere en los utensilios: se endurece el objeto pero no se pone quebradizo. Estos artesanos conocían y manejaban la relación entre la composición química del objeto, su técnica de fabricación y su función o uso.
Los metalurgistas comenzaron a fabricar un nuevo diseño de aguja en que el ojo se forma doblando una tira de metal; este diseño también es difícil de realizar con el cobre puro, por el grosor de la tira. Los cinceles y las hachas hechos de estos bronces, sea de cobre - estaño o de cobre arsenical, son más delgados y mucho más duros que los que se hacen de cobre.
Estos cambios tecnológicos implican la explotación de nuevos minerales metálicos y el descubrimiento o el aprendizaje de nuevas técnicas de fundición, además de técnicas para aliar dos o más metales. También implican experimentar con diseños nuevos. Aunque falta localizar los asentamientos donde producían los metales sabemos algo de la organización de producción de metales en Mesoamérica después del año 1200. La producción nunca estuvo centralizada. Nuestros análisis de isótopos de plomo de artefactos y de yacimientos de cobre han distinguido varios centros de producción en el occidente. Los datos indican que existían centros de producción en el sur de Jalisco y también en el sur de Michoacán. La información proporcionada por los análisis químicos demuestra que estos centros producían objetos de bronce de cobre - estaño y cobre - arsénico. Los artefactos se diferencian con base en sus firmas isotópicas y también en cuanto a diseño (Hosler y MacFarlane, 1996).
¿Cómo se relacionan estas características del Periodo 2 conlas metalurgias de Sudamérica?
El interés en las propiedades acústicas del metal representa un enfoque netamente mexicano. Sí hay cascabeles en Sudamérica, pero constituyen elementos menores en esas tecnologías. Otra elaboración netamente mexicana es la idea de usar los bronces para estimular los colores de oro y de plata en objetos suntuarios.
El caso de las pinzas es especialmente complejo. Existen pinzas sudamericanas cuyo diseño es casi idéntico a tres de los cuatro tipos que aparecen en Mesoamérica durante el Periodo 2. También están hechos de aleaciones de cobre - estaño y algunas de cobre plata. Las que se ven en la Figura 23 se han encontrado en excavaciones en los Andes sureños y son anteriores unos doscientos años a los ejemplos Mesoamericanos. Es probable que los prototipos de estas pinzas se introdujeran desde Sudamérica, pero que la transformación de las pinzas en símbolo de poder religioso es algo que solo ocurrió en el occidente de México.
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Figura 23: Pinzas excavadas en la costa del Perú con fechas entre 1000 y 130 de nuestra era. Las caracteristicas de diseño y las técnicas de fabricación son idénticas a las dos de los tipos mesoamericanos del Periodo 2 |
Los nuevos diseños de aguja que aparecen en el Periodo 2, con el ojo doblado, también tienen antecedentes en Sudamérica. Se han encontrado en excavaciones en la costa del Ecuador y en otros sitios y son anteriores unos 400 años a sus equivalentes en Mesoamérica. Son idénticas las mesoamericanas y el diseño probablemente se introdujo desde Sudamérica.




