Cuando los moldes se pusieron rojos por dentro y el metal en el crisol brillaba debajo del carbón, la señora Rosa desarmó el horno del patio y cargó los moldes en una pala de mango largo. Rápidamente los moldes se llevaron al taller, dejándolos en el piso a un paso de la fragua. Con destreza Rosa agarró un molde con la muelle, golpeándolo una vez contra el piso para desalojar de la boca tierra o cualquier basura. Luego, colocó cada molde en posición parada, apoyándolos en el riel. Rosa amontonó tierra alrededor de la base de cada uno, para que no se moviera. A veces la señora murmuraba otra súplica, porque el éxito depende también en factores fuera del control de uno.

Mientras tanto, Don Luis, utilizando una muelle, recogió el hisopo, lo limpió tocándolo en los ladrillos. Destapó eh crisol, y con el mismo hisopo empezó a barrer ha superficie del metal derretido, sacando así los fragmentos de carbón que flotaban allí. Terminando eso, dejó eh hisopo sobre el metal fundido.

 


Con los moldes en posición, Luis sacó la muelle más fuerte y agarró eh crisol (Figura 15), llevándolo medio metro hacia los moldes donde Rosa estaba esperando con un palo (una rama recta y verde) en la mano. Sin hablar Luis empezó a vaciar el metal en eh primer molde y Rosa sostuvo el hisopo con eh palo, evitando así que basuras que flotaban en eh metal pasaran al molde (Figura 16). Eh crisol rojizo parecía traslúcido, y eh líquido brillante cayó justo en ha boca del molde. Los dos artesanos trabajaban con velocidad: temían que un viento o un retraso provocaran el enfriamiento del crisol. El metal pierde su fluidez si ha temperatura baja unos pocos grados. Si el metal no fluye, no llega hasta el fondo del molde, y luego sale solo la mitad de un artefacto. Para que salga todo bien es necesario hacer todo a tiempo; por eso es difícil que una persona haga la fundición sin ayudante.

En pocos segundos, llenaron 10 moldes (Figura 17). El fundidor calculó que no había suficiente material para llenar los dos moldes que quedaban, ypensando también que el material ya estaba muy espeso, regó el resto sobre el piso de tierra y dejó el crisol acostado para enfriarse. El hisopo se enterró,porque a veces aguantan dos fundiciones. Si se hace otra fundición en seguida, el fundidor devuelve el crisol al fuego, y lo carga de nuevo. Pero en esedía, solo hicimos una. Los moldes desocupados quedaron para otra fundición. En seguida Luis desarmó la fragua y apagó el carbón con agua parapoder volver a usar el precioso combustible. Comentó que era muy bravo elfuego. Después de dos horass de trabajo estaba bien sudado.

En poco tiempo el metal en las bocas de los moldes se endureció, cambiando de color. En una media hora una voluntaria, una pariente mayor de los fundidores, amontonó todos los moldes y echó un poco de agua encima. El chiflido del agua señalaba que los moldes todavía tenían que descansar. En un cuarto de hora, esa señora cogió un fierro y empezó a romper los moldes, descubriendo en el interior los artefactos de metal (Figura 18). Era como descascarar unas nueces. A fuerza de golpes sacó toda la tierra negra quema da de los huecos, limpiando los artefactos. La falla más común de la fundición es la producción de artefactos incompletos: esto ocurre cuando o el molde o el metal se enfría un poco y el bronce no fluye hasta el fondo del molde. El metal se hace duro muy pronto cuando el viento sopla y cuando la aleación tiene demasiado cobre. La platina es más arriesgada porque requiere temperaturas todavía más elevadas. Cuando Adela quiere vaciar platina, haceun esfuerzo especial para mantener la temperatura del metal: por ejemplo,utiliza un fierro caliente en vez de un palo para sostener el hisopo durante el vaciado.

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