RESEÑAS

Renacientes del  Guandal. “Grupos  griegos” de los ríos Satinga y  Sanquianga

PROYECTO BIOPA CIFICO

Ministerio del Medio Ambiente,

GEF PNUD, Universidad Nacional.   

Ed. Lerner; 1996

Un libro que enriquece los estudios muitidisciplinarios y el reconocimiento de la importancia de los diversos ecosistemas de Colombia y de la diversidad de culturas que se apropian de ellos. Aporta con un estudio realizado en la costa Pacífica colombiana, hasta ahora carente de acercamientos de este tipo que permitieran una panorámica general de la región, y al mismo tiempo una mirada detenida de las comunidades negras se apropian y explotan los recursos naturales de la zona.

El texto apunta a la descripción de la problemática comunidad negra-bosque; y se desarrolla a través de ocho artículos, que ubican al lector en la región desde lo  ecológico, lo etnohistórico, lo económico, lo antropologico y que le permiten conectar el pasado  histórico con las actuales formas de apropiacion del medio y representaciones colectivas de la comunidad.

La categoría de guandal (pantanoso) se refiere a un de suelos, inundados por aguas dulces, turbosos sobre los que se tejen una serie de asociaciones de diferentes plantas, palmas y árboles, generalmente maderables. Las comunidades negras, blancas e indígenas han desarrollado formas particulares de apropiarse de este ecosistema, y el texto apunta precisamente a reconocerlas y comprender- las con miras a la preservación natural y cultural de la región. Una región en donde las comunidades negras, los Renacientes, expresan su identidad y su particular forma de relacionarse con la naturaleza, en donde se ven reflejados sus procesos históricos y sociales desde su llegada como esclavos hasta nuestros días.

El artículo “Medio biofísica de los bosques del guandal”, por Jorge Ignacio del Valle, ingeniero forestal de la Universidad Nacional de Medellín, es resultado de los estudios realizados en el sistema deltaico del río Patía, municipio Olaya Herrera, cabecera municipal Bocas de Satinga. Además de aspectos climáticos este artículo recopila las características geológicas y geomorfológicas de la región, resaltando la influencia de las mareas en la modificación del paisaje y su importancia en el transporte y deposición de agua salobre y nitritos aportados por los ríos. El autor incluye importante información sobre características de suelos y aguas de los ríos, características y diferenciación de los suelos. Toda esta información le permite al lector recrear el paisaje del guandal y comprender desde lo biofísico, el tipo de relaciones que el tiempo ha generado entre hombre y naturaleza.

Desde el punto de vista etnohistórico, el libro re- copila información desde el origen etnolingüístico de las palabras que ahora definen los bosques, hasta los procesos de colonización, migraciones, in fluencia de la política, la economía y la religión; en la particular forma de apropiación de las comunidades negras a esta región. La visión etnohistórica permite entender la forma en que se han desarrollado los derechos de propiedad, y cómo estos están ligados al parentesco y a formas culturales de comprender y apropiarse históricamente del entorno. En el artículo “ Territorio, población y sociedades negras en el Pacifico Sur colombiano” se re- construyen los procesos de conservación y adaptación de elementos culturales africanos a las condiciones en la selva pacifica, y se logra a una aproximación a las formas de producción económica, a la sociedad y la cultura con atención hacia la relación comunidad-bosque en una zona de extracción maderera. El tipo de aproximación histórico demográfico a la región aporta una nueva perspectiva al entendimiento de los procesos e influencias políticas, religiosas y a las relaciones inter-étnicas en la región. Es a través de la visión etnohistórica que se logran integrar procesos como la manumisión, las guerras civiles, los procesos de emancipación y apropiación del territorio con la realidad actual de la región, y de ésta con el resto del país.

Dentro de una perspectiva económica, “Campesi nos de los bosques de guandal” abre el marco de estudio incluyendo no sólo a las comunidades negras, sino a aquellas indígenas involucradas en los procesos de producción y explotación maderera y que por el tipo de aprovechamiento de su entorno entrarían en la clasificación de campesinos. Lo económico y lo social se entretejen en este artículo, buscando una profundización en las relaciones entre los diferentes actores involucrados —campesinos, propietarios de aserraderos y entidades regionales— y los procesos de deterioro de la productividad del bosque del guandal. Es en este artículo donde se incluyen otros factores decisivos en la región como la economía de la coca. Después de esta amplia panorámica económica, el artículo II Tierra, producción y trabajo familiar en la economía campesina de los bosques del guandal” cierra el lente sobre las familias negras e indígenas, las relaciones familiares y la racionalidad económica que les rigen, buscando determinar el área mínima requerida para que cada familia pueda desarrollar sus actividades agrícolas apropiadamente y dentro de sus formas particulares de producción.

Los dos artículos de Eduardo Restrepo, sobre los tuqueros negros y sobre la palma del naidí, brindan un aporte al análisis simbólico de las comunidades. En ellos se reconstruyen los mundos naturales y culturales, las relaciones sociales y las lógicas económicas que rigen la extracción de madera y la explotación de otros productos del bosque. Es aquí donde se hace clara la forma particular que tienen las comunidades negras de apropiarse y construir simbólicamente su entorno.

Además de permitir una visión panorámica de las comunidades negras en la zona, la mayor importancia de este artículo es que es un principio de reconocimiento a la identidad negra como forma de apropiación particular del medio ambiente con raíces mas allá de su llegada a América. Es decir que no los considera como “invasores” de la región o de los territorios indígenas, sino que da cuenta de su historia y de los procesos particulares que estos grupos han tenido en la región.

Cierran el libro los artículos de Paula A. Galeano, sobre alimentación, y el texto de Del Valle sobre prácticas tradicionales y ordenamiento territorial. El primero logra ir más allá del inventario culinario y expresa en un acto cotidiano como la cocina y la alimentación la forma particular como las comunidades negras construyen y organizan su mundo. La autora recoge recetas y expresiones de hombres y mujeres de la zona y rescata de una forma muy sencilla los aspectos destacados a lo largo de todo el libro: lo simbólico, lo económico, lo social y clasificaciones de los ecosistemas. El último artículo resalta, casi de manera circular en relación con los primeros textos y al desarrollo mismo del libro, los conflictos inter-étnicos, los conflictos por la pro- piedad, la apropiación y producción, y lo más importante: el futuro de sostenibilidad de los bosques del guandal.

Un libro realmente enriquecedor para todas las ra mas de la investigación preocupadas por la conservación de los bosques tropicales y de las culturas que los habitan, y para aquellos investigadores que se han enfrentado a la dificultad de integrar diversas ciencias en un solo estudio.

Ana María Medina

Antropóloga

Universidad de los Andes

Etnias, educación y archivos en la historia de Colombia

JAVIER GUERRERO BARON (comp.)

Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia,

Archivo General de la Nación, Asociación Colombiana

de Historiadores, si, 262 p.

Esta compilación es el quinto tomo de las memorias del IX Congreso de Historia de Colombia, que se celebró en la ciudad de Tunja entre el 2 y el 5 de mayo de 1 995, con la participación de más de 200 historiadores colombianos e invitados de varios países, quienes presentaron sus trabajos ante más de mil asistentes.

Se recogen aquí 20 ponencias que corresponden a cuatro simposios: Etnohistoria e Historia Prehispánica; Teorías, Métodos y Enseñanza de la Historia; Historia de la Educación y Archivos, Fuentes e Información Histórica, los cuales constituyen a la vez las cuatro partes que componen el libro.

Como suele ocurrir en los congresos, “hay de todo”; ponencias serias y bien elaboradas, que enfocan temas interesantes y de actualidad y muestran el cuidado que pusieron sus autores para su elaboración, conviven con otras que revelan con claridad que quienes las presentaron lo hicieron únicamente con el interés de tener una carta de presentación para figurar en el congreso, puesto que denotan la prisa en su redacción y la escasa profundidad de las ideas y del desarrollo de sus problemáticas. Otras aparecen profundamente desactualizadas, tanto en sus temáticas y contenidos, como en la metodología de la investigación y la forma de exponer sus resultados.

Quizás un más cuidadoso proceso de selección por parte del compilador hubiera podido producir un resultado más homogéneo y de un nivel académico y científico más consistente.

La primera parte, que recoge seis ponencias, se inicia con la de Juan Carlos Gamboa, funcionario de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), quien aborda el proceso reciente de la población Kankuama que habita en el piedemonte de la Sierra Nevada de Santa Marta, regiones de Atánquez y Chemesquemena. El autor propone solamente “algunas notas para la reflexión” con el fin de aproximarse a la historia oral de los Kankuamo y de la manera como ésta viene siendo empleada en su proceso de reindianización, luego de que habían perdido su identidad, según el autor, desde mediados del siglo pasado.

Ante la posibilidad de que una parte de las tierras que ocupan en el momento fueran destinadas para la ampliación del Resguardo Arhuaco, los Kankuamo encontraron en el definirse nuevamente como indígenas la estrategia para enfrentar con éxito esa perspectiva. En ello, la historia oral viene desempeñando un papel fundamental, no como repetición estereotipada, sino como posibilidad de creación de una identidad de hoy, adecuada a las nuevas condiciones y problemas.

Tras unas breves anotaciones acerca de las características generales del conocimiento indígena, la ponencia termina afirmando el valor de la historia oral como arma para enfrentar la historia escrita escolarizada “que los aleja cada vez más de su identidad indígena”, a la vez que les permite reinventar la propia tradición oral. Desafortunadamente, la ponencia no permite saber nada de las formas concretas que reviste el proceso de reindianización, ni de la manera como se ha recuperado una historia oral que los antropólogos habían dado por desaparecida, ni de cómo opera ésta en la vida actual, con lo cual sus planteamientos quedan como un discurso muy general y de escasa utilidad para “la reflexión”.

A continuación, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, Abel Martínez Martín, nos trae una ponencia cuyo título deja bien claros su contenido y su nivel: “Arqueología sexual colombiana: cómo eran y por qué fueron desaparecidas las desabrochadísimas costumbres sexuales de nuestros muy lúbricos antepasados”. Pescando al azar en fuentes secundarias que recogen informaciones de los cronistas y en algunos manuales y textos no especializados, el autor presenta en forma desordenada, fuera de contexto y sin ninguna interpretación, costumbres sexuales, normas de matrimonio y parentesco, objetos arqueológicos y otros elementos, como “ejemplos de desenfreno libidinoso y de temperancia” entre los aborígenes americanos.

La forma absolutamente anacrónica de organizar la información sólo consigue dar una visión exotista y vaga de este campo de la vida aborigen. Nada se dice acerca de por qué desaparecieron esas costumbres, pese a que el título lo había prometido así.

Como si quisiera compensar por la ponencia anterior, el compilador incluye el análisis que el norte- americano David D. Earle, del Museo de la ciudad de Lancaster, en California, realiza sobre la visita que Pedro de Hinojosa efectuó en 1569 a los pueblos de la jurisdicción de Popayán. De ella, el investigador extrae novedosa información acerca de las características socioeconómicas de los cacicazgos de la zona en la época anterior a la llegada de los europeos.

El trabajo se propone avanzar en el conocimiento de los cacicazgos norteandinos en el período prehispánico, a partir de los planteamientos del arqueólogo José Alcina Franch ( 1986). Las conclusiones de Earle sobre los cacicazgos Guambiano Coconuco permiten ubicarlos dentro de tal caracterización, por la presencia en ellos de la mayor parte de los elementos que la definen, los mismos que ya habían sido comprobados por Salomon en el norte del Ecuador. En especial, presencia de grandes edificios públicos, procesos de concentración y redistribución de los considerables excedentes de una producción agrícola basada en el cultivo de tubérculos y maíz y con el empleo de camellones, patrón de asentamiento disperso con alta densidad.

demográfica, uso de objetos de oro y mantas, presencia de artesanos y mercaderes especializados y, por consiguiente, una amplia red de mercados, economía vertical con la integración de diversos pisos térmicos y, por último, el empleo de una sola lengua a través de un vasto territorio.

Es interesante observar que muchas de estas conclusiones coinciden en parte con aquellas de la historia oral guambiana, que ha salido de nuevo a la luz a raíz de los procesos de recuperación de su historia emprendidos por esta sociedad como una parte de su estrategia para recuperarlo todo.

La profesora de la Universidad del Valle, María Cristina Navarrete, trabaja sobre la historia social del negro en la Cartagena del siglo XVII, como contribución para llenar el vacío de los estudios históricos sobre ese período en lo que tiene que ver con la participación negra en la economía.

Sus fuentes están en los archivos de la Inquisición y en los cronistas de la época, que le permiten reconstruir el contexto geográfico y social del momento y agregar a las ocupaciones tradicionalmente reconocidas para los negros otras nuevas: la agricultura hacendaria y la minería, su importancia en el transporte, la reparación de los barcos, los oficios domésticos y la milicia, la artesanía y hasta su función como curanderos y parteros.

El ingeniero de alimentos Hernán Melgarejo hace una breve reseña de la manera como a la llegada de los españoles se presentó un fuerte proceso de aculturación alimenticia entre la población abongen, en la cual el trigo se impuso sobre el maíz, las reses sobre los venados, el vino sobre la chicha, etc., lo que produjo una fuerte disminución de la calidad de su alimentación.

María Imelda López y Clemencia García estudian trece testamentos de la Notaria 1a de Bogotá, protocolizados entre 1556 y 1570. Con base en ex- tensas citas hacen algunas consideraciones sueltas sobre género y etnia, sin que el trabajo tenga alguna conclusión al respecto, aunque indicando un camino metodológico importante para el estudio de estos temas.

La segunda parte, con siete ponencias, comienza con un trabajo del historiador Alfonso Torres Castillo sobre la enseñanza de la historia en Colombia. Al pasar revista a la situación, comprueba cómo, aunque hace más de una década que la enseñanza de las ciencias sociales se ha hecho objeto de preocupación pedagógica en las instituciones relacionadas, no se han dado cambios de importancia en este campo, salvo algunas experiencias puntuales, contándose sólo con “tímidas reformas”.

Hace un recuento de las diferentes corrientes en la docencia y los cambios que se han presentado; los resultados del empleo de la teoría constuctivista son tema importante para el autor, así como aquellos que vienen de enseñar las disciplinas sociales desde su propia lógica. Por último, repasa las perspectivas que ofrecen tanto la aplicación a la escuela de las experiencias de recuperación colectiva de la historia como las propuestas posmodernas de concebir la sociedad y su conocimiento como textos.

Rafael A. Velásquez, licenciado en sicología educativa, presenta un estudio que considera once textos escolares para la enseñanza de la historia publicados entre 1940 y 1 967, para analizar en ellos la ideología política que los anima. Su estudio es poco novedoso, pues en el pasado otros autores han examinado los mismos textos con el mismo propósito. En la medida en que estos manuales de historia —del hermano Justo Ramón, de Henao y Arrubla, de Rafael Granados, de Víctor Bedoya y de otros autores— han caído en desuso e incluso son des- conocidos por las nuevas generaciones, la ponencia no reviste demasiado interés.

A continuación, los investigadores Eladio Bustamante y Carmen Aranguren nos cuentan en escasas cinco páginas lo que es su concepto de un “análisis teórico, didáctico y sicopedagógico” de la enseñanza de la historia de Venezuela en el actual programa de educación básica.

Sobre la enseñanza y aprendizaje de la historia versa la ponencia de la profesora de la Universidad Javeriana Angela Bermúdez. En ella se ocupa de los cambios teóricos ocurridos en relación con cuatro temas básicos: ¿para qué enseñar historia?, ¿qué

historia enseñar?, ¿cómo se aprende y cómo enseñarla?, haciendo un balance de los logros y problemas provenientes de tres cauces: el de la estmctura dual, el histórico-político y el pedagógico. Las críticas que se hacen a las innovaciones ocurridas se agrupan bajo tres aspectos específicos: diferencias entre aprendizaje activo y activismo, trampas del aprendizaje a partir del entorno, insuficiencias de Piaget. Como alternativa de trabajo, la autora plantea la necesidad de un diálogo entre historia y sicología, con base en la teoría sobre la formación del pensamiento histórico.

El papel de la representación narrativa en la enseñanza de la historia es el tema que abordan los profesores Jairo Gómez y Piedad Ramírez a partir de los resultados de una investigación que se llevó a cabo en el Instituto Pedagógico Nacional en Bo gotá. En ella se articularon elementos provenientes de la historia (Annales, Marxismo y Sicohistoria), la sicología (sicología socialcognitiva) y la pedagogía (enseñanza problémica, humanismo y cambio conceptual), a través de un diseño que permitiera evaluar el pensamiento formal y los dominios del conocimiento social aplicado a las tres concepciones historiográficas.

Los profesores plantean las implicaciones que se derivan de la Filosofía de la Historia Radical, postulada por Habermas, y de la perspectiva posmoderna, en especial el empleo de representaciones narrativas, por ejemplo a través de juegos escénicos por parte de adolescentes que viven en la posmodernidad, bajo los efectos de la televisión, los computadores y la publicidad.

De nuevo la profesora Angela Bermúdez, ahora conjuntamente con Consuelo Ospina y Oscar Saldarriaga, trabaja sobre la estructura del manejo de textos para la enseñanza de la historia a través de los mapas conceptuales. Parten de una idea: la enseñanza debe estar encaminada a la formación de un pensamiento histórico que permita a profesores y estudiantes la “comprensión de los elementos y relaciones que forman una organización social, el modo como unos y otras han podido cambiar en el tiempo, y las causas tanto intencionales como estructurales que hacen inteligibles dichos cambios”.

Para conseguirlo, consideran esencial que el maestro llegue a ser capaz tanto de cambiar sus relaciones con los textos que utiliza para leer y para enseñar como de escribir sus propios textos. Los mapas conceptuales, que permiten visualizar los conceptos contenidos en los textos y relacionarlos gráficamente, constituyen la herramienta metodológica que se propone para alcanzar tales objetivos.

Cierra esta parte del libro el texto “La narratividad como estrategia metodológica en la comprensión histórica” del profesor de la Universidad Distrital Jesús Antonio Rodríguez. Coincide con las dos ponencias anteriores en la necesidad de encontrar las didácticas que permitan que los alumnos desarrollen un pensamiento histórico, y con la de los profesores Gómez y Ramírez en el papel que confiere a la narratividad en el logro de este propósito, descuidado del todo por los historiadores profesionales.

Su propuesta está apoyada en los resultados de una experiencia de cuatro semanas efectuada con estudiantes de noveno grado de colegios de Bogotá con bajo rendimiento en sociales y con gran indiferencia hacia la historia, al cabo de la cual los alumnos habían avanzado en forma significativa en la comprensión de la historia nacional y en el interés por ella.

Al inicio de la cuarta parte, Víctor M. Uribe, profesor asistente de la Universidad Internacional de la Florida, presenta una parte de su trabajo sobre “la historia social de los abogados y la política en Colombia entre 1780 y 1850”, en el cual examina las características y desarrollo de la educación impartida a los estudiantes de leyes durante esa época en los Colegios Mayores, las Universidades y los Colegios Provinciales, diferenciando las políticas formales de las prácticas reales. También se aplica a esclarecer las relaciones ente este tipo de educación y los procesos de formación del estado y aparición de los partidos y grupos políticos. Finalmente, muestra cómo grupos organizados de la sociedad civil tuvieron la fuerza y la capacidad suficientes para cambiar substancialmente los resultados de las reformas introducidas por el estado.

Jorge Quintero Esquivel, de la Universidad del Cauca, enfoca su atención sobre los aspectos científicos de la formación impartida por el Real Colegio Seminario de Popayán a sus estudiantes duran. te la segunda mitad del siglo XVIII, en el marco específico del Popayán de la época. Para ello, el autor aboca la vida cotidiana del Seminario, no a través del quehacer del mismo, sino de las disposiciones mediante las cuales el Cabildo de la ciudad regula su transcurrir.

La ponencia muestra, también, cómo el Seminario se convirtió en un centro de difusión de las ideas de la Ilustración, transformando su tradición educativa en una “revolución desde arriba”, segun el decir del autor, que introdujo las ciencias naturales y valorizó la experiencia y los métodos inductivos. Una muestra de las conclusiones públicas (tesis) formuladas por los estudiantes, da fuerza a la afirmación anterior; para ilustrarlo, el autor presenta las tesis elaboradas por Francisco José de Caldas al egresar del Real Colegio.

Javier Sáenz Obregón, de la Universidad de los Andes, presenta en forma brevísima los resultados de la investigación “ Saber pedagógico y educación pública en Colombia, 1900-1946”, en la cual se puso énfasis especial en las transformaciones de las prácticas pedagógicas ocurridas durante ese período.

Según ella, desde comienzos de siglo hasta media- dos de los años treinta predominan tres criterios, que el autor denomina rejillas, en “la apropiación de la pedagogía activa y los saberes modernos”: la desconfianza en el pueblo y en el individuo y la censura eclesiástica. A partir de 1934, con las reformas de López, predomina una nueva rejilla: la conveniencia política y la coherencia de la pedagogía con los fines generales del partido de gobierno.

Así, se abrió paso a las ciencias naturales, a la metáfora del cuerpo biológico para concebir lo social y a la experimentación, al tiempo que se dio una escisión entre instrucción y educación.

La última parte del libro comprende cuatro ponencias en relación con las fuentes de la investigación histórica. En la primera, Adelaida Sourdís, del Archivo Nacional, después de criticar el marginamiento de los historiadores de todo lo que tiene que ver con la organización y manejo de los archivos, propone la necesaria integración entre aquellos y el personal de archivística. Asimismo, eivindencia el empleo de “nuevos archivos”, aquellos orales, audiovisuales, informáticos o en disco óptico. Finaliza exponiendo a grandes rasgos el trabajo y los programas actuales del Archivo General de la Nación.

William Manuel Martínez, también del Archivo General de la Nación, presenta la importancia de los archivos de protocolos notariales como fuente documental primaria para la investigación histórica en temas como Historia Social (historia de las mentalidades e historia de la vida cotidiana), Historia Económica, Etnia y Género, entre otros.

La profesora Gloria Estela Bonilla, de la Universidad de Cartagena, explica en su ponencia la importancia de los archivos regionales para la historia de Cartagena y Bolívar. Para reafirmar su planteamiento, hace un recuento del contenido documental de los archivos que existen en la ciudad de Cartagena, así como los de Antioquia y Atlántico, el Eclesiástico de Santa Marta y, por último, el Archivo Nacional.

El libro se cierra con la ponencia de Zamira Díaz López de la Universidad del Cauca, en la cual se hace una crítica de la forma ingenua como muchos nuevos historiadores abordan el pasado a través de fuentes orales o literarias, y reivindica el empleo de textos escritos, “genéricamente llamados documentos o materiales de archivo”; para ello, presenta una guía sobre la manera de desarrollar un trabajo investigativo que se enfrente al trabajo con tales archivos.

Luis Guillermo Vasco Uribe.

Profesor Titular y Emérito

Universidad Nacional de Colombia

Regiones, ciudades, empresarios y trabajadores en la historia de Colombia

JAVIER GUERRERO (Compilador)

Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia,

Archivo General de la Nación, Asociación Colombiana de

Historiadores, 1995

Como suele suceder en los libros que reúnen artículos dispares, en el presente texto nos encontramos con una gran variedad de trabajos a propósito del tema sugerido en el título, sin que nadie pueda intentar darles unidad y coherencia. Esto se debe a que el texto recopila las memorias del IX Congreso de Historia de Colombia (Tunja, 2 al 5 de mayo de 1995), que fue organizado en tres simposios temáticos: Fronteras y regiones en la Historia de Colombia, Historia Urbana y de los movimientos sociales, e Historia económica, empresarial y agraria.

A pesar de la dispersión, el texto ofrece la ventaja de mostrar el tipo de temas y métodos que rigen las tendencias actuales de la historiografía en Colombia. Así, si bien no se encontrará una visión general de la distribución regional de Colombia, puede al menos observarse qué tipo de conflictos caracterizaron y caracterizan la distribución regional en la historia de Colombia en numerosos casos aislados, como el de Girón, el establecimiento de límites entre Boyacá y Santander, las elites regionales tomando a Antioquia como ejemplo, etc. La mayoría de estos trabajos son extremadamente específicos y sólo pueden interesar a los investigadores de dichos temas o a los pobladores de dichas regiones; para el público no iniciado son demasiado locales y carecen de interés. Hay que anotar, sin embargo, que son trabajos cuidadosamente documentados y rigurosos en la extracción de sus conclusiones.

Con respecto a la historia urbana y de los movimientos sociales en Colombia pasa algo parecido, hay muchos y muy cuidadosos trabajos sobre hechos aislados de la historia urbana de Colombia tales como el problema de las fundaciones de Bogotá y Tunja, así como algunos sobre la historia de los movimientos sociales, como, por ejemplo, las protestas populares, las prácticas solidarias en Antioquia en la segunda mitad del siglo XIX, etc.

Por último, en la tercera parte aparecen los artículos acerca de la historia empresarial y agraria de Colombia. Es importante señalar que estos trabajos cuentan con una mayor riqueza con respecto a las fuentes, quizás como consecuencia de un mayor número de registros y datos que en estas materias se suelen llevar. Como en todo artículo de historia económica, vemos que la interacción con factores sociales diversos y en algunos casos incluso fortuitos, determina aspectos fundamentales en el desarrollo de una determinada región. De este apartado y con respecto a lo que acabo de decir, vale la pena destacar los trabajos de José Murguey

Gutiérrez sobre los ferrocarriles y el de Evelio Espínola Benítez, en el que hace un curioso análisis acerca de las actividades de la Scadta en Vene zuda. Esta parte comparte las características del resto del libro, a saber, que nadie puede enterarse realmente de una historia agraria de Colombia sino de algunos puntos de mayor o menor relevancia, pero por completo aislados. ¿Por qué temerán tanto los historiadores el hablar desde puntos de vista más amplios? Tal vez sea un rigor muy encomiable, pero tal vez sea un temor muy provinciano.

En fin, el libro contiene artículos de mucho interés para un historiador que investiga sobre tópicos muy específicos, pero carece de una visión de conjunto que aglutine estos trabajos tan diversos. El problema se halla en poner un título tan pretencioso a las memorias de un congreso. Si en lugar de eso se llamara IX Congreso de Historia de Colombia, con el subtítulo de Memorias y presentara qué temas se abordaron, nadie quedaría decepcionado. El lector se engaña con el título y encuentra una revista especializada con nombre de manual o de monografía.

Leonardo Montenegro M. Profesor

Departamento de Antropología .Universidad Nacional de Colombia

 

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