El fantasma de Nazca
En los años cincuenta, el famoso coleccionista y arqueólogo ecuatoriano Emilio Estrada -quien había adquirido reciente y sorpresivamente (de hecho se puede decir que sospechosamente) un sol de oro igual al del Museo de Quito- tuvo la inspiración de decir que este sol que él había atribuido a la cultura Jama-Coaque estaba claramente relacionado en cuanto al estilo con el trabajo en oro de la cultura de Nazca en la costa sur del Perú (1961). Hizo esta afirmación basándose, al parece; en que los ornamentos de los dos soles y a la vez de casi todos los objetos de oro de Nazca conocidos fueron martillados y luego decorados por repujado, así como en el hecho de que algunas piezas de oro de Nazca tienen la forma de rostros rodeados de rayos que terminan en las cabezas (figura 8). Pero, hasta el momento, no se han descubierto evidencias de contactos o intercambio entre el Perú meridional y el Ecuador costero, aunque hay muestras de un contacto cada vez más frecuente con las culturas Moche, Vicús, Sicán y Chimú, del norte del Perú. Moche 5 y Nazca 7 muestran algunas señales de mutua influencia estilística (en realidad, lo que se evidencia es la influencia general de Moche en la cerámica de Nazca y no al revés); ésta pudo ser el conducto indirecto de la influencia de Nazca sobre la costa del Ecuador.
La labor orfebre de Nazca es muy simple. La mayoría de las piezas son bandas planas martilladas que se usaban como brazaletes, tobilleras, vinchas, etc. Hay solamente tres tipos de ornamentos más complejos que se encuentran con alguna frecuencia; éstos son dos adornos de la frente y de la cabellera y una "máscara bucal", una especie de adorno peculiar de la nariz pero que cubre la boca. Estas últimas son las formas que tienen rayos, los cuales, a su vez, tienen rostros sencillos en sus extremos. Nada se ha encontrado en el norte del Perú o en el Ecuador que semeje, ni siquiera remotamente, una máscara bucal. En estas regiones los adornos nasales no son desconocidos, pero tienen forma muy diferente y carecen rayos que terminen en cabezas o en caras. Los adornos de la frente son únicos: uno es una pieza plana con alas y un rostro central; el otro, probablemente al que se refería Estrada, es una pieza plana y ovalada de metal, que es un rostro rudimentario rodeado de rayos (figura 8), casi siempre muy pequeños y muy simples aunque hay unos cuan tos más grandes y más elaborados. Los rostros consisten generalmente en dos círculos y una línea o en un pequeño rectángulo lleno de dientes grabado en el metal suave. El concepto es quizá semejante en los dos soles, pero la ejecución y el estilo son completamente diferentes.
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Figura 8. Un ornamento del tocado de la Cultura Nazca a 100-600 d.C.). Sin proceden Museo del Oro Mojica Gallo (Lima, Perú), sin número. |
Más provechoso que fijarse en estas vagas similitudes es mirar la historia del rayo que termina en un rostro. Es muy conocido que este artificio se originó en la cultura Chavín del Perú, donde convirtieron en rostros de serpientes los largos y angostos apéndices de figuras sobrenaturales, ya sea trenzas, fajas, bigotes, o cualquier otra forma similar. Este es el artificio que John Rowe ha denominado "kenning" (símbolo, metáfora visual). Un tipo de kenning, los rayos terminados en rostro, sobreviviría en Chavín y pasaría a los sistemas iconográficos a muchas culturas del Perú y Bolivia, influenciadas por Chavín.

