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Desempeño
Militar
El tema del desempeño militar puede ser abordado desde varias perspectivas. En primer
lugar, a partir de las relaciones entre estrategia política y planes militares. En
segundo lugar, a partir del desempeño propiamente militar de las Fuerzas Militares, con
énfasis particular en los reveses militares. Y en tercer lugar, a partir del papel de
éstas en la pérdida de influencia de la guerrilla en el Urabá en el periodo Samper,
pero en relación con el papel protagónico desempeñado por los paramilitares.
En
relación con la articulación entre estrategia política y planes militares, es claro que
no existió en la administración Samper. No hubo una estrategia política que guiara la
elaboración de los planes militares y si se dieron evidentes contradicciones. El
planteamiento político del Gobierno giró durante el primer año en torno al proceso de
paz y desde un principio se evidenció una tensión y una descoordinación entre
funcionarios civiles y la cúpula militar sobre las prioridades a seguir. Días después
de que el Alto Comisionado para la Paz, Carlos Holmes Trujillo, diera a conocer en el mes
de noviembre de 1994 su primer informe sobre los avances en torno al proceso de paz, se
conoció la propuesta de Fernando Botero sobre las Convivir. Planteamiento éste que
contenía una vieja aspiración de los militares y que no puede dejar de interpretarse
como una concesión por parte del ministro Botero a la Cúpula en contravía de lo que
pensaban Horacio Serpa, en ese entonces Ministro de Gobierno y el propio Alto Comisionado.
No hay que olvidar, tampoco, que con ocasión del segundo informe de Carlos Holmes
Trujillo, presentado en Bucaramanga en mayo de 1995, el Presidente Samper dejó entrever
que estaba dispuesto a despejar la Uribe, en el Departamento del Meta. No obstante Harold
Bedoya, entonces Comandante del Ejército, envió un memorando al Comando General de las
Fuerzas Militares argumentando la inconveniencia de proceder al despeje. Resulta por ello
bastante plausible señalar que la renuncia del Alto Comisionado en el mes de julio fue
consecuencia de la pugna entre militares y funcionarios civiles de alto rango en el
Gobierno y que estos últimos se vieron obligados a ceder ante las presiones de los
primeros.
Una
segunda evidencia en tal sentido se encuentra al mirar cómo los planes militares en la
administración Samper estuvieron desconectados de un planteamiento político coherente
que articulara aspectos políticos y militares. La denominada Operación Conquista,
llevada a cabo entre Mayo de 1996 y mediados de 1997 en el sur del país, principalmente
en Caquetá, Guaviare y Putumayo, fue ante todo obra de los militares y pretendía
quitarle a la guerrilla de las FARC el control de estas zonas productoras de coca. Una de
las reacciones fue la agudización de las marchas cocaleras, que se venían produciendo
desde 1994, en buena medida por presión de las FARC. Como consecuencia de ello, las
instancias civiles del gobierno optaron por la vía de la negociación en contra del
querer de los militares que preferían insistir en las operaciones de fumigación,
destrucción de laboratorios, incautación de drogas y otras acciones orientadas a
debilitar la estructura de finanzas de las FARC. De nuevo se evidenció la falta de
coordinación entre gobierno civil y cúpula militar y la falta de coherencia entre
estrategia política y planes militares. Aquí, sin embargo, la ecuación no parece
favorecer a los militares sino, de un modo paradójico, a los civiles.
Como un
aspecto adicional a considerar, la denominada Operación Destructor II, llevada a cabo en
los Llanos del Yarí en la segunda mitad de 1997, es recordada por la enorme movilización
de recursos humanos y logísticos y los escasos resultados militares. Si bien algunas de
las entrevistas dejan entrever que se buscaba quitarle a la guerrilla el control sobre
esta extensa zona, hay opiniones que dicen que el propósito era desestabilizar al
Secretariado de las FARC. El primero de los objetivos enunciados obviamente no se
consiguió. Sobre lo segundo hay dudas y al parecer el Secretariado se internó en lo
profundo de esta región selvática por lo que se concluye que sí este era el objetivo
pues tampoco se alcanzó. Es claro que no solamente había descoordinación entre civiles
y militares sino falta de continuidad en los planes militares.
En
relación con el desempeño propiamente militar es necesario destacar varios aspectos. En
primer lugar, si se mide el Gobierno Samper por el número de acciones según las curvas
elaboradas por Camilo Echandía en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, muestra
que los picos en el periodo estudiado registraron un nivel inferior a los picos en la
administración Gaviria en enero de 1991 (reacción a la toma de Casa Verde, en el
Municipio de La Uribe, Meta) y en la segunda mitad de 1992, con ocasión de la reacción
de la guerrilla después de que se suspendieron los diálogos en Tlaxcala, México (véase
Gráfica 1).
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Gráfica
1.
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En segundo lugar, los picos en la Administración Samper, si se tiene en
cuenta el accionar por iniciativa de la guerrilla, coincidieron con los siguientes hechos:
el cambio de Gobierno (1994); la Toma a Puerres; el ataque a la Base Militar de Las
Delicias; una escalada terrorista en el Departamento de Arauca que marcó el inicio de la
incursión de las FARC en esa zona, por encima del ELN; el sabotaje al proceso electoral y
la coyuntura de cambio de Gobierno (véanse Gráficas 2 y 3). De aquí se concluye que hay
dos modalidades diferentes de ataques guerrilleros que vale la pena precisar.
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Gráfica
2.
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Gráfica
3.
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Si se tiene en cuenta el número de bajas militares, hechos que la
mayoría de las veces se confundieron con un alto número de secuestrados, se tiene que
los picos fueron Las Delicias (1996), El Billar (1998) y Tamborales (agosto de 1998).
Fueron estas acciones en las que las FARC movilizaron enormes contingentes de guerrilleros
y atacaron bases fijas (Las Delicias, 1996) y móviles (El Billar, Tamborales, 1998) de
las Fuerzas Militares. Estos golpes evidenciaron a su vez la debilidad de las Brigadas
Móviles recientemente creadas (El Billar, Abril 98) que carecían de la movilidad y los
medios con que contó la Primera Brigada, activada en la Administración Gaviria, que
había mostrado resultados satisfactorios (véanse Gráficas 3 y 4). Es evidente,
también, que no hubo una reacción rápida a un cambio de estrategia de las FARC.
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Gráfica
4.
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Hay, sin embargo, otro conjunto de reveses militares que se enmarcan en la
tradicional lucha entre las FARC y las Fuerzas Militares. Tal es el caso de Puerres, en
donde hubo una emboscada a una columna en movimiento utilizando explosivos; La Carpa, en
la cual se montó una trampa a una unidad militar que se dividió cuando fue a buscar una
columna guerrillera; carretera a Urabá, en la cual se tuvo el control por parte de la
guerrilla de una zona de difícil acceso; oleada terrorista en Arauca y el ataque a una
unidad militar que acompañaba a técnicos de Ecopetrol para reparar el oleoducto; saboteo
al proceso electoral de 1997 con un alto componente de acciones terroristas; ataque a la
Base de Comunicaciones en el cerro de Patascoy en el Departamento de Nariño; y la toma de
La Uribe y de la Base de antinarcóticos de Miraflores, Guaviare, en 1998.
En
cuanto al tercer aspecto considerado, un tema en el que las guerrillas cedieron terreno
político y militar en la administración Samper fue a raíz de la pérdida de influencia
en el Urabá bananero. La pregunta central es hasta qué punto esto fue obra de los
paramilitares y hasta donde la consecuencia del accionar de las Fuerzas Militares. Un
examen de la situación permite concluir que efectivamente los paramilitares jugaron un
papel muy importante y que sus ataques a apoyos civiles de las FARC y a la población en
general fueron determinantes para que estas se replegaran en la serranía de Abive y en el
Departamento del Chocó. Los dos gráficos de homicidios en la zona del Urabá bananero
ilustran esta situación. En la sumatoria de homicidios de Turbo, Apartadó, Chigorodó y
Carepa se pasó de algo más de 400 en 1994, a más de 800 en 1995, a más de 1200 en 1996
y se bajó a algo más de 700 en 1997 y a cerca de 300 en 1998 (véase gráfica 5). Se
llegó de esta manera a una tasa cercana a los 500 homicidios por cada cien mil habitantes
en 1997 cuando la nacional estaba alrededor de los sesenta. En 1997 la guerrilla
prácticamente ya no pesaba en la zona bananera y era reconocido por amplios sectores de
opinión que el triunfo era de los paramilitares.
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Gráfica
5
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No obstante lo anterior, hay que reconocer que las operaciones militares
fueron de una gran importancia. En este terreno el propósito no es establecer sí hubo
coordinación entre militares y paramilitares, sino destacar que el papel de los primeros
también fue determinante. De hecho en esos años las confrontaciones FARC - Fuerzas
Militares se incrementaron.
El
triunfo en Urabá, indudablemente valorizó las acciones del modelo de Castaño
independientemente de qué factor tuvo más peso: la lucha institucional o la
protagonizada por los paramilitares, y reforzó la percepción sobre la baja eficiencia
del Ejército y las Fuerzas Militares. Este factor, sumado a los reveses militares, puso
en serios aprietos a la institucionalidad militar, que aparecía apenas como un tercer
actor en la contienda. En ocasiones hacía las veces de espectador y asimilaba golpes de
gran magnitud como el sufrido en Tamborales, en límites entre Chocó y Antioquia, donde
fueron dados de baja más de cincuenta de sus integrantes en Agosto de 1998. No hay que
olvidar que durante el gobierno Samper se consolidó un nuevo espacio de lucha, el de las
confrontaciones directas entre paramilitares y guerrilla y que desde entonces la segunda
busca golpear la retaguardia de las primeras en el departamento de Córdoba y los
paramilitares van a buscar a los guerrilleros a su propio terreno (Sur de Bolívar y
Catatumbo en el periodo Pastrana). Este nuevo escenario hace aparecer a los paramilitares
no ya únicamente como una organización que orienta sus baterías hacia la población
civil sino que cada vez más juega el rol que le correspondía a los militares.
En su
conjunto estas acciones ocasionaron numerosas bajas a las Fuerzas Militares y un elevado
número de secuestrados, situación que fue aprovechada políticamente para negociar
condiciones favorables en el proceso de paz con el Gobierno entrante que, incluso antes de
iniciar su mandato, cedió en torno a crear una zona de distensión conformada por cinco
municipios. La tarea que le correspondía a los militares, de doblegar a la guerrilla,
estaba lejos de cumplirse y no quedaba otra salida que proponer una salida política. En
el terreno operacional militar, si bien hubo rasgos predominantes de continuidad, lo más
destacable fue la incapacidad de reacción ante un cambio táctico del enemigo que,
acompañado de otras acciones, dieron la impresión de una situación de debilitamiento
militar hasta entonces no experimentado. Situación que condujo a poner en el debate
político el tema de la ineficiencia militar y de la necesidad de una reforma, asunto
hasta entonces rechazado por cualquiera de las cúpulas que los rigieron en esos años.
Gasto
militar
El componente del gasto militar es sólo uno de varios relacionados con el funcionamiento
de la institución militar en tanto organización burocrática compleja. Se ha hecho
énfasis en su análisis para aprovechar aportes recientes sobre el tema, para abrir un
ámbito de investigación específica en torno al comportamiento presupuestal de una
institución en particular y para complementar los análisis desarrollados en las
temáticas anteriores.
El
propósito del siguiente apartado es ahondar en los determinantes del gasto militar
específicamente para el caso del gobierno Samper. Se plantea que: los factores
económicos -como el crecimiento y los niveles de gasto anterior-; los factores
estratégicos -como la evolución del conflicto y el poder militar de las amenazas a
la seguridad-; los factores sociales, -como las acciones de apoyo a la comunidad;-
y los factores políticos -como la necesidad de estabilidad del régimen
político-, influyeron de manera convergente y compleja en la determinación del gasto
militar durante la presidencia de Samper.
Se
repasan algunas cifras relacionadas con el gasto militar, correspondientes a las últimas
décadas que son de utilidad para ubicar al lector en el desempeño de esta rubro antes
del gobierno de interés. En seguida, se analiza la situación del sector defensa a
mediados de la década, de acuerdo con el diagnóstico hecho por el gobierno en el Plan de
Desarrollo. Luego, se retoman los programas de gasto que propone el gobierno para el
sector defensa en el período 1995-1998, con el fin de mirar las consideraciones
estratégicas y sociales que tenía el gobierno sobre las FFMM. A continuación, se mira
lo que pasó en ese período, observando la composición del gasto y la injerencia de las
Fuerzas militares dentro de las decisiones sobre el presupuesto. Finalmente, se extraen
algunas conclusiones con base en los puntos anteriores.
La
provisión de seguridad, por su carácter de bien público puro es una atribución del
Estado orientada a garantizar la tranquilidad de una sociedad. El gasto en defensa y
seguridad, está destinado en la mayoría de los países hacia la seguridad externa. Pero
Colombia es una excepción. Durante los últimos cincuenta años, el conflicto armado
interno ha obligado a concentrar los esfuerzos de las Fuerzas Armadas en la protección
del orden establecido, y el aseguramiento de la integridad de la nación frente a
iniciativas insurgentes dentro de las fronteras.
En
cuanto a los antecedentes del gasto en seguridad y defensa en Colombia
7
, en los últimos quince años el gasto
militar en el mundo ha presentado una disminución sustancial. En 1981, representaba el
5.4% del PIB, mientras que para 1995 esta cifra se encontraba en el 2.8%. Sin embargo,
América Latina no siguió la misma tendencia. En los últimos siete años, la región
registró los menores índices de gasto militar del mundo, alrededor del 1% como
proporción del PIB.
Diferentes
razones contribuyeron a la disminución de los índices del gasto militar, entre ellas,
factores financieros y económicos, junto con cambios políticos y factores de seguridad.
En conjunto, todos influyeron en la capacidad de los países para afrontar este tipo de
gasto. El caso colombiano presentaba hasta 1988 un gasto militar por debajo del promedio
mundial. Sin embargo, a partir de 1989 ha sido cada vez mayor, estableciéndose por encima
del promedio de la región con una tendencia al aumento. Es importante señalar la
creación de los llamados impuestos de guerra para financiar el gasto militar. De esta
forma se destinaron mayores recursos al sector sin sacrificar otros gastos del Estado.
Dichos recursos permitieron financiar el incremento del personal y de sus salarios.
Si se
evalúa el gasto militar como proporción del gasto total del país, presenta una
disminución, del 18.4% en 1981, al 9.9% en 1995. Estos datos, sin embargo, deben mirarse
con cuidado, pues no significa que el gasto militar haya disminuido sino que, a medida que
el gasto militar aumenta, se presenta al mismo tiempo un aumento proporcionalmente mayor
en el gasto público, ambos como proporción del PIB, lo cual indica que el gasto en el
área militar no desplaza necesariamente el gasto de otras áreas.
En
consecuencia, es particular del caso colombiano, el esfuerzo que el gobierno central ha
realizado en el sector militar, en comparación al resto del mundo en el período
reseñado. Sin embargo, no existe un patrón único que actúe como modelo aplicable en
todo tiempo para la determinación del tamaño y la estructura del gasto militar en un país
8
. Por esto
mismo, América Latina no presentó tampoco una clara tendencia. En la región se presenta
una notable dificultad en la coordinación y desarrollo de las políticas globales de
seguridad, y además sobresale la carencia de políticas frente al gasto público y la
ausencia de mecanismos de control alrededor del presupuesto militar.
En
cuanto al tamaño de las instituciones armadas, en 1981 el promedio mundial presentaba una
relación de seis soldados por cada mil habitantes. Para el caso de América Latina, esta
cifra pasó de 4.4 soldados por cada mil habitantes en 1981, a 2.7 en 1995. Colombia se
encontraba por debajo del promedio mundial y de la región hasta 1987, cuando comenzó a
presentar notables aumentos hasta superar la cifra promedio para América Latina e igualar
el promedio mundial. Colombia pasó de 2.4 soldados por cada mil habitantes en 1981, a 4
en 1995.
El
Gasto de la Fuerza Pública, denominado (GFP), como proporción del PIB destinada a la
seguridad, presentó en Colombia un promedio de 0.8%, con un mínimo de 0.6% y un máximo
de 3.6%. A partir de un análisis histórico de este rubro, la economía realizó sus
mayores esfuerzos en 1997, debido a dos factores: los gastos provenientes de la
nivelación salarial establecida a partir de la ley 4 de 1992; y los recursos de
inversión provenientes de los Bonos para la Seguridad, los cuales presentaron un agregado
de 440 mil millones de pesos que se destinaron a adquisición de equipo.
Es
posible afirmar, que el GFP colombiano, presentó a todo lo largo del siglo XX, un
comportamiento oscilante pero con una tendencia creciente (Departamento Nacional de
Planeación, 2000:57). La proporción GDF/PIB, refleja la tendencia creciente,
estimada en 0.02 puntos porcentuales en su participación en el PIB. Así mismo, es
posible establecer que el sector defensa ha crecido en relación con el PIB, más que
proporcional que el resto de gasto público. Las cifras señalan un crecimiento de GFP/PIB
del 1.544% anual, mientras que la proporción del Gasto del Gobierno Central, (GGC) en
relación con el PIB, presentó un crecimiento menor, del 1.26%.
Lo
anterior, refleja una apropiación de recursos por parte del Gasto de la Fuerza Pública,
mayor que la del resto de los sectores incluidos en el Gasto del Gobierno Central.
Al
descomponer el Gasto de la Fuerza Pública en sus diferentes componentes, tenemos que el
principal esta representado por los servicios personales (46%), cifra que se explica por
el aumento en el pie de fuerza, que creció un 4% de 1980 a 1998, mientras que la
población creció sólo un 1.7%; seguido por las transferencias (25%), los gastos
generales (14.7%) y la inversión (14.1%).
En
1992, con la nivelación salarial, los servicios personales y las transferencias
aumentaron considerablemente, lo que causó una recomposición del GFP. Por otro lado, los
gastos generales aumentan sólo un 16.1% mientras que la inversión presenta una caída al
11%. Lo anterior se refleja en un aumento de recursos para el sector, desde el 2% del PIB
para el periodo 1980 - 1992, hasta el 3.1% en los años comprendidos entre 1993 - 1998.
Las expectativas para el futuro indicarían una apropiación aún mayor del Gasto de la
Fuerza Pública de los recursos de la economía.
Lo
anterior, presenta la necesidad de adelantar reformas de fondo al sector defensa con el
fin de contribuir en la reducción del Gasto del Gobierno Central (Departamento
Nacional de Planeación, 2000:60). Según el informe del Departamento Nacional de
Planeación, si se continuase con la tendencia señalada, el presupuesto destinado al
Gasto en la Fuerza Pública alcanzaría únicamente para el sostenimiento del personal.
Luego
de la breve referencia a los antecedentes del gasto en seguridad y defensa, cabe señalar
que una manera de aproximarse a los determinantes del gasto militar en un régimen
político y económico como el colombiano, es mirar los diferentes documentos oficiales
que se publican sobre el particular. Esta sería una primera característica de este rubro
en Colombia, y consiste en que es una información de carácter público y no reservada.
En tal
sentido, es viable remitirse al Plan de Desarrollo presentado por el gobierno de Ernesto
Samper, al año de haber iniciado el mandato (Presidencia de la República, 1996). Aunque
no se llegue a las cifras que finalmente se destinaron para el gasto militar
9
, ni a lo que realmente se ejecutó en ese
cuatrienio, mirar tal documento resulta útil por varias razones. En primer lugar, el
capítulo de "Defensa Nacional y FFMM", presenta el diagnóstico ex ante
que hace ese gobierno sobre las Fuerzas Militares y el sector defensa y seguridad en
general. En segundo lugar y a partir de este diagnóstico, se formulan unos programas
específicos para cumplir con los objetivos planteados para el sector.
Son
siete las áreas de diagnóstico tratadas en el documento
10
. En primer lugar, el área de seguridad y
defensa nacional
11
,
en la cual se reconoce a los grupos alzados en armas y las organizaciones criminales y
terroristas como las principales amenazas para la estabilidad y el progreso económico y
social del país. Las Fuerzas Militares, bajo el liderazgo civil y con el apoyo de todo el
Estado, son consideradas actores fundamentales para combatir tales amenazas.
En
segundo lugar, la concerniente a la Fuerza Pública y Fuerzas Militares, en la cual
simplemente se hace un recuento de su tamaño y principales rasgos en la evolución
reciente. Allí se anota cómo, pese al crecimiento del pie de fuerza, se mantenía
levemente por debajo del promedio de la región en las últimas décadas. Cabe señalar
cómo, aunque el gasto militar comprenda lo destinado a la Policía, los lineamientos de
política para este cuerpo son tratados en otro capítulo del Plan, rasgo indicativo del
tratamiento dado a esta institución y de las tensiones interinstitucionales que se
agravaron durante el período.
En
tercer lugar, los recursos humanos, aunque el número de soldados voluntarios como parte
del total venía creciendo en los últimos años, para 1994 un 80% era todavía aportado
por el reclutamiento obligatorio. Se reconocía esto como dificultad ya que no había
suficiente personal preparado para las operaciones contraguerrilleras. La alta rotación
de las incorporaciones, se precisaba entonces, dificultaba los procesos de instrucción.
Se calculaba que reemplazar los soldados regulares por soldados voluntarios costaría 4 ó
5 veces más por año, razón de peso para no intentarlo entonces
12
. En cuanto a la formación del pie de fuerza, se
señalaba como cada año egresaban de las escuelas respectivas unos 1100 oficiales y 3000
oficiales. Sin embargo, se reconocía ya que la formación de este personal era
inadecuada, tanto por las dificultades para completar los ciclos de instrucción, como por
el carácter insuficiente y mal utilizado de los recursos asignados a estos propósitos.
Todo lo anterior se traducía, según el diagnóstico, en ineficiencias administrativas y
operacionales.
En
cuarto lugar, se advertía sobre los problemas en dos áreas de bienestar para el personal
de estas instituciones, como la salud y la vivienda. Se señalaba la insuficiencia en la
oferta, agravada y no resuelta por la recientemente expedida ley 130/94 que apenas
empezaba a aplicarse. El caso de la vivienda era similar, con una demanda muy superior al
inventario de casas y apartamentos fiscales. Las normas establecidas implicaban una alta
rotación. Un militar debía pasar dos años por fuera del sistema por cada dos años
dentro de la vivienda fiscal. El déficit estaba alrededor de las 5500 viviendas.
En
quinto lugar, estaban los aspectos logísticos, donde se hacía énfasis en las
limitaciones existentes para cumplir adecuadamente su misión. Las raciones cubrían un
10% de las necesidades y los equipos de campaña un 44%. Debido a la dispersión de las
operaciones en el territorio nacional, el problema de movilidad se había detectado como
crítico. Se estimaba que el transporte terrestre sólo cubría un 33% de los
requerimientos, y había problemas de mantenimiento de vehículos, déficit en munición y
armamentos.
En
sexto lugar, se hacía referencia al apoyo a la comunidad que, como parte de las misiones
de las FFMM, incluían también la prestación de otros servicios como salud, obras de
infraestructura, servicios educativos, transporte y atención de calamidades. Además, se
hacía referencia a dos servicios bajo la responsabilidad de las FFMM como son Satena y la
Defensa Civil. A pesar de reconocer su importancia, se dejaba entrever las contradicciones
ante la escacez de recursos y la proliferación de tareas y responsabilidades en un
contexto de agravamiento del conflicto.
Finalmente,
se hacía mención a la planeación, seguimiento y evaluación
del funcionamiento
de estas instituciones. Al respecto, se señalaba que en los primeros años de la década
de los noventa se realizaron esfuerzos institucionales para mejorar la planeación del
sector y, con esto, llegar a la eficiencia en el uso de los recursos. Se citaba, por
ejemplo, la creación de la Unidad de Justicia y Seguridad del Departamento Nacional de
Planeación. Sin embargo, se presentaban problemas por la falta de un sistema de
información homogéneo para las tres fuerzas, el Ministerio de Hacienda y el DNP. Se
mencionaban las dificultades del proceso de contratación y adquisiciones, en particular
las financiadas por el crédito público externo, que en el caso de la disponibilidad de
equipo militar podía tardar hasta año y medio desde el momento de su compra.
A
partir de este diagnóstico, amplio y complejo, en algunos aspectos muy general y en otros
con detalles que alarman, es factible rescatar los principales programas del gobierno para
este sector. Se establecieron tres objetivos básicos:
-
Contribuir al
mejoramiento de las condiciones de seguridad individual y colectiva en la sociedad;
-
Concurrir, con las
diferentes agencias del Estado y la comunidad en general, a la promoción de una cultura
referente a la defensa de la soberanía, la independencia y la integridad territorial;
-
Incrementar los niveles
cualitativos del servicio, avanzando hacia la constitución de unas FFMM cada vez más
capacitadas, mejor dotadas y asegurando un mayor nivel de bienestar para todos y cada uno
de sus integrantes (Departamento Nacional de Planeación, 2000:107).
Para el
cumplimiento de tales objetivos se definieron siete programas específicos, a partir de
los cuales se diseñaron los subprogramas del gasto (veáse Cuadro 5).
En
primer lugar, el mejoramiento de la capacidad técnica para un empleo eficiente de los
recursos. La idea principal de este programa fue mejorar la movilidad de las FFMM
en todo el territorio nacional con el fin de incrementar la capacidad de respuesta frente
a las amenazas, y tener una constante ofensiva militar. Mediante el mejoramiento del
transporte terrestre, fluvial y aéreo, se quería reducir el tiempo entre un ataque y la
presencia de efectivos militares. También se quería aumentar la capacidad de realizar
acciones ofensivas, mediante equipos para el combate nocturno. El punto principal de este
programa fue la activación del destacamento aéreo del Ejército, mediante el cual esta
fuerza tuvo bajo su control una flotilla de helicópteros y aviones para el transporte de
equipos y hombres.
En
segundo lugar, el fortalecimiento del sistema logístico a través de la construcción de
más instalaciones militares en el territorio, de tal manera que se lograra mayor
presencia. También se quería mejorar las condiciones de alojamiento de las guarniciones
ya establecidas, sobre todo las de las zonas fronterizas y las de orden público. Se quiso
dedicar parte importante de los recursos a la reposición del parque automotor y a mejorar
la capacidad de mantenimiento.
En
tercer lugar, para
comunicaciones e inteligencia se quiso implantar el sistema
nacional de inteligencia, para así tener una acción coordinada de las diferentes
agencias del Estado. También se quería mejorar la capacidad técnica para potenciar la
obtención y análisis de la información. En el área de comunicaciones se quería
desarrollar un sistema de enlace y transmisión de datos, unificado para todas las
fuerzas. Parte de esta modernización pretendía utilizar la tecnología satelital para
así eliminar la vulnerabilidad existente en las estaciones repetidoras.
En
cuarto lugar, se quería atender la
capacitación y modernización de las Fuerzas
Militares, mediante el mejoramiento del nivel de profesionalización de los miembros del
sector defensa. Esto implicaba la capacitación en las áreas administrativa, pero sobre
todo la formación para la actividad militar.
En
quinto lugar, se determinaba la promoción de
los derechos humanos para lo cual se
diseñaron programas para la capacitación del personal en estos temas mejorando los
manuales que rigen su divulgación en la formación y el entrenamiento de la tropa.
También se pretendía avanzar en la creación y el desarrollo de las oficinas de derechos
humanos en las guarniciones del país. Paralelamente a esto, se quería fortalecer el
sistema de la justicia penal militar.
En
sexto lugar, para el bienestar y la seguridad social se proponía mejorar el nivel de vida
los miembros de las FFMM y sus familias. Se pretendía ampliar el servicio de salud
mediante la vinculación del nuevo sistema de salud de las FFMM con entidades públicas y
privadas. También se puso en funcionamiento el Instituto de Salud de las Fuerzas
Militares, y se dio gran énfasis al funcionamiento del Hospital Militar como el eje de
todo el sistema. Se propuso poner en marcha centros de salud regionales y locales.
Finalmente,
para el apoyo a la comunidad, se proponía mejorar la capacidad humana y operativa
de la Defensa Civil. Para Satena, se buscaban las condiciones para mejorar la prestación
del servicio a nivel nacional. Finalmente, se quería mejorar la capacidad de las FFMM en
acciones que las acerquen a la población civil. También se quería mejorar la
cooperación con otros organismos estatales en actividades como las elecciones o el
cuidado del medio ambiente.
CUADRO
No. 5
PRESUPUESTO
DE FUNCIONAMIENTO E INVERSION
MINISTERIO
DE DEFENSA
1995
- 1998
Pesos
reales
|
|
1995
|
1996
|
1997
|
1998
|
|
Presupuesto de Funcionamiento
|
889,564,941,600
|
1,159,155,269,079
|
1,401,255,069,846
|
1,818,836,469,880
|
|
Presupuesto de Inversión
|
146,465,793,373
|
272,842,436,200
|
762,908,141,000
|
303,087,662,000
|
Fuente:
Sección Ministerio de Defensa, Presupuesto General de Gastos, Plan de Desarrollo, 1994
1998.
La
aplicación concreta de estas políticas fue contradictoria y tuvo que acomodarse a los
avatares que sufrió el gobierno en el terreno político e internacional, a las urgencias
del agravamiento de la situación de orden público y a las crecientes restricciones
derivadas de la tendencia al estancamiento que sufrió la economía colombiana y, en
particular, los recortes en el gasto que se propiciaron dado el magro panorama de las
finanzas públicas. Para el final del período se tenía la sensación de una ineficiente
utilización de los recursos crecientes asignados, idea que no necesariamente se
corresponde con lo sucedido. Parece válida en relación con la inteligencia y
posiblemente con la aviación del Ejército, pero no es tan fácilmente asignable al
conjunto del gasto y al conjunto de lo desarrollado por las instituciones armadas. Es
necesario considerar dos factores que obligan a atenuar la imagen señalada y a un examen
mucho más cuidadoso de las cifras. En primer lugar, el recorte temporal puede resultar
sesgado, pues muchas de las decisiones de gasto, especialmente en inversión, apenas
ofrecen resultados en un lapso de 18 meses o más. En tal sentido, por ejemplo, los
recursos obtenidos por la vía de los llamados bonos de guerra en 1997, apenas surtieron
efecto para la institución a partir de 1999. Adicionalmente, la magnitud y complejidad de
las instituciones militares y del Ejército en particular, conducen a un examen que
necesariamente tiene que ser más detallado, preciso y ajustado, so pena de incurrir en
afirmaciones y generalizaciones facilistas, llamativas, pero erróneas. Ejercicio éste
que se está adelantando en la investigación, pero del cual todavía no hay resultados
definitivos.
No
obstante, en la indagación se pudo constatar que, en relación con el manejo del
presupuesto militar, resulta difícil y hasta inconveniente la valoración del desempeño
institucional, y en particular, la evaluación del manejo del presupuesto militar, dado
que no es un campo en el que los miembros del Ejército tengan la autonomía suficiente
para tomar decisiones y llevar a cabo proyectos que sean considerados por ellos mismos
como necesarios. No existe, dentro de la programación presupuestal, un ámbito reservado
para las decisiones del Ejército. El gasto en defensa y seguridad de un país como
Colombia, antes que reflejar el desempeño del Ejército como institución, refleja el
comportamiento de una cifra que se encuentra en manos del gobierno central y sobre la cual
varias instancias estatales deben decidir, antes de que ésta se convierta en recursos a
disposición de los miembros del Ejército.
Dada la
magnitud del trayecto para la toma de decisiones presupuestales, los altos componentes
inerciales y la cantidad de instancias que participan en él, identificar la etapa
designada exclusivamente para las determinaciones de los miembros del Ejército resultó
de crucial importancia. Esta etapa fue identificada como aquella en la que se realiza la
solicitud de proyectos del Ejército al banco de proyectos (BPIN)
13
. En lo que hasta ahora se ha examinado, se
han podido encontrar características que describen el desempeño de los militares en el
manejo del presupuesto y que pueden explicar el origen de las deficiencias o virtudes en
la coherencia de los proyectos y en la planificación del uso presupuestal.
A este
respecto, el mapa de la programación presupuestal es el siguiente:
(Aquí
debe ir Gráfico del Archivo).
Si se
analizan los proyectos para el periodo 1994 1998 se puede constatar que el
presupuesto destinado al Ministerio de Defensa Nacional se ejecuta en tres partes
fundamentales para cada una de las unidades ejecutoras que componen la Fuerza Pública:
(Fuerza
Aérea, Ejército, Armada y Comando General). Estas tres partes son las siguientes:
Funcionamiento, Servicio de la Deuda Pública e Inversión. Las dos primeras, agrupan
cuentas tales como gastos de personal, gastos generales, transferencias, y servicio de la
deuda interna y externa. Estas cuentas son altamente invariables por su naturaleza.
Queda
entonces lo correspondiente a inversión como la único instancia en la cual es posible
intervenir. Los cambios en esta instancia se traducen en transformaciones en el
presupuesto. Es allí también donde tienen injerencia las Fuerzas Armadas, y en este caso
específico el Ejército, para promover proyectos que respondan a sus necesidades.
Los
proyectos de inversión sugeridos por las diferentes Fuerzas realizan un recorrido antes
de ser llevados a cabo. Cada proyecto sujeto a un formato especial debe estar inscrito en
el banco de proyectos (BPIN) el 1º de enero de cada año. Posteriormente, la oficina de
planeación de cada una de las fuerzas envía los proyectos de inversión a la Unidad de
Justicia y Seguridad del Departamento Nacional de Planeación (DNP). Más tarde se lleva a
cabo una reunión con el pre-comité funcional, donde se revisan todas las propuestas de
proyectos de inversión. En consecuencia, el ámbito de injerencia presupuestal está
bastante acotado y sujeto a procedimientos similares a los de cualquier otra instancia
estatal. Quedan por ello dependientes de la capacidad de negociación de grandes proyectos
de la cúpula o a la capacidad de la institución para priorizar internamente sus
necesidades y negociarlas en las instancias descritas.
Si se
examina la evolución de la inversión del Ejército por sectores en el período estudiado
se tiene lo siguiente:
CUADRO
6
PRESUPUESTO
DE INVERSIÓN. APROPIACIÓN DEFINITIVA
1995
1998*
|
|
1995
|
1996
|
1997
|
1998
|
|
Ejército
|
22.71%
|
27.68%
|
36.65%
|
32.07%
|
|
Icfe**
|
3.45%
|
5.19%
|
1.29%
|
1.66%
|
|
Fonejc***
|
0
|
1.11%
|
0
|
0
|
|
Armada
|
13.75%
|
15.01%
|
24.10%
|
20.34%
|
|
FAC
|
26.97%
|
21.92%
|
16.31%
|
18.49%
|
|
TOTAL****
|
300,494
|
494,105
|
396,154
|
338,209
|
Nota:
*porcentajes sobre presupuesto de inversión total Ministerio de Defensa.
**Inst.
Casas Fiscales del Ejército
***Fondo
Rotatorio Ejército
****Millones
de pesos de 1998.
Fuente:
"Ministerio de Defensa Nacional, Departamento Nacional de Planeación, presupuesto de
inversión total. MDN y DAS, Apropiación Definitiva 1995 2000.
En
primer lugar, la proporción de inversión del Ejército en relación con la inversión
total, aumentó notoriamente para el año de 1997. Y, en segundo lugar, proporcionalmente
la inversión en las Instituciones y Casas Fiscales del Ejército aumentó en mayor grado
para este año. Ello indica que, si bien 1997 puede ser reconocido como un año
excepcional en los montos de inversión, una porción nada despreciable se dedicó al
bienestar de sus miembros, atendiendo una de las necesidades más sentidas tal y como se
mencionó en la referencia al diagnóstico.
Luego
del análisis efectuado y si se piensa en la necesidad de perfilar un modelo para la
programación y análisis del gasto militar en Colombia (Deger y Sen, 1995) hay que tener
en cuenta los siguientes elementos. Por un lado, debe reflejar bien el problema de la
limitación de recursos, dado que el gasto militar en Colombia está estrechamente ligado
con todo el diseño del presupuesto nacional. En este sentido, los recursos destinados a
los militares compiten con otras partidas del presupuesto en las diferentes
instancias de sus asignación.
Por
otro lado, debe expresar bien la situación del conflicto armado colombiano, cuya
dinámica también va a determinar los niveles de gasto destinados al sector defensa. El
modelo debe dar cuenta de esto al incluir los factores estratégicos, el tamaño y la
capacidad militar de un enemigo, que para el caso de las FFMM son los grupos armados por
fuera de la ley. Esto se puede ver en la propuesta del gobierno Samper para el sector
defensa, donde los programas más importantes son aquellos destinados a enfrentar la
acción militar del enemigo: mejoramiento de la capacidad técnica y fortalecimiento del
sistema logístico (véase Cuadro 5).
Sin
embargo, el modelo no puede ignorar otros aspectos que resultan de la mayor relevancia
para analizar el gasto militar en el período 94-98, como es el caso del aspecto inercial del gasto militar
14
.
Es decir que el gasto en un momento t, va a depender de los niveles del gasto para los
momentos t-1, t-2, ... En el tema militar esto es particularmente cierto para los
diferentes rubros que componen el gasto. Esto se ve para los Servicios Personales, donde
hacia el futuro se deben asumir los costos de nómina del personal contratado en un
momento dado. En el caso colombiano este rubro del gasto militar en el período de
interés, está muy influenciado por la nivelación salarial contemplada en la Ley 4 de
1992. El rubro de Transferencias también es importante en este sentido, ya que en el caso
colombiano el régimen de pensiones y seguridad social para los militares en retiro debe
ser asumido por la parte del presupuesto destinada al sector (este rubro también es
afectado por la Ley 4/92). Hay que recordar que en la Ley 100 de 1993 de reforma a la
seguridad social, no se incluyó a los militares. El rubro de Gastos Generales también es
afectado por la inercia de los niveles del gasto anterior en la medida en que la
adquisición de bienes y servicios para la operación del sector, implica que para su
funcionamiento se deben adquirir en el futuro equipos adicionales. Por ejemplo, la compra
de armas de dotación en un momento dado implica que en el futuro se deberá ir
adquiriendo más munición. En el caso colombiano, el único renglón que no presenta
estas inflexibilidades es el de Inversión. Aunque esto vaya en detrimento de
la eficiencia del sector, en el gasto militar éste es el renglón de ajuste,
lo que lleva a los casos que se diagnosticaron en el Plan de Desarrollo de Samper, como
por ejemplo el de los vehículos fuera de uso por falta de mantenimiento.
Otro
aspecto importante del período analizado que debe ser tenido en cuenta por el modelo, es
la particular coyuntura política que vivió el gobierno de Samper por el llamado Proceso
8000. En un régimen político de un país en desarrollo, el estamento militar se
constituye en un soporte fundamental de los gobierno democráticos
15
. Es decir que en los momentos de crisis que
afrontan estos gobiernos, los militares se convierten en actores principales de la escena
política, ya que si se presentan otras circunstancias, las FFMM pueden llegar a quitarle
el respaldo institucional al gobierno; o pueden también colaborar en su derrocamiento; o
en el caso más extremo pueden constituirse en una dictadura militar después de dar un
golpe de Estado.
A
manera de hipótesis, en este trabajo se plantea que la crisis política del Proceso 8000
que debió afrontar el gobierno de Samper, llevó a que en el país fueran muy viables los
dos primeros escenarios señalados . Por un lado, se dio en las FFMM una especie de
separación entre los oficiales que apoyaron a Samper (i.e. Gr. Bonnet) y los que se
alinearon en una línea más crítica hacia el gobierno (i.e. Gr. Bedoya). Por otro lado,
se manejaron diversas tesis sobre la participación directa o indirecta de oficiales del
Ejército en los llamados "ruidos de sables", es decir en intentos por deponer
al gobierno de Samper. Todo lo anterior se puede relacionar con el gasto militar, ya que
éste es uno de los mecanismos que el gobierno de Samper habría empleado para asegurarse
el apoyo de las FFMM ante las circunstancias políticas por las que atravesaba el país.
Con
base en los comentarios anteriores, se pueden plantear las especificaciones para llegar a
determinar una demanda por gasto militar en el período estudiado. Ella implica que la
seguridad está en función del nivel de gasto militar, de las capacidades militares de
los grupos insurgentes al interior de las fronteras y de las posibles amenazas a la
soberanía nacional, que para el caso colombiano sería principalmente Venezuela. La
función de estabilidad política estaría determinada por la estabilidad del gobierno que
va a depender de las capacidades de la oposición política; del apoyo político que logre
obtener el gobierno por parte de diversos sectores civiles; y del apoyo de las FFMM. La
restricción presupuestaria del gobierno incluiría igualmente el impacto en el momento t
del nivel y de los precios del gasto militar en períodos anteriores.
Con las
especificaciones anteriores, se obtendría una demanda de gasto militar para el período
Samper que estaría determinada de manera general por la restricción de recursos, la
función de seguridad y la de estabilidad política. De manera más específica, la
demanda por gasto militar se definiría por el conjunto de las variables mencionadas en
función de este gasto. Para todas las variables se espera una relación positiva con el
gasto militar, excepto para el apoyo político, que tendría un signo negativo, ya que el
gobierno entre más apoyo reciba de las sectores civiles menos recursos deberá destinar
apara asegurarse el apoyo de las FFMM.
En
consecuencia, en esta parte del artículo se vio cómo el gasto militar ha estado
determinado no sólo por consideraciones económicas y de índole presupuestal, sino
también por las consideraciones estratégicas que se hagan sobre las amenazas a la
defensa y la seguridad. También se hizo énfasis en la importancia de la economía
política, en la medida en que en un país como Colombia, las Fuerzas Militares y el
Ejército en particular, juegan un papel fundamental para conservar la estabilidad de las
instituciones.
Basado
en lo anterior, se abren nuevas maneras de aproximarse a lo que es el problema de la
eficiencia del gasto militar. La idea tradicional es que ésta se mide en función de los
resultados operativos de las FFMM en las áreas definidas por el gobierno (lucha contra la
guerrilla, contra la delincuencia, contra las amenazas a la soberanía...). Sin embargo,
existen otros parámetros para evaluar la eficiencia. En primer lugar, está la medición
con base en los resultados administrativos del sector, y en función de la eficiencia en
la asignación de los recursos basada en la restricción presupuestal. En segundo lugar,
está la eficiencia que logran las FFMM en sus misiones comunitarias con la población
civil (acciones cívico-militares, construcción de infraestructura...). Finalmente, la
eficiencia de las FFMM debe medirse también, con base en los resultados de su función de
mantenimiento de la estabilidad del régimen político y de soporte al gobierno
constituido.
De
acuerdo con las posibilidades anteriores, se debe decir que si bien la eficiencia
administrativa y la eficiencia operacional de las FFMM ha sido tradicionalmente
cuestionada, también se debe tener en cuenta la eficiencia de la institución en
términos de su función social hacia la comunidad, y sobre todo su eficiencia a nivel del
régimen político. Si bien en el gobierno de Samper los resultados administrativos y
operacionales parecen no haber sido positivos, las FFMM habrían sido muy eficientes en la
medida en que mediante su subordinación al poder civil, permitieron la estabilidad del
gobierno en el poder. Empero, esta formulación requiere ser precisada adecuadamente.
Adicionalmente
cabe proponer que para cualquier consideración sobre el gasto militar en Colombia hay que
tener en cuenta que: la evolución del gasto militar esta estrechamente relacionada con la
evolución de la capacidad militar de la guerrilla o los grupos insurgentes; factores de
amenaza como el narcotráfico y el terrorismo han propiciado un aumento sostenido del
gasto en seguridad y defensa; la dotación militar para la disuasión en la hipótesis de
un conflicto externo es un argumento poco probable por ahora para el caso de Colombia; y
las decisiones de gasto señalan la ausencia de una estrategia de Estado y la debilidad de
las políticas en este campo. Este rasgo impide la ejecución de una estrategia coherente
y permanente que permita fijar objetivos de largo plazo y mecanismos para alcanzarlos.
CUADRO
7
DISTRIBUCIÓN
POR PROGRAMAS DEL PRESUPUESTO EN DEFENSA 1995-1998
(propuesta
contemplada en el Plan de Desarrollo)
|
Programa
|
Miles de pesos de 1994
|
Porcentaje del total
|
|
Mejoramiento de la capacidad técnica
|
521 791 161
|
62.8%
|
|
Fortalecimiento del sistema logístico
|
122 151 265
|
14.5%
|
|
Desarrollo de inteligencia y comunicaciones
|
97 637 644
|
11.5%
|
|
Modernización y capacitación
|
11 799 931
|
1.5%
|
|
Justicia penal militar y Derechos Humanos
|
1 688 436
|
0.2%
|
|
Apoyo a la comunidad
|
11 900 073
|
1.5%
|
|
Bienestar y seguridad social
|
65 331 492
|
8%
|
|
Total
|
832 300 002
|
100%
|
Fuente:
Plan de Desarrollo. El Salto Social cálculos de los autores.
Conclusiones
Como se hace manifiesto en el desarrollo del trabajo, se ha conseguido una gama amplia de
información sobre el desempeño del Ejército en el período Samper. En el estado actual
del proyecto, es posible, además de una descripción básica sobre su composición y
funcionamiento, adentrarse en tres de las múltiples temáticas que sería fundamental
abordar. Si bien hay planteamientos, preguntas e hipótesis comunes que apuntan a recobrar
una lógica de debilitamiento como tendencia crítica del período en lo atinente al
desempeño de la institución, el examen de cada temática muestra la complejidad y
amplitud del objeto de estudio y llama la atención sobre la necesidad de generalizar muy
tímidamente y luego de profundizar suficientemente en las áreas escogidas. Esto es, ante
todo, lo que se propone en cada una de las temáticas. Y allí hay descubrimientos claves
y constataciones significativas.
La
principal de ellas apuntaría a mostrar cómo, si bien resulta válido catalogar el
conjunto del período y al conjunto de la institución como de debilitamiento y tendencial
crisis en el desempeño, el examen de cada aspecto permite ingresar a un terreno muy rico
en información y desarrollo, propio de la organización burocrática y militar de mayor
tamaño en el país. Por ello, y en el estado actual, previo al establecimiento
sistemático de interacciones entre los tres asuntos seleccionados, hay evidencia de esa
interacción y de razones que apareciendo en una temática le dan sentido a las otras dos.
Si se
tiene en cuenta la referencia inicial a alguna información básica, lo que primero cabe
destacar es el peso específico del factor de desenvolvimiento inercial de la institución
dado por su tamaño, por la incidencia de lo histórico e institucional y por la alta
dependencia tanto del tamaño como de los recursos asignados que si bien han aumentado en
términos reales, muestran un desempeño lleno de oscilaciones. Ello hace que los cambios
inducidos o intentados, tanto en las relaciones entre civiles y militares, como en el
desempeño operacional militar y, también, en el uso de los recursos, tengan un matiz de
relatividad y acotación. Sin que el desempeño durante el período Samper sea estático y
constante, los cambios pueden ser vistos como marginales, tangenciales, aunque algunos de
ellos tengan hondos efectos en la situación y papel de la institución en el período
subsiguiente. Pero este resultado difícilmente puede deducirse de una decisión o
voluntad política del gobierno, de la cúpula o de la propia institución y es más bien
el producto de una particular convergencia de situaciones y procesos como lo sucedidos.
En tal
sentido, la caracterización de las relaciones Ejecutivo-cúpula militar en la tensión
entre contestación obstaculizante y el soporte transaccional, va a resultar institucional
y políticamente desfavorable a la institución como efecto de lo sucedido a nivel
operacional militar. Los reiterados fracasos militares de la segunda mitad del período
desestructuran los posibles efectos positivos del esquema desarrollado. En relación con
el Ejecutivo, porque le permiten retomar una posición de superioridad en las relaciones
luego de haber asegurado su respaldo institucional en los momentos más críticos y
posicionan el tema de la reforma militar como inevitable, aunque ello le correspondiera
como tarea al siguiente gobierno. En relación con la opinión, porque si bien la
institución mantuvo en las encuestas un alto nivel de apoyo, la ecuación mayores
recursos peores resultados dejó a la institución inerme ante las decisiones
políticas que se tomaran. De nuevo, el gobierno Samper alcanzó a gozar de algunas
ventajas con esta situación y supo manejarla al culminar con una cúpula de plena
confianza para su labor, pero sería el gobierno Pastrana el que mayormente podría hacer
uso de un efecto inesperado pero útil al menos para dar inicio a su política de paz.
En el
terreno operacional el examen permite constatar tres hallazgos significativos además de
uno relativamente obvio como lo es la ausencia de una articulación entre política y
estrategia. El primer hallazgo se encuentra al constatar que las debacles operacionales
obedecieron a una combinación de incapacidad de reacción inmediata ante un cambio
táctico de la guerrilla, agravado por derrotas de tipo tradicional contra varios tipos de
unidades entre ellas las supuestamente especializadas en el combate contraguerrillero. El
segundo hallazgo es el desgaste de un mecanismo de cambio táctico como lo fueron las
brigadas móviles, visible por su ineficiencia militar, pero producto de su entrada en la
dinámica inercial y burocrática de funcionamiento del conjunto de la institución. El
problema ante esto es la lentitud de reacción, entendible por la dimensión de la
organización, pero evidentemente crítica para su labor ante las urgencias del conflicto.
Queda por indagar si esta lentitud en la reacción se vio agravada por el debilitamiento
de la institución y las tensiones a que se vio sometida.
En el
examen del gasto llama la atención hacia la necesidad de profundizar aún más en el
manejo del tema para salir de ciertos lugares comunes como el supuesto crecimiento
inusitado de los recursos asignados. Como tendencia en el período, si hay un incremento,
no el más significativo de los últimos quince años y en parte derivado de decisiones de
gobiernos anteriores. Tal incremento está sujeto a rigideces que evitan que los recursos
puedan utilizarse rápidamente y en aquello que opinión y sectores civiles exigen como
muestras de eficiencia. En esto, además, los problemas fiscales del país afectan
claramente a la institución y esfuerzos fiscales como el del año 97 apenas ven sus
resultados en el año 99 y posteriores. En esto parece haber una tremenda paradoja: la
lógica de relación Ejecutivo-cúpula en el contexto del conflicto va a dar un resultado
en apariencia plenamente favorable a la institución, con los recursos adicionales
conseguidos con los bonos de guerra y la atención especial prestada al tema de las
necesidades de estas instituciones. Sólo que la temporalidad de los sucesos va a echar
por la borda ese resultado: las derrotas militares se agravan durante el 97y 98, mientras
que los recursos apenas llegan en el 99.
Como se
ve, el esfuerzo de articulación está todavía por pulir, pero hay información,
hallazgos y primeras interpretaciones que ofrecen un panorama interesante aunque
preocupante de lo sucedido con la institución en ese período. Si se piensa en lo que ha
pasado después, las preguntas, las paradojas y las hipótesis obligan a ser muy riguroso
y preciso en los resultados analíticos obtenidos y a no olvidar que el carácter
paradójico del desempeño institucional en el período y su tendencia crítica
fundamentalmente obliga a centrar la atención en cómo pudieron concatenarse un esquema
prevaleciente de relaciones Ejecutivo-cúpula militar, los desarrollos operacionales y las
restricciones y prioridades del gasto. De todo ello, tiende a aparecer un planteamiento
que articule y señale líneas de causalidad más nítidas, en principio marcadas por una
tensión muy fuerte entre ámbitos institucionales de decisión y acción y los rechazos y
resquemores que provienen de los diversos sectores involucrados.
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