La casa de Rafael Núñez: una visita a este evocador lugar de Cartagena

Por: del Castillo Mathieu, Nicolás

 


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Para hablar de esta célebre residencia, situada en las afueras de Cartagena en el antiguo barrio de pescadores de El Cabrero, debemos referimos a su constructor don Manuel Román y Picón, padre de doña Soledad Román y por lo tanto suegro del doctor Rafael Núñez. Don Manuel llegó desde España a Cartagena, después de haber naufragado en Galerazamba, en el año de 1834. Según cuenta su hija, "sólo traía lo encapillado y una suma de treinta pesos". Aprovechando sus estudios de farmacia y quizá de medicina, montó una botica y se aseguró la estabilidad económica necesaria para contraer matrimonio el 12 de enero de 1835 con doña Rafaela Polanco. Casi nueve meses después, el 6 de octubre de 1835, nacía su hija primogénita Soledad, la mayor de una familia de diecisiete hijos, de los cuales sólo diez alcanzaron la edad adulta.

La fecunda matrona murió en 1864, lo que determinó que doña Soledad se hiciera cargo del manejo de la casa y de la educación de sus hermanos menores. Todo ello influyó para que don Manuel la favoreciera especialmente al momento de redactar su testamento (Julio de 1873) dejándole, entre otras cosas, "la casa baja del Cabrero que era de palma [...] la levanté de piedra, madera y azotea". Doña Soledad contrajo matrimonio civil con el doctor Rafael Núñez, presidente del Estado Soberano de Bolívar, el 14 de junio de 1877. Es muy probable que desde entonces la pareja se instalara allí y que se hubiera construido en esa época el segundo piso, enteramente de madera. En todo caso, ésa fue la última morada de Núñez, en donde moriría el 18 de septiembre de 1894.

 

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Casa de Rafael Núñez en El Cabrero, Cartagena.
Grabado de Julio E. Flórez, Papel Periódico Ilustrado, 1885.


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Comedor de la casa de Núñez.
Fotografía de Elizabeth Lugeon.


La casa de Núñez es un magnífico ejemplo de adaptación al medio y de acomodo a las circunstancias ambientales, para sacar de ellas el mejor partido. Esa sencilla y amplia casa de madera es una de las pocas en Cartagena que resuelven favorablemente los problemas planteados por un clima riguroso. En ella no se emplean, como en la Alhambra de Granada, mármoles, ni fuentes para atenuar los rigores de un intenso verano, ni, como en las mansiones patricias de Pompeya, pérgolas y acequias para sitios umbríos y agradables, sino que se utilizan medios simples y variados para aminorar el calor y aprovechar hasta el máximo las brisas. Ellos son: la situación cercana al mar, el ancho y prolongado balcón, el uso de materiales frescos como la teja y la madera, el mobiliario ligero y las frágiles persianas que crean sombra sin impedir el paso del aire, como se aprecia en el originalísimo comedor octogonal, completamente aislado de la casa, casi en el centro del patio, cubierto con una curiosa techumbre de pagoda china. ¡Cuan grato debió ser el yantar y la sobremesa en ese ambiente penumbroso y ventilado, en las horas del medio día, cuando la atmósfera circundante reverberaba encendida y las chicharras entonaban su canto monocorde!

 

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Terraza, y jardín de la Casa de Núñez
Fotografía de Elisabeth Lugeon.


 

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La casa de Núñez es Núñez mismo: sencilla y sin pretensiones, pero llena de espíritu auténtico de distinción, de verdadero sentido de la elegancia, de orden y claridad. El visitante se sorprenderá sin duda, y se decepcionará tal vez un poco, al comprobar que nada hay allí que pueda llamarse lujoso, ni suntuario. El ajuar, limitado a lo indispensable, es sin embargo de óptima calidad, discreto y fino. En él prevalecen como en la casa toda, el sentido de la verdadera comodidad que es adaptación a las necesidades y a los gustos del hombre sin ostentación ni epicureismo. Buena prueba de ello es la cama de hierro en que murió Núñez (original), con su fresco bastidor de lienzo (reconstruido); las sillas del comedor, con asientos y respaldo de paja (todas originales pero algunas con asiento reconstruido), el sólido escritorio (original) en donde todo ocupa su sitio sin dejar, por ello, de estar al alcance de la mano.

 

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Sala de estar y, al fondo, estudio de Rafael Núñez,
Foto de Elizabeth Lugeon


 

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Dormitorio,
Foto de Elizabeth Lugeon


La planta baja de la casa es de menor interés histórico. Ella y el ala trasera del piso superior estuvieron ocupados por los numerosos ahijados y protegidos de doña Sola. El segundo piso fue añadido, por don Antonio Román Polanco, por órdenes de doña Soledad, tal vez bajo sus indicaciones y las del propio doctor Núñez. Al subir por la escalera (reconstruida), lo primero que aparece ante la vista es el alvéolo del comedor, unido al resto de la casa por dos galerías voladas. El reloj de pared, a la derecha de la puerta que da entrada al salón, es original y ocupa el mismo sitio en donde lo colocó doña Sola, para observar las horas mientras cosía a su lado.

 

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Mausoleo de Rafael Núñez en la ermita del Cabrero.


 

El salón poseía finos y ligeros sillones y mecedoras de "bejuco", o vienesas, hoy desaparecidas. En seguida está el cuarto de estudio de Núñez con su escritorio personal, gentilmente obsequiado por don Federico Angel, y los bustos de Núñez, doña Sola y don Manuel Román. En la fotografía tomada el día de la muerte de Núñez, puede apreciarse el estado original de la pieza. En el pequeño cuarto que sigue a éste, Núñez guardaba las golosinas a que fue tan aficionado en los últimos años de su vida: pasas, frutas, conservas de toda suerte, galletas inglesas...

 

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La casa del Cabrero y la ermita en fotografía publicada
en el libro "Colombia 1893", de Clímaco Calderón.


A la izquierda del salón, se encuentra la alcoba de Núñez con su cama (original) cuyos toldos, bastidor y sobrecama son reconstruidos; el armario de fina madera (original) y el oratorio, con base original y urna reconstruida. En la habitación de doña Sola, la silla, el reclinatorio y el armario son originales, y el lecho y sus accesorios, reconstruidos. 

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Rafael Núñez. Dibujo de Alberto Urdaneta, 1885.
Biblioteca Nacional, Bogotá


Ultimamente la casa se ha convertido en un verdadero museo y ha sido reparada en su totalidad, así como la ermita vecina, gracias a la labor tesonera de Eduardo Lemaitre; allí se encuentra el monumento funerario de quien fuera cuatro veces presidente de Colombia. El parque situado al frente está en pleno proceso de remodelación que, al concluirse, hará de éste uno de los conjuntos urbanos más hermosos de Cartagena.

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