Isaacs y la educación

Por: Cristina, María Teresa

 



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Clase nocturna de acuarela en San Bartolomé. Grabado de Eustacio Barreto.
"Papel Periódico Ilustrado", diciembre de 1884.


   


  Una de las actividades menos conocidas del famoso autor de María es la que desempeñó en el campo de la educación, tarea a la que dedicó ingentes esfuerzos durante buena parte de su vida. Aunque Isaacs nunca ejerció la enseñanza, su interés por ella está estrictamente vinculado con su adhesión al radicalismo, que lo compromete con una política y un programa de reformas durante casi dos décadas. El radicalismo se empeña a fondo con la reforma de la educación. La considera decisiva para el desarrollo del país; sin ella no es posible ejercer la libertad; el analfabetismo y la ignorancia impiden la formación del ciudadano, la realización de la democracia, del progreso y de la paz.

  La política educativa radical consagró la educación laica, pública y obligatoria al nivel elemental. El laicismo está relacionado con la libertad de conciencia. Significa que las escuelas oficiales no imponen ningún credo y que la enseñanza religiosa no es obligatoria, sino opcional; según la voluntad de los padres, los alumnos podrán recibirla de sus párrocos o ministros. El hecho de ser pública significa que es gratuita. La obligatoriedad significa que el padre puede educar a su hijo de la manera que Juzgue conveniente, pero no puede negarle la educación. La ley de 1870 reorganiza la instrucción pública, primaria y normalista. El radicalismo da preferencia a la escuela primaria. El Decreto Federal Orgánico de la Enseñanza Primaria expedido el 1° de noviembre de 1870 impuso a todo el país la instrucción obligatoria. Establece igualmente que cada departamento debía tener una Escuela Normal y el método propio de la Escuela Activa.

  El interés de Isaacs por la educación es evidente a partir del conocimiento directo que tuvo de la experiencia educacional argentina y chilena, durante el ejercicio de su consulado (1870-1872). En un artículo titulado «La Confederación Argentina» bosqueja su papel entre las repúblicas hispanoamericanas. Allí la enseñanza primaria es una «verdadera cuestión de ser o no ser». Señala el floreciente estado en que se halla ésta. «Es realmente increíble el progreso de ese país en los últimos diez años». En ningún país de la América española se ha llegado tan alto en materia de enseñanza primaria. El gobierno argentino destinó a ella buena parte de sus rentas, a bibliotecas, a universidades y colegios, escuelas normales, etc. Los gobiernos seccionales han prestado un decidido apoyo a la educación popular. Reitera su admiración por Domingo F. Sarmiento, quien ha merecido el honor de que se le apellide «el presidente maestro de escuela». Todas las provincias tienen escuelas diurnas y nocturnas gratuitas. Propone la Confederación Argentina como modelo educativo para el Cauca y los Estados de la Unión. En iguales términos de admiración se refiera a Chile.

  Isaacs no fue un teórico de la educación, pero en las filas del radicalismo del Cauca fue uno de los hombres más activos en la aplicación de la reforma. Para Isaacs la escuela tiene como fin formar al ciudadano, redimir a los indígenas y a los africanos para el porvenir de la Unión. Hace suya la convicción de que sin instrucción no hay desarrollo. A partir de noviembre de 1874 ocupa varios cargos oficiales en la Instrucción Pública del Cauca: delegado especial e inspector en los municipios de Palmira y de Cali. El 1° de diciembre César Contó lo nombra superintendente de Instrucción Pública, cargo que reasume una vez terminada la guerra civil de 1876 y que deja a los pocos meses al ser nombrado secretario de Gobierno. Años más tarde, entre enero de 1883 y mayo de 1884, asume el cargo de director de Instrucción Pública del Estado del Tolima.

  Sus actividades en este campo están consignadas en publicaciones oficiales como El Escolar de Popayán, La Escuela de Neiva, y también en un periódico de orientación política como El Programa Liberal de Popayán -donde expone las estrategias para difundir la instrucción primaria y la aplicación de las mismas en el caso del Cauca-, en varias publicaciones de Bogotá y en un extenso y minucioso informe que aparece en 1883 acerca de su desempeño en el Tolima. En el cumplimiento de estas funciones se preocupa por el desarrollo de la enseñanza oficial y por la creación de nuevas escuelas, a pesar de la fuerte oposición de los conservadores y del clero. En octubre de 1874 se funda en Cali la Escuela de Varones bajo la dirección de Gustavo Radlach, quien trabaja en condiciones precarias y sin auxiliares. Los apagadores de oficio trabajan sin descanso en contra de ésta y aprovechan circunstancias favorables para combatirla. Desea Isaacs que más tarde se complete la obra creando en Cali una Escuela de Artes y Oficios y luego otras en Popayán y en Cartago o Buga. El aprendiz obtendría allí su patente de maestro. «Las Escuelas de Artes y Oficios deben complementar la instrucción primaria de casi todos los niños, así como las Granjas Modelo [...] deben terminar la educación de las niñas pobres», librándolas de la miseria. Estas se centrarán en la enseñanza de los oficios más importantes y podrán producir en sus talleres objetos cuya venta beneficiaría a los discípulos más diestros. Manifiesta su decidido propósito de fundar Escuela Superior de Varones en Buenaventura y en otras ciudades. Surge la Escuela Anexa a la Normal de Popayán. Algunos de sus proyectos más queridos y ambiciosos fueron: la creación de Escuelas Nocturnas con el objeto de poner la enseñanza al alcance de los artesanos y labriegos y de los niños pobres que estén ocupados durante el día; la creación de escuelas de agricultura, la multiplicación de las escuelas rurales, la creación de nuevas Escuelas Normales. La educación de niños, de adultos y la formación de maestros fueron algunas de sus preocupaciones más constantes. Sin embargo, para formar buenos ciudadanos es necesario educar a la mujer y por consiguiente abrir más escuelas para niñas, capacitarlas para que puedan desempeñarse como maestras.

 

 

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Clase de dibujo en la Universidad Nacional. Grabado de Eustacio Barrete.
«Papel Periódico Ilustrado», mayo de 1882. Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 


  Al revisar las resoluciones, circulares, actas y documentos de El Escolar y de La Escuela es posible obtener una visión de su programa educativo, de la filosofía que lo inspira, pero sobre todo del trabajo realizado por Isaacs. Defiende el método pedagógico de Pestalozzi basado en la educación directa que estimule la percepción y las facultades del niño. Pero no se ocupa solamente de cuestiones ideológicas y teóricas sino también pragmáticas. Al lado de su constante interés por evaluar el nivel de preparación, la calidad de la enseñanza que imparten los maestros, el nivel académico en los distintos cursos y asignaturas, el rendimiento de los alumnos, la deserción escolar y sus causas, se nota en Isaacs un gran sentido práctico que lo lleva a observar directamente la realidad y a dar prioridad a cuestiones materiales, como la asignación de terrenos y la adecuación de la planta física para el funcionamiento de la escuela, el inventario de útiles escolares, el estudio del estado financiero, de la situación fiscal y de las rentas municipales, distritales o estatales destinadas a la financiación de la instrucción pública. En este sentido, considera que la obtención de rentas mediante el sistema de contribuciones no debe pesar «sobre las clases desvalidas del país, que son en realidad de verdad las que deben ser más directamente favorecidas en nuestra actual labor». No fue un burócrata que envía instrucciones desde su despacho. No solamente ordena a los delegados visitar cada dos meses (en lugar de hacerlo dos veces al año) las escuelas de sus respectivos municipios e informar a la Superintendencia acerca de ella, sino que él personalmente realiza visitas a las escuelas de los distintos distritos y municipios para enterarse de manera directa acerca de su funcionamiento. Quedan las actas de estas visitas en El Escolar y en La Escuela. De ellas pueden resultar recomendaciones acerca del manejo o incluso destituciones de maestros.

 

   
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«El Escolar», de Popayán. No 32, mayo 13 de 1875. Biblioteca Nacional, Bogotá.


   

  El hecho de que la escuela deba ser laica y obligatoria plantea conflictos ideológicos y políticos en la relación entre Estado e Iglesia, que en el Cauca fueron particularmente agudos y encarnizados. El nombramiento de Isaacs como superintendente de Instrucción Pública fue tomado por los conservadores como una declaración de guerra. El clero lo acusa de ordenar la enseñanza atea o de prohibir la cristiana. No sólo él mismo sino delegados, directores y maestros fueron victimas de ataques por parte de miembros de la Iglesia. El gobierno del Cauca solicita la participación de los sacerdotes en la enseñanza de la religión en las escuelas oficiales, pero encuentra la cerrera resístemela del clero, encabezada por el obispo de Popayán, Carlos Bermúdez, y por otros obispos como Manuel Canuto Restrepo, de Pasto. Los políticos conservadores y el clero católico en sus asociaciones y periódicos, escribe Isaacs en 1875, «se hallan dos años ha en el empeño de hacer la cuestión Escuelas, armados con las excomuniones fulminadas por el señor Bermúdez, grave cuestión religiosa». En efecto, Bermúdez ha excomulgado a los directores y maestros de las escuelas oficiales y a los padres de familia que envían a sus hijos a tales instituciones. «Esa educación descomulgada por el pastor de la Iglesia católica aquí», por el contrario, es reconocida por monseñor Vicente Arbeláez, arzobispo de Bogotá y primer prelado de la Nación, quien ordena a sus sacerdotes que enseñen la doctrina en las escuelas nacionales. El obispo de Popayán, además, prohíbe la lectura de El Programa Liberal y excomulga El Escolar.

  En las visitas que el superintendente Isaacs realiza a las escuelas oficiales de varios municipios del Cauca denuncia el entorpecimiento de la labor por parte del clero, debido a la prédica adversa de los párrocos, quienes indisponen a los padres de familia contra las escuelas oficiales. En Buga, Cerrito, Santa Elena y Guacarí, las escuelas se encuentran cerradas; en Florida, el cura Aristides Salcedo se opone abiertamente a la educación de las niñas; en Candelaria, el número de asistentes se ha reducido; en la escuela de niñas de Florida, de treinta sólo quedan dos; otras escuelas se mantienen con dificultad; en Palmira, a pesar de los ataques del clero, la escuela marcha bien.

  Los incidentes que ocurren en el Cauca encuentran eco en el país. Tuvo mucha repercusión en la prensa nacional lo ocurrido con la señorita Emilia Velasco, directora de la Escuela de Niñas de Popayán quien, según versiones de la prensa conservadora, fue obligada a renunciar, motivada por la supuesta prohibición de la enseñanza cristiana ordenada por Isaacs. La señorita Velasco, en carta pública, rectifica tal información y sostiene que no ha renunciado. En la Escuela Anexa a la Normal de Popayán estudia Lisímaco, el mayor de los hijos de Isaacs. Relata éste que un allegado a la familia se atrevió a decir «que prefería verlo muerto antes que alumno de la escuela execrable» y que el niño le rogó a dos sacerdotes que lo confesaran, pero de ambos obtuvo la misma respuesta: que les estaba prohibido suministrarles ese sacramento a los niños de la Escuela Normal. Lo mismo les sucedió a otros alumnos de esa escuela.

La contienda llegó a extremos absurdos y a casos de excesiva violencia. Los conservadores acusan a los liberales de la Sociedad Democrática de Popayán de haber sacado del palacio al obispo y haberle dado «látigo en la plaza», en la noche del 10 de febrero de 1876, noticia que Isaacs desmiente como calumnia. En mayo de 1877 un grupo de fanáticos ocasionó destrozos en la oficina de la Superintendencia y en la Escuela Normal de Popayán. Isaacs denunció la «reacción ultramontana» acaudillada porgarías autoridades eclesiásticas y los atropellos del clero contra la instrucción pública las patrañas inventadas por el partido conservador respecto a la educación laica con el fin de adueñarse del poder en el Estado del Cauca, con «vuestro periódico-novena». La polémica acerca de la educación y la cuestión religiosa entre el radicalismo caucano, representado principalmente por César Contó y Jorge Isaacs, con las autoridades eclesiásticas y con los conservadores, se desarrolla sobre todo durante el año de 1876 entre las Sociedades Democráticas y las Sociedades Católicas del Cauca, y tiene como tribunas los periódicos El Escolar y El Programa Liberal, por una parte, y los periódicos conservadores del país, entre los cuales ocupaba el primer lugar Los Principios de Cali. El tono de los artículos que allí se publican dista mucho de ser objetivo y ecuánime.

  A pesar de las dificultades que tuvo que enfrentar para su realización, el programa educativo impulsado en el Cauca por César Contó y Jorge Isaacs fue en su momento, a juicio de muchos historiadores, el más ambicioso y progresista del país. Independientemente de sus actuaciones como superintendente o director de Instrucción Pública, Isaacs nunca dejó de preocuparse por la educación. Como secretario de Gobierno del Cauca sigue de cerca el desarrollo de las escuelas oficiales; como representante del Cauca en el Congreso de 1878 presenta un proyecto de ley sobre establecimiento de escuelas de artes y oficios en las capitales de los Estados de la Unión, y otro sobre establecimiento de Universidades en los Estados, dependientes de la Universidad Nacional. Después de su desempeño como director de Instrucción Pública en el Tolima, no puede sorprender el hecho de que Isaacs no hubiera vuelto a ocupar cargos en la educación ni a manifestarse acerca de este tema. La política escolar de la Regeneración (Constitución de 1886, artículo 41) estableció: «La educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la religión católica» y será gratuita, mas no obligatoria. 

  

Título: Isaacs y la educación


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