La República de Colombia y el nacimiento del proyecto americano de Bolívar : Causas de la disolución de la Gran Colombia

Por: Carrera Damas, Germán, 1930-

 

 

 

 

Revista Credencial Historia


ABRIL 2000.

   
 

La República de colombia y el nacimiento del proyecto americano de Bolívar
Causas de la disolución de la GranColombia
.
Por: Germán Carrera Damas .

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Abril 2000. No. 124

 
 
Simón Bolívar, Libertador de su Patria.
Litografía, siglo XIX.

Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos
de Colombia y firmas de los constituyentes.
Angostura, diciembre 17 de 1819.
Casa Museo del 20 de Julio, Bogotá.

Proyecto de escudo de Colombia, 1824.
Archivo General de la Nación, Bogotá.

José Antonio Páez.
Oleo de autor anónimo, siglo XIX.
Museo Nacional de Colombia, Bogotá.

Bolívar y Colombia, la Patria encadenada.
Alegoría de Jesús María Hurtado, 1891
Museo del Siglo XIX, Fondo Cultural Cafetero, Bogotá.

Carta del general Bolívar a un amigo
(Carta de Jamaica, escrita el 6 de septiembre de 1815).
"The Jamaica, and Kingston Chronicle", julio 23 de 1825.
Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá.

Primera página y firmas del Acta de Instalación del Segundo Congreso Nacional de Venezuela, Santo Tomás de Angostura, febrero 15 de 1819.
Archivo General de la Nación, Bogotá.

 
 

 

Los triunfos de Boyacá y Carabobo trajeron la creencia de que habían sidoremovidos los grandes obstáculos, militares y políticos, con que chocaba la conformación del nuevo orden político, cuyas bases habían sido echadas en el Congreso de Angostura, al aprobarse con la participación de representantes neogranadinos la Ley Fundamental de Colombia, el 17 de diciembre de 1819. La suerte del imperio quedó en manos de una metrópoli que estaba trabada en su funcionamiento, y de las subsistentes colonias americanas, en la medida en que se pudiese concertar una vasta operación de reconquista.

La Ley Fundamental de Colombia fue ratificada por el Congreso Constituyente reunido en Cúcuta el 6 de mayo de 1821. La necesidad estratégica de garantizar la independencia de la nueva república determinó el ensanchamiento del hoy denominado proyecto americano de Simón Bolívar. Para la comprensión de estos acontecimientos, conviene recordar que tales triunfos consolidaron en quienes libraron la lucha por la independencia en Venezuela su repartición en dos grupos desproporcionados. El mayor, representado por José Antonio Páez, permaneció en acto y pensamiento en el escenario venezolano, entendido con criterio que ha sido considerado estrecho, pero que resultó ser el nivel primario de la conciencia nacional. El representado por Simón Bolívar proyectó su acción y pensamiento enescenarios cuya vinculación con la suerte de la lejana Venezuela pasaba por la determinación de asegurar la existencia de Colombia. Por esto las historias patria y nacional venezolanas resolvieron que la llamada Campaña del Sur no formase parte orgánica de la historia de Venezuela sino de la biografía de Simón Bolívar, adoptando la concepción de las dos grandes compilaciones documentales que han alimentado esas historiografías, la de Mendoza, Yanes y Guzmán, y la de Blanco y Azpurúa.

Por ello existe en la historia de la disputa de la independencia que siguió su curso en Venezuela una zona gris que se extendió hasta 1827, cuando retornó Bolívar a Caracas, pero que se reanudó al marcharse a Bogotá, y resurgió en 1830 con el desmembramiento de Colombia. Por ello es todavía difícil correlacionar lo acontecido en el Departamento de Venezuela con lo ocurrido en Quito, Lima. Chuquisaca e incluso Bogotá, salvo en lo que tuvo una relación directa con la vida política de los venezolanos, como el proyecto de Bolívar de Constitución para Bolivia, y los planes para instaurar la monarquía en Colombia.

ALCANCE DE LA CONSTITUCION DE LA REPUBLICA DE COLOMBIA.

Una vez constituida la República de Colombia. para los venezolanos el hecho más importante, por su vastísima repercusión americana y mundial, fue la invasión del virreinato del Perú por las fuerzas colombianas y el desmembramiento de su territorio.

Por su extensión territorial y sus recursos humanos y económicos, el virreinato del Perú era la plataforma desde la cual podía emprenderse la reconquista de las ex colonias. José de San Martín también lo comprendió así, y quiso garantizar la independencia del Río de la Plata y Chile llevando la guerra al Virreinato. En ambos casos esta estrategia chocó con la arraigada conciencia monárquica de la clase dominante más cohesionada de Sudamérica, que no promovía la independencia y procuraba preservar la integridad territorial del Virreinato.

Tal estrategia requería una justificación muy convincente. Por eso cabe pensar que la constitución de la República de Colombia tuvo igualmente la justificación política de proporcionar una base de legitimidad, aunque precaria, para invadir el virreinato del Perú y debilitarlo desmembrándolo. Imposible hacerlo alegando la necesidad de garantizar la independencia de Venezuela.

DESMEMBRAMIENTO DEL PERU.

Las historiografías patria y nacional venezolanas eluden preguntarse si los restos de la clase dominante aprobaban esta estrategia de Bolívar. Una respuesta circunstanciada deberá considerar dos hechos. Uno, ya señalado, es que el poder colonial había permanecido en Coro y Maracaibo, y que una vez restablecido en la provincia de Caracas no encontró resistencia conocida desde 1814 hasta 1821. Es decir que en casi las dos terceras partes del territorio habitado siguió rigiendo el poder colonial, constitucional y absoluto, en sus dos componentes, el peninsular y el criollo. El segundo hecho está condensado en los considerandos del decreto de 28 de setiembre de 1821, por el cual el Congreso de la República de Colombia dispuso la expulsión de los desafectos al gobierno republicano. Dos considerandos describen la situación que motivó tan drástica decisión. Uno sintetiza lo que sucedía en el Departamento de Venezuela: "Que muchos de los que emigraron por odio ó indiferencia al sistema de gobierno republicano y han vuelto después á este territorio, y de los que con iguales opiniones se quedaron en él á tiempo que se ha ido ocupando por las armas de la República, han abusado de la extensa y absoluta seguridad que se les ofreció por el artículo 11 del tratado de la regularización de la guerra de 26 de noviembre último [acordado en Trujillo, Venezuela], que todavía no había sido ratificado por la nación española". El otro considerando requeriría una investigación, pues podría tratarse de un recurso para justificar el considerando precedente: "Que de este escandaloso abuso son claras y evidentes pruebas los informes del Vicepresidente de Cundinamarca y del Vicepresidente de la República sobre el estado de alarma é inquietud en que se hallan los habitantes de Bogotá, la provincia de Cartagena y la del Chocó; las tentativas de insurrección en la ciudad de Maracaibo sufocadas por la vigilancia del Gobierno en cuatro veces distintas, y la conjuración realizada el día 10 del presente en la ciudad de Ocaña..."

La disposición no pudo ser más drástica. El ejecutivo podía expulsar, sin más trámite y antes de que se publicase la Constitución, que lo fue el 6 de octubre de 1821, a "todos los que habiendo emigrado con los españoles al tiempo de la entrada de las armas de la República, hayan vuelto y mantenido una conducta sospechosa al gobierno..." También a "...todos los que aunque no emigraron están marcados por su conducta anterior, por sus empleos, destinos y servicios hechos al gobierno español como indiferentes y sospechosos al gobierno republicano". El decreto contemplaba, además, muy duras medidas respecto de los bienes de quienes fueren expulsados.

Otro decreto, de 24 de julio de 1823, reforzó el ya citado, tomando en consideración preventiva acontecimientos y suposiciones extremas "las últimas ocurrencias que han tenido lugar en el departamento de Zulia", y atendiendo a la necesidad de "... reprimir la ingratitud y osadía de varias personas, que obstinadas en los sentimientos que han abrigado contra la independencia de Colombia, llegarían tal vez a aprovecharse de una desgracia en el ejército para turbar el órden público, y destruir, si pudiera ser, las actuales instituciones..."

La preocupación de los legisladores de Colombia se correspondía con una situación real. No podía considerarse disipada la conciencia monárquica, como tampoco podía desestimarse la posibilidad de una reconquista luego de una grave derrota sufrida en la Campaña del Sur.

El Concejo Municipal de Caracas fue el vocero de la resistencia a la aplicación de estas medidas, y no cabe subestimar sus razones, ya que en su inicio la disputa de la independencia estuvo motivada por el propósito de la clase dominante criolla de preservar la estructura de poder interna de la sociedad. Esta había sido seriamente desquiciada por la guerra, al mismo tiempo que la clase dominante salió diezmada, desorganizada y dispersa. Su recuperación, que apenas había comenzado bajo el poder colonial restablecido, recibía el refuerzo de los emigrados que retornaban e intentaban recobrar sus bienes y restaurar su posición social. La aplicación de los decretos habría seguramente contribuido a garantizar la independencia, sobre todo en el caso de un intento de reconquista colonial, pero en lo inmediato amenazaba con perfeccionar el severo desquiciamiento de la estructura de poder interna, en beneficio de los pardos igualados por su participación en la guerra. En suma, si los independentistas buscaban garantizar la independencia, ello habría significado sacrificar el objetivo social fundamental. En esas condiciones, y dado el precedente del restablecimiento del poder colonial en Venezuela, la Campaña del Sur pudo ser vista sin simpatía, y antes bien como la posibilidad de que se perdiese toda esperanza de ver restablecida la estructura de poder interna de la sociedad colonial en el ámbito de la república.

Y este último era el empeño fundamental de la clase dominante venezolana, enmarcada en la República de Colombia, y a satisfacerlo se aplicó el gobierno militar del general José Antonio Páez, en torno a quien se agruparon los representantes de la clase. De esta manera, mientras los seguidores de Simón Bolívar perfeccionaban la independencia en Ayacucho, los criollos caraqueños trabajaban en la restauración de su poder social. Ante ello, algunos republicanos lamentaron la horfandad en que los dejó la ausencia del Libertador.

El desmembramiento del virreinato del Perú, con el desprendimiento de Quito, ratificado en la batalla de Tarqui, y la creación de la República Bolívar, luego Bolivia, no sólo garantizaron militarmente la independencia de las antiguas colonias españolas de América, sino también disiparon las esperanzas del tenaz lealtismo criollo a la Corona.

DESMEMBRACION DE COLOMBIA Y DEFINICION DE LA CONCIENCIA NACIONAL VENEZOLANA

En este marco comenzó la fase de definición inicial de la conciencia nacional venezolana, que desbordó la década comprendida entre la segunda batalla de Carabobo y la desmembración de la República de Colombia. Si bien esta república fue la gran creación política de Simón Bolívar, su concepción básica se remonta al inicio de la disputa de la independencia, cuando la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII, instalada en Caracas, comisionó al presbítero José Cortés de Madariaga a la Nueva Granada, proponiendo la unión contra la política de la Regencia. Pero la nueva República fue vista siempre más como un recurso para aunar fuerzas contra el poder colonial, y prevenir su restablecimiento, que como la culminación de un proceso de identificación social, económica y política de sociedades marcadamente desiguales en su composición y en el grado de estructuración del poder social.

Mucho se ha discutido sobre la viabilidad de la República de Colombia. Queda fuera de duda razonable el hecho de que en los diez años de ensayo no se logró poner las bases funcionales de la Unión, salvo el marco constitucional, y este mismo fue desde el inicio motivo de enconadas diferencias. La vastedad del territorio y la insuperable diversidad histórica de las sociedades en él establecidas, unidas a las dificultades en las comunicaciones y el transporte, contrariaban todo intento de funcionalidad del conjunto, si bien algunas de esas dificultades afectaban entonces a la República Mexicana, la del Plata y aun la de Estados Unidos.

Es reconocida la autenticidad de la convicción grancolombiana de Simón Bolívar, si bien cabe preguntarse sobre su fundamentación, apartando las motivaciones estratégicas militares y políticas expuestas en los dos primeros considerandos de la Ley Fundamental de Colombia. La visión americana de Simón Bolívar, desplegada en la Carta de Jamaica y luego ratificada por su experiencia andina, permite pensar que percibió la diversidad social. El discurso pronunciado en el acto de instalación del Congreso en Angostura, el 15 de febrero de 1819, contiene la teoría de esa diversidad. Pero el suyo era un espíritu formado en el racionalismo del siglo XVIII, y por lo mismo inclinado a las más amplias concepciones. La conciencia nacional decimonónica, más limitada, no llegó a apoderarse de él, como sí lo hizo de mentalidades que iniciaron su formación nutriéndose de los valores del nacionalismo, como la de José Antonio Páez. Pero esto en cuanto a los dos hombres que tuvieron influencia determinante en la formación de la República de Venezuela; de otra manera fueron las cosas en cuanto a las sociedades.

SIN CULMINAR LA FASE BELICA DE INDEPENDENCIA, SE REANUDO LA FASE SOCIOPOLITICA

Constituida Colombia, la guerra, como expresión de la disputa sociopolítica de la independencia, se alejó del territorio venezolano, si bien sus efectos, como hemos visto, continuaron sintiéndose, y aun quedaron teatros de acción militar. Pero la cuestión central para los venezolanos fue darle vida a un cuerpo político cuya racionalidad, aunque apoyada en una normativa legal, suscitaba fundadas reservas y chocaba con el propósito de restablecer la estructura de poder interna de la sociedad.

La principal fuente de la resignada aceptación de la República de Colombia, si no del descontento que causaba, era el hecho de que en los congresos reunidos en Angostura y Cúcuta no estuvo propiamente representado por la clase dominante el grueso de la sociedad colonial venezolana, concentrada en las provincias de Caracas, Barinas, Coro y Maracaibo, sujetas entonces al poder colonial, las dos primeras hasta 1821 y las demás hasta 1823.

Los devastadores efectos de la prolongada guerra conformaban el escenario menos propicio para montar en Venezuela la porción correspondiente de la gran concepción de integración política que fue la República de Colombia, visiblemente dominada por una Cundinamarca próspera y relativamente libre de los estragos de la guerra. Por eso la formación de la República de Colombia pronto fue vista por algunos críticos como la incorporación de Venezuela a la Nueva Granada, por obra de la Constitución sancionada en el Congreso de Cúcuta el 30 de agosto de 1821, más que por la Ley Fundamental de Colombia, aprobada en Angostura por un congreso que, si bien estuvo formado casi todo por venezolanos, revelaba la falla de representación ya anotada. En cambio, las condiciones pactadas que llevaron a la ocupación de Caracas por el ejército vencedor en Carabobo, de hecho convalidaron la obra de restablecimiento de la estructura de poder interna de la sociedad colonial, realizada en la antigua provincia de Venezuela al amparo del poder colonial restaurado. En suma, un conjunto de circunstancias propicias para el planteamiento de una crisis de representación, en una República que se proclamaba fundada en la igualdad y la representación, como reza el artículo 1º de la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia, aprobada por el Congreso de Cúcuta el 18 de julio de 1821, y la cual ratificó la Ley Fundamental de la República de Colombia aprobada por el Congreso de Angostura, el 17 de diciembre de 1819 . La Municipalidad de Caracas hizo presente este fundado reparo el 29 de diciembre de 1821, al jurarse reticentemente la Constitución colombiana, o sea, a los cuatro meses de aprobada.

El proceso político vivido por los venezolanos entre 1821 y 1830 es uno de los más arduos para el historiador crítico, pues en él se conjugó el brote de la conciencia nacional venezolana con la reacción antibolivariana. Esta correlación gravita sobre el planteamiento autonómico nacional, porque hace que parezca resultado de una conducta social y maniobras personalistas que contrastan con la altura de miras del Libertador, si bien varios de los hombres que asumieron la responsabilidad histórica de romper la República de Colombia habían dado reiteradas pruebas de lealtad a la causa republicana, pero entendiéndola como una aspiración de libertad política que estuviese a salvo del despotismo, aun cuando éste se reclamase también de los mismos ideales republicanos.

COLOMBIA, SEPARATISMO Y AUTONOMIA PROVINCIAL

Los argumentos esgrimidos abarcaron desde la cuestión de la capitalidad --se llegó a proponer que la capital fuese una ciudad equidistante--, hasta las diferencias en la economía --contraponiéndose los intereses de una Venezuela agropecuaria a una Nueva Granada minera--, e incluyendo las dificultades derivadas de la distancia y los obstáculos geográficos. En el orden político y estratégico se expresaron dudas acerca de la operatividad de una cooperación militar ante un intento de reconquista colonial, que se pensaba habría de comenzar por Venezuela, como la realizada por Pablo Morillo en 1815. En suma, un conjunto de argumentos que agigantaban la realidad y que parecieron no pesar tanto pocos años antes. La visión se aclara si le reconocemos todo su valor a la situación sociopolítica de Venezuela al finalizar las hostilidades en su territorio. Tal situación, cabe subrayarlo, estaba determinada por el hecho fundamental de que la nueva política definida como teoría de la emancipación, a lo largo de la fase iniciada en Angostura en 1819, incluyendo la condena de la esclavitud, fue formulada en la periferia de la región nuclear de la provincia de Venezuela. Es decir que la Venezuela entonces motejada de "goda", para significar su conservatismo, no sólo había gozado de paz y orden para iniciar su recuperación, sino que recibía el refuerzo de los emigrados que retornaban ansiosos de paz y orden. Es lo que explica la decidida oposición al decreto "Sobre expulsión de los desafectos al Gobierno de la República", dado el 18 de setiembre de 1821, y también al dado el 4 de julio de 1823. Estas medidas legales amenazaban los intereses de la clase dominante porque atentaban contra la fuente principal de su poder social, pues contemplaban la aplicación de la legislación sobre confiscación y secuestro a las propiedades de los encausados.

El hecho fue que la organización constitucional aprobada en Cúcuta alarmó a la debilitada clase dominante venezolana por sus proyecciones liberales, sin satisfacer tampoco plenamente las aspiraciones de esclavos y pardos en su lucha por la libertad y la igualdad. La legislación sobre manumisión alarmó a los esclavistas sin satisfacer a los esclavos, mientras la apertura liberalizadora de la sociedad dejaba fuera del ejercicio de los derechos políticos a la mayoría de pardos.

La crisis política de 1828, que condujo al establecimiento de la dictadura comisoria de Simón Bolívar, tuvo consecuencias encontradas. Si por una parte pudo calmar un poco los ánimos de los conservadores, al suspender o revisar políticas liberalizadoras, por la otra perfeccionó la inquietud que ya ensombrecía el ánimo de quienes temían, por sobre todo, que la república naufragase en la ambición de un gobernante despótico. Se creó de esta manera un estado de conciencia colectivo acerca de tan desventajosa situación, que llevó a concluir la inviabilidad, si no la inutilidad, del nuevo Estado.

SE RENUEVA LA CONTROVERSIA SOCIOPOLITICA

Así, no se habían apagado del todo los fuegos de la guerra en el territorio venezolano, cuando rebrotó, con renovado vigor, la lucha política que estuvo planteada desde que se reunió el primer congreso venezolano, en 1811, y la cual constituyó el eje de la disputa de la independencia, a lo largo de la guerra, enfrentando a los partidarios de los genéricamente denominados federalismo y centralismo.

Se formó de esta manera un escenario político en el cual el juego legítimo de concepciones contrapuestas, en cuanto al ordenamiento sociopolítico de la sociedad venezolana, significó tanto la renuencia a aceptar la nueva república como el desprestigio transitorio de Simón Bolívar, identificado para todos los efectos con la tendencia grancolombiana y centralista.

En la apreciación crítica de estos acontecimientos entran en juego valores acerca de los cuales no cabe establecer precedencia, y en torno de cuyo contenido real se ha creado una atmósfera de exaltación patriótica y de desorbitado bolivarianismo, capaz de desorientar el sentido histórico. Pero no es menos cierto que en medio de esa pugna se abrió paso la nacionalidad venezolana, en el sentido de que se reactivó la formulación del proyecto nacional inicialmente representado por la Constitución de 1811.

 

 

Título: La República de Colombia y el nacimiento del proyecto americano de Bolívar : Causas de la disolución de la Gran Colombia


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