Presidentes de los 9 Estados soberanos

Por:

 

 

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 56 - AGOSTO 1994

   
 

PRESIDENTES DE LOS 9 ESTADOS SOBERANOS

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 56
Agosto de 1994

 

 

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Pedro Justo Berrio. Oleo de Jules de Vignon,
1873. Museo Universidad de Antioquia, Medellín.


   


ANTIOQUIA


PEDRO JUSTO BERRIO

Nació en Santa Rosa de Osos, población minera del norte de Antioquia, el 28 de mayo de 1827. Inició sus estudios bajo la guía de su padre. Lorenzo, director de una escuela privada en su propia casa; los prosiguió en el seminario de Antioquia, orientado por el ilustre obispo santandereano Juan de la Cruz Gómez Plata. En Bogotá se tituló de abogado en 1851.

Alternó el ejercicio de la abogacía, la minería y el comercio con numerosas actividades públicas, ya en cuerpos representativos, ya en cargos administrativos o judiciales: miembro de asambleas legislativas y de la Constituyente del Estado, representante a la Cámara, prefecto del Departamento del Norte y magistrado del Tribunal Superior. Participó en la movilización contra la dictadura del general José María Meló en 1854, y de nuevo tomó las armas en 1860 para apoyar a su copartidario y protector Mariano Ospina. Fue uno de los jefes vencedores en Carolina. Cuando la suerte cambió, debió refugiarse en los montes. Berrío apoyó el levantamiento de sus copartidarios contra el gobierno de Pascual Bravo, logrando un brillante triunfo de Yarumal, el 2 de enero de 1864, preludio de la derrota liberal dos días después en Marinilla. Por aclamación de los dirigentes conservadores ejerció como gobernador provisorio desde el 10 de enero. Aunando prudencia y firmeza, consolidó el dominio conservador en el Estado y obtuvo el reconocimiento del presidente de la Unión, Manuel Murillo Toro.

Disolvió el ejército, aunque sin cesar de importar armas por si llegaran a ser necesarias; llamó a la administración a copartidarios de las diferentes regiones del Estado y en ocasiones a los del partido opuesto. Introdujo el telégrafo, organizó la casa de moneda, trajo la imprenta oficial, impulsó la construcción de vías, en especial el carretero que debía comunicar a Medellín con el río Magdalena, entre otras realizaciones para desarrollo de la región. Con todo, sus mayores esfuerzos los orientó al fomento de la educación: incrementó la instrucción primaria hasta lograr que Antioquia ocupara el primer lugar entre los nueve Estados de la Unión; en 1870 creó la Escuela de Artes y Oficios; en 1871 transformó el Colegio del Estado en Universidad de Antioquia y obtuvo una suma importante para dotarla de catedráticos, libros y material didáctico; en 1872 estableció la Escuela Normal del Estado y la Escuela Modelo anexa. Su interés constante por la educación se resume en el lema «gobernar es enseñar».

Asentó su gobierno sobre dos pilares: la defensa de la autonomía del Estado Federal y el apoyo a la Iglesia católica, ambos de profunda raigambre en las tradiciones del pueblo antioqueño. Concluido su mandato, en agosto de 1873, asumió la rectoría de la Universidad; uno de sus más notables discípulos, Tomás Carrasquilla, lo recordaba como a un padre bondadoso. Murió en Medellín el 14 de febrero de 1875, rodeado del aprecio y respeto de la mayoría de los antioqueños y de muchos dirigentes nacionales de ambos partidos.

Luis Javier Villegas


BOLIVAR

JUAN JOSE NIETO

El general Juan José Nieto Gil nació el 24 de junio de 1805 en el lugar de Cibarco situado entre Baranoa y Tubará en el hoy departamento del Atlántico. Fue un autodidacta formidable, producto de la mezcla de las tres razas que componen nuestra nacionalidad, lo que no le impidió enfrentarse con las rancias familias cartageneras casándose, en primeras nupcias en 1827, con María Palacio García del Fierro, prima segunda de Rafael Núñez y, viudo ya, en 1834, con Teresa Cavero y Leguina, hija del prócer Ignacio Cavero. Fue santanderista en su Juventud y en 1839 publicó su Geografía... de la provincia de Cartagena que, a pesar de sus errores históricos, es muy útil por los precisos datos geográficos y económicos que suministra. En este mismo año es elegido diputado de la Cámara provincial de Cartagena y se hace masón. Participa en la revolución de los Supremos en 1840 al lado del general Carmona. En Tescua es apresado por Mosquera, quien lo envía a Bocachica y a Chagres, radicándose después en Kingston, en donde permanece cinco años aprendiendo el inglés y dedicándose seguramente al comercio. Durante esos años escribe las novelas Resina, Ingermina y Los moriscos.

En 1847 vuelve a Cartagena y funda en 1849 La Democracia, donde hizo sus primeras armas periodísticas Rafael Núñez. En ese mismo año el gobernador de la provincia de Cartagena José María Obando designó a Nieto jefe político del Cantón. Fue elegido representante a la Cámara para el período 1850-1852, pero debió posesionarse de la gobernación de la provincia el 22 de julio de 1851, decretando en 1852 la expulsión del obispo Pedro Antonio Torres. Reelegido gobernador, de acuerdo con la nueva Constitución de 1853, prestó su apoyo al golpe de José María Meló (17 de abril de 1854). Fue reemplazado por Rafael Núñez, quien se atrajo el apoyo conservador para derrocar al usurpador Meló.

 

 

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Juan José Nieto Gil.
Fotografía de la Colección JJ.
Herrera, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

 

En 1859 Juan José Nieto se levantó contra el gobernador conservador Juan Antonio Calvo y se hizo cargo del mando. Una Asamblea Constituyente lo proclamó general y lo eligió presidente del Estado. Cuando, en 1860, Mosquera desde el Cauca inició la guerra que iba a incendiar todo el país. Nieto celebró con él un «Tratado» que creó una nueva «nación»: los Estados Unidos de la Nueva Granada, de la cual hacían parte los separados estados de Cauca y Bolívar, sin importarles que entre ellos se interpusiera Antioquia. El «Tratado» se firmó en Cartagena el 10 de septiembre de 1860 por los «plenipotenciarios» Araújo y Alaix. Los estados que se iban rebelando contra el presidente Mariano Ospina Rodríguez se separaban de la antigua Confederación Granadina y se unían al nuevo «país» en una curiosa guerra «externa».

Nieto derrotó en Santa Marta al general Julio Arboleda y el 25 de enero de 1861, en Barranquilla, por desconocer el paradero del general Mosquera, en su calidad de segundo designado se proclamó presidente de la nueva Unión, y cuando Mosquera tuvo «ya lugar fijo [...] me separé del ejercicio del Poder Ejecutivo».

Nieto estaba en Mompós, pero no se dejó ver cuando allí llegaron presos el presidente Mariano Ospina y su comitiva, expulsados de Bogotá por el triunfante Mosquera (septiembre de 1861). Nieto y Mosquera se distanciaron nuevamente y, como resultado de ello, el jefe mosquerista Antonio González Carazo encabezó una revuelta en Bolívar que propició la renuncia de Nieto y la designación de González Carazo como presidente del Estado. Retirado a la vida privada, Nieto murió en Cartagena el 16 de julio de 1866.

Nicolás del Castillo

 

 

BOYACA

FELIPE PEREZ

 

Uno de los presidentes del Estado de Boyacá de gran dimensión cultural en la época del Radicalismo, fue el doctor Felipe Pérez Manosalva, natural de Sotaquirá, quien nació el 8 de septiembre de 1832 en la histórica hacienda de Soconsuca. Fueron sus padres Felipe Pérez y Rosa Manosalva; sus hermanos fueron Santiago y Rafael; el primero fue presidente de los Estados Unidos de Colombia en los años 1874-1876. Estudió en el Colegio Mayor del Rosario. El grado de doctor en derecho le fue otorgado por el Colegio del Espíritu Santo, cuyo director era Lorenzo María Lleras, y su secretario Salvador Camacho Roldan. En el año de 1855 contrajo matrimonio con Susana Lleras Triana; tuvieron dos hijos: Enrique y Alejandro.

Desde muy joven, Felipe Pérez sobresalió en el campo de las letras y en la diplomacia. En 1852 fue nombrado secretario de la Legación de Colombia ante los gobiernos de Ecuador, Peru, Bolivia y Chile; era sujete Manuel Ancízar, quien influyó en sus estudios geográficos. En sus viajes por Suramérica escribió sus primeros libros: Análisis político, social y económico de la República del Ecuador y sus novelas históricas Atahualpa, Huayna Capac, Los Pizarros, Jilma, Tupac Amarú, Gonzalo Pizarra (drama) y Los pecados sociales, novela en la cual relata las costumbres de las gentes de Lima.

Desempeñó importantes cargos en Cundinamarca y Boyacá: fue gobernador de la provincia de Zipaquirá y procurador del Estado de Cundinamarca. En el año 1862 fue elegido diputado a la Asamblea Constituyente del Estado de Boyacá. En ese mismo año publicó su obra Historia de la Revolución de 1860, en la cual describió los aspectos diversos de esta guerra civil que culminó con el triunfo de los radicales. Destacamos la minuciosa narración que hizo sobre la batalla de Semana Santa en Tunja, de abril de 1861. En 1864 fue elegido representante al Congreso Nacional. En 1865 hizo su viaje a Estados Unidos y a Europa. En París hizo editar su obra Geografía física y política de Colombia, que refleja la situación del país a mediados del siglo XIX. Las experiencias de su viaje las plasmó en su obra Episodios de viaje.

En 1868 fue elegido presidente del Estado Soberano de Boyacá, cargo que desempeñó hasta 1871, cuando fue derrocado por una revolución local. Los principales objetivos de su administración fueron: moralización del gobierno y de las rentas, el orden en la economía, la privación y no el recargo de las necesidades, y no a la violencia. Como los presidentes radicales, Felipe Pérez dio especial importancia al cumplimiento de la Ley, la moralidad, la prudencia en el gasto del tesoro y la imparcialidad para controlar las pasiones políticas. Fue pregonero de la moralidad administrativa en el país. En la década de los sesenta también se interesó por los estudios geográficos: publicó la Geografía física y política de Boyacá (es autor del escudo de Boyacá) y también publicó sus obras Prontuario del atlas colombiano, Compendio de geografía elemental aplicada, y Geografía particular de la ciudad de Bogotá.

 

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Felipe Pérez.
Oleo de autor no identificado.
Palacio de San Carlos, Bogotá.


 

 

La Asamblea de Boyacá lo eligió senador de la República y, como tal, llegó a ser presidente del Congreso. Le correspondió dar posesión al presidente de la República Manuel Murillo Toro. En su administración fue secretario del Tesoro y Crédito Nacional. En 1874 fue designado de nuevo para ejercer el poder ejecutivo en Boyacá. En 1877 desempeñó la Secretaría de Guerra y Marina. En 1879 el Congreso de la República lo eligió primer designado. En 1885 fue nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército de la República; anos antes el Congreso Nacional le había conferido el titulo de general.

Por sus ideas políticas perteneció al Olimpo Radical, pero fue partidario de la reforma a la Constitución de Rionegro de 1863. A su grupo de defensores de la reforma se les llamó Felipistas. Por ello no obtuvo el respaldo necesario para llegar a la Presidencia de los Estados Unidos de Colombia. Felipe Pérez fue un gran humanista y fecundo escritor; publicó más de cuarenta obras con temas diversos: política, novela, poesía, historia, drama, periodismo y geografía. Se distinguió como gran orador y periodista. Dirigió El Tiempo, Biblioteca de Señoritas y El Relator, entre otros. Sus últimos días los dedicó a esta actividad. Murió en Bogotá el 28 de febrero de 1891. Su obra fecunda es modelo para los estadistas de Colombia.

 

Javier Ocampo López

 

 

CAUCA

CESAR CONTO


Fue el más importante de los liberales radicales caucanos y quien enfrentó de una manera más directa a los hacendados esclavistas dirigidos por Julio Arboleda y al sector mosquerista del liberalismo. Nació en Quibdó en 1836, y en 1850 fue alumno de David Peña en el Colegio de Santa Librada de Cali, quien le inculcó sus ideas radicales; posteriormente estudió en el Colegio Mayor del Rosario en Bogotá, donde se doctoró en derecho. Allí se relacionó con los sectores más radicales del liberalismo, especialmente con el dirigido por Manuel Murillo Toro, quien lo convirtió en el principal agente del radicalismo en el Cauca, donde participó en la guerra de 1860.

 

 

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César Conto.
Colección J.J. Herrera, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

 

Después de la guerra desempeñó una serie de empleos importantes: fiscal del Tribunal de Occidente en Cali (1862), presidente de la Cámara de Diputados del Cauca (1863), secretario de Hacienda del Cauca (1864) y de Gobierno (1865), cuando debió enfrentar una revolución conservadora. Fue representante al Congreso Nacional (1864, 67, 68 y 69), presidente de la Legislatura Estatal (1869) y superintendente del camino de Buenaventura (1870). Llamado nuevamente a Bogotá, desempeñó los cargos de secretario (ministro) del Tesoro Nacional (1871-72) y de miembro de la Corte Suprema de Justicia (1872-75). Durante todos estos años. Conto actuaba como representante del radicalismo liberal que se encontraba en constante enfrentamiento con la facción mosquerista del liberalismo, compuesta por empresarios y políticos de procedencia conservadora, a quienes acusaba de «camanduleros» y de «bochincheros».

Su beligerancia política se hizo notoria a partir de 1863, cuando se vinculó al gobierno del recién creado Estado Soberano del Cauca, como secretario de Gobierno del general Elíseo Payan, quien había sido encargado de la Presidencia mientras Tomás Cipriano de Mosquera desempeñaba la de los Estados Unidos de Colombia. En esta época fundó el periódico La Revolución, en Cali, y El Cauca, de Popayán, desde cuyas columnas defendió lo que consideraba las banderas del triunfante liberalismo cauca-no: la paz política, la «soberanía» del Estado y, desde luego, el sometimiento de las fuerzas conservadoras.

Es necesario recordar que los caucanos habían salido vencedores de una guerra que duró tres años y que había dejado heridas que tardaban en sanar. En el caso de los mosqueristas tradicionales este no era un problema mayor, puesto que estaban acostumbrados a enfrentar las consecuencias de las acciones militares, pero las cosas se complicaban cuando de los radicales se trataba. El jefe del grupo, César Conto, había perdido a uno de sus hermanos en la famosa batalla de El Cabuyal durante la guerra del 60; además, él mismo había sido apresado y conducido como prisionero de guerra en una larga marcha por el paso del Quindío, en la que encabezó un levantamiento que llevó la libertad a la mayoría de los prisioneros. Esta experiencia incrementó su odio por los conservadores, hasta el punto que sólo entendía la solución de los problemas políticos caucanos mediante la eliminación física de los «godos». Su sectarismo lo llevaría a vivir en un permanente enfrentamiento con los liberales mosqueristas y los independientes, quienes veían en él a un simple agente de la oligarquía radical bogotana. Esto lo convertiría en el más importante contradictor de Julián Tru-jillo, el más destacado político caucano de la segunda mitad del siglo XIX. En 1875, la situación política caucana se hizo tremendamente complicada, ya que el conservatismo dirigido por Carlos Albán, aprovechando la división liberal, venía en un proceso de reorganización que amenazaba la permanencia de los liberales en el poder. Esto forzó a una alianza entre los liberales que llevó a que por primera vez los radicales alcanzaran el poder en el Cauca al ser nombrado César Conto como presidente del Estado.

Durante su presidencia se rodeó de jóvenes de mucha importancia intelectual como Jorge Isaacs y Modesto Garcés, con quienes debió enfrentar la ofensiva de los conservadores quienes, en 1876, utilizaron el descontento producido por la reforma educativa que impulsaba el gobierno central y que pretendía imponer una educación laica, para realizar una revolución que tuvo un marcado carácter de cruzada cristiana. La guerra profundizó su enfrentamiento con los sectores mosqueristas liderados por Trujillo, quien se convirtió en el más importante político colombiano del momento al llegar a la presidencia de la República, iniciando el período de transformación política conocido como la Regeneración.

Los abusos de poder de Conto durante la guerra, la manipulación de procesos electorales en contra de los mosqueristas mediante la aplicación de métodos «sapistas», que llevaron a la imposición de su secretario de Gobierno, Modesto Garcés, como presidente del Cauca, lo obligaron a salir del país a fines de 1877. Fue nombrado cónsul general en Londres, cargo que desempeñó durante el gobierno del general Julián Trujillo. En 1880, al iniciarse la administración de Rafael Núñez, pasó renuncia a su empleo, que no fue aceptada. En 1884 fue enviado a París a representar al gobierno colombiano en las reclamaciones que adelantaba la Compañía del Canal de Panamá. En febrero de 1885 asistió al Congreso Postal de Lisboa, donde se discutieron las condiciones de ingreso del país a la Unión Postal Universal. Finalmente, en 1886 fue reemplazado en su cargo por Baltazar Borrero.

A fines del 87 regresó clandestinamente a Colombia, pues el presidente Rafael Núñez se había dedicado a reprimir a los liberales y en especial a los radicales. En Bogotá fundó en febrero de 1888 el periódico El Liberal, desde el que hizo oposición al régimen e intentó reorganizar al liberalismo. El periódico no resistió la persecución oficial, y después de dieciseis números Conto debió cerrarlo y salir del país a un exilio «voluntario» en Guatemala. Allí, desde 1889, trabajó en la Universidad como profesor de derecho civil y de historia universal y empezó a componer una gramática francesa que no alcanzó a terminar, pues una enfermedad contraída en Londres y que se agravaba con el frío lo llevó a la tumba el 29 de junio de 1891.

Fue un hombre extraordinariamente culto, como puede verse en sus muchas publicaciones: Repertorio de la legislación caucana, desde 1857 hasta 1869, Cali, Imp. de Velasco, 1870; Apuntes sobre la lengua inglesa; Curso completo de lengua italiana, según el método de Robertson para el estudio de los que hablan castellano, Bogotá, Imp. de Echavarría Hnos., 1876; Diccionario ortográfico de apellidos y de nombres propios de personas, con apéndice de nombres geográficos de Colombia por César Conto y Emilio Isaza, miembros correspondientes de la Academia Colombiana; y su colección de poesías editada en Londres que, según J.A. Soffia, cónsul chileno en Colombia en 1884, desde antes de recopilarse habían sido conocidas en Lima y Santiago, llevando «la fama de su inspiración».

 

Alonso Valencia Llano

 

 

CUNDINAMARCA


DANIEL ALDANA

Daniel Aldana nació en Manta, Cundinarmaca. Su fecha de nacimiento está en discusión, Roberto Velandia afirma que nació en 1834 y Joaquín Ospina, entre 1831 y 1832. Estudió en Bogotá en el Colegio de San Bartolomé y se graduó en derecho. Ejerció su profesión primero en Honda hacia 1860, donde inició su actividad política en el periódico La Juventud, defendiendo las ideas liberales. Participó en la revolución de ese año, y en el siguiente ya era capitán y formaba parte de la columna de José María Obando. Su gran éxito militar se dio en 1863, cuando logró enfrentar a la guerrilla conservadora de Guasca, que actuaba generalmente alrededor de Chocontá; en octubre, después de perseguirla durante dos años, logró capturar y fusilar en la plaza de Tibirita a su líder Ramón Carranza. Con este hecho la guerrilla conservadora, que desestabilizaba permanentemente a los gobiernos liberales de Cundinamarca, perdió su fuerza y prácticamente desapareció. Sus primeros cargos públicos fueron prefecto de Chocontá, gobernador del Distrito Federal de Bogotá, fiscal de Tribunal y procurador del Estado de Cundinamarca.

 

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Daniel Aldana. Colección JJ. Herrera,
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

En 1866, por elección popular, fue designado presidente del Estado de Cundinamarca, pero el 29 de abril de 1867 fue derrocado por medio de un golpe y tuvo que cesar en el cargo. Sin embargo, el 23 de mayo participó en el golpe de estado contra el general Tomás Cipriano de Mosquera y recuperó la presidencia del Estado Soberano. Durante esta década de los sesenta figura como seguidor de Ramón Gómez, de los llamados «sapistas» en Cundinamarca, identificados más que todo con los fraudes electorales en este Estado Soberano. Lo apodaron desde entonces «el indio Aldana».

En julio de 1870 fue nombrado designado para ejercer el poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca, junto con Luis Bernal, Evaristo de La Torre, José María Maldonado y Felipe Silva, por el golpe que se había dado al gobernador Julio Barriga. En el mismo año es elegido diputado del círculo de Chocontá y al siguiente año es elegido presidente de la Asamblea del Estado de Cundinamarca. En el 72 lo eligen senador principal Junto a Carlos Martín y Teodoro Valenzuela. En ese mismo año no logra alcanzar el cargo de gobernador por denuncias de fraude electoral y le exigen la renuncia como senador; asume la gobernación su opositor Julio Barriga. Sin embargo, al año siguiente es elegido nuevamente como senador.

Entre 1876 y 1877 participó en las campañas liberales, principalmente en Manizales, como también en Tolima, Cauca y Antioquia. A finales de 1877 concurrió a la Convención Constituyente del Estado de Antioquia y fue nombrado segundo designado, de diciembre de 1877 a marzo de 1878. El presidente de dicho Estado en ese entonces era Julián Trujillo y primer designado Tomás Renjifo.

El año siguiente representó nuevamente al círculo de Chocontá para la Asamblea del Estado de Cundinamarca. De 1879 a 1881 y del 82 al 85 fue nuevamente presidente del Estado de Cundinamarca. Inició entonces la construcción del ferrocarril de la Sabana y llevó a cabo la carretera de Cambao, periodo en el cual Rafael Núñez lo buscó para que lo acompañara en su movimiento liberal independiente. Así, en la revolución de 1885, combatió en Boyacá a favor de Núñez y en contra de los liberales radicales.

En los años siguientes, cuando el movimiento regenerador fue cerrando su círculo político, fue declarado Daniel Aldana traidor y desterrado en 1887. En ese momento Aldana se perfilaba como impopular y persona poco confiable tanto para los radicales como para los independientes. A pesar de su destierro, en 1895 se presentó al campamento liberal y actuó en la revolución. En la guerra de los Mil Días formó su propia guerrilla, que operaba al oriente de Cundinamarca, su región de origen. Fue capturado en enero de 1900 en La Calera y llevado al panóptico de Bogotá. Posteriormente concurrió en repetidas ocasiones a la Asamblea de Cundinamarca, a la Cámara y al Senado de la República. Perteneció a la Asamblea Nacional que sesionó en el gobierno del general Rafael Reyes, y murió en Bogotá el 25 de septiembre de 1911, enaltecido por haber intervenido tan activamente y por tiempo tan largo en la vida pública.

 

Beatriz Castro C.

 

JOSE MARIA PLATA

Liberal, gobernador del Estado de Cundinamarca entre el 10 de mayo y el 18 de julio de 1861, día en que murió en ejercicio de su cargo. José María Plata Soto nació en Cúcuta el 22 de marzo de 1811. En octubre de 1828, como estudiante de leyes del Colegio de San Bartolomé en Santafé, es desterrado a Pamplona, acusado de complicidad en la conjuración contra Simón Bolívar. Allí se convierte en catedrático de filosofía del Colegio Mayor de Pamplona, del que luego fue rector. Hacia 1830, tendría que salir de esa ciudad al ser de nuevo desterrado por orden del presidente y general Rafael Urdaneta. A su regreso en 1832 se casa con su prima Dominga Soto Villamizar.

Luego de desempeñarse como tesorero de la Provincia de Pamplona es elegido a la Cámara de Represéntales en representación de esa provincia. En Bogotá se convierte en banquero, manejando los notables recursos económicos de su suegro; se desempeña así mismo como albacea de los bienes del general Santander. Entre 1841 y 1842 se enreda por una cadena de préstamos en los negocios especulativos del banquero Judas Tadeo Landínez, hasta que también termina en la quiebra. Huye a San Cristóbal de Táchira, mientras que sus acreedores reparten hasta los muebles de su casa. Regresa de nuevo al país y en 1849 logra de nuevo ser elegido a la Cámara de Representantes por la provincia de Pamplona; al año siguiente alcanzó una curul en el Senado por esa misma provincia.

 

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José María Plata. Colección JJ. Herrera,
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

En 1850, como diputado por Bogotá a la Cámara provincial propone, junto con Carlos Martín, la supresión de los diezmos. En noviembre de ese mismo año es nombrado gobernador de la provincia de Bogotá, cargo que desempeña hasta el 21 de febrero de 1851. De allí pasaría a ocupar la vicepresidencia del Senado y la presidencia de la comisión encargada de elaborar una nueva Constitución, que propuso un proyecto federal. En mayo del mismo año, el presidente José Hilario López lo nombra secretario del Interior y en noviembre asume iterinamente la cartera de Relaciones Exteriores. En 1853, José María Obando lo convierte en su secretario de Hacienda. A mediados del año, vuelve a desempeñar por nueve días la gobernación de la provincia de Bogotá. En 1855 regresaría a la secretaría de Hacienda bajo la administración del presidente Manuel María Mallarino.

El 10 de mayo de 1861, el general Tomás Cipriano de Mosquera lo nombra gobernador del Estado de Cundinamarca. Muere a los pocos días, el 18 de julio de 1861, en la acción de San Diego, el día en que el general Mosquera entraba triunfante a Bogotá.

 

Mario Aguilera Peña

 


MAGDALENA

 

JOAQUIN RIASCOS

Entre el amplio número de presidentes que tuvo el Estado Soberano del Magdalena a lo largo de sus veintinueve años de existencia, sobresale por su formación como militar el general Joaquín Riascos García, considerado por sus contemporáneos como un personaje aguerrido y habilidoso, que supo aprovechar estas condiciones para proyectarse a la política en esa región del país. Este hombre que gobernó el Estado en dos ocasiones, en 1867 y 1875, nació en el sitio de La Chorrera, Estado de Panamá, en el año de 1833, y a muy temprana edad fue llevado a la población de Ciénaga por sus padres, Joaquín Riascos y Paulina García Mayorca, quienes tenían allí algunas propiedades agrícolas.

Joaquín Riascos fue criado en un ambiente militar que le permitió templar su carácter, pues su padre era un destacado patriota que participó activamente en el proceso de independencia y en algunos conflictos civiles, entre los que se destaca la guerra de los Supremos, en la cual combatió bajo el mando del general venezolano Francisco Carmona, Jefe de las milicias costeñas que se rebelaron, con pretensiones federalistas, contra el gobierno de José Ignacio de Márquez.

Muy joven, en 1854, Riascos inicia su carrera militar en Ciénaga, al lado de Francisco de Labarcés, Jefe de la rebelión que allí estalló en apoyo del general José María Melo y en contra del gobierno provincial de Eduardo Salazar, a quien se enfrentaron al mando de un ejército compuesto en su mayoría por cienagueros. Lograron tomarse a Santa Marta, teniendo que abandonarla posteriormente ante el ataque de las tropas del general Joaquín Posada Gutiérrez.

En 1860, Riascos jugó un papel importante en la guerra que se desató en la costa contra el presidente conservador Mariano Ospina Rodríguez. En esta ocasión tuvo bajo su cargo a las milicias liberales de Ciénaga, que se enfrentaron a las tropas conservadoras comandadas en el Magdalena por el coronel José María Vieco. Por sus destacadas acciones en esta contienda, Riascos es llamado por el caudillo costeño Juan José Nieto para que hiciera parte de su grupo de oficiales. Nieto ya lo conocía desde tiempo atrás, pues había sido gran amigo de su padre, Junto al cual combatió en la guerra de los Supremos en 1840. Ya enrolado en su ejército. Nieto le da el rango de general y le encarga la difícil tarea de reclutar gente para la milicia en el Estado del Magdalena, lo cual pudo efectuar gracias a su prestigio y a las relaciones que allí tenía con importantes líderes locales como José María Louis Herrera y Francisco de Labarcés. Gracias a su participación en estas contiendas, Riascos se consolidó como figura política en el Estado, especialmente en Ciénaga, donde logró aglutinar a su alrededor a un número considerable de adeptos, que no sólo lo acompañaron en sus campañas militares, sino que también le brindaron el apoyo electoral que le permitió alcanzar algunos cargos de representación.

Ese poder político que llegó a tener Riascos en todo el área de Ciénaga lo lleva a enfrentarse con su antiguo amigo y protector, Francisco de Labarcés, a quien no le agradaba el hecho de dejar de ostentar la supremacía política que desde hacia muchos años tenía su familia en la localidad. En 1867 Riascos se encarga de la presidencia del Estado, en su calidad de designado, tras la renuncia del liberal radical Tomás Abello. Desde este cargo denuncia las intenciones del gobierno nacional del general Tomás Cipriano de Mosquera de propiciar una revolución interna en el Magdalena que le permitiera controlar este Estado a través de uno de sus seguidores, el general José Mana Louis Herrera. Riascos inicia una persecución contra los partidarios de Mosquera, de quien desconoce su autoridad como presidente el 12 de mayo de ese mismo año, al autoproclamarse Presidente Provisional de Colombia, mientras asumía el cargo el general Santos Acosta en su calidad de primer designado.

Riascos tenía sobradas razones para oponerse a Mosquera, pues éste había sido enemigo político de su padre durante la guerra de los Supremos y que concluyó en 1844 con el fusilamiento de varios líderes del alzamiento en Ciénaga, entre quienes se encontraba su padre.

Luego de los sucesos de 1867 Riascos se fortalece políticamente en el Magdalena, al punto que dos años después se convierte en el jefe de la unión liberal que se estableció en Santa Marta. En ese año propicia el acercamiento de los principales líderes José María Campo Serrano, José Ignacio Díaz Granados y Luis Capella Toledo, quienes reconocían a Riascos como un líder capaz de mantenerlos unidos y de llevar al liberalismo a consolidarse como el sector político que ejerciera el dominio sobre la administración del Estado. Los años siguientes fueron los más brillantes en la carrera de Riascos. En 1871 es elegido senador plenipotenciario por el liberalismo magdalenense, dos años después es designado gobernador del Departamento de Santa Marta y en 1875 ocupa el cargo de alcalde de Ciénaga. Es precisamente en 1875 cuando encabeza la delegación del Magdalena que conjuntamente con los delegados de Panamá y Bolívar se reúnen en Barranquilla para proclamar, a nombre de los Estados costeños, la candidatura de Rafael Núñez, circunstancia que desató un fuerte enfrentamiento en el Magdalena y llevó a la disolución de la unión liberal, pues el presidente del Estado, José Ignacio Díaz Granados, así como otros líderes, eran partidarios de la candidatura del radical Aquileo Parra. Riascos se arma, y junto con Campo Serrano y su antiguo contradictor José María Louis Herrera presiona a Díaz Granados a renunciar, luego de lo cual asume la presidencia del Estado. Esto desagradó a los partidarios de Parra, entre quienes se hallaban sus antiguos compañeros de armas Felipe Parías y Francisco de Labarcés, quienes se revelan en su contra en las poblaciones de Valledupar y Ciénaga.

 

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Joaquín Riascos. Oleo de autor no identificado, 1912.
Museo Nacional, Bogotá.


 

Riascos encabezó personalmente la tropa que intentó sofocar el alzamiento en estas ciudades, por lo cual se dirigió a la población de San Juan, donde fue emboscado por los partidarios del general Felipe Parías, quienes después de un largo combate, en el que Riascos luchó hasta el final, logran darle muerte en la madrugada del 8 de agosto de 1875, terminando así tempranamente con la vida de quien fuera uno de los líderes que mayor posibilidad de proyección tenía no sólo en el Magdalena, sino en la costa Caribe.

 

Luis Alfonso Alarcón Meneses

 

LUIS A. ROBLES

Luis Antonio Robles es sin duda el personaje más significativo del radicalismo costeño. Nació en la población liberal de Camarones, en el hoy departamento de la Guajira, en 1849. Su corta existencia de sólo cuarenta años estuvo marcada por una carrera ascendente en la acción pública, en la que estuvo siempre presente la defensa de su partido liberal y la de su raza negra. Por eso se le conoció popularmente como el Negro Robles. Después de haber cursado las primeras letras en su natal Camarones y la secundaria en Cartagena, se tituló como abogado en el Colegio Mayor del Rosario, de Bogotá, en 1872. A partir de este momento se inicia para Robles una rápida figuración en la vida pública que lo llevó a convertirse en el primer hombre negro en llegar al parlamento, y en ministro a los 27 años.

A los pocos días de haberse titulado como abogado, fue designado por el presidente Manuel Murillo Toro como director de Instrucción Pública del entonces Estado Soberano del Magdalena. En 1873 ocupó la Secretaría General de dicho Estado. Diputado a la Asamblea del Magdalena en 1874. Representante a la Cámara por el Magdalena en 1876. Secretario del Tesoro (ministro de Hacienda) en el gobierno de Aquileo Parra en 1876. Presidente del Estado Soberano del Magdalena en 1878. Comisario de la Guajira en 1884. Representante a la Cámara por Antioquia en 1892 y miembro en varias oportunidades del directorio de su partido al lado de Rafael Uribe Uribe y Aquileo Parra, entre otros. Al igual que la mayoría de los políticos del siglo pasado. Robles combinó la acción civil con la militar, enfrentando en varias oportunidades los ataques contra el radicalismo del Magdalena. En 1875 tomó las armas para combatir el movimiento dirigido por Joaquín Riascos, que pretendía acabar con el gobierno constitucional de José Ignacio Díaz granados y la candidatura presidencial de Aquileo Parra.

Para las elecciones presidenciales de 1788 salió elegido el general Julián Trujillo, activo militante del partido independiente de Rafael Núñez. Con Trujillo en el poder se inicia un proceso de desestabilización de los gobiernos radicales en las localidades. En el Magdalena, la tarea de tumbar al gobierno radical fue dirigida por José María Campo Serrano, quien ayudado por la Guardia Nacional y por sectores proclives a Núñez, derrocó el gobierno de Robles, el 25 de junio de 1789.

 

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Luis A. Robles. Fotografía de Henri y Ernesto Duperly Colección J.J.
Herrera, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

En las dos oportunidades en que se desempeño como representante a la Cámara, Robles se distinguió como uno de los mejores en el arte de la oratoria, a tal punto que en su primera intervención en esta corporación José María Samper al escucharlo exclamó: «El partido radical encontró en el doctor Robles su orador». En esta memorable sesión Robles, después de haber superado los gritos e insultos de las barras conservadoras por su color político y el de su piel, dijo: «¡No callaré! tengo derecho a hablar como representante del pueblo. Sí, pertenezco a esa raza negra, redimida por la República y mi deber es servirle a la que volvió pedazos su yugo». En otra de las sesiones, al entrar al Congreso, un parlamentario conservador le gritó: «¡Se oscureció el Congreso!», a lo cual Robles contestó: «Yo no tengo la culpa de ser negro; la noche tenebrosa y fría imprimió su manto sobre mi rostro, pero aún blanquean los huesos de mis antepasados en las murallas de Cartagena por darle la libertad a muchos blancos de conciencia negra como usted».

Por ser el único representante liberal en la Cámara en 1892, a Robles le tocó la difícil tarea de encarnar la supervivencia política de su partido, enfrentándose él solo a Núñez, a Caro y a sus seguidores. De este período merecen destacarse los debates que adelantó con una abrumadora mayoría conservadora en su contra, como el que hizo para derogar la famosa ley de los caballos, encaminada a reprimir los delitos de orden público, y el artículo K de la Constitución del 86, que permitió el silenciamiento de los órganos de información contrarios a la Regeneración. Además, fue Robles el artífice de las denuncias sobre las emisiones fraudulentas del Banco Nacional creado por Núñez.

La actividad de Robles también fue significativa en el plano educativo. Como todo radical, además de abrazar la masonería, estuvo convencido de que la grandeza de un pueblo no se consigue sino con la educación; por eso desde los puestos que ocupó en el Estado del Magdalena propició la creación de escuelas. Fue fundador, profesor y rector de la Universidad Republicana, centro educativo que posteriormente daría paso a la Universidad Libre de Uribe Uribe. Cerrada la Republicana por ser considerada por el gobierno conservador como foco de perturbación, Robles viajó a Centro América, donde se encargó de la dirección de la Universidad de Nicaragua en 1895.

Vuelve al país en 1896 y de inmediato es nombrado miembro de la dirección nacional de su partido y enviado al exterior en compañía de Foción Soto y Rafael Uribe Uribe en misión reservada para conseguir armas para una posible confrontación bélica con el gobierno conservador que le había cerrado todos los espacios políticos a los radicales. Decepcionado por la división de su partido y abrumado por la muerte de su madre, pensó volver a su tierra natal, cuando lo sorprendió la muerte en Bogotá el 22 de septiembre de 1899. Ante su tumba lo despidieron con emocionadas palabras veinticinco oradores, entre ellos Enrique Olaya Herrera, Rafael Uribe Uribe, Simón Araujo y su paisano Tomás Abello.

 

Dolcey Romero Jaramillo

 

 

PANAMA

JUSTO AROSEMENA

La familia Arosemena era una de las que más descollaban en el siglo XVIII en el Istmo. Provenientes de Bilbao (España) dedicaban buena parte de su tiempo al comercio. De esta familia se destacó Mariano Arosemena como uno de los próceres del 28 de noviembre de 1821, cuando fue alcanzada la independencia definitiva de la Corona Española. Dedicado a las faenas mercantiles y las luchas partidistas, Mariano contrajo matrimonio con Dolores Quesada, de cuya unión nacieron tres hijos: Mariano, Blas y Justo. Este último nació el 9 de agosto de 1817 y a la edad de quince años se trasladó a Bogotá para estudiar en el Colegio de San Bartolomé. En 1833 obtuvo el título de bachiller en humanidades y filosofía. Cuatro años después, la Universidad del Magdalena e Istmo le confirió el de doctor en derecho y jurisprudencia.

La vida pública de Justo Arosemena se inició en 1839, tan pronto como regresó a Panamá y asumió la cátedra de derecho en el mismo Colegio de Panamá donde había realizado parte de sus estudios secundarios. En el año 1852 fue electo diputado por el departamento del Istmo a la Cámara de Representantes de la Nueva Granada. En esta instancia legislativa presentó el proyecto de creación del Estado Federal de Panamá. Desde 1850 el descubrimiento y explotación de las minas de oro de California habían convertido al Istmo en lugar de intenso tránsito, originando sobre la pequeña zona del ferrocarril una fuente de riqueza y actividad económica inusitadas para los panameños. Sin embargo, para las autoridades locales y para el gobierno central la situación resultaba conflictiva por las arbitrariedades y los abusos cometidos por algunos pasajeros, que no podían ser reprimidos por las escasas fuerzas de policía allí existentes.

 

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Justo Arosemena


 

 

En vista de tan precaria situación, la prensa y las diputaciones parlamentarias de la Costa Atlántica adelantaron activa campaña con el fin de crear en Panamá una entidad oficial suficientemente vigorosa como para hacer respetar la soberanía granadina en aquellas apartadas regiones. El proyecto presentado por Justo Arosemena se mantuvo en suspenso hasta 1854, año en que fue sometido a nueva discusión en las cámaras legislativas. Pero el golpe del general José María Meló ocurrido el 17 de abril de 1854, paralizó de nuevo el curso del proyecto. Restablecido el orden constitucional, el 27 de febrero de 1855 fue aprobada la creación del Estado Federal de Panamá. El 15 de julio del mismo año se reunió allí la Convención Istmeña que tenia como finalidad elaborar su Constitución política y escoger su primer presidente, elección que recayó en forma unánime en Justo Arosemena.

Toda esa experiencia fue recogida por Justo Arosemena en su obra El Estado Federal de Panamá, publicada en Bogotá en 1855. El texto constituye la obra maestra del nacionalismo panameño decimonónico y en ella aparecen evocados argumentos esgrimidos por otros cerebros del nacionalismo istmeño. No obstante, les supera en virtud de su rigor jurídico y de la amplitud de sus conocimientos históricos. Cristalizados sus propósitos, Panamá fue el primer estado federal de Colombia hasta 1886, cuando el presidente Rafael Núñez lo elimina y lo transforma en departamento. Durante estos treinta años, el istmo vivió las experiencia del gobierno autónomo y un inesperado acrisolamiento del nacionalismo.

Después de constituido el Estado de Panamá, Justo Arosemena fue su diputado en la Convención Constituyente de 1863. Los otros diputados por el Istmo fueron Buenaventura Correoso, Rafael Núñez, Gabriel Neira, Guillermo Lynch, José Encarnación Brandao y Guillermo Figueroa. Arosemena presidió la Convención en los dos últimos períodos de los cuatro que en total hubo. Durante las sesiones fue un férreo opositor a la fracción draconiana-mosquerista, y ante el proyecto de Constitución absolutista presentado por éstos, redactó otro que también fue rechazado por la comisión de asuntos constitucionales por considerarlo calcado de la Constitución Suiza. La afinidad mostrada con la fracción gólgota durante el desarrollo de la convención respondía a sus intereses económicos, políticos y filosóficos.

Aspiró por segunda vez a la presidencia del Estado Soberano de Panamá durante la segunda administración del presidente Núñez, pero la enemistad política que siempre mantuvo con éste y el control ejercido por el independientismo liberal sobre la Convención Constituyente panameña terminó eligiendo al candidato «cuasi-oficial», general Ramón Santodomingo Vila. Este hecho marcó su retiro de la política para dedicarse a su labor de jurisconsulto, hasta su muerte el 23 de febrero de 1896 en la ciudad de Colón.

 

Jorge Conde Calderón

 

SANTANDER

SOLON WILCHES

En la población de El Cerrito, en la provincia de García Rovira, en Santander, nace el 7 de abril de 1835 el primogénito de los esposos Andrés Wilches y Martina Calderón, a quien pusieron los nombres de José Pacífico Solón, en verdad un extraño nombre para quien más tarde iría a ser uno de los generales más connotados de la república y casi su presidente, forjado en las más arduas batallas y alentado por su espléndida personalidad que le hizo escalar posiciones desde recaudor, juez y alcalde, hasta las definitivas responsabilidades que ostentó como un verdadero militar y estadista.

Desde el pueblo de La Concepción, distante unos cuantos kilómetros del lugar de su nacimiento y en donde creció y se formó como hombre, empezó a enrumbar el destino que lo llevaría a ganarse el acatamiento de las gentes de su provincia, que no dudaron un instante para elegirlo diputado a la Asamblea Constituyente, cuando se creó el Estado Soberano de Santander en 1857, formado por las antiguas provincias de Socorro, Pamplona, García Rovira, Soto (Barrancabermeja), Santander (Cúcuta), Ocaña y Vélez.

Allí empieza a tomar papel destacado en la aprobación de las leyes del Estado y es nombrado posteriormente por el presidente Villamizar Gallardo como jefe departamental en García Rovira, paralelamente con su elección para la Cámara de Representantes. Posteriormente en 1870, cuando el general Eustaquio Salazar, quien ejercía la presidencia del Estado Soberano de Santander, fue elegido para la de la República y producida la vacante, la Asamblea escogió a Wilches para llenarla, en donde estaría en tres oportunidades.

Como mandatario demostró Wilches sus extraordinarios dotes; no sólo consolidó un gran prestigio regional que le merecía el acatamiento mayoritario de sus gentes, sino que supo proyectar su imagen al plano nacional.

Como mandatario Wilches consideraba que su principal preocupación estaba en dotar de vías al Estado, como instrumento para asegurar su prosperidad, y desde El Socorro, sede del gobierno, empezó a trabajar sobre la apertura de los caminos para la comunicación con el río Magdalena, arteria fluvial por donde se movía todo el comercio nacional, y en este propósito fue su aliado el alemán Geo von Lengerke, concesionario de los trabajos respectivos. También pensó en el ferrocarril para unir al mismo río con el centro del Estado que era Bucaramanga y a éste con García Rovira y Boyacá por las márgenes del río Chicamocha. Proyectó también el ferrocarril de Cúcuta y el camino de García Rovira hacia el Casanare.

Como buen radical, su preocupación también era la educación y trajo educadores de Bélgica, España y Francia, en donde se encontraban los más importantes desarrollos pedagógicos de la época, que se unieron a lo que se denominó la Misión pedagógica alemana.

 

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Solón Wilches.
Colección J.J. Herrera Biblioteca Luis Angel Arango


 

 

Wilches fue también militar de altos quilates y como general llegó a ser nombrado por Murillo Toro comandante de la Guardia Colombiana, ratificado posteriormente por Santiago Pérez. Después fue senador y más tarde fue escogido como candidato a la Presidencia de la República, para enfrentarlo a Francisco Javier Zaldúa; Wilches contó con la oposición de Núñez y del estamento conservador que encabezó Carlos Martínez Silva y fue derrotado en las elecciones. Tal es la silueta y el protagonismo de uno de los hombres más importantes de la historia de Santander en el siglo XIX.

 

Eduardo Duran Gómez

 

TOLIMA


GABRIEL GONZALEZ GAITAN

Presidente del Estado Soberano del Tolima de 1883 a 1885, nació en Villavieja, actual departamento del Huila, a pocos kilómetros al norte de Neiva, en la hacienda El Cardón, el 8 de julio de 1819, en el hogar de Manuel María González Montalvo y Silveria Gaitán Cardozo.

Adelantó estudios de medicina en el Colegio Mayor del Rosario, de Bogotá, donde se graduó a los 20 años de edad. Ejerció su profesión durante el resto de su vida en Neiva, Yaguará y los campos aledaños, alternándola con una activísima intervención política en compañía del general José Hilario López, caudillo indiscutido de la región, José María Rojas Garrido, Francisco Eustaquio Alvarez, Napoleón Borrero y demás líderes del liberalismo tolimense.

Inicia su actividad política en enero de 1851 cuando figura como secretario del administrador provincial de Correos y Hacienda, Valentín Trujillo, quien después será su colega en el gabinete de Marcelo Barrios. En 1853, González Gaitán es gobernador de la Provincia de Neiva durante los meses de octubre a diciembre y representante al Congreso. En esa calidad firma la Constitución nacional centro-federal de ese año.

A fines de 1859 suscribe en Neiva con el general López, Rojas Garrido y otros personajes liberales una protesta contra las leyes de elecciones aprobadas por el Congreso y sancionadas por el presidente Mariano Ospina Rodríguez, en la cual declaran que si el Congreso no las deroga, los firmantes se abstendrán de intervenir en los comicios populares para la selección del futuro presidente de la República. Se colocaban así a favor de la insurrección radical federalista que, ante la implantación de esa y otras leyes impugnadas por los liberales, declararon los generales Tomás Cipriano de Mosquera en el Cauca y Juan José Nieto en la Costa y otros líderes radicales en diversas regiones colombianas.

 

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Gabriel González Gaitán. Acuarela de José Gabriel Tatis.
Album «Ensayos de dibujo», 1853. Museo Nacional, Bogotá.


 

Terminada esa guerra exitosamente para las fuerzas liberales radicales, González es nombrado, en 1863, secretario general del presidente del Estado Soberano del Tolima. Dos años después actúa primero como «práctico» o «vaquiano» de las fuerzas del general José Hilario López en la reducción de grupos conservadores que en 1865 se rebelaron contra el régimen federal liberal, comandados por el coronel Manuel Casabianca, y luego como jefe militar del Departamento de Neiva, de tal manera que el general López señaló que su «actividad excede a toda ponderación».

Después de activa participación parlamentaria en el Senado de los años 1864 y 1865 como vocero de su Estado, en 1879 es nombrado secretario de Gobierno del presidente Ignacio Manrique Calderón y enfrenta la invasión al Estado que desde Cundinamarca dirige el general Didacio R. Delgado y que termina con el Tratado de Natagaima, de diciembre de ese año.

Colabora con los gobiernos radicales del general Frutos Santos y Marcelo Barrios (de quien también será secretario de Gobierno) y al término del período constitucional de éste, lanza su candidatura a la presidencia del Estado, en oposición a las de Pastor Herrera (un pintoresco candidato conservador, antecesor del Dr. Goyeneche), Ascisclo Molano y Clímaco Iriarte (nuñistas), y asume el poder tolimense el 15 de diciembre de 1883, para abandonarlo prácticamente el 2 de marzo de 1885, a la derrota de sus fuerzas en los combates de Cogotes, cerca a Neiva, y Cachaya, cerca a Gigante, a manos del ejército conservador dirigido por el general Manuel Casabianca al servicio del gobierno de Rafael Núñez. Este había intentado en vano un acuerdo con los radicales para reformar la Constitución y aun compartir con ellos el gobierno, llegó hasta ofrecer el Ministerio de Gobierno a González Gaitán, el 21 de agosto de 1884, ante la renuncia del ministro Eustorgio Salgar. El nombramiento se hizo efectivo por medio de decreto que publicó el Diario Oficial del 22 de agosto.

El nombramiento de González en tan destacada posición causó amplio revuelo político, pues era considerado uno de los líderes radicales más serios de todo el país y su aceptación habría significado una importante rectificación en la política de su partido. Las presiones de sus copartidarios, sin embargo, no se hicieron esperar y el presidente del Tolima, por «motivos independientes de su voluntad», no aceptó el cargo.

En el momento en que Núñez, enfrentado al levantamiento militar radical en Santander y Boyacá, entrega las armas oficiales al conservatismo y enfrenta con éstas la rebelión de los radicales, González Gaitán no vacila en apoyarlos y declara la guerra al gobierno central.

Después de su derrota en Cogotes y Cachaya y su consiguiente destitución como presidente del Tolima, separado de la actividad política, González se entrega a las nuevas autoridades, figura como pasajero del vapor Cometa que viaja de Purificación al puerto de Arrancaplumas en Honda, el 4 de mayo de 1886, y luego se retira con su esposa Felisa Borrero y su familia a la vereda La Ulloa, en San Mateo (hoy Rivera), aunque vive por largas temporadas en Neiva, en una casa situada en el parque principal, colindante con la iglesia colonial de la ciudad, donde hoy se encuentra el Hotel Plaza. El médico Gabriel González Gaitán murió el 13 de mayo de 1893, a los casi 74 años de edad, en La Ulloa, después de una vida bien fecunda, familiar, política y económicamente.

 

Delimiro Moreno

   
 
 
   
 

 

 

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