| | En los inicios de la guerra, hace cien años, el gobierno no pensó que el conflicto armado fuera de la magnitud y duración que en realidad llegó a tener, empezando por el título que se le dio de rebelión. Con este nombre, La Rebelión. se encabezaron los carteles de las noticias que se fijaron en las paredes, con las transcripciones de los telegramas enviados desde el frente de combate. El gobierno, en realidad, no estaba preparado para un nuevo conflicto armado, pues poco tiempo había transcurrido desde el fracasado movimiento revolucionario de 1895. Muestra de esto es el hecho de tener prácticamente liquidado su banco emisor, el Banco Nacional, lo cual sorprendió al Tesoro Nacional sin dinero; sólo existía una pequeña reserva de billetes destinados para el cambio de los deteriorados, algunos recogidos para incinerar y la moneda de níquel de 2 ½ y 5 centavos que se había retirado de la circulación. Los gastos de la guerra requerían mucho dinero, y nada mejor y de solución inmediata que producir y emitir papel moneda, recurso que, desde tiempos del presidente Rafael Núñez, se había usado, aunque en forma más prudente a como se utilizó en el conflicto iniciado en 1899. Como las necesidades de dinero eran inmediatas, se tomaron las emisiones que existían guardadas en bancos particulares, se habilitaron sus billetes mediante un decreto que se sobreimprimió en el reverso, y para legalizarlos como billetes del Banco Nacional se colocó el sello de éste en el anverso. Sin embargo, como se había retirado la moneda de níquel, y el circulante en billetes de baja denominación había escaseado y como, además, los billetes de emisiones particulares antiguas que se habilitaron no eran de baja denominación, se presentó una gran escasez de circulante menudo; se intentó solucionar el problema contratando con varias litografías particulares la fabricación de billetes de baja denominación, mientras la Litografía Nacional trabajaba de día y de noche adaptando los billetes particulares que se habían conseguido. Sin embargo, el esfuerzo en un momento dado no alcanzó a suplir las necesidades de circulante pequeño y en Bogotá, centro de producción de los únicos billetes nacionales a nombre del difunto Banco Nacional, ocurrió lo inesperado: en las cajas militares no tenían con qué pagar las tropas por falta de moneda sencilla, pues los pagos del ejército habían de hacerse de acuerdo con la ley 39 de 1896, que fijaba el pago del ejército en cinco contados, uno el primero de cada mes y los otros los días 7, 13, 19 y 25. Es fácil comprender el problema, si se tiene en cuenta que el sueldo de un sargento era de $ 28,50 y el de los soldados, los más numerosos, era de 24 pesos dividido en cinco pagos, todo lo cual requería de un gran número de monedas o billetes de baja denominación. Esta situación no sólo fue extrema en el ejército sino también entre el público en general, y se llegó el caso de cambiar los billetes grandes con un descuento hasta del 30 % para conseguir monedas o billetes de baja denominación. En el ejército esto no se podía hacer, y para sortear la emergencia se le ocurrió al ministro de Guerra, Manuel Casabianca, habilitar 280.000 tarjetas postales telegráficas que existían en un depósito, en denominaciones desde 10 centavos a 1 peso, para que los habilitados de la guarnición pagaran haberes y raciones, y los que recibieran estas "señas billetes" las pudieran cambiar por billetes grandes en la pagaduría central (resolución de la Comandancia en Jefe del Ejército. Bogotá, junio 8 de 1900). El problema del circulante menudo se presentó en muchos sitios del país, y en algunos lugares, para no paralizar sus comercios y atender a los clientes, los propietarios emitieros señas que dentro de su habitual clientela funcionaron bien. Esta solución también fue asumida a nivel de industrias, sectores mineros y agrícolas para el pago de empleados o trabajadores y funcionó como moneda dentro de cada entidad, cambiandola en oficinas de caja por billetes del Banco Nacional, cuando alguien tuviera interés de hacerlo. Ejemplo de esto son las señas billete de la Manuelita, emitidas en 1900, y otras en forma de moneda, como las de Grau & Cia. O las de la firma Manzano Farming Co., de Sotaquirá y Paipa, y muchas más que se puedan encontrar en las colecciones numismáticas. Es interesante anotar que el uso de señas, tanto en la forma de monedas como en forma de billete, fue una práctica generalizada durante la última mitad del siglo XIX, en los grandes cafetales, minas y fincas ganaderas, lo que permitió a sus propietarios manejar un capital de trabajo con el solo costo de la fabricación de las señas. Un caso muy curioso es el de la firma Reyes González & Hermanos, dueños de buena parte de la ciudad de Bucaramanga y de varios establecimientos comerciales, además de una hacienda inmensa llamada Luisiana. En 1888 emitieron señas moneda, con valores de 10 y 20 centavos, y en la ciudad emitieron billetes en varias denominaciones. El prestigio y la fortuna de Reyes González lo llevó a ocupar la Secretaría de Hacienda en 1898, y con los sucesos de la guerra prestó grandes servicios al gobierno, hasta el punto de facilitar sus propias señas billetes a la Junta de Emisión para completar los $ 500.000 que había ordenado el jefe civil y militar del Departamento y convertirlas en billetes de tesorería del gobierno, debidamente respaldados por el Estado, hasta que se pudieran convertir por billetes nacionales. Las señas, aunque no eran una moneda legal, ayudaron enormemente al desarrollo de la economía nacional, que nunca dispuso de un medio circulante adecuado y suficiente, problema que se incrementó enormemente con el desbarajuste producido por la guerra, en la cual y aun después de ella fue muy útil este tipo de moneda privada. En el norte del país (antiguo Bolívar, Santander y Magdalena), se llegó a establecer una seña típica, cuya equivalencia no está aún muy definida, que se llamó Mitad; así están marcadas, y fueron hechas caprichosamente por cada propietario. Con el transcurso del tiempo se presentaron abusos que ocasionaron multitud de demandas, hasta el punto de obligar al gobierno a prohibir el uso de señas. Fue corriente el caso de que algunos empresarios e industriales pagaran los salarios con señas, que eran amortizadas sólo con víveres o artículos de primera necesidad que vendían o daban en pago las mismas empresas, lo cual ocasionó muchas irregularidades y abusos. Por otra parte, era deber del gobierno suministrar un medio circulante adecuado, y así no había razón para pagar un salario con moneda que no fuera de circulación legal en toda la República. Fue en 1910 cuando el uso de señas quedó prohibido y se comenzó lentamente a estabilizar el circulante. Por resolución Nº 13 de 22 de febrero de ese año, el ministro del Tesoro, Antonio José Cadavid, decidió: "Se prohibe la circulación de vales, señas o bonos que emitan los particulares en sustitución de la moneda nacional. Los obreros y trabajadores de toda especie tendrán derecho a que sus salarios y sueldos se les pague en la moneda nacional que circula bajo la garantía del Estado, y las autoridades cuidarán escrupulosamente de que este derecho sea en todo caso respetado. Las compañías o particulares que tuvieran en circulación vales o señas de las que se ha expresado, deberán recogerlos en el término de dos meses, contados desde la fecha en que esta Resolución sea publicada en el Diario Oficial, cambiándolas por moneda nacional". Recuadro Qué eran las señas El significado etimológico de seña, según una ecepción es: cualquier cosa que de concierto esté determinada entre dos o más personas para entenderse. Pero este significado real, aplicado a la numismática, se puede definir así: "Se entiende por seña un tipo de moneda privada de circulación restringida a los dominios de su emisor, ya sea una hacienda, mina, industria o actividad comercial, cuyos peones, obreros empleados o usuarios en general, la acepten como tal en su medio circulante, ya sea por el prestigio u honorabilidd e inclusive por el dominio impuesto por el emisor, el cual debe responder de su valor asignado en moneda nacional cuando se le solicite. Para el pago de algunos trabajos especializados, las señas no expresan dinero (reales o centavos) sino una labor, una tarea, una cantidad, como en el caso de la cuartilla y algunas, más explícitas, se expresan en arrobas. Pero existe una denominación en la cual no se han puesto de acuerdo los numismáticos y es en las marcadas mitad, de las cuales hay registro desde 1838; a consecuencia de la guerra de los Mil Días, la mitad parece haber tenido un gran desarrollo debido al cambio del papel moneda de la guerra, por el papel moneda al 10.000/100. Lo anterior hace pensar que la denominación mitad corresponda a la mitad del salario que por necesidad tenía que variar, tanto en su monto, por la inestabilidad del dinero, como en la denominación del mismo, por los cambios que ésta sufrió, agravado además por la introducción de moneda extranjera. Todos estos factores afectaron la uniformidad del circulante hasta que se logró la estabilidad del nuevo papel moneda y elrestablecimiento de cupro níquel en las denominaciones de $1, $2 y $5, marcadas papel moneda, "p/m", emitidas a partir de 1907 en forma abundante y equivalente al nuevo papel moneda, ayudó a que la resolución de 1910 de Ministerio del Tesoro, acabara con la señas, pues al ser suficiente y uniforme el circulante, no había razón para emitir señas bilete o señas moneda. Sin embargo, el uso de fichas, que algunos coleccionistas confunden con las señas, ha seguido hasta nuestros días, con gran incremento. Entre las señas más conocidas emitidas en papel podemos mencionar algunas de optima calidad fabricadas por industrias extranjeras especializadas en hacer billetes y otras por litografías nacionales. Entre las primeras se destacan Vicente B. Villa e Hijos de Medellín, y la Sociedad de Zancudo, correspondiente a las minas de este nombre. En Bogotá Uribe e Hijos, la Agencia General de Negocios y Casa de Préstamos y en el ramo agrícula, la Hacienda de la Unión de Lagunilla y, tal vez la más conocida, La Manuelita. En cuanto a las señas mitad (moneda), existen clasificadas más de noventa tipos de distintos emisores, fuera de las que hemos mencionado con una denominación específica, e inclusive existe una muy curiosa, fabricada en ebonita y emitida por Ernesto Cerruti en Buenaventura, personaje de ingrato recuerdo por haber sido el causante del sito de Cartagena por la Armada italiana. Para una ilustración más extensa, se puede consultar el catálogo Latin American Tokens, 1760-1920, de Rusell Rulau, editado por Kraude Publications, en donde se reseñan cuarenta y dos fuentes emisoras en América. También de James O. Sweeny y Enrique Bernal M., el artículo "The Mitad Tokens of Latin America", Tames Journal, Vol. 31, Nº 1, febrero 1991. Token and Medal Society, P.O. Box 951988, Lake Mary, FL 32715. |