Manizales: La ciudad homérica

Por: Daza Villa, Vladimir

Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 236
AGOSTO DE 2009

     

 

Sobre el autor: Vladimir Daza Villar. Historiador y Magíster en Historia, Universidad Nacional de Colombia. Profesor del Departamento de Historia y Geografía, Universidad de Caldas.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 236

Agosto de 2009

“Hace ciento dos años que un grupo de intrépidos colonos de Sonsón y Abejorral -escribió Silvio Villegas- empezaron bravamente a descuajar la selva virgen en la rocosa planicie donde hoy está situada la capital de Caldas”, es decir, la historia de Manizales es la historia de la transformación del paisaje de la zona. Sus límites en los años 20 del siglo XX seguían referenciado el paisaje: “de la confluencia del río Chinchiná con el Cauca, Chinchiná arriba hasta sus nacimientos en la Cordillera Central ; ésta hacia el Norte hasta dar frente a los nacimientos del río Guacaica; éste abajo hasta la confluencia de la quebrada del Guineo; esta arriba hasta el lindero de las tierras del Salado del Guineo; de aquí línea recta hasta un mojón que está en el camino de Arabia, denominado Socavones: de este al nacimiento de la quebrada de Fonditos; por ésta abajo al río Cauca; éste arriba a la desembocadura del Chinchiná, punto de partida”. Además, cinco de las denominaciones de ocho fracciones en las cuales fue dividida Manizales en 1880 estaban estrechamente ligadas al paisaje, La Enea, Sierramorena, El Aguila, El Tablazo y La Cristalina.

En un filo de la montaña creció la ciudad de Las Puertas Abiertas, Manizales, fundada en 1849 por colonos antioqueños. P ara finales del siglo XIX, era un gran centro del cultivo del café: según Luis Yririgoyen, hacia mediados de los años 20, alrededor de la ciudad se cultivaban en sus fincas dos millones de cafetos, los señores Uribe Mejía tenían 60 mil cafetos en su hacienda “San Carlos”, “ La Manuela ” era considerada la más importante por su producción en el departamento sembrada con 100 mil árboles; la hacienda de don Roberto Gutiérrez Vélez cultivaba 55 mil árboles con una producción anual de 4 mil arrobas. Aquel movimiento cafetero eran respaldado por las casas comerciales que tenían asiento en Manizales como Pinzón & Huth, American Coffee Corporation, Casa Inglesa, Alejandro Ángel, Gutiérrez “los Bancos y cien más”. Por lo menos, entre 1910-1930, señala Marco Palacios que el departamento se convirtió en el primer productor de café de Colombia.

Pero aún falta por escribir una historia económica regional del café en Manizales y Caldas, de la vida de las haciendas y de sus agregados campesinos y de los conflictos agrarios por la tierra “resueltos bien con revólveres o con incisos y sentencias” escribe Palacios. Además, la historia del café es también la de la salud pública e higienización de enfermedades venéreas. En una fecha tan tardía como 1955, un editorial del periódico de Manizales, La Patria, titulado La salud del pueblo, citaba al Secretario de Higiene Municipal de Manizales acerca de “el altísimo porcentaje de tuberculosis” como el principal problema de la salud pública de Caldas. De allí que no sea casual que la principal y más tradicional facultad de la universidad de la ciudad sea la de Salud.

Obviamente, gracias a la dinámica cafetera, la población creció de manera sostenida, así: 1851: 2789 habitantes; 1870: 10362; 1884: 14603; 1905: 24700; 1912: 34720, 1918: 43203. Para los años cincuenta, tanto los habitantes de las ciudades del eje cafetero como los viajeros percibían claras diferencias entre esas poblaciones. Por ejemplo, Manizales es la ciudad menos mestiza de ellas y más confesional. Fernando Uricochea, en su ensayo Resabios tribales y cosmopolitismo periférico: Bogotá y Cartagena, considera que en la sociedad colombiana de comienzos del siglo XX “la insuficiente diferenciación de papeles, dado el escaso grado de desenvolvimiento de la división social del trabajo, favoreció la importancia de los criterios de filiación religiosa y política como criterios de status”. Quizás el poeta León de Greiff intuía la misma reflexión sociológica acerca de las sociedades de grupos reducidos cuado escribió su poema Villa de la Candelaria d onde se retratan los grupos sociales y los ritmos provincianos: “Sucesos/ banales/Gente necia, / local y chata y roma./ Gran tráfico/ en el marco de la plaza./ Chismes./Catolicismo./ Y una total inopia en los cerebros…/Cual/ si todo/ se fincara en la riqueza,/ en menjurjes bursátiles/ y en un mayor volumen de la panza.”

Se podría decir que en Manizales, para el mismo período o más allá, uno de los criterios de status era ser descendiente de los fundadores o colonizadores y un criterio de demarcación y purificación social lo constituía el ser de raza “blanca azucena”, “blanca española” ser familia de los “Tobón, Tobón pero de los de Medellín.”

La fundación de la ciudad, todavía una aldea de “tabla parada” a principios del siglo XX fue leída en clave “homérica” por la élite conservadora. Por ejemplo, en el Libro de Oro de Manizales publicado bajo la alcaldía de don Fernando Londoño y Londoño, en 1951, Aquilino Villegas escribía que “nadie sabe la homérica brega para convertir en quince lustros el bosque inmóvil en la ciudad sibilante”. Los fundadores estaban imbuidos “de la más antigua cepa romana y acendrados de añejo sabor castellano, que hace setenta y cinco años llegaron hacha en mano en la hirsuta ladera”. Manizales ofrecía un “clima griego”. Victoriano Vélez, al escribir acerca de la “raza colonizadora” se refirió a éstos como “emperadores de la selva”, “los Príncipes del hacha” y “para exaltar a los sencillos compañeros del buey y de la mula, evocó a Homero y a Virgilo, a Eneas…” La misma geografía montañosa se prestaba para construir el espejo, por utilizar la metáfora de Francois Hartog, donde se reflejaría el mito fundacional, porque cómo señalaba don Alfonso Robledo en 1919 en Dos discursos sobre Manizales , en 1844, “un montaña oscura se veía al pie del nevado del Ruiz” pero para los colonizadores “era un retozo talar los bosques…(eran) hombres de pisada recia y hacha poderosa”.

Otra variante del mito fundador, es la hispánica, que se construyó con esmero y la expone don Bernardo Arias Trujillo quien escribe que Manizales está “habitada por gentes vascas y testarudas”: De allí surgió la tradición musical del pasodoble, no de bambucos y pasillos, y la Feria de Manizales. Ninguna ciudad colombiana, quizás, reclamaba a principios del siglo XX orígenes tan clásicos.

Dos monumentos consagran el mito fundador de Manizales, el Monumento a los Fundadores en el barrio Chipre, donde aparece la versión popular del colonizador acompañado con su mujer, con sus bestias cargadas de corotos y su perro; al extremo de la ciudad frente al teatro Fundadores unos obeliscos de mármol negro representan a los fundadores de estirpe.

Ajena a las nuevas preocupaciones de la historia urbana, la historiografía local parece haberse detenido en celebrar la manera heroica cómo se fundó Manizales en una zona montañosa, altoandina y sísmicamente inestable. Se recuerda que no se loteaba, es decir, que no se dividía el espacio en lotes sino que había que tasajear la montaña para crear un plano. Una visión moderna de la historia urbana de Manizales es la elaborada por un grupo de arquitectos de la Universidad Nacional , sede Manizales, quienes a falta de historiadores, han liderado los estudios urbanos. Reconocidas son las obras de Hernán Giraldo Mejía y de otros arquitectos.

Sin embargo, los temas acerca de la expansión y el crecimiento urbano, el desarrollo de los trabajadores urbanos la historia de sus instituciones políticas aún sigue siendo desconocida. Por ejemplo, a la perspectiva de los arquitectos se le agregaría la historia del proceso de modernización urbana ¿Cómo fue el proceso de modernización de Manizales, Pereira y Armenia? ¿Quiénes organizaron el abrupto espacio urbano de Manizales?, ¿Cómo fue el consenso político en el Consejo de Manizales? A través de las informaciones de la Junta Departamental de Obras Públicas publicadas en Gaceta Departamental uno podría seguir una parte de esa historia.

El miércoles 22 de junio de 1955, el presidente de La Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, Reverendo Padre Adolfo Hoyos Ocampo acogía el “vasto y trascendental proyecto de transformación urbanística” del conservador Fernando Londoño Londoño; se trataba, del sector de la transformación de los “antiguos barrios de La Cuchilla y La Palma , comprendiendo gran parte del Barrio de los Agustinos, encuadrados entre la avenida Doce de Octubre y las nuevas urbanizaciones de Chipre.” Con dicho proyecto, según la Sociedad de Mejoras, “además de determinar la desaparición de la solución de continuidad que afecta notablemente el desarrollo y el bienestar de los citados barrios de Campohermoso y Chipre, mediante el desemboque natural de las calles y carreras que se dirigen, aseguraría el aprovechamiento de esta vasta y empinada zona, la más visible y abandonada que tiene la ciudad…para urbanizaciones…con destino a las clases medias y alta”. De inmediato, el jueves 23 de junio, según información de La Patria, el alcalde de Manizales, Carlos Ramírez Arcila, por decreto Número 255 del 22 de junio de 1955 creó una Junta Especial integrada por Tulio Gómez Estrada, Arturo Gómez Jaramillo, Gustavo Robledo Isaza, Fernando Londoño Londoño, para estudiar el desarrollo urbanístico del sector occidental de la ciudad.

A finales de los años 30, lejos del viejo casco se construyó el barrio de Quinta Versalles, una especie de Chapinero, el cual iniciaría la expansión urbana hacia sitios no tradicionales. Ya en los años 40, se realizó la construcción de la Escuela Normal Superior de Manizales, cuyo vecino más cercano era el Monasterio de la Visitación. Hacia los años 50 los padres jesuitas construyen lejos del viejo centro su colegio. Pero sería hacia los años 60, luego de la división del Gran Caldas, que se iniciaría la expansión de Manizales Justamente, en 1968, se funda la Oficina de Planeación Municipal y en 1970 se crea el proyecto urbano más ambicioso de la ciudad, según el arquitecto José Fernando Escobar, el llamado Plan 70 . La ciudad avanzaría así sobre su propia área agrícola, la que en 1956 producía 440 mil arrobas de café, 40 mil cargas de plátanos, 20 mil de yuca, 15 mil de maíz y miles de cabezas de ganado, como se escribe en el Catecismo histórica y geográfico de Caldas .

Los arquitectos predicen que la ciudad crecerá un 15% más en los próximos 30 años, a pesar de los obstáculos naturales, lo cual significaría, una “redensificación del área ya construida”, es decir que la ciudad no tendrá nuevos suelos. Empero, un siglo de construcción sin atender lo que hoy los geógrafos llaman factores de vulnerabilidad y altos niveles de pluviosidad, unos 2.000mm, ha conducido a que la ciudadanía viva en permanente peligro de deslizamientos de tierra y a que incluso muchos barrios destinados a las clases medias “estén construidos sobre relleno y en sectores inestables” como escribe la investigadora Anne Catherine Chardon. Cabe recordar, que entre 1960 y 1998 se han contabilizado 318 deslizamientos; la naturaleza recordó en noviembre de 2008 que Manizales es una ciudad de ladera: un fuerte aguacero dejó 370 familias damnificadas, varias zonas de la ciudad taponadas, 150 derrumbes y varios días con el acueducto averiado. Entre las amenazas naturales de la ladera en que fue construida y los crecientes desafíos sociales Manizales avanza con los recuerdos de sus mitos fundacionales y las realidades de su presente.

 

 


Vista panorámica de Manizales. Al centro, la entonces reciente Catedral Basílica de la ciudad, años 30 del siglo XX. Las fotografías históricas que ilustran este artículo fuero suministradas por http://fotodigitalcaldas.com/ de la Universidad de Caldas

 


Procesión por el centro de Manizales en los años 60.

 


Templo de la Inmaculada, Manizales.

 


Antigua Plaza de Bolívar de Manizales, años 60 del siglo XX.

 


Vista panorámica de Manizales desde Chipre, años 30 del siglo XX.

 


Foto aérea de Manizales, 1987. Instituto Geográfico Agustín Codazzi



Mapa cafetero de Colombia levantado por la Federación Nacional de Cafeteros en 1933. Archivo general de la Nación, mapoteca 6, ref. 215.

 

Título: Manizales: La ciudad homérica


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