El Angel No. 13 : una obra desconocida del Maestro de los Arcángeles de Sopó

Por: Gamboa Hinestrosa, Pablo,1939-

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 24
Diciembre de 1991

 

 

 


Angel Custodio. Oleo atribuido al Maestro de los Arcángeles de Sopó.
Segunda mitad del siglo XVII.  1.93 x 1.24 m. Casa Cural, Subachoque (Cundinamarca)


Uno de los propósitos fundamentales del arte ha sido el de hacer visible lo invisible, mostrando lo que de otra manera sería imposible explicar sin el auxilio de la imagen. Por esto, la presencia de seres sobrenaturales se resolvió mediante el auxilio del arte. Así, los ángeles, seres alados, ligeros e inmateriales, son una constante en el arte medieval y renacentista, también predominan en el siglo XVII, el siglo del Barroco, y se encuentran todavía en algunos artistas contemporáneos. En América, junto a los conquistadores, también desembarcaron ángeles y arcángeles: un ejército de seres celestiales que, irrumpiendo en estas nuevas tierras, contribuyeron decididamente a la evangelización durante los siglos XVI a XVIII. La Nueva Granada fue propicia para la veneración angélica, como puede verse en pinturas y esculturas de la escuela santafereña y en las obras de los pintores más conocidos del siglo XVII: Acero de la Cruz, los Figueroa y especialmente Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Intentemos aproximarnos a la realidad colonial, poblada de esos seres sobrenaturales.
 


Angel Custodio de Subachoque. Detalle.


EL ANGEL No. 13

Hace varios años, algunos amigos propietarios de fincas en Subachoque, una de las más pintorescas regiones de la Sabana de Bogotá, nos invitaron a ver los cuadros coloniales de la casa cural, que por la modernización de la Iglesia habían sido trasladados allí. Sin embargo, sólo en noviembre de 1989 me acordé de esos cuadros cuando trabajaba sobre los arcángeles de Sopó, buscando en poblaciones vecinas a Bogotá pinturas coloniales de temática semejante para compararlas. El Angel No. 13, como lo llamó el historiador Jorge Orlando Melo, resultó ser un Angel Custodio que, entre las pinturas coloniales de la casa cural, tuve la fortuna de encontrar y que he identificado como obra del pintor de los arcángeles de Sopó. El Angel No. 13 permaneció relegado en Subachoque desde 1798, como veremos más adelante, sin conocerse su autor ni su relación con los de Sopó. En efecto, se trata de una segunda versión, en formato más pequeño, del tema del ángel que, ricamente vestido y coronado con una diadema de joyas, conduce a un niño muy pequeño de la mano, y que expresa su función protectora en la dulzura del rostro y en el movimiento de la mano hacia el Cielo, tal como sucede con el ángel de la serie de Sopó.
Hay que mencionar el grosero empaste de color con que se cubrió la pierna del Angel Custodio de Subachoque, hecho que corrobora la inclinación a repintar lo que no se ajustara a la tradición de recato propio de la pintura santafereña. Es posible, por consiguiente, que la elegante y sofisticada manera de este pintor, pese a su extraordinaria calidad, no tuviera aceptación en Santafé y que sus obras terminaran por ello en sitios periféricos como Subachoque o Sopó, donde pasarían inadvertidos y sin entrar en mayores conflictos con la mentalidad colonial sobre "adorno y hábito santo", requeridos en las imágenes religiosas. Al referirnos al Angel No. 13, hay que relacionarlo con la serie de doce cuadros de arcángeles de la iglesia de Sopó, que, aparte su valor artístico, constituye una de las mayores incógnitas del arte religioso de la Nueva Granada por sus circunstancias históricas, iconográficas y artísticas.

LOS ARCANGELES DE SOPO

Para valorar el Angel Custodio de Subachoque en el contexto histórico y artístico, debemos tener en cuenta que la serie de Sopó, integrada por once arcángeles y un Angel Custodio, fue pintada por un maestro anónimo entre 1650 y 1700. Como consecuencia de la aparición en 1753 de la imagen milagrosa del Señor de Sopó, en fecha no precisada fueron trasladados allí. Sólo se sabe que en 1843 se mencionan en un inventario parroquial descubierto hace pocos años por la restauradora Consuelo Jaramillo. A finales del siglo pasado, vuelve a referirse a ellos el escritor y político Miguel Antonio Caro quien, en una de sus obras de carácter íntimo y puramente literario, cuenta que cuando pasaba temporadas de descanso en la hacienda Casablanca, acudía a la vecina población de Sopó para observar estos ángeles.
En 1961 fueron trasladados por primera vez a Bogotá para restaurarlos, dado su mal estado de conservación, y hacerlos conocer mediante una exposición. Con los mismos propósitos regresaron a Bogotá en 1983, donde permanecieron hasta 1986. Jaime Gutiérrez Vallejo, quien dirigió la segunda restauración, los atribuye a un autor europeo. Diferente posición tiene el investigador español Santiago Sebastián, quien opina que son "ejemplares virreinales". Dada la carencia de datos sobre estas obras, en la última década la presencia del "ojo artístico" ha permitido verlas de manera diferente, centrando el interés en las características iconográficas. Se trata, en primer lugar, de doce imágenes de ángeles, número de carácter simbólico dentro del cristianismo: doce tribus de Israel, doce profetas menores, doce apóstoles... En segundo lugar, llama la atención que en esta docena de personajes predominen sobre los arcángeles bíblicos los arcángeles apócrifos, no reconocidos por la Iglesia. La serie de Sopó incluye tres arcángeles bíblicos: Miguel, el príncipe de las milicias celestiales que lanza en mano lucha contra Satanás; Rafael, acompañante de viajeros y peregrinos, con el símbolo del pez; y Gabriel, el mensajero divino, con el ramo de flores. Y también ocho arcángeles apócrifos: Uriel, representado con la espada de fuego en alto; Geudiel, con la corona de rosas y el látigo como símbolos de la penitencia; Seactiel, con el incensario, atributo de la oración; Barachiel, esparciendo rosas como la bendición de Dios; Piel, el arcángel abanderado; Esriel, envainando la espada en su papel de la justicia divina; Laruel, con el laurel y la palma del martirio como atributos de la misericordia de Dios; Teadkiel, con el sol resplandeciente y la espada; y, finalmente, cerrando la serie, el Angel Custodio con el niño de la mano.
 


Angel Custodio de la famosa serie de arcángeles de Sopó. Oleo sobre lienzo, 2.38x 1.67. Iglesia Parroquial,
Sopó (Cundinamarca). Esta pintura es de mayor tamaño que la de Subachoque, y el cabello del niño no es rubio.
Todos los demás detalles concuerdan.


Las figuras de arcángeles caracteriza la escuela cuzqueña de pintura, especialmente con sus series de arcángeles "militares" diseminadas en el Perú y Bolivia. En Colombia, las series de arcángeles no son comunes y, fuera de la de Sopó, se encuentran apenas otras tres, también de autor anónimo, en Santa Clara la Real y Santa Bárbara, en Tunja, y en Santa Clara de Bogotá, en las cuales también predominan los arcángeles apócrifos sobre los bíblicos.
Como se trata de un artista anónimo, se le conoce con el nombre de Maestro de los Arcángeles de Sopó, obra que tanto prestigio le ha dado como pintor. Trabajó en la segunda mitad del siglo XVII y dejó una de las más sobresalientes obras en la Nueva Granada. No se sabe si estamos ante la presencia de un pintor europeo que, estando de paso, dejó cuadros que fueron a dar a poblaciones vecinas a Santafé de Bogotá, o si, más bien, se trata de un pintor colonial de excelente calidad, que no es de escuela santafereña. En todo caso, se trata de un artista especializado en la pintura de ángeles y arcángeles, y con escasa obra identificada hasta ahora. Por esta razón, es posible que con el tiempo se encuentren nuevas obras suyas que hayan permanecido inadvertidas en iglesias y conventos, como este Angel Custodio.

EL ANGEL CUSTODIO DE SUBACHOQUE

En los archivos parroquiales, que datan de finales del siglo XVIII, hallamos la documentación referente al donante, el año y la parte del altar donde se colocó inicialmente. Pero, tal como los de Sopó, la tela carece de firma y fecha. En los archivos no consta el nombre del autor, ni el año de ejecución. Como es habitual en la época, la imagen prevalece sobre el autor. Aun los más renombrados pintores coloniales, como Vásquez Ceballos, casualmente no firmaron ni fecharon todas sus obras. Poco a poco, la memoria colectiva olvidó los nombres de quienes hoy aparecen como autores anónimos y a quienes se debe la gran mayoría del acervo artístico de la época.
 


Diferentes detalles del Angel Custodio de Subachoque, entre ellos un repinte sobre
la pierna del ángel, y la palabra “Silva” inscrita en el reverso del cuadro.


En un inventario parroquial se anotó lo siguiente: "Item: En el remate del sagrario está una laminita de Nuestra Señora con la vidriera, y marquito, y la dio don Pascual Pérez. Item, los colaterales están adornados con cuatro cuadros de más de dos varas de grande en los que están pintados el Patrón Señor San Miguel, San Gabriel, San Rafael y el Angel de la Guarda, tienen los marcos bastantes maltratados en madera, perfilados de oro y bermellón, los dio el dicho Don Pascual". Desde el punto de vista iconográfico, el anterior inventario es muy interesante, puesto que presenta otra serie de ángeles de los cuales tres son los conocidos arcángeles bíblicos y el cuarto es el Angel Custodio. De los cuatro cuadros mencionados en este inventario firmado por el párroco Hipólito Casiano García el 26 de octubre de 1798, sólo quedan el San Miguel, y el Angel Custodio del Maestro de Sopó.

El padre Manrique, actual párroco de Subachoque, quien nos ayudó en la identificación de esta obra y puso a nuestra disposición el archivo parroquial, recuerda que cuando era seminarista y ayudaba en los oficios religiosos de esta iglesia, el cuadro del Angel Custodio no estaba allí, sino que junto con otras pinturas se encontraba en la capilla del cementerio, situada en las afueras de Subachoque, de donde incluso se salvó de un robo. Sentados en el patio de la casa cural, la señora Ernestina López, viuda de Juan Bautista Cano, el sepulturero del cementerio en la época del robo, nos contó de la manera más sencilla que efectivamente en la capilla del cementerio había varios cuadros, entre los que nos señaló el Angel Custodio; una mañana, al abrir la capilla, el esposo se dio cuenta de que no estaban colgados, y muy asustado fue a darle aviso al párroco. La anciana señora no recuerda cuántos cuadros había, ni el año del suceso, pero sí señaló que se dedicaron con su esposo a buscarlos por todas partes y que debajo de un pino, a la entrada del cementerio, encontraron el del Angel Custodio enrollado en los listones del marco.

Esa es la historia de este cuadro que, afortunadamente, tuvo mejor suerte que aquellas otras dos pinturas coloniales de la iglesia de Tenjo, Nuestra Señora de los Angeles y el Arcángel San Gabriel, dos admirables obras de Gregorio Vásquez que jamás fueron recuperadas.

Título: El Angel No. 13 : una obra desconocida del Maestro de los Arcángeles de Sopó


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