El canto de la guabina veleña

Por: Orlando Serrano Giraldo

Ficha bibliográfica
Titulo: El canto de la Guavina Veleña
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: SERRANO GIRALDO Orlando
 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 72 - DICIEMBRE 1995

     

EL CANTO DE LA GUAVINA VELEÑA, su forma más pura de interpretación es el dueto femenino vivir

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 72
Diciembre de 1995

 

 

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TRAJES TÍPICOS DE VÉLEZ, SANTANDER.  Dibujos de Juan Carlos Gómez Navarro.
Centro de Documentación Musical, Bogotá.


   
 

  En el contexto de la configuración folclórica veleña, se denomina guabina el canto a capella de coplas con preludio e interludios de música instrumental de torbellino. Bajo esta denominación, en diferentes regiones colombianas se dan múltiples manifestaciones que responden a características disímiles. En este caso, nos referimos exclusivamente a la guabina en su manifestación ubicada en la región oriental de la provincia veleña, que comprende fundamentalmente los municipios de Vélez, Bolívar, Chipatá, Guavatá, Puente Nacional, Jesús María, La Paz, La Aguada, Güepsa y Barbosa.

  A través de múltiples referencias, especialmente de carácter literario, se puede establecer que la guabina tuvo ámbitos de manifestación en los que posteriormente desapareció, sobre todo en el departamento de Antioquia, donde hoy subsiste lo que se conoce como trova, que guarda radicales diferencias con la expresión santandereana actual.

  Múltiples manifestaciones de poesía popular española vigentes en el periodo de la conquista recibieron la denominación de copla. siendo la más difundida la estructura de cuarteta octosílaba con diferentes tipos de rima. Un enorme repertorio de este patrimonio poético español llegó a América a través del proceso de colonización, arraigando en casi todos los países de ascendencia hispánica. La copla cumple en América complejos procesos de mestización a través de los cuales se generó la creación coplera como forma de expresión del pensar y sentir populares, así como múltiples formas musicales se pudieron cantar con textos copleros, por ejemplo, la pirecua mexicana y el gato argentino, entre otros.

 

   
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TORBELLINO.   Dibujo de Ramón Torres Méndez.
Museo Nacional de Colombia, Bogotá.


   

  Desde principios del siglo XIX se pueden dar referencias del canto de guabina, con rasgos similares a los que hoy subsisten en la región santandereana, boyacense y cundinamarquesa, vinculado particularmente a las labores de molienda, arriería, romerías, cocina, jornadas de lavada de ropa en las quebradas y celebración de fiestas reales y patronales, esquemas lúdicos sobrevivientes de la colonia.

  La forma de ejecución más generalizada del canto de guabina es el dueto femenino, sin que se pueda excluir dueto mixto o el dueto masculino. Aunque excepcionalmente se puede dar el canto de guabina interpretado por tres cantores, sólo podrá ejecutarse, en este caso, una primera voz y dos segundas voces.

  La estructura de la guabina puede sintetizarse de la siguiente manera:

1. Interludio de música de torbellino
2. Canto a capella de los dos primeros versos de la copla.
3. Interludio de música de torbellino, durante el cual los ejecutantes de la guabina se recuerdan al oído los dos versos siguientes.
4. Canto a capella de los dos últimos versos de la copla.
5. Este ciclo se repite hasta cantar un promedio de cinco coplas.

 

   

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PASEO CAMPESTRE. Acuarela de Ramón Torres Méndez, litografía de Victor Sperling.
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 


El canto de guabina es en esencia un lamento cantado, en el que la música de torbellino se hace más lenta, según el querer de los intérpretes vocales. Sin embargo, esto no excluye el canto de coplas jocosas, llenas de malicia popular. El repertorio coplero cantado en guabina no suele ser repentista. El patrimonio de esta forma poética es tan extenso y variado, que en la memoria popular existen las coplas necesarias para aludir a cualquier situación, tema o estado de ánimo. El acuerdo que realizan los cantores de guabina en los interludios de música de torbellino no es para componer la copla, sino para recordarla, o darle las variaciones necesarias a cada caso particular.

   

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GUABINA SANTANDEREANA. Autógrafo de Leilo Olarte Pardo (1885-1940).
Centro de Documentación Musical, Bogotá.


 

 

  La línea melódica (o tonada) es anónima y su desarrollo corre a cargo exclusivamente de la primera voz; la segunda voz debe permanecer atenta a seguir los «dejos o revueltas» que la primera voz maneja a capricho. Este manejo caprichoso (aleatorio) de la primera voz, hace imposible la existencia de dos ejecutantes en una primera voz, ya que se daría una confusión melódica, absolutamente caótica. Para poder seguir adecuadamente el manejo que la primera voz hace de la tonada, las dos cantoras de guabina ejecutan la tonada acercándose y ayudándose con una mano a producir concavidad en la oreja, que ayuda a recoger de mejor manera la voz de su compañera.

 

   

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ESTANCIEROS DE LA CERCANÍA DE VÉLEZ.  Acuarela de Carmelo Fernández, 1850.
Albúm de la Comisión Corográfica.


   

 
  Otra forma frecuente de ejecución de la guabina es el duelo de coplas entre dos parejas de guabineras, cuando coinciden generalmente en el ámbito de la reunión familiar o de la parranda. Sobre estos duelos se ha logrado ubicar en la memoria de los más ancianos el enfrentamiento coplero entre dos hombres, en el ámbito de las guaraperias, que solía terminar en refriega a bala, machete o bordón. Este tipo de enfrentamiento no subsiste.

  Es de anotar que el esquema que hemos presentado del canto guabinero responde a las formas de presentación en el ámbito público, pero en el ámbito privado pueden darse múltiples variaciones.

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