EL 9 DE ABRIL VISTO POR LOS VENCIDOS
Gloria Gaitán- Economista de la Universidad de los Andes.
- Investigadora de Historia Agraria y Política.
- Directora del Instituto Colombiano de la Participación Jorge Eliécer Gaitán, Colparticipar
![]() | Se ha informado profusamente sobre lo que sucedió el 9 de abril de 1948 en el palacio presidencial. Nadie se ha preguntado por lo que sucedió ese día en la residencia del líder popular. Todo el mundo habla de los saqueos cometidos. Pocos se han dado a la tarea de difundir lo que hicieron quienes intentaron tomarse el poder en esa fecha y los días siguientes. La razón es muy sencilla: la historia que se divulga nunca es la que escriben los vencidos. Lo cierto es que en el caso del 9 de abril existe una rica historia, hoy acallada, que cuenta el esfuerzo heroico de quienes pretendieron que, asesinado Jorge Eliécer Gaitán, el gaitanismo no desapareciera y su sacrificio no quedara impune. Tratándose de lo que se vivió en mi casa --la casa de la familia Gaitán--, el viernes 9 de abril comenzó la víspera. Mi padre no había ido a trabajar ese jueves, pues nunca lo hacía cuando tenía una conferencia en el Teatro Municipal o una defensa penal, ya que sus intervenciones le representaban un gran esfuerzo físico, pues en ellas no sólo involucraba sus planteamientos científicos o ideológicos, desarrollados con una gran rigurosidad analítica que llamó siempre la atención de críticos y tratadistas, sino que hacía gala de la más sofisticada técnica oratoria, que comportaba un manejo profesional de la expresión corporal y una educada entonación para las distintas fases del discurso, lo que le permitía subrayar, con los más variados timbres de voz, el sentimiento que quería expresar y transmitir con las ideas expuestas. Cuando regresaba a la casa, su camisa estaba completamente entrapada en sudor y mostraba una gran fatiga. En sus intervenciones se entregaba totalmente, y pienso que su mente entraba a otra dimensión, pues siempre le pedía a mi madre que le contara lo que había dicho, ya que no lo recordaba, pues "algo" inspiraba su discurso que le hacía desdoblarse y convertirse en intérprete del pueblo que le escuchaba. Y no me refiero a ningún fenómeno parasicológico. Sólo a un mecanismo de la mente que permite que un hombre se convierta en "antena" de los sentimientos más profundos del pueblo al cual encarna. Se trata de una sensibilidad especial que sólo les es dada a los grandes líderes de multitudes. Y no sobra advertir que un discurso de ese tenor no implica, en lo absoluto, frases huecas y demagógicas como las que hoy se estilan en quienes "gaitanean", haciendo creer que una voz quebrada y vibrante puede equipararse con las ideas de quien fuera, ante todo, un pensador y un científico. |
![]() | |
![]() | |
![]() |
| Al despertarse, sobresaltada, no se atrevió a comentárselo a papá "para no dañarle la satisfacción que tenía por haber ganado, en la madrugada, el caso del teniente Cortés", explicaba ella. Pero se lo comentó a sus hermanas y a Margoth Jaramillo de Plata, quienes la instaron a que, de todas maneras, se lo dijera. "Jorge --le dice en su llamada de la una menos cuarto de la tarde-- anoche soñé que te asesinaban. Deja a los 'Plinios' y vete con los tuyos. Deja la Constitución tan bien encuadernada y tómate el poder. La oligarquía te va a matar antes de dejar que ganes las elecciones y subas a la Presidencia". "En la casa hablamos", le respondió impaciente, pues no era la primera vez que mi mamá lo instaba a hacer un golpe porque estaba segura que lo iban a matar. Papá siempre respondía: "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal". No había pasado una hora cuando sonó el teléfono. Mamá, impactada como estaba por el sueño de la víspera, supuso lo peor. Cuando en la Clínica Central se vio obligada a aceptar una realidad que ella, a pesar de las premoniciones, no quería creer, le pidió al médico Pedro Eliseo Cruz que embalsamara a papá, pues desde ya concibió la idea de no dejar enterrar el cuerpo de su marido hasta que no cayera el gobierno de Mariano Ospina Pérez, a quien mi padre le había dirigido dos meses antes la Oración por la Paz señalándole: "...os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia". |
![]() |
|
![]() | ![]() |
| |
![]() |
|
| Mamá se dirigió a la oficina de mi papá, porque sabía que él guardaba los papeles de una investigación que venía haciendo sobre la intervención yanky en la explotación de petróleo en Colombia con la participación del presidente Ospina y la colaboración de tres empresarios antioqueños. Encontró que los cajones del escritorio habían sido abiertos con llave, y ningún papel en ellos. Al ser demasiado tarde para rescatar el expediente al que papá le estaba consagrando todo su interés, se dirigió entonces a la embajada de Venezuela, siempre a pie, para hablar con el presidente Rómulo Betancur y pedirle ayuda para un golpe contra Ospina ya que, generales como el general De León, que la había visitado en la clínica, le habían manifestado que un grupo importante del Ejército y la Policía de Bogotá en pleno, estaban decididos a marchar hacia Palacio para derrocar al gobierno, pero requerían de Venezuela como retaguardia y fuente de armamento. Betancur se mostró hosco y renuente. Con un "váyase señora para su casa, que yo también tengo una hija" despidió a mi madre, quien regresó a la Clínica Central a esperar la madrugada del 10 de abril para ir a buscar en qué transportar el cuerpo de mi padre hasta nuestra casa. Encontró un zorrero muerto al pie de su caballo y lo tomó. Envuelto en sábanas ensangrentadas y papel periódico, mamá y Pedro Eliseo Cruz solos, pues nadie más se había quedado en la clínica, sacaron el cuerpo de mi padre ya embalsamado por el basurero de la clínica; el edificio había sido rodeado por el ejército para impedir la salida del cadáver desde el momento mismo en que mi madre manifestó su deseo de velarlo en su casa, esperando hasta que cayera Ospina. Atravesaron la ciudad tirando del caballo, pasando por encima de multitud de cadáveres y esquivando las balas. Una vez en nuestra casa, mi madre sacó el comunicado que dio inicio a una larga velación que buscaba la caída del régimen. |
|
|
| Meses más tarde organizó una gran Convención Popular en la Plaza de Toros de Santamaría, donde el pueblo, democráticamente, votó directamente por su plataforma de lucha como preámbulo a las elecciones parlamentarias en las que Gaitán, como jefe popular, se enfrentó a la facción comandada por Eduardo Santos, que escogió sus candidatos y su programa a puerta cerrada. El triunfo del gaitanismo frente al oficialismo liberal fue aplastante. Congreso Nacional, asambleas y concejos resultaron con mayorías contundentes gaitanistas. Eduardo Santos, en un gesto democrático y de gallardía, envió entonces las llaves de la dirección liberal con "el chino de los mandados" --como entonces se le decía a los mensajeros-- a las oficinas de Jorge Eliécer Gaitán y se fue del país, como lo hicieron López Pumarejo y Lleras Camargo. Semanas más tarde Gaitán era proclamado jefe único del partido liberal, un partido que ya no era el mismo. Conservaba el nombre, pero su esencia era diferente. Como lo anotará el historiador Cordell Robinson "...El resultado final fue algo semejante a un nuevo partido que se denominó entonces Liberal-Gaitanista [...] el Partido Liberal se tornó, para todo fin práctico, en un brazo del movimiento gaitanista". (El movimiento Gaitanista en Colombia. Bogotá: Tercer Mundo, 1976, p. 102) Se cumplía así el propósito de mi padre cuando, después de retirarse de la UNIR --movimiento socialista que quiso romper con el bipartidismo y no lo logró-- explicaba: "Ingreso al Partido Liberal a la manera del Caballo de Troya, para hacer de él lo que me proponía dentro de la UNIR. El pueblo se tomará el mando del partido, expulsará a la oligarquía liberal y le dará la orientación programática acorde a sus intereses. Entonces, el Partido Liberal, será el partido del pueblo". Y allí estaba mi padre, embalsamado, inerme, contemplado por un sin número de doloridas gentes que venían a mirarlo por última vez. Eran colas interminables. Una ventana de la sala se había abierto a manera de puerta de salida para que las gentes pudieran circular por aquel pequeño espacio. Ni una sola corona en el salón, pues la huelga general tenía paralizado al país. Solo un gran óleo con la figura de Jesús crucificado por los nazis adornaba la sala despojada de todo su mobiliario para darle cabida al ataúd y al mar de gente humilde que se acercaba para darle un último adiós a quien fuera su esperanza. Y hoy pienso que esa pintura en que aparece Jesús llevado a la cruz por hombres con cascos nazis presidió siempre mi casa, mientras que los dogmáticos que en vida de mi padre dirigían al partido comunista, ¡tuvieron la perversa osadía de llamarlo fascista! Mi padre respondía a esas calumnias diciendo: "Unos me llaman fascista, otros me llaman comunista, sólo podemos decirles que son gentes de mala fe". |
- «Zurco» donde está enterrado Gaitán (de «zurcir»: «unir sentimentalmente
una cosa con otra en el sentido material o no material». María Moliner ). - Fotografía de Ricardo Rivadeneira.
- Exploratorio Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá.
| Días interminables se sucedieron mientras la vieja oligarquía liberal, derrotada en 1947 retomaba posiciones en la dirección del partido liberal y le aceptaban los mismos ministerios a Ospina Pérez de los que habían sido obligados a renunciar cuando, menos de un año antes, mi padre fue proclamado jefe único del partido liberal. En aquel momento, en la carta de renuncia, donde alababan a Ospina, dejaban muy claro que su renuncia sólo la hacían "esperando tiempos mejores..." Y esos tiempos "mejores" les acababan de llegar. Darío Echandía, nombrado ministro de Gobierno, encontraría, con frialdad maquiavélica, la salida a la rebeldía de mi madre que, acompañada de un grupo de gentes del pueblo, estaban determinados a no permitir que el cadáver de mi padre saliera de su casa hasta tanto el gobierno de Ospina no fuera derrocado. Echandía le propuso a Ospina: "Presidente, si la viuda de Gaitán no quiere sacar a su marido de la casa, que no lo saque. Declare monumento nacional esa casa y ordene que se le entierre en la misma sala donde lo están velando". Un liberal le había dado la solución a Ospina. No había duda, como lo dijera mi padre, "son los mismos con las mismas". Claro está que no sólo la casa nuestra fue escenario de un intento por derrocar a Ospina. También en las calles se protagonizaron algunos, como la toma de las emisoras y el llamado insistente al pueblo para que ocupara los centros de poder. La sublevación, que con despectivo apelativo la prensa reaccionaria llamó "el bogotazo" y la opinión pública acogió inconscientemente como manera para denominar un acontecimiento complejo, que aún no ha sido profundamente analizado por nadie, tuvo como uno de los objetivos centrales llegar hasta Palacio. |
![]() | Pero vale la pena anotar también que los incendios de la carrera séptima y de la plaza de mercado fueron realizados, bien entrada la tarde, en la misma forma como los urbanizadores habían señalado previamente como manera para reurbanizar a Bogotá y "crear plusvalía", como ellos mismos lo anotaban. En un extenso escrito mío, llamado "Lo que no dijo el poder", que toma información de una investigación de Jacques Aprile (El impacto del 9 de abril sobre el centro de Bogotá. Ediciones Centro Gaitán), señalo que a considerable distancia de los protagonistas políticos, avanzaban los presos comunes que manos criminales habían puesto deliberadamente en libertad. Sin conexión ninguna con los incendios que devoraban el corazón de la ciudad, principiaron a quemarse los edificios de las manzanas en torno a la plaza de mercado, zona de la ciudad de la cual había dicho dos meses antes la revista Proa, que era necesario "reurbanizar oficialmente el sector más desaseado, el llamado 'Plaza de Mercado' [...] El conjunto son 16 manzanas que claman por demolición, incendio [sic] o terremoto". ¡Increíble, fueron justamente las manzanas afectadas por los incendios el 9 de abril! |
| |
Por su parte, en la carrera séptima de Bogotá, al norte de la Avenida Jiménez, en la zona comercial, sucede algo idéntico y es así como un joven cachaco relatará el hecho: "Estaba con nosotros Manuel de Vengoechea, que era un joven sumamente rico, de una muy rica familia de Santa Marta. El era una mezcla de "Beaux Arts" y de costeño... Y allá le dijimos que Nerón era un gran urbanista porque metió candela a la parte vieja de Roma. Y lo cierto es que los incendios del 9 de abril se encargaron de facilitar la ampliación de la Séptima...", ampliación por la cual venían luchando los urbanizadores a través de la revista Proa: "Sucede que en el centro de la ciudad están sus más desaseados y sórdidos barrios, pero su existencia es una gran riqueza, una estupenda mina [...] Los mejores terrenos para iniciar nuevas edificaciones están en el centro de la ciudad. A ningún inversionista, que sepamos, se le ha ocurrido comprar edificaciones. Su negociación se efectúa sobre el valor del lote [...] La edificación significa un estorbo..." Y añadían: "Ampliar una calle equivale a valorizar los terrenos adyacentes"; y así, el 9 de abril, el dejar a lado y lado de la carrera séptima incendios en fila india, permite ampliar esta vía. Con el 9 de abril, a algunos "cacaos" del momento les llegaron "mejores momentos" y ese día los jóvenes de la alta sociedad, como no podían salir a la calle debido a la revuelta popular que tenía lugar en las calles, se encerraron en algunas de sus casas para armar fiesta y, como me lo dijera Daniel Schloss, "ese día la pasaron bomba".










