| | - Carolina Cárdenas
- Promesa fugaz del arte moderno en Colombia
- Clemencia Arango Restrepo
- Comunicadora Social,
- Universidad Jorge Tadeo Lozano.
- Postgrado en Crítica del Arte,
- Univeridad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.
- Curadora Asistente, Museo de Arte Moderno de Bogotá.
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- Carolina Cárdenas.
- Fotografía de Sergio Trujillo M., 1934
| "Comprendía el arte con la misma intensidad que el afecto de amigo. Sus formas frágiles pasaban por el mundo a la vista de los mortales sin rozar la superficie del planeta. Daban la sensación de lo inmaterial e inasequible", escribió Baldomero Sanín Cano con motivo de su muerte inoportuna. -
Un halo de misterio ha rodeado desde entonces la figura de Carolina Cárdenas. Con el tiempo se ha convertido en leyenda, pues su figura se recorta incierta tras la inteligencia, el talento y la sensibilidad artística, que resalta una sencillez inquebrantable. Murió a los 33 años, luego de sembrar profundas inquietudes entre sus contemporáneos, por tratarse de un ser admirablemente extraño para su época. Pero aunque su fallecimiento causo una honda conmoción, su obra permaneció por décadas en el olvido. -
Sólo en 1997, cuando se realizó la exposición "Colombia en el umbral de la modernidad" en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, se revaloró su obra. Pertenece ella a la generación que gestó el arte moderno en el país y que permaneció olvidada durante cincuenta años. Fue recuperada, con varios de sus contemporáneos, en el estudio de Alvaro Medina El arte colombiano en los años veinte y treinta. - Mercado.
- Dibujo de Carolina Cárdenas, 1936.
- 13.5 x 14.5 cm. Colección particular, Bogotá.
| Carolina Cárdenas nació en Bogotá en 1903, en un siglo que arrancaba en medio del desangre ocasionado por la guerra de los Mil Días. No obstante, una década después, por contraste, se respiraba una atmósfera de optimismo, en que predominaban los deseos de prosperidad y desarrollo industrial y económico. El país entraba en una nueva etapa, evidenciada en cambios elocuentes como el uso del tranvía en Bogotá, la generalización de los automóviles a gasolina, la expansión de redes de luz eléctrica, los teatros y el cine. -
Carolina era la hija mayor de Marta Núñez de Cárdenas y de Germán Cárdenas Arboleda, oriundos de Popayán. Su hermano menor fue Jorge Cárdenas. Muy niña, sus abuelos José María Núñez Uricoechea y Susana Pizano Elbers la llevaron a vivir a Londres, donde él había sido nombrado cónsul, y allí adelantó sus estudios de primaria y bachillerato. -
Regresó de Europa con el encanto de los "años locos", e ingresó en 1928 a la Escuela de Bellas Artes, dirigida entonces por Roberto Pizano. Se rodeó de intelectuales, poetas, bohemios y artistas, que se encantaban con su dulzura y simpatía, al tiempo que se desentendía de las murmuraciones de gentes que se escandalizaban porque en la Escuela de Bellas Artes se dibujaba a partir de un modelo desnudo. -
Entre sus compañeros de estudio se contaban Josefina Abarracín (futura esposa de Ramón Barba), Hena Rodríguez y Sergio Trujillo Magnenat, con quien entabló una muy cercana amistad y con quien realizó diversos trabajos de experimentación estética, a lo largo de ocho años. Entre sus profesores estaba Domingo Moreno Otero, con quien, además de otros, solían salir a pintar al aire libre los paisajes de la Sabana. Su talento fue pronto reconocido. Cuando el rector de la Escuela de Bellas Artes, Roberto Pizano, instituyó los concursos estudiantiles de fin de año, el nombre de Carolina Cárdenas figuró entre los premiados del año 28, junto a los de Sergio Trujillo Mangenat, Hena Rodríguez y Marco Ospina. Todos ellos ocuparían posteriormente un destacado lugar en la historia de la plástica del siglo XX en el país. -
El maestro Francisco A. Cano, profesor y amigo, realizó varios retratos de Carolina, de los cuales se conservan dos en el Museo Nacional de Colombia. "Fue en casa del maestro Cano -escribió Luis Eduerdo Nieto Caballero- donde tuvimos el privilegio de escuchar sus conceptos en materias artísticas, expresados con la misma naturalidad con que otras [mujeres] hablan de modas o cine, y fue allá donde pudimos tener la visión objetiva, si por las manifestaciones se pudieran precisar los sentimientos, de su delicadeza, su bondad, su sencillez, su dulzura, en la devoción por el gran viejo, que agonizaba como un titán, de cara a Dios y al dolor". | - Carolina Cárdenas.
- Oleo de Francisco Antonio Cano, 1930.
- 97 x 72 cm. Museo nacional de Colombia
| Como parte de la modernidad que comenzaba a gestarse en las décadas del veinte y del treinta, se manifestó el interés que demostraron varias figuras de esa generación por una renovación en las expresiones artísticas. Apareció entonces un escultor como Rómulo Rozo, con sus temas nacionalistas y la búsqueda de nuestras raíces, lo que llevó a la creación del grupo Bachué. Se prefirieron los motivos referentes al hombre que representara una raza, al trabajador, al campesino, y fue notoria la influencia del muralismo mexicano. Fueron también los años en que se vivió el desplome económico mundial. Aunque la familia de Carolina pertenecía a la clase privilegiada, y ella fue una de las pocas muchachas educadas en Europa, la crisis alcanzó a repercutir duramente en el bienestar de sus allegados. Sobrevino la quiebra, y los extensos terrenos de la hacienda Tres Esquinas, localizada en Usaquén, fueron hipotecados, y sólo más tarde la familia recuperó algo de sus antiguas pertenencias. -
Por ello, en 1932 y 1933, cuando Colombia enfrentaba el conflicto con el Perú, Carolina se vio precisada a trabajar como secretaria en la Sección de Provisiones del Ministerio de Guerra, localizado en el Palacio Echeverry. Allí conoció a la escritora Elisa Mújica, con quien entabló una profunda amistad. Algunos años más tarde, la escritora dedicaría su primera novela, Los dos tiempos, a Carolina y uno de sus capítulos contaría con nombres ficticios su historia. Habla de su viaje a Europa, su ingreso a la Escuela de Bellas Artes, su corto matrimonio y la súbita muerte. -
Carolina se casó en 1932 con Jaime Jaramilllo Arango, un prestigioso médico que había sido ministro de Salud durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera. El matrimonio duró dos semanas. De ese fracaso, sólo se sabe que Carolina fue a hablar con monseñor Ismael Perdomo, arzobispo primado, y acordaron que se volvería a la casa de sus padres. Obviamente el hecho ocasionó todo tipo de murmuraciones en la estrecha ciudad. - Rostro femenino.
- Gouache de Carolina Cárdenas.
- Colección particular, Bogotá
| Los artistas contemporáneos de Carolina no se limitaron a la pintura y la escultura; la necesidad de trabajar para mejorar sus ingresos económicos los llevó también a ocuparse de la arquitectura, del diseño gráfico y la publicidad. Esta generación se caracterizó por los numerosos dibujos que realizaron, en muchos casos como ilustraciones para poemas o artículos publicados en revistas y periódicos. El dibujo dejó de ser un medio auxiliar de la pintura, un simple boceto, para convertirse en una obra en sí misma, una obra acabada. De Carolina Cárdenas se conservan centenares de dibujos con un trazo firme y sintético, en los que predominan los motivos de maternidades y mujeres. Sobre ellos, Alvaro Medina afirma: "Sobresale por su maestría Carolina Cárdenas, cuya obra había permanecido oculta hasta hoy. Un trazo seguro, nítido y cortante hiende el papel blanco. Se diría que Carolina Cárdenas no dudaba nunca, ni siquiera al definir el valor de cada línea y calibrarla con relación a las demás. La voluptuosidad de la curva domina y crea silencios expresivos. El suyo es un procedimiento que compartió, como tantas otras experiencias de la investigación estética, con Sergio Trujillo Magnenat". | Conjuntamente con su hermano y con Trujillo Magnenat solían realizar trabajos experimentales de fotografía, para los cuales hacían dibujos preparatorios y hasta tuvieron el ingenio de emplear alambres de magnesio a manera de flash. En muchas de estas fotografías aparecen sus diseños de cerámica. -
Otro de los medios de expresión artística surgidos en ese momento fue precisamente la cerámica. Diseñar y modelar la arcilla, una tradición que se remota a las culturas precolombinas, no era usual en el medio cultural y menos entre las mujeres, que se ocupaban generalmente de pintar solamente flores y paisajes. Se conocen algunos pocos antecedentes en ese campo, como las propuestas de Pepe Mexía y Débora Arango, en 1930, en Medellín, cuando pintaron platos y baldosines. La mayor producción de objetos de cerámica la adelantó Carolina Cárdenas junto a Sergio Trujillo, entre 1932 y 1933. Moldearon jarrones, candelabros, teteras, mujeres, botellas y otros elementos figurativos en cerámica de superficie lisa y brillante, en los cuales se percibe una gran influencia deco. Para adelantar su trabajo utilizaron los hornos de la fábrica de tubos de gres Mayólica, que operaba en Bogotá. -
Carolina y Sergio Trujillo organizaron la primera exposición de cerámica artística que se conoce en el país. La inauguración tuvo lugar el 6 de febrero de 1936 en la Sociedad Colombiana de Ingenieros y fue promovida por Jorge Zalamea, ministro de Educación Nacional, como una manera de dar a conocer el trabajo de la artista antes de su partida a España, donde le había sido otorgada un beca del gobierno nacional para perfeccionar sus conocimientos en esta técnica. En la muestra también fueron expuestos tejidos "suaty" de María Brigard de Trujillo y dibujos decorativos de Sergio Trujillo. La muestra reunió vasos, teteras, candelabros y lámparas, con un diseño que deslumbró en su época y suscitó múltiples comentarios de la prensa. Se la calificaba como una nueva industria artística que nacía en el país. Los periódicos la comparaban con objetos exóticos que venían del extranjero y destacaban "su modernidad y buen gusto". El historiador Alvaro Medina afirma al respecto: "En todo su sentido, esta exposición fue un producto de la revaloración exitosa que la Bauhaus había introducido en las artes aplicadas, situándolas en un terreno que llevó a destacados arquitectos y pintores a interesarse en la estética de los objetos de uso cotidiano". | Dibujo publicitario de Carolina Cárdenas para los cigarrillos Pierrot. |  | Carolina Cárdenas murió, aparentemente de meningitis, el 6 de abril de 1936. La enfermedad fue implacable. Una semana antes, cuando pasaba cerca al consultorio de su ex esposo, el médico Jaime Jaramillo, al desplomarse en la calle la llevaron de urgencia a ese despacho para que le diera auxilio. Desde entonces él no se separó de ella y la cuidó hasta el último minuto. La agonía transcurrió en medio de la angustiosa incapacidad de médicos y familiares que intentaban conseguir penicilina, una droga cuyo uso no se había generalizado todavía. Trujillo Magnenat se encargó de la búsquedad del nuevo medicamento, con la esperanza de ayudar a la recuperación de Carolina. Ella le había dedicado en 1935 su libro Toi e moi, con ilustraciones en tinta china y dorado, de influencia deco. En varias oportunidades le tomó fotografías, le hizo dibujos y en 1936 le pintaría esa gran obra que se titula La muerte y la doncella. -
Su desaparición conmovió profundamente a la sociedad bogotana, no solamente por su atractiva personalidad, sino por su encanto y su idea de transformar la vida en arte. "Sus triunfos fueron las victorias del arte en sus más dignas aspiraciones. Con ella vencía la inteligencia, se imponían las artes y desaparecía la rivalidad entre camaradas. En nuestra memoria durará el recuerdo de su muerte como una de las más firmes y prometedoras esperanzas del arte colombiano frustrada por un destino incomprensible y ciego", escribió Sanín Cano. -
BIBLIOGRAFÍA "Colombia en el umbral de la modernidad". Museo de Arte Moderno de Bogotá, noviembre-diciembre 1997. Texto: Alvaro Medina. MEDINA, ALVARO. El arte colombiano de los años veinte y treinta. Bogotá: Premios Nacionales de Colcultura, 1995. MUJICA, ELISA. Los dos tiempos. Bogotá: Iquema, 1949. SANIN CANO, BALDOMERO; SERGIO TRUJILLO MAGENAT; JORGE ZALAMEA y otros. "Carolina Cárdenas". El Tiempo (abril 19 de 1936). TRUJILLO MAGNENAT, SERGIO. "Carolina Cárdenas". Revista Pan; Nº 7 (abril 1936), |