Emilio Murillo: Gruta Simbólica y nacionalismo musical

Por: Cortés, Jaime

 

Revista Credencial Historia


DICIEMBRE 1999.

   
 

Emilio Murillo
Gruta Simbólica y nacionalismo musical.

Por: Jaime Cortés.

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Diciembre 1999. No. 120

 
 

Emilio Murillo,
Archivo particular de Leopoldo Murillo, Bogotá

"Junio". Partitura para violín y viola.
Colección del compositor.

 

 

 
 

 

La acogida de ideologías nacionalistas en el ámbito musical de los años veinte y treinta estimuló el proceso creativo de una generación de compositores e intérpretes que estuvieron estrechamente ligados al cultivo del repertorio musical popular colombiano. El músico bogotano Emilio Murillo, nacido en 1880, asumió la defensa y divulgación de dicho repertorio y llegó a convertirse en una figura paradigmática de este género de música en la primera mitad del siglo XX.

Una primera época del compositor se caracteriza por obras que siguen los cánones de la música de salón popular europea, es decir, el cultivo del repertorio de valses, mazurcas, polkas y otras danzas. Sin embargo, desde finales del siglo XIX había iniciado la publicación de piezas pertenecientes a los géneros colombianos, a través de la prensa y en hojas sueltas. Murillo participó como intérprete de piano y flauta en la actividad literaria y musical de la Gruta Simbólica en las primeras décadas del siglo XX. Allí se intensificó su interés por el bambuco y el pasillo, reanimado posteriormente por el ambiente cultural, muy proclive a exaltar la identidad nacional.

En los Pasillos (serie de aproximadamente treinta, identificados sólo con su número), Murillo realiza un despliegue virtuosístico en el piano, y allí pone de manifiesto intenciones de corte "academizante". Sin embargo, su legado musical más conocido se condesa en los bambucos cantados Canoíta, El trapiche, La cabaña y El guatecano, títulos muy recordados hasta los años ochenta.

Entre 1906 y 1910 el trabajo musical de Murillo se concentró en el afianzamiento de su propio conjunto, la Estudiantina Nacional. Con apoyo oficial, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910 viajó a Nueva York y grabó el Himno Nacional y música del repertorio popular colombiano. Fue uno de los primeros músicos --si no el primero-- en emprender grabaciones de este repertorio, y sus empeños por difundir su obra y la de otros compositores lo llevaron a contemplar la posibilidad de ser pionero e importar una máquina de grabación para establecer la industria discográfica en Colombia, proyecto que jamás pudo llevar a cabo.

En 1929 viajó junto con un nutrido grupo de artistas e intelectuales a participar en la Exposición Internacional de Sevilla, en donde efectuó nuevas grabaciones, esta vez en el denominado Disco de la raza, en un clima intelectual colombiano decididamente hispanizante. A su regreso, Murillo se benefició de las bondades que ofrecieron las nacientes emisoras de radio a partir de los años treinta.

Con el apoyo de varios músicos e intelectuales, algunos de ellos antiguos contertulios de la Gruta Simbólica, contribuyó a consolidar, junto con Isabel Farreras, una valiosa labor de difusión musical con la publicación de 226 partituras de compositores colombianos en las páginas del periódico bogotano Mundo al Día. La obra musical de Murillo y sus proyectos culturales que buscaron con vehemencia la idea de una Música Nacional tuvieron un gran impacto en la sociedad colombiana, incluso tras su muerte en Bogotá, el 8 de agosto de 1942.

 

 

 

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