Revolución de los comuneros

Por: Pérez Silva, Vicente

Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 240
DICIEMBRE DE 2009

     

Sobre el autor: Vicente Pérez Silva. Abogado, Universidad del Cauca. Escritor e investigador. Miembro de la Academia de Historia de Nariño.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 240

DICIEMBRE de 2009

En vísperas de la conmemoración de nuestra gesta de independencia, es preciso hacer memoria del acontecimiento que tuvo lugar hace más de dos centurias de años, conocido con el nombre de Revolución de los Comuneros. Suceso antecedente que, luego de tres siglos de dominación, se encaminó al logro de la independencia del Nuevo Reino de Granada de la Corona española. Fue el camino de la lucha hacia la libertad y la independencia, ideales que, como lo vamos a ver, abrigaron las gentes del común.

Con motivo de dicho acontecimiento, se impone recordar este episodio medular en el transcurso de nuestro devenir histórico; suceso que ha sido objeto de tantas investigaciones e interpretaciones, apreciaciones y equivocaciones, aclaraciones y rectificaciones. Sin que falten, desde luego, las contradicciones, inexactitudes y divergencias sobre algunos aspectos de este acontecer que, de todas maneras, marca un hito de singular importancia y trascendencia en el desenvolvimiento social, económico y político de aquel entonces.

No es para menos que esto ocurriera, mayormente, si tenemos en cuenta el cúmulo de fuentes, primarias y secundarias, con que cuenta un episodio de semejantes repercusiones. Con decir que, en relación con los documentos originales de los llamados comuneros, en la Biblioteca Nacional de Colombia reposan XVIII tomos. Conviene recordar que el tomo XIX, último de esta colección, fue sustraído de dicha biblioteca hace algunos años y fue vendido a la Universidad de Indiana, en Bloomington, donde se encuentra. De este hecho reprochable dimos cuenta en 1981, con motivo del bicentenario de la Revolución de los Comuneros, que con tanta difusión y solemnidad celebramos.

Conviene agregar que entre los referidos documentos se halla un considerable número de cartas, informes, declaraciones, oficios, comunicaciones, códices y trámites de diversa índole; algunos de los cuales aparecen en la obra Prolegómenos de la independencia, tomados del Archivo del General Miranda; y, otros dados a conocer, principalmente, por los historiadores Manuel Briceño y Pablo E. Cárdenas Acosta, en sus obras, Los comuneros. Historia de la insurrección de 1781; y, Del vasallaje a la insurrección de los comuneros, el movimiento comunal de 1781 en el Nuevo Reino de Granada (en dos volúmenes) y, Los comuneros (reivindicaciones históricas y juicios críticos documentalmente justificados), respectivamente.

Además de los historiadores antes nombrados, no son pocos los que se han ocupado y preocupado, con suma acuciosidad y responsabilidad investigativa, por el tema de los comuneros del siglo XVIII. Entre otros, hemos de traer los nombres de Germán Arciniegas, Horacio Rodríguez Plata, Armando Gómez Latorre, Luis Torres Almeyda y Enrique Caballero. Y no son escasos los artículos y ensayos del mismo tema divulgados, desde lejanos tiempos, en diversas publicaciones periódicas en nuestro país y en el exterior.

Cabe señalar, así mismo, que la Revolución de los Comuneros y su caudillo José Antonio Galán, no solamente han dado base para la investigación histórica, económica, política y sociológica; para la divulgación y especulación de copiosos documentos, sino que también han dado pie para la fantasía y la creación artística en sus diversas manifestaciones literarias: novela, teatro y poesía. El documento, la tradición, la leyenda, la inspiración popular y la poesía, nos refieren lo que fue este acontecimiento y lo que fue y representó Galán en su desarrollo. En este aspecto la producción es tan fecunda como apasionante e ilustrativa. EL VISITADOR GUTIERREZ DE PIÑERES: A GRAVAR TODO

En el ámbito de un tema de tanta extensión e intensidad como es el de los comuneros, nos limitamos a señalar algunos episodios antecedentes, concomitantes y consecuentes. Novedosos señalamientos que corresponden en su fidelidad e integridad a las descripciones que aparecen en el curioso documento que tiene por título Noticia de la Conmoción popular ocurrida en el Nuevo Reino de Granada i su capital de Santafé, i de otras incidencias en el asunto. Año de 1871. Documento de carácter anónimo e inédito, hasta donde llegan nuestros conocimientos; al final del cual leemos esta anotación: “ esta copia, con destino a la Biblioteca del señor J.M. (José María) Quijano Otero se terminó hoy 20 de noviembre de 1861 ”; copia que conservamos de la colección COMUNEROS de la Biblioteca Nacional.

Se trata de una trama apasionante que apareja datos curiosos e ignorados, en los que nos es dado apreciar la naturalidad y espontaneidad en el relato que desenvuelve la acción, el sentido y el alcance de la nombrada, indistintamente, conmoción popular, rebelión, sublevación, insurrección, alzamiento, turbulencia, “ torbellino de la sedición o expedición de los comunes ”. Denominaciones que, en últimas, configuran la discutida y generalizada expresión Revolución de los Comuneros. Expresión aceptada y sustentada por la mayoría de nuestros historiadores. Sea como fuere, su único protagonista es el pueblo, compuesto en este caso por campesinos, indígenas, gentes de color, labriegos, mineros, artesanos y arrieros. Es decir, una manifestación eminentemente popular. Así se llamen sus integrantes amotinados, insurgentes, tumultuantes; en una palabra, comuneros. En otros términos, todo en aras de una comunidad anhelante de ser liberada de los excesivos gravámenes que pesaban sobre ella. De aquí la acertada expresión que refleja la crueldad del régimen tributario de entonces, causa que motivó la sublevación: “ Todo está gravado: el capital y la renta, la industria y el suelo, la vida y la muerte, el pan y el hambre, la alegría y el duelo… ”.

En cumplimiento de sus misión, el Regente Visitador General Juan Bautista Gutiérrez de Piñeres pone en ejecución la Real Orden del 17 de agosto de 1780, “ con motivo de las urgencias de la guerra (entre España e Inglaterra) se aumenta en 2 reales cada libra de tabaco y otros 2 al azumbre (medida de líquidos) de aguardiente ” y con tal ordenamiento también se acrecentó el porcentaje de las alcabalas. Para este cometido, el Regente expide una Instrucción general para el más exacto y arreglado manejo de las reales rentas de Alcabala y Armada de Barlovento.

Desde luego, la reacción a esta determinación no se hizo esperar, ocurriendo así lo que era de esperarse: la inconformidad y la exaltación de ánimos que llevaron al común a la protesta y de mano, a las vías de hecho, tal como ocurrió, en el Socorro, el día 16 de marzo de 1781; cuando Manuela Beltrán, a la cabeza de los amotinados, en un gesto de sin igual valentía, arranca y destruye el Edicto que se había fijado en una tabla a un lado de la puerta de la Recaudación de Alcabala, contigua al portal de la residencia del Alcalde ordinario. De este modo había estallado la insurrección comunera, con todas sus incidencias y consecuencias.

Cabe recordar que, algunos años más tarde y en diverso escenario pero ante igual o peor opresión, otra Manuela admirable, Manuela Cumbal, en los albores del siglo XIX, cuando el Cura Párroco de Guaitarilla daba lectura al decreto de “ recudimiento de diezmos ”, sube al altar y le arrebata a éste dicho documento. Con esta altiva actitud las comunidades indígenas de Túquerres, Guaitarilla y Sapuyes, habían emprendido la insurrección conocida con el nombre de Los Clavijos. Los gravámenes habían llegado a tal extremo, que se cobraban impuestos “ por el humo, por el agua y por el sueño ”.

Al comienzo de la referida Noticia de la Conmoción … leemos lo siguiente:

Oíanse en este tiempo con notable publicidad y punible decantamiento las sediciones promovidas en el interior del Perú, hasta las que sustentó en las provincias cercanas al Cuzco el indio que se nombró José Gabriel Tupac-Amaro [sic], aparentándose descendiente de los Incas poseedores en la gentilidad de aquel vasto imperio…

A esto fue dando su fomento la malicia, y desbocándose la plebe al auxilio de la libre crítica (cuando por la falta de constancia no se concedan otros impulsos), vinieron a ser promovidos precisamente los que menos se esperaban; cuales fueron los habitantes de la Villa del Socorro y de San Gil, y varios lugares de su pertenencia dependientes del Corregimiento de Tunjar [sic]…

Como es sabido, el movimiento del inca Tupac- Amaru en el Virreinato de Lima, tuvo gran influencia en la sublevación del Socorro y sus pueblos aledaños; y aún con repercusión en lugares más apartados. No de otra manera se explica que en Santo Domingo de Silos, en la Provincia de Pamplona, durante el levantamiento del 14 de junio, el pueblo exclamaba en voz alta: “ que viva el Rey de Inga y muera el Rey de España ”.

Aún más, la mencionada noticia de la conmoción popular nos da cuenta y razón de esta ocurrencia:

Y como en este tiempo iba transmigrando el alboroto de unos lugares a otros, llamándose aún en distancia socorreños todos los malvados, que en otros lugares querían promover la iniquidad y bastaba una corta cuadrilla de estos o verdaderos socorreños para terror de los pueblos más flexibles, cundiendo hasta los llanos, donde se fomentó otro separado alboroto por un tal Mendoza, que se tituló apoderado y lugarteniente del indio Tupac-Amaro [sic] en el Perú, principiando por la excusación de tributos (pues en este reino no tienen pretexto de repartición a los corregidores, que no los hay formales) y siguiendo con los sagrados objetos de la Religión, haciendo cerrar la puertas de las iglesias para que no celebrasen oficios cuyo torrente como tocó los límites de la Provincia de Caracas, y no seguido tan generalmente por los pueblos, fue allí desecha con 600 hombres, que mandaron de Caracas y Maracaibo, y no tuvieron qué hacer; pues sólo con su inmediación, huyendo los motores quedaron los pueblos quietos a satisfacción de las justicias, aunque la tropa permanece en su inmediación por respeto, creyéndose por algunos antecedentes, que esta trama fue urdida desde el año de 1778 aunque no se han dicho las causas…

VIVA EL REY Y MUERA EL MAL GOBIERNO

¡Muera el Rey de España! ”, fue el grito que estremeció el ánimo de los comuneros inconformes. Fue el grito abierto y categórico de estos enterados lugareños, que difiere radicalmente de aquel otro cuyo eco resonaba, de manera simultánea, en todos los confines donde había prendido la insurrección (Pamplona, Neiva, Pasto, El Guarne, en la provincia de Antioquia): “ ¡Viva el Rey y muera el mal gobierno! ” Grito diverso que, sin embargo, unía a todos los comuneros en un solo propósito y los encaminaba hacia una misma meta: alcanzar la liberación y la independencia. De aquí, la expresión que, en uno de los informes de la Real Audiencia al Rey, en cuanto se concreta a la actuación de Juan Francisco Berbeo, capitán general de los comuneros, dice que “ no lo hacía por faltar a la obediencia y reconocimiento de alta Vuestra Majestad, sino por buscar la libertad en las opresiones … ”.

A lo anterior cabe agregar otra de las inocultables intenciones en el ánimo de los comuneros:

… Y después los primeros movimientos del Socorro, su sublevación, siendo uno de sus principales objetos sobre los asuntos de Rentas, trascendentales en todos; la expulsión de los españoles que había en el partido, poniendo también los sublevados horca en público y sentenciando por pasquines o papeles dirigidos a varias personas, sin que a la contención bastase haberse ofrecido a las justicias los dichos españoles con sus caudales, personas y armas, que no fueron admitidos con el pretexto que no era tiempo; y por tanto, se vieron precisados a abandonarlo todo después que los que se sonaban levantados les estrecharon el término de tres días para la salida; pero su insolencia se apagó bajo de coloridos luego que se certificaron de que iba porción de tropa de Cartagena, caminando el río Magdalena…

TODOS A SANTAFE

Cumplido el brote inicial de aquel turbulento 16 de marzo, día de mercado por más señas, vienen los ataques a las autoridades. La iracunda explosión de la muchedumbre en contra del régimen tributario y la opresión se hace incontenible. Hacen pública manifestación de no pagar más impuestos. Y surge la consigna de encaminarse a la capital de Virreinato para alcanzar sus objetivos. Al frente de los amotinados se hallan Isidro Molina, José Antonio Delgadillo, Ignacio Ardila, el zarco, Roque Cristancho, Pablo Ardila, el cojo, y Miguel Uribe, conocidos con el nombre de los Magnates de la Plazuela o los plazoleros. Como jefes del alzamiento y con el título de capitanes generales nombraron a Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata, Antonio Monsalve y Diego de Ardila. Como secretario actúa Josef Ignacio de Ardila. Berbeo, nombra a Isidro Molina, su favorito, Capitán de Volantes.

El historiador Pablo E. Cárdenas Acosta nos pone en conocimiento de que Berbeo estuvo “ escoltado siempre por los Ardilas, magnates de la plazuela, y de esta manera hizo temibles sus resoluciones ”. Y a renglón seguido dispara este interrogante que nos pone sobre ascuas respecto al final de tamaño emprendimiento: “ ¿No se infiere que toda esta tramoya de sublevación se hizo de acuerdo entre Berbeo y los Ardilas? ”. A esta “ tramoya ” corresponde toda la actuación del Capitán General, justamente calificado de traidor. Según aparece descrito en el documento al cual hemos hecho mención, Berbeo era “ un hombre de corta representación, natural del partido, que vivía de traficar algunos géneros de la tierra, bajo de corto crédito entre algunos mercaderes de Honda, que le habilitaban sus negociaciones de 500 a 600 pesos, y nunca tuvo oficio en aquella pobre República… ”.

Ha comenzado el tránsito de los comuneros armados de “c huzos, sables, espadas, palos, piedras, y las muy pocas de fuego, no pasaban de pistolas que no lo daban ni ellos hacían ánimo de matar con ellas… ”. Luego de la suerte alcanzada en Puente Real, a donde habían llegado los comisionados de la Real Audiencia de Santafé, con el fin de que “ les contuviesen la idea de seguir a la capital ”, sin obtener eco a sus peticiones, prosiguieron su marcha hacia Zipaquirá, epicentro en donde tuvo lugar la propuesta, conversaciones y final resultado de las famosas Capitulaciones , redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juan Bautista de Vargas, delegados de la ciudad de Tunja; texto al cual Berbeo y don Jorge Lozano de Peralta hicieron algunas modificaciones. Precisa recordar que de sus 35 puntos, 25 se concretan a la supresión y reducción de tributos; 8 se refieren a cuestiones administrativas y los 2 restantes, aunque discriminatorios, son de aspecto político: que los criollos ricos tengan acceso a los cargos públicos y que se les permita mantener milicias comuneras. Fue tanto el alcance de semejantes pretensiones que algún autor considera que “ las Capitulaciones de Zipaquirá valen más para el derecho público colombiano que los Derechos del Hombre traducidos por don Antonio Nariño ”.

LAS CAPITULACIONES TRAICIONADAS

Acerca de este suceso, conviene veamos la descripción que se hace en la citada Noticia de la Conmoción… :

Siguiéronse en Zipaquirá las diligencias de aveniencia con aquella insolente turba, que lo que era en un acto, dejaba de ser en el siguiente… Después se vio allanarse aquellas gentes a no pasar a levantar a Santa Fé (eran sus palabras) con tal, de que por parte de aquella ciudad fuesen al campo el Contador Mayor y más antiguo del Tribunal de Cuentas Don Francisco Vergara, Don Ignacio Arce, jubilado en el mismo empleo y con sueldo entero (que no fue por su avanzada edad y dio su poder al primero), el Marquez de San Jorge Don Jorge Lozano, y los abogados Santa María (que después ha muerto) y Vélez, para que con títulos de capitanes por aquella ciudad entrasen a conferencias de capitulaciones, y se pudiese con tal motivo decir: que aquella Junta era representativa de todo el Reino, como se cumplió; y con acuerdo de todos se representaron a los señores Comisionados en 5 de junio las solicitudes más indecorosas, que se habrán visto de los más insolentes vasallos, entendidas en una representación hecha a la Real Audiencia a nombre de Don Juan Francisco Berbeo titulándose capitán General Comandante de las ciudades, villas, parroquias y pueblos que por comunidades componen la mayor parte del Reino, y a nombre de las demás restantes, por quienes prestó voz y caución en 35 capítulos cuyo tenor aunque tan inicuo, presenta a la vista el juicio de no ser producidos por gente inculta, ni en la angustia y desorden de una sublevación; las que se acompañaron a la letra.

Y prosigue el escrito de dicha Noticia de la conmoción… :

Estas Capitulaciones fueron remitidas por los señores Comisionados a la Real Audiencia, que las devolvió, para que procurando moderar su monstruosidad, obrasen con todas las facultades de la Junta que después confirmarían lo que aprobasen; y ejecutando así, sin dar lugar la turba en el campo a moderación, se vieron en la precisión de devolverlas para aprobación a la Junta, que la dio jurada la noche del 7, y los Comisionados también las juraron en acto solemne, en la misa que celebró el Ilustrísimo señor Arzobispo el día 8; salvando la Junta su hecho con una protesta de violencia, y después el día 15 expresando la Junta haberse logrado la pacificación y retiro del numeroso ejército acampado en Zipaquirá, admitidas y aprobadas, acordaron su publicación solemne en la capital, y que sin pérdida de tiempo se remitiesen testimonios íntegros a todos los Cabildos, Cabeceras de Provincia para su publicación, de todo lo cual dieron cuenta al Excelentísimo señor Virrey, que con dictamen del señor Visitador General no sólo la resolvió, sino que contraordenó su cumplimiento…

Y más adelante:

Luego que en Santa Fé se publicaron las capitulaciones, pasó Berbeo y otros de su jaez a tratar allí sus negocios relativos; y solicitó al Ilustrísimo señor Arzobispo pasase personalmente como misionero a enmendar la vida relajada de los socorreños y ponerlos en orden. Vino en ello S.S. Ilustrísima llevando cuatro religiosos.

Solicitaron los principales, siempre con los mayores esfuerzos hacer creer al Excelentísimo señor Virrey su inculpabilidad en el tumulto, y que si habían aceptado sus empleos y destinos era por libertarse de los efectos rabiosos de los pueblos que les amenazaban y para estar a la mano de ellos y contenerlos en los desordenes, que precisamente causarían; y en efecto a algún fiel vasallo lo tuvieron con cadena por no haber aceptado el empleo de capitán. El señor Virrey exhortaba a lo mejor, pidiéronle varias gracias; fue siempre benigno en el perdón, que ratificó últimamente con otras mercedes a socorreños; y entre ellas la siembra de tabacos. El señor Arzobispo hacía de medianero y para tener más a mano su piedad, lo obligaron mantener en el partido a fuerza de ruegos; y yéndose serenando todos los resultados de la sublevación parece se dio la última mano con la prisión de Galán… pero lograda la captura de éste por vecinos del mismo Socorro por armas y llevado a Santa Fé, se le siguió la causa de sus delitos con los demás cómplices; y aunque promovió el artículo de aprovecharse de los indultos, no fue atendido y pagó sus delitos atroces en un patíbulo con otros cuatro [sic] de sus compañeros… (Los condenados, además de Galán, fueron Isidro Molina, Lorenzo Alcantuz y Manuel Ortiz, condena que se cumplió en la plaza principal de Santafé el 1º de febrero de 1782).

A la postre, entre las sombras de la noche del 7 de junio, como un fantasma y tal como se había previsto, aparece la funesta Acta secreta del Real Acuerdo contra las Capitulaciones, mediante la cual se pone “ por separado de la aprobación, para que de ningún modo conste a aquellas gentes y que con este motivo se embarace el restablecimiento de la quietud pública”.

De esta manera, no obstante haberlas proclamado y jurado solemnemente, las Capitulaciones de marras habían sido burladas con el mayor descaro y las fuerzas del común, en número considerable, a un paso de la capital, habían sido objeto de la más inaudita e imperdonable traición.

Sobra decir que, estas breves páginas, apenas constituyen un asomo de todo cuanto es pertinente decir en torno a un acontecimiento de tan considerables proporciones y proyecciones en el concierto de nuestro discurrir histórico.

De las incidencias transcritas, con respeto de los diversos criterios sobre el tema, podemos concluir que, además de sacudirse del yugo tributario que los agobiaba, los comuneros que se levantaron a lo largo y ancho de nuestro territorio, lo hicieron con el ánimo y el convencimiento de lograr la liberación y la independencia de la Corona española. Palmario antecedente de la gesta emancipadora de 1810.

BIBLIOGRAFÍA

Arciniegas, Germán. Los comuneros. Editorial Pluma, Bogotá, 1980.

Aguilera Peña, Mario. Los comuneros: Guerra social y lucha anticolonial. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1985.

Caballero, Enrique. Incienso y pólvora: Comuneros y precursores. Editorial Pluma, Bogotá, 1980.

Cárdenas Acosta, Pablo E. El movimiento comunal de 1781 en el Nuevo Reino de Granada. Editorial Kelly, Bogotá, 1960.

Gómez Latorre, Armando. Enfoque social de la revolución comunera. Colcultura, Bogotá, 1973.

Phelan, John Leddy. El pueblo y el Rey: la revolución comunera en Colombia 1781. Carlos Valencia editor, Bogotá, 1981.

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Rodríguez Plata, Horacio. “Los comuneros”. Curso superior de historia de Colombia. Editorial ABC, Bogotá, 1950.

Torres Almeyda, Luis. La rebelión de Galán, el comunero. Bucaramanga, 1961.

 


Retrato de José Celestino Mutis
Tomado de: Manuel Briceño. Centenario de los Comuneros. Impreso por Silvestre y Compañía, Bogotá, 1881. Dibujo de Alberto Urdaneta.


Virrey Pedro Messía de la Cerda
Tomado de: Manuel Briceño. Centenario de los Comuneros. Impreso por Silvestre y Compañía, Bogotá, 1881. Dibujo de Alberto Urdaneta.

José Celestino Mutis. Óleo sobre tela de Pablo Antonio García del Campo. Ca. 1805.
Martirio de Galán óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1957. Museo Nacional de Colombia. Reg. 3114.

Láminas de la Expedición Botánica
Palabras del cura Raymundo Azero luego de la ejecución de los líderes comuneros, 1 de febrero de 1781. El texto tiene 55 páginas y es considerado como el primer libro impreso en Colombia.

     

 


 

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