Fiestas estatales en Colombia. Las celebraciones cívicas en el siglo XIX

Por: González Perez, Marcos

Marcos González Pérez
Licenciado en Historia, Universidad La Gran Colombia, Bogotá.
Magister en Historia, Universidad de la Sorbona, París.
Doctor en Historia, Universidad de París VIII.
Profesor, Investigador y Coordinador de la Maestría de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias Humanas, Universidad Distrital, Bogotá.  

Entre las fiestas estatales realizadas en la capital de la actual Colombia encuentran, en el periodo republicano las fiestas patrióticas, que hacen referencia a imaginarios como la patria, el patriotismo, el héroe o las victorias militares independentistas y las fiestas republicanas, en las cuales la puesta en escena de emblemas busca construir sensibilidades de pertenencia a un determinado régimen político. 

FIESTAS ESTATALES EN COLOMBIA
Las celebraciones cívicas en el siglo XIX

Entrada triunfal de Bolivar, Santander y Anzoátegui en Bogotá,
el 18 de septiembre de 1819, en la celebración de la victoria de
Boyacá. Oleo de Ignacio Castillo de cervantes.
Sociedad Bolivariana de Colombia, Bogotá.

Fiesta patriótica: el 20 de Julio

El 20 de julio de 1810, firma del Acta de la Revolución en Santafé, aparece como una forma-ruptura con el orden establecido, por cuanto se fundamenta en una motivación diferenciada del ámbito monárquico, consagrándose como un acto fundador en la mítica patriótica. La plaza mayor pasa, de la celebración de la jura de los monarcas al juramento por la "libertad de este reino". Visiones propias de la dirigencia criolla en Santafé y de su concepción de nación del momento: se habla de libertad, pero también de lealtad al rey; se cuestiona la legitimidad del gobierno al que se antepone el supremo gobierno y se discute la relación libertad-independencia. Poco a poco, las figuras reales empiezan a desplazarse en el imaginario para dar lugar a las causas de nuevo tipo: representación, soberanía del pueblo, supremo gobierno, felicidad pública, voluntad del pueblo, libertad de la patria, patriotismo, junta, constitución, revolución, pueblo soberano. Es claro que varios de los elementos de tradición se mantienen: "derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada religión católica, apostólica, romana, y nuestro amadísimo monarca Fernando VII"; pero también se señala "la libertad de la patria y la voluntad del pueblo" como uno de los nuevos lenguajes que ingresan al imaginario.

 

 

Celebración patriótica en la plaza de Bolivar, Bogotá, 1875. Grabado de Edouard Riou. «Voyage a la Nouvelle Grénade», París, 1877. Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.
Desfile del Centenario de la Independencia en Bucaramanga. Fotografía de Quintilio Gavassa, 1910. Colección particular, Bucaramanga.
La multitud adquiere una nueva significación en el contexto del levantamiento por la designación de un propio supremo gobierno. Se le llama "el pueblo", que aclama y viva a sus representantes, o el "público", que exige en los "términos más claros, terminantes y decisivos" la instalación de la junta suprema. Es un verdadero momento liminar en la cotidianidad de Santafé. La plaza, antes dispuesta para la jura, la procesión y el Te Deum, es ahora escenario de la participación política popular, que sin embargo queda atrapada en el ambiguo discurso de los dirigentes, cuyos intereses no sobrepasaban las fronteras de ser reino de España a través de la consigna: "¡Viva la Junta Suprema de Santafé!". No obstante queda explícito, en el Acta, que la desobediencia a la soberana voluntad del pueblo, elemento clave de la modernidad política, sería elevada a la categoría de delito de lesa majestad y alta traición. El pueblo, la multitud, el público, la representación de los derechos del pueblo, o la soberanía popular, abandona en este día su papel de espectador y se consagra con su participación en actor de primer orden, en una especie de fiesta de la unanimidad.

El triunfo

El triunfo es la celebración más representativa de las festividades patrióticas de la independencia de la Nueva Granada, sellada con el triunfo militar obtenido en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Convocada en Santafé de Bogotá por la Asamblea de la Provincia de Cundinamarca para el 18 de septiembre del mismo año, la celebración del Triunfo rindió homenaje de gratitud y reconocimiento a los participantes en la gesta independentista.

El ceremonial se inició con un desfile encabezado por cuatro clarines, ocho batidores y los porteros del Ayuntamiento y la Corte de Justicia. Los particulares y personas notables marchaban luego, formando dos alas por el centro de las calles. Después de este brillante cortejo se descubría al "Exmo. Señor Presidente Simón Bolívar, en medio de los dos Señores Generales de División José Anzoátegui y Francisco de Paula Santander, rodeados de los Secretarios del Estado Mayor General y de los Edecanes". Cerraban la marcha los cuerpos militares formados en columnas. A la atmósfera de marcialidad y solemnidad creada por los trajes, los caballos y el orden jerárquico del séquito, se unían la música y la lentitud de los movimientos. Los arcos triunfales, ornados de colores blanco, rojo, amarillo, azul y tricolor, se distribuían a lo largo del paseo para que por ellos transitaran los héroes guerreros. Desde los balcones, las damas arrojaban flores al paso del cortejo, y esta acción las introducía en la escena de la festividad. El recorrido, iniciado en San Diego, iba hasta la plaza mayor pasando por el convento de Santa Clara y por el de San Agustín. Una vez en la plaza mayor, el Libertador fue conducido a la catedral, donde fue recibido por el prelado eclesiástico y su cabildo, junto con el clero, los rectores de la Universidad y de los dos Colegios, los prelados de las cinco órdenes de religiosos de la ciudad y los síndicos de los monasterios de religiosas. "Se oyeron un solemne Te Deum y otras preces de acción de gracias".

Concluido el acto litúrgico se retornó a la plaza mayor, en donde en una especie de gran anfiteatro, arreglado con estatuas que representaban el valor, la piedad, la constancia y la libertad, se llevó a cabo el acto discursivo del reconocimiento a los vencedores a través de la entrega de la "corona de laurel y las cruces consagradas a los señores generales". El instituir la condecoración de la Cruz de Boyacá en honor de los vencedores, es también el reconocimiento de la trascendencia que la creación de tal simbología tiene para perpetuar en el tiempo y en la memoria de los hombres las gestas heroicas. En general, la disposición de los adornos de las calles y la plaza denotaban el advenimiento de nuevos elementos simbólicos en representación de un imaginario relacionado con la victoria y el poder. Es el sistema de simbolos que permite sentar las bases de una nueva legitimidad, en la cual se advierte igualmente la consolidación de otra jerarquía: la militar. El centro de interés se ha desplazado de la entidad monárquica hacia el culto a los héroes, buscando con estas manifestaciones reafirmar en la población el patriotismo y la fe en los valores del nuevo orden político creado. 

         

 
 
 
 
 

La fiesta de los artesanos


La llegada al poder presidencial de José Hilario López el 7 de marzo de 1849, auspiciado por las asociaciones de artesanos, convirtió esta fecha en un motivo de regocijo y de fiesta para sus adeptos. Desde 1851 apareció en los calendarios festivos de Bogotá, fecha en la cual las asociaciones Republicana y Democrática efectuaban sus reuniones solemnes y época en que la consigna de la extinción total de la esclavitud y el derecho de asociación y de libertad de prensa se convirtieron en punto central de los bandos de fiesta. Con la ley de 21 de mayo de 1851 el gobierno de J. H. López decretó la abolición de la esclavitud y ordenó su cumplimiento definitivo a partir del primero de enero del año siguiente.

 

Ejecutivo del 7 de marzo de 1849: Francisco Javier Zaldúa, Victoriano Paredes,
el presidente José Hilario López, Manuel Murillo Toro y Tomás Herrera.
Grabado Anónimo. Museo Nacional de Colombia, Bogotá.
 

En 1852, fue festejado ese primero de enero en casi toda la República con actos solemnes para dar cumplimiento a la ley sobre libertad de esclavos. En Bogotá, en Medellín, en Panamá, en Cartagena, en todas las localidades importantes fueron imponentes y lucidas las ceremonias acordadas, en las cuales jugaron papel predominante las sociedades democráticas. El programa acordado de las festividades, que se repitieron en varias localidades, incluía vísperas con iluminación general y música, como actos preliminares. Se celebró la aurora con repiques de campanas, alborada de música y salvas de artillería. Hubo misa y Te Deum, actos a que asistieron los funcionarios públicos, empleados, corporaciones y las asociaciones democráticas. Luego, en la plaza central de cada localidad, la junta de manumisión iba declarando libres a cada uno de los esclavos, acontecimiento revestido de las consignas de libertad, igualdad y fraternidad (ver "Las fiestas de abolición de la esclavitud", de Beatriz Castro, Credencial Historia Nº 59, noviembre 1994).

La Sociedad Democrática de Bogotá organizó en 1854 la conmemoración del 7 de marzo "con un paseo campestre, al cual concurren el ciudadano jeneral López, muchas personas notables, i más de mil i trescientos miembros de la sociedad". Coreando las consignas de "¡Viva la Patria!, ¡Viva la Libertad!, ¡Viva la Igualdad!, ¡Viva el Congreso!, ¡Viva el Siete de Marzo de 1849!, celebraron lo que consideraban era el "día de su propio triunfo". El discurso hizo mención al triunfo de la libertad, "cimentando el sagrado principio de la igualdad i de la fraternidad," y se hizo referencia al hecho de que éste se había obtenido "sin invocar el santo nombre de Jesús para engañar a las masas," en clara controversia con los llamados de las cofradías para apoyar al partido conservador.

 «El 7 de marzo entre dos juicios».Caricatura de Ramón Torres Méndez. «Los Matachines Ilustrados» Nº 4, marzo 30 de 1855. Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.

Los artesanos, desengañados de los gobiernos de J. H. López y José María Obando por la ausencia de medidas económicas proteccionistas y de un mayor respaldo social, y como principales animadores de una nueva concepción republicana, apoyaron poco después el golpe de estado del 17 de abril de 1854, encabezado por el general José María Melo, lo que provocó la organización del "primer frente nacional" contra la dictadura, hasta derrotarla militarmente a finales de 1854.

Fiesta del radicalismo

Durante la época del radicalismo se manifiestan las tendencias sostenidas por el romanticismo liberal para crear formas alegóricas en la representación de la concepción republicana. Es aprovechada, en 1872, la conmemoración oficial del 20 de Julio, para poner en escena el imaginario de república liberal. En una carroza alegórica, nueve adolescentes ataviadas de blanco y coronadas de flores representaban los Estados de Antioquía, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima, que conformaban los Estados Unidos de Colombia.

 

 

Alegoría de los nueve Estados de la Unión. Fotografía anónima, 1872. Archivo de la Fotografía en Colombia, Museo de Arte Moderno, Bogotá.

Se representó así la forma alegórica femenina del Estado, sublimado con el blanco de los vestidos y las guirnaldas que portaba cada una de las jóvenes como símbolo de la fiesta republicana. Es en esta conmemoración de 1872, durante el segundo gobierno de Manuel Murillo Toro, cuando se celebran con mayor pompa y representatividad los aniversarios de la independencia. Es la apoteosis del sentido republicano en la escenificación de unos imaginarios que se manifiestan en los actos ceremoniales, en los nombres de las calles de la ciudad, en la ornamentación de la misma y en la composición del desfile. A ello se aunó la simbólica de la República, ya que "desde muy temprano se vio el pabellón nacional flotando en los edificios públicos y en las casas particulares".

Cada uno de los sitios más importantes de la ciudad por donde pasó el desfile fue adornado con monumentos que representaban a los Estados de la Unión, como un homenaje a uno de los principios radicales: la Federación. Representaciones del heroísmo en el monumento de Antioquia, colocado en la esquina del Club Americano, "hecho todo de lama con la estatua del general Córdoba sobre una vistosa y elevada columna"; una fortaleza en el del Estado de Bolívar; el de Boyacá, entre las calles 2ª y 3ª de la carrera de Neiva, lo formó una gran columna con la estatua de la libertad en el pináculo; el del Cauca, en la esquina de La Capuchina, representó a la América vencedora de España; aquélla tiene en una mano el cuerno de la abundancia y en la otra el pabellón nacional, y ésta se simboliza por un león destrozado; el de Cundinamarca, frente al colegio de La Merced, es una columna sobre la cual se destacaba la gallarda figura del general Nariño; el de Magdalena es otra columna muy elevada adornada con banderas; el de Panamá, un arco con la estatua ecuestre del Libertador y figurando en uno de los lados el istmo de aquel nombre". El desfile, en el que participaron las diversas asociaciones existentes en la capital, al lado de los funcionarios civiles, el cuerpo diplomático, la universidad, los colegios públicos y privados y el prelado de la arquidiócesis, recorrió "en una inmensa procesión cívica" una ciudad en la cual las calles se habían rebautizado con los nombres de las batallas que dieron gloria militar a los ejércitos libertadores [...] "las carreras del Norte, Neiva, Boyacá, Pichincha, Palacé y Bonza, hasta llegar a la plaza de los Mártires"

Es ese el sentido de otra tendencia de la época: el interés por recuperar espacios que permanecen dedicados a la simbolización religiosa y que buscan el rebautismo de los lugares de memoria. Es la secularización de los espacios urbanos en Bogotá, como reflejo de las disputas, tanto políticas como ideológicas, entre los sectores del radicalismo y la Iglesia, en lo que se ha considerado como la política de un segundo liberalismo decimonónico.


En 1879 se oficializó por decreto la conmemoración de la batalla de Boyacá, con la colocación de la primera piedra para el monumento que se levantaría en la plaza de los Mártires de Bogotá, fecha en la cual "los cuerpos de la guarnición ejecutaron un despejo en la plaza de Bolívar y los alumnos de las escuelas entonaron himnos patrióticos".

Obelisco de la plaza de los Mártires. Tarjeta postal 1948. Centro de Estudios de Arquitectura y Medio Ambiente, Bogotá.

El monumento, inaugurado en 1880, es un obelisco apoyado en un basamento de piedra que tiene en cada uno de sus extremos unas estatuas representativas de "la Gloria, la Justicia, la Paz y la Libertad".

Resacralización republicana: fiesta de la Regeneración

Esta fiesta conmemoró el IV Centenario del Descubrimiento de América y simbolizó un sentimiento de nostalgia por el legado de España, representado fundamentalmente en la religión católica, la lengua y las costumbres. El saludo de la fiesta lo constituyó una salva de veintiún cañonazos y repique general de campanas, en una ciudad que apareció engalanada con banderas, arcos y festones de flores, haciendo marco a la exposición permanente del Santísimo Sacramento en todos los templos.

En la fiesta colonial se observaba un transcurrir que va de lo sagrado a lo profano. El regocijo público, en consecuencia, servía de punto final a la celebración. Por el contrario, en la fiesta del IV Centenario, ésta se inició y se culminó con actividades religiosas. Los protagonistas de la ceremonia fueron las autoridades y las instituciones, tanto civiles y militares como religiosas. En la secuencia se situó la bendición de las primeras piedras de los dos monumentos que se erigirían en honor de Cristóbal Colón e Isabel la Católica. El discurso central correspondió al ministro de España "en representación de la Madre Patria" y para solemnizar el evento se distribuyeron medallas conmemorativas: "de oro para Su Santidad León XIII, los Soberanos de España e Italia, Presidente y Vicepresidente de la República, los Jefes de las naciones de América, y el Duque de Veraguas, descendiente del Gran Almirante, y además, de plata y de bronce para ser obsequiadas en la capital y en los departamentos". A este acto solemne le sucedió "una procesión cívica" acompañada de catorce carros alegóricos que representaban aspectos de la vida de Colón. Para concluir la jornada se realizó una "suntuosa ceremonia en la Iglesia Catedral con un sermón del presbítero Dr. Rafael M. Carrasquilla", el abanderado contra el modernismo al que califico de "herejía", y un solemne Te Deum en acción de gracias en el que se impartió la bendición al ejército y al pueblo congregados en la plaza de Bolívar. Es el tiempo de la resacralización de unos valores que reafirman las características de la sociedad tradicional.

La fiesta partidaria

A finales del siglo se vuelve a retomar el elemento del triunfo, aunque en el contexto de las guerras partidistas por el poder del Estado. Proclamada la Constitución de 1886 y vencidos políticamente los liberales, éstos realizaron una serie de levantamientos armados que dieron ocasión a los partidarios del gobierno para escenificar la ritualización de la victoria militar. En el recibimiento que se organizó en 1895 en Bogotá al general Rafael Reyes, vencedor a nombre del gobierno en las batallas de Enciso y La Tribuna contra el alzamiento liberal, la prensa conservadora la reseñó como un acontecimiento sólo comparable al que se ofreció a Bolívar en 1819. Rafael Reyes, quien descendió en la estación del tren de la Sabana el sábado 27 de abril, "coronado como un Apolo, con los laureles del triunfo", en abierta apología a la victoria de la legitimidad del gobierno, fue recibido bajo arcos triunfales, a semejanza de los napoleónicos, que expresaban el sentido semiológico que se quería dar al Estado en los años de dominio conservador.

Arco de triunfo en la Calle Real de Bogotá, conmemorativo de la batalla de Enciso y en honor al general Rafael Reyes. Fotografía de Henri Louis Duperly, 1895. Colección particular, Bogotá.

La apoteosis fue reseñada haciendo referencia a los imaginarios de Libertad, escenificados en "las bellas niñas que representaban los nueve departamentos; cada una de ellas ostentando un gracioso gorro de terciopelo rojo [...] en remembranza del gorro frigio" y a los de Victoria, Gloria y Paz, que sirven de complemento a la exaltación partidaria de un imaginario político, que deja la impresión de una involución hacia las épocas primarias de construcción de la nación colombiana.
 

 

Título: Fiestas estatales en Colombia. Las celebraciones cívicas en el siglo XIX


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