Fiestas religiosas y romerías. El abigarrado mundo de las devociones populares en Colombia

Por: Ocampo Lopez, Javier

Sobre Javier Ocampo López. Doctor en Historia, El Colegio de México. Especialidad en Historia de las Ideas Latinoaméricanas, Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro de Número, Academia Colombiana de Historia y Academia Colombiana de la Lengua. Profesor, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja.


















Romería. Acuarela de Alfonso Ramírez Fajardo, 1948. 31,5 cm x 34 cm.
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.

 

  Desde los siglos del coloniaje hispánico, Colombia ha sido un país de fiestas religiosas y romerías populares, que son la expresión de la religiosidad de un pueblo que se formó con la influencia de España, adalid del catolicismo en el mundo. En ellas se manifiestan la devoción religiosa, las ceremonias rituales, las procesiones, las romerías de peregrinos, el alborozo colectivo, las diversiones populares y las actividades económico-religiosas.

Estas fiestas responden a una necesidad profunda de los pueblos por expresar la devoción religiosa y la alegría de las gentes con su sentimiento de acercamiento al mundo espiritual. Una actitud de unión al Ser Supremo, a los santos y a los hechos religiosos de permanente vigencia y que se recuerdan en días especiales que se convierten en fiestas y romerías.

Algunas devociones cristianas fueron introducidas en Hispanoamérica por las comunidades religiosas: la Virgen del Rosario por los dominicos, San Francisco de Asís y la Navidad por los franciscanos, la Candelaria por los agustinos, la Virgen del Carmen por las carmelitas, el Corazón de Jesús por los jesuitas. En la segunda mitad del siglo XVI se generalizó la fiesta del Corpus Christi, la más solemne del año litúrgico y la máxima expresión de la religiosidad del pueblo católico. Alcanzó gran suntuosidad desde el Concilio de Trento (1545-1563), como una manifestación de la catolicidad y como símbolo de España, el poder imperial en el mundo. Se consideró fundamental la defensa y propagación de las doctrinas eucarísticas y la necesidad de manifestar públicamente la fe y las alegrías cristianas a través de las danzas del Corpus y de los célebres "autos sacramentales". Se hicieron famosas las danzas de los seises como acto de adoración ante la eucaristía, y las figuras de monstruos y gigantes como símbolos figurativos de Cristo, vencedor sobre la muerte, el pecado, el mundo y el infierno.

En la época colonial, la procesión del Corpus Christi era muy solemne en Santafé, Tunja, Popayán, Pamplona, Mompóx, Cartagena, Santa Marta, Pasto y otros pueblos del Nuevo Reino de Granada. En ella salían los más altos dignatarios civiles y eclesiásticos y los diversos sectores de la sociedad. Los altares que se arreglaban en las esquinas de la plaza principal eran ricamente elaborados por los gremios de mercaderes, los artesanos o los miembros de determinados oficios. Representaban escenas bíblicas con diversas figuras, arreglos con trigales, racimos de uvas, barcas, e inclusive seres mitológicos. En Tunja los indios chibchas salían por parcialidades e interpretaban sus correspondientes danzas del Corpus y de las cintas, con avances, retrocesos y golpes con garrotes en el suelo, al son de flautas y tambores.

Procesión de Corpus en Bogotá. Fotografías de Henry Duperly, ca. 1895 y 1905

Procesión del Corpus Christi en la Calle Real de Bogotá. Fotografía de Henry Duperly, 1895. Historia de la fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá.

 

Las romerías marianas

Son la expresión más auténtica de la religiosidad popular. En ella los peregrinos visitan los santuarios, después de hacer las promesas o "mandas" como garantía, si se obtienen las gracias que se piden. En la Edad Media europea, "la romería" era la peregrinación de los cristianos a Roma, la ciudad santa. En España fueron muy generalizadas las romerías en todos los pueblos y aldeas; la más importante es la de Santiago, el santo patrono, que se realiza en Compostela el 25 de julio. Alrededor del Camino de Santiago surgieron muchas poblaciones y toda una organización religiosa y socio-económica.

Las romerías fueron surgiendo alrededor de leyendas milagrosas. En unos casos, aparece la Virgen en una cueva, como la Morenita de Güicán, que adoraban los indios tunebos en la cueva de La Cuchumba, en la sierra nevada de Güicán o del Cocuy. En la cueva, en una roca de la margen occidental del río Guáitara en Ipiales (Nariño), apareció la imagen de la Virgen del Rosario de Las Lajas a la hija de la india María Mueces de quiñones. La Virgen de la "O" de Morcá apareció en una cueva cerca de Sogamoso.

En otros casos se hace la renovación del cuadro, como la Virgen de Chiquinquirá, cuyo lienzo pintado en Tunja por el artista Alonso Narvaéz, a petición del encomendero de Sutamarchán don Antonio de Santana, con el tiempo perdió los colores y la imagen quedó en penumbra. En la casa de María Ramos, el cuadro se renovó milagrosamente en la Navidad de 1586, año en que se inició la romería a la Virgen de Chiquinquirá, coronada en el siglo XX como patrona de Colombia. El lienzo de Nuestra Señora de Bochica se renovó en Ubaque a principios del siglo XVIII; pertenecía al indio chibcha Sacabuche. Nuestra Señora del Socorro de Guaca (Santander) se renovó a finales del siglo XVI. La Virgen del Refugio en Tunja se renovó en el convento de los dominicos, en una tabla en que se trasladaban los platos de los alimentos; cuando se renovó completamente, fue trasladada a la iglesia de Santo Domingo y declarada años después patrona de Tunja. También se renovó Mamá Linda en el convento del Carmen de Villa de Leiva, en 1835.

Otras leyendas señalan la aparición de la Virgen en ríos, quebradas o lagunas. Tales son los casos de la Virgen de la Pobreza en el río Otún de la antigua Cartago, la Virgen de las Angustias de Labateca (Norte de Santander), encontrada en el río Bochagá por María Berbesí y su esposo Francisco, a finales del siglo XVI. La Virgen de la Piedra, que se venera en Medellín, fue encontrada en la quebrada de La Jabonosa en Puerto Nare, por una mujer lavandera. Nuestra Señora de la Consolación, que se venera en Toro (Valle), fue encontrada en un cofre en el río Yarania en el Chocó. Nuestra Señora de Belén, de Salazar de las Palmas, fue encontrada por la india Catalina en el pozo de una quebrada.

Leyendas marianas de aparición de la Virgen esculpida en piedra las encontramos en la devoción de la Virgen de la Piedra de Barichara, hallada por una campesino en el siglo XVIII y llevada a una ermita en 1751. Nuestra Señora del Campo, patrona de Santafé de Bogotá, fue tallada en piedra por el escultor Juan Cabrera, quien la dejó sin terminar; por ello fue utilizada como piedra principal en un puente, pero ante los continuos resplandores de la imagen fue llevada por los franciscanos a la iglesia de San Diego para su devoción. Nuestra Señora de la Peña apareció en los cerros orientales de Bogotá en agosto de 1695; fue esculpida e iluminada con bellos colores por el artista andaluz Pedro Laboria.

En otros casos, aparece el lienzo de la Virgen en determinados lugares o en árboles. El lienzo de la Virgen del Amparo de Chinavita fue encontrado en una guadua en el convento franciscano de Tunja; dicho lienzo se renovó en 1824. La Virgen del Milagro, patrona de la arquidiócesis de Tunja, apareció en un lienzo en 1628 y con una visión celestial a las monjas concepcionistas en su convento de Tunja. La Virgen de Torcoroma, patrona de Ocaña, apareció en un árbol gigantesco, en uno de sus astillones, en 1711; fue encontrada por Cristóbal de Melo y sus hijos Felipe y José. La Virgen de Coloya de Lérida (Tolima) fue encontrada en un totumo, de donde salían resplandores. Numerosos cuadros fueron donados por encomenderos en las doctrinas de evangelización y venerados por los indígenas, españoles y negros esclavos. Señalamos la Virgen de Otengá, la Virgen del Rosario de Tutasá, que el Libertador Simón Bolívar llamó la Virgen de los Tiestecitos en la batalla del Pantano de Vargas, y otras.

En Cartagena se venera la Virgen de la Candelaria en el convento de La Popa, desde el siglo XVII, allí se reunían y danzaban los negros esclavos y grupos de indios al ritmo de la cumbia, que desde entonces se conoció en Colombia. En el Tolima se realizó la romería a Virgen del Carmen de Apicalá; en Monguí, a la Virgen de Monguí, patrona del departamento de Boyacá. En Pasto, a la Virgen de las Mercedes, llamada "Michita Linda" y "Gobernadora", patrona de las tropas realistas en la guerra de Independencia. En Rionegro se venera a Nuestra Señora del Rosario de Arma; a la Virgen de Atocha en Barbacoas; a la Niña María en Caloto; a la Virgen de Cumbitara en el Patía, y así muchas otras.

Los romeros o promeseros rinden a la Virgen su homeNaje de gratitud. Hacen las mandas o promesas, asisten con devoción a las misas, ceremonias rituales y procesiones, y expresan su alegría en las fiestas populares con bandas de músicos, juegos de pólvora, danzas, cantos, comidas típicas y la alegría de la romería. En cada región se manifiestan las diversas formas de creencias populares y las costumbres típicas.

Son muy significativas en la religiosidad popular de Colombia, destacando las fiestas al Señor de los Milagros de Buga, el Señor de los Milagros de Túquerres, el de Cununubá, el de Sátivasur, el Señor Caido de Monserrate y el de Girardota (Antioquia), el Cristo de Sibundoy, el Cristo de Zaragoza y el Señor de la Columna en Tunja, entre otros.

El Señor de los Milagros en Buga ha sido venerado desde el siglo XVII. Cuando en 1605 se intentó quemar su imagen, ocurrió el fenómeno del sudor; desde entonces se han hecho rogativas en su santuario llamado de La Paz. El Señor Caído de Monserrate estuvo presente en difíciles momentos de las guerras civiles en el siglo XIX; era llevado en procesión por las calles de Bogotá; fue esculpido en el siglo XVII por el artista Pedro de Lugo Albarracín. Nariño lo nombró generalísimo del ejército para defensa los santafereños durante el sitio de los federalistas.

En el pueblo de Cununubá (Cundinamarca) se venera la imagen del Divino Salvador, que fue encontrado por los feligreses cuando estaba sudando. En Zaragoza (Antioquia) se venera el Santo Cristo que vino en una caja procedente de Mompox en forma extraña y milagrosa. En los últimos años, en el barrio capitalino del 20 de Julio se venera al milagroso Niño Jesús, cuya devoción se extendió en Colombia desde 1907, auspiciada por la comunidad salesiana; es la más multitudinaria en Bogotá y muy generalizada en el país.

Fiestas de santos patronos

Son muy populares en Colombia, en los pueblos, aldeas y veredas, destacando entre ellos: San Francisco de Asís en Quibdó, a quien los chocoanos le piden la fecundidad; San Antonio de Arma, que según sus devotos no se dejó trasladar a Rionegro y recorre los campos de Arma y Aguadas, apareciendo con frecuencia salpicado de pantano. San Ramón en El Espino (Boyacá), San Juan en Miraflores, San Blas en Saboyá, San Bartolomé en Males (Nariño). En Cartagena se venera a San Pedro Claver, el Apóstol de los Negros, quien hizo allí su labor evangelizadora entre los esclavos. En numerosos pueblos se celebran las fiestas a San Isidro Labrador, patrono de los agricultores; los campesinos acostumbran adornar su altar o "huerta de San Isidro" para exponer los mejores frutos de sus cosechas.

En Colombia son muy populares las fiestas de San Juan el 24 de junio y de San Pedro el 29 de junio, especialmente en Tolima y Huila. Las noches de la víspera de San Juan son de misterio y superstición; sus símbolos son el fuego, que representa el sol abrasador, y el agua, que refresca y prepara el nuevo brote. Antiguamente los opitas hacían el baño ritual en el río Magdalena en las horas de la madrugada. La fiesta se iniciaba cuando un joven apuesto y locuaz llegaba en una balsa por el río; las gentes hacían la algarabía, pues había llegado San Juan, e iniciaban la fiesta, que continuaba sin interrupción hasta el día de San Pedro, cuando una cabalgata culminaba el ritual con la descabellada del gallo colgado, en memoria del apóstol que negó tres veces al Señor.

El pueblo colombiano es religioso y festivo, como así lo manifiestan las numerosas romerías y fiestas populares. En ellas se expresa también un rito de identidad nacional, en el cual el pueblo refleja la cultura autóctona, las tradiciones, creencias. música, danzas, artesanías, trajes y demás aspectos de su mundo socio-cultural.

 

 

Fiestas del Corpus Christi en la catedral de Bogotá. Grabado de La Corte, 1870

Procesión del domingo de Pascua en Popayán. Grabado de Charles Laplante sobre dibujo de Edouard Riou. Charles Saffray, "Vollage a la Nouvelle Granade", 1877.

Misa del Centenario de la Independencia en el atrio de la catedral primada. Bogotá, julio 20 de 1910. Colección Carlos Vélez.

BIBLIOGRAFÍA 

MESANZA Y CORNEJO, FRAY A., O.P. Célebres imágenes y santuarios de Nuestra Señora en Colombia. Bogotá: Editorial Cromos, 1921.

MESANZA Y CORNEJO, FRAY A., O.P. Historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Bogotá: Editorial Centro, 1942.

MORA DIAZ, FRAY. Historia de los santuarios marianos en Colombia. Bogotá: Talleres Gráficos Mundo al Día, 1945.

OCAMPO LOPEZ, JAVIER. Las fiestas y el folclor en Colombia. Bogotá: El Ancora, 1995.

REYES MANOSALVA, EUTIMIO. Fe, mito y folclor de las romerías boyacenses. Bogotá: Editorial ABC, 1987. 

Título: Fiestas religiosas y romerías. El abigarrado mundo de las devociones populares en Colombia


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