Agustín Codazzi, militar y aventurero

Por: Caballero, Beatriz

AGUSTIN CODAZZI, MILITAR Y AVENTURERO

Beatriz Caballero. Revista Credencial Historia (Bogotá - Colombia), febrero - agosto, 1993. Nos. 38-44

Portada del "Atlas físico y político de Venezuela", de Agustín Codazzi. Dibujo de Carmelo Fernandez, grabado por Thierry, París, 1840.

Se echó un rollo de telas al hombro con la idea de ir a cambiarlas por trigo en Odessa, Rusia. Lo de comerciante le venía por parte de padre: don Doménico negociaba en sedas. Pero su travesía en el Mediterráneo y luego por el Egeo y el Adriático fue un rosario de naufragios. Escampó en Elba, donde ya había estado Napoleón desterrado, y en la Itaca de Ulises, viviendo de pintar casas. Llegó a Constantinopla, donde terminó trabajando en una casa de juego, encargado de manejar la talla. Allí encontró a Constante Ferrari, de Módena, con quien hizo juramento de "tener una sola bolsa y una sola voluntad". Juntos hicieron un larguísimo recorrido por Europa, que empezó por el canal del Bósforo en un "sacoleva" (velero en forma de medialuna para pescar esponjas) y siguió en carreta por Grecia, Moravia, Valaquia, Rusia, Polonia, Prusia, Suecia, Dinamarca y Holanda. Por una noticia de periódico se enteró de una expedición que se estaba organizando para las Indias Orientales, Amsterdam era el punto de partida. Cuando llegaron, el barco de su expedición había zarpado hacía dos días. Trataron en vano de alcanzarlo, pero como en el puerto había otro que iba a salir para Norteamérica, embarcaron en él con tres mil emigrantes holandeses y suizos.

Mientras Codazzi cruzaba el Atlántico, Bolívar estaba en Haití buscando el apoyo de Pétion... En Baltimore estaba fondeado Agustín Gustavo Villeret, contralmirante de la Armada venezolana, aprovisionándose de armamento, víveres y hombres para la revolución. Codazzi y Ferrari se alistaron en la expedición a bordo del América Libre, un brick de guerra con 22 cañones, y marineros que llevaban las palabras "O vencer o morir" en sus gorras. Pero en vez de dirigirse a la isla de Margarita, como estaba previsto, hicieron escala frente a Florida, en la isla Amelia, donde mandaba Aury, el famoso "corsario" que colaboraba con la emancipación de México y que los insurgentes habían nombrado gobernador de Texas. Allí permanecieron hasta fines de 1817, cuando Estados Unidos ocupó la isla.

Desilusionado, Aury enrumbó velas hacia el sur hicieron la travesía por el Atlántico y llegaron a Buenos Aires casi al tiempo con un emisario de Bolívar, que solicitaba refuerzos a San Martín. Pero como éste se encontraba en el Perú, Puyrredón, el director supremo de las Provincias Unidas (Argentina y Chile), decidió enviar a Aury ("acogido con gran distinción por haber salvado los restos de dos nacientes y casi desaparecidas repúblicas como Cartagena y México") en busca de Bolívar. Bordearon toda la costa, sobrepasaron la línea del Ecuador y el Orinoco, y cuando llegaron a Margarita, el gobernador Arismendi les sugirió seguir en busca de Brion, que era el almirante de la Armada venezolana. Una antigua rivalidad entre los dos jefes hizo imposible que se pusieran de acuerdo sobre la necesaria campaña del Orinoco, donde dominaba una flotilla española. Así que Aury levó anclas y enfiló velas hacia San Bartolomé, Los Cayos y Las Ranas, donde recibieron órdenes de seguir a Jamaica, viniendo finalmente a establecer fuertes en Vieja Provincia, convirtiendo la isla en plaza de armas de la revolución.

Providencia no sólo fue la primera tierra colombiana que pisó Codazzi, sino que pasó a pertenecer a Colombia gracias a su acción. Allí levantaron barracas y repararon los barcos que había destruido un huracán que duró doce días con sus noches. Adelantaron la reconstrucción de los fuertes, y Codazzi, que supo aprovechar bien sus conocimientos de ingeniería y estrategia, abrió por orden de Aury un canal para separar a Providencia de Santa Catalina. Luego fue hacia las costas de Centroamérica a buscar provisiones para la tropa y finalmente zarparon juntos. Cambiando de bandera como quien cambia de camisa para despistar al enemigo, estuvieron en Honduras, en el golfo Dulce de Guatemala, donde Codazzi "mandó con destreza y éxito la artillería durante el ataque de una de las más atrevidas expediciones de piratería"—lo cual le valió el ascenso a mayor— y así cumplieron muchos otros hechos de armas, hasta que en el asalto a un barco que iba para Cádiz se enteraron por una carta de que Bolívar ya marchaba sobre la Nueva Granada. Enrumbaron entonces hacia Kingston, deseosos de conocer cuáles eran los planes del Libertador.

Codazzi se ofreció a ir en su búsqueda. Disfrazado de vendedor ambulante, entró por el golfo del Darién pare subir por el Atrato, evitando el Magdalena, pues toda la costa atlántica estaba ocupada por españoles. Al ver desde la altura de una colina el océano Atlántico a su izquierda y el Pacífico a su derecha, pensó que allí se debería hacer un canal que comunicara los dos mares. La primera impresión que se llevó Codazzi de la selva del Atrato, espontánea, desprevenida, llena de sorpresa y emoción, y que registra en sus Memorias, es mucho más interesante y bella que la de la Comisión Corográfica, que hace por encargo, donde se vuelve frío, seco y estadístico. Aquí Codazzi hace geografía sin saberlo. Los mapitas que acompañan su diario son bocetos rápidos, de militar que necesita conocer el terreno. A Codazzi lo volvió geógrafo la vida militar, le ayudó su formación de ingeniero, pero, sobre todo, su mente abierta de viajero.

Después del azaroso paso de los Andes, el Valle del Cauca le pareció el paraíso terrenal. En Cartago, un joven revolucionario, que será quien lo haga venir años más tarde a hacer el levantamiento cartográfico de todo el territorio nacional, Tomás Cipriano de Mosquera, le proporcionó una remonta de mulas. Pasó el páramo de Quindío, pernoctó en Ibagué, atravesó el Magdalena en Guataquí, volvió a cambiar de bestias en Tocaima, subió a La Mesa y atravesó la Sabana, y en Santafé almorzó con Santander. Diplomáticamente, éste le dijo que no podría recibirlos en la flota de la Nueva Granada, por falta de recursos. Que si verdaderamente querían ayudar, se fueran hacia los puertos del Caribe, pues tomárselos era el siguiente objetivo del Libertador, después del triunfo en la batalla de Boyacá.

Codazzi volvió a Providencia con este cometido, y en compañía de Aury se dirigió a la costa por Tolú. Se encontraron con Brion, con Montilla, con Padilla, con Carrero y con Bolívar y, entre todos, lograron expulsar a los españoles y recuperar puertos y ciudades. Todos fueron ascendidos a generales y condecorados con la Orden de los Libertadores, menos Aury, a quien Bolívar no apreciaba y antes bien lo llamaba pirata y hasta lo acusó de haber querido sublevar a Brion. Codazzi ayudó al corsario a redactar su propia versión de lo sucedido en Los Cayos, en la campaña del Chocó, en la liberación del Magdalena, en el bloqueo de Cartagena y en la tome de Santa Marta, informe que ablandó a Bolívar entonces, le pidió que fuese a agitar la costa de Honduras, que seguía bajo el dominio español. Aury se volvió a su cuartel de Providencia, y Codazzi se quedó recogiendo las tropas que estaban desperdigadas por la costa. Con Ferrari fue a dar a tierra de los indios mosquitos, e hizo una expedición a Omoa, en el golfo de Honduras, salpicada de combates y de agitación política, que culminó con la proclamación de la independencia de Guatemala.

Miniatura de Victor Moscoso. Biblioteca Luis Angel Arango

De regreso a Providencia, encontraron a Aury muy grave, a consecuencia de una caída de caballo. A los seis días murió. La tropa intentó desbandarse, pero Codazzi tomó las riendas y mantuvo el orden hasta cuando llegó el ministro de Jamaica y tomó posesión de Providencia como territorio colombiano. Entonces, con el sueldo acumulado durante tres años al servicio de la independencia de América, Codazzi volvió a su actividad de negociante, siempre con su amigo Ferrari. Compraron toda clase de telas finas y sin pagar derechos de aduana fueron a venderlas a San Tomás, una de las Islas Vírgenes, de donde trajeron añil en su primer viaje y harina en el segundo, que llevaron al Chocó y cambiaron por polvo de oro. Después de sortear aventuras, encuentros con piratas y barcos enemigos, de pasar por Cuba, Jamaica y Baltimore, regresaron a Europa. Vendieron el saldo de mercancías en Amsterdam, cambiaron el polvo de oro por plata contante y sonante, y con la bolsa más o menos llena y dos esclavos que habían comprado y libertado en Provindencia, volvieron a Italia. Compraron una finca en Serrallo. Ferrari se fue a buscar más guerras o aventuras en Europa, mientras Codazzi se quedó buscándole mujer para la vuelta, cultivando la tierra, construyendo las casas de ambos y escribiendo sus Memorias. Cuenta su protagonismo en combates y hechos de guerra, pero no se engrandece, no hace méritos, no alardea... !Y aún le quedaba por emprender toda su obra de científico!.

 


    ¿De dónde salió Codazzi? ¿Por qué fue a a dar a la Nueva Granada en 1816? ¿Qué hizo para convertirse en el principal geógrafo y cartógrafo de Colombia y Venezuela? Codazzi fue soldado de Napoleón, mercader por el Mediterráneo, aventurero en la Europa central, pirata en el Caribe, mercenario de la Nueva Granada, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Venezuela y mano derecha de Páez, científico de las academias de ciencias de Europa respetado por Humboldt, y todo eso antes de organizar y dirigir la Comisión Corográfica.

    Juan Bautista Agustín Codazzi Bertoloti nació el 12 de julio de 1793 en Lugo, en la Romaña, Italia. Europa estaba en guerra. A los seis años quedó huérfano de madre. A los doce ya estaba en la escuela de Ingeniería y Artillería de Módena a los catorce, en la Academia de Guerra de Pavía y a los dieciséis se presentó de voluntario al ejército y entró al regimiento de artillería a caballo. Codazzi lo que quería era viajar. Su papá, en cambio, quería que fuera abogado. Pero pudo más la seducción de formar parte del ejercito napoleónico, que estaba forjando el Imperio. Su primera salida fue a Génova, Sicilia y Marsella. Estuvo después en las victorias de Lutzen, Bautzen y Dresde en la derrota de Leipzig en Ulm y en Mantua en la defensa de Tagliamento y el Mincio. Fue cañonero, artillero, brigadier, furrier y secretario de vestuario, del cuartel general y del Estado Mayor jefe de alojamiento, ayudante suboficial y mariscal de campo. Pero se terminó la guerra y las tropas italianas fueron licenciadas. Pasó entonces al ejército que formó Eugenio de Beauharnais, cuñado de Napoleón, con las tropas que habían vuelto de España, Rusia y Alemania después, al que organizó lord Bentick con italianos e ingleses y luego, cuando ya "la mercancía soldado" no era necesaria, Codazzi insistió en seguir la carrera militar. Sólo quedaba el ejército del Papa, pero no le ofrecieron más que la mitad del sueldo de teniente. No aceptó: él era mariscal de campo y el tren de vida de los militares era muy costoso. Tenía 22 años y lo único que sabía hacer era la guerra.

 

Título: Agustín Codazzi, militar y aventurero


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