Repaso de historia. Miguel Antonio Caro, vicepresidente

Por: Valderrama Andrade, Carlos

REPASO DE HISTORIA: MIGUEL ANTONIO CARO, VICEPRESIDENTE. Carlos Valderrama Andrade. Revista Credencial Historia (Bogotá - Colombia), Tomo III, enero-diciembre, 1992. Nos. 25-36

  • La vida de Miguel Antonio Caro discurre en Bogotá, donde nació el 10 de noviembre de 1843, en el hogar formado por el poeta y filósofo José Eusebio Caro y Blasina Tobar, y donde murió el 5 de agosto de 1909. Fundamentalmente su vida transcurrió en su ciudad de origen y en los contornos sabaneros que frecuentaba en los llamados veraneos. Sólo en una ocasión se aventuró hasta las sierras de Santander, por allá en la década del 70, pero en realidad su vida y sus actividades se concentraron al medio bogotano con proyección desde luego en la vida nacional.

    Las azarosas circunstancias en que se debatió el país en los años de la infancia y juventud de Caro, no le permitieron seguir estudios regulares. Por eso su formación fue la de un autodidacta, que supo aprovechar las enseñanzas y los libros de su abuelo matemo Miguel Tobar, y también su propio espíritu de hombre de estudio, ejemplar en todos los campos que tocó.

    Iniciado en la vida política desde temprana edad, Caro se manifestó principalmente a través del periodismo. Su periódico El Tradicionista, publicado de noviembre de 1871 a agosto de 1876, fue sin duda la palestra donde no sólo luchó por sus ideas frente al radicalismo entonces imperante, sino donde expuso los principios que tanto habían de pesar en el proceso institucional de 1885 1886.

    Hay que tener presente que Caro, hijo de uno de los fundadores del partido conservador, nunca se sintió identificado con la manera como este partido llevaba su presencia en la vida nacional. Por esto, ya en los años del Tradicionista, concibe la idea de un partido católico, que no se hizo realidad por la desconfianza que en los medios de la curia bogotana suscitaba el solo pensamiento de que los laicos pudieran tomar la vocería de la Iglesia. Años más tarde, en la década del 80, da forma con Rafael Núñez al partido nacional, que hizo posible el movimiento de la Regeneración y que abrió el camino a la Constitución de 1886, inspirada por Núñez y redactada y defendida por Caro en el Consejo Nacional de Delegatarios.

    Esta identificación con el Regenerador hizo que en el proceso electoral de 1891 1892 los dos aparecieran en la fórmula para presidente y vicepresidente de la República, asumiéndola Caro como vicepresidente encargado del poder ejecutivo, mientras Núñez permanecía en Cartagena, en su retiro de El Cabrero, con una titularidad que no ejerció. Muerto éste en septiembre de 1894, Caro terminó el periodo sin utilizar nunca el titulo de presidente, aunque de hecho lo era. Curioso caso: uno de los gobiernos más extensos que se registran en la historia del país, seis años, fue ejercido por quien nunca utilizó el titulo de presidente, sino simplemente el de vicepresidente encargado del poder ejecutivo. El respeto que Caro sintió siempre por la obra de Núñez no le permitió asumir un titulo que, en su integridad, consideraba no le pertenecía.

    La administración de Caro se inició el 7 de agosto de 1892 y terminó el 7 de agosto de 1898. No fue ciertamente un gobierno fácil y tuvo que soportar la oposición decidida no sólo de los liberales sino, aun más implacable, la de los conservadores. Liderados por Carlos Martinez Silva en Bogotá y por Marceliano Vélez en Medellín, volvían de los fervores nacionalistas a las viejas toldas de su partido que, bajo la bandera del historicismo político, quería revivir las glorias que consideraban en cierta forma traicionadas por las ideas sostenidas por Núñez y Caro en esos años de gobierno. Prácticamente a partir de 1897, la ruptura del conservatismo con Caro fue total. El liberalismo no se cita, porque de hecho se había autoeliminado: los elementos independientes de dicho partido, seguidores de Núñez, muerto éste volvieron a las filas de su partido, que como tal poco o nada contaba en ese momento.

    De los años de gobierno de Caro hay que recordar algunos hechos que lo marcaron. La agitación politica desatada en Bogotá a principios de 1893, cuando el pueblo se levantó y tuvo a la ciudad prácticamente en sus manos, en días de violentos asaltos y choques con la fuerza pública. Sólo el valor y prudencia del general Antonio Basilio Cuervo, ministro de Gobierno, lograron el retorno a la normalidad aun a costa de su vida. Caro, radicado entonces en Ubaque, no se movió de allí y puso en manos de Cuervo el problema de orden público. La bandera roja y negra de la Comuna se paseó entonces por Bogotá, como símbolo de inspiración de un movimiento que en cierta forma preludiaba brotes de inconformidad que en más de una ocasión han trastornado el proceso de nuestra vida política y social.

    Episodio candente fue la revolución de 1895, a principios de ese año, cuando fuerzas liberales se levantaron contra el gobierno. Caro llamó entonces al general Rafael Reyes y lo puso al frente de los ejércitos legitimistas. Reyes, con talento indiscutible de estratega y jefe militar, así no lo fuera de profesión, planeó una campaña relámpago que inició en La Tribuna, adelante de Facatativá, bajó al Magdalena, por él siguió hasta la Costa Atlántica y entró por allí a Santander, donde estaba el foco de la revuelta, acabando con la guerra en Enciso y devolviendo la paz al país.

    Otro episodio que hay que recordar fue el del llamado gobierno de los Cinco Días. Caro se había retirado a la hacienda de Casablanca, en Sopó, y había dejado encargado del gobierno al general Guillermo Quintero Calderón, como designado que era éste a la Presidencia.

    Quintero Calderón había tomado ya el partido de los conservadores históricos, y nombró un gabinete encabezado por Abraham Moreno, figura destacada de éstos en Antioquia. Al darse cuenta Caro de la orientación que se quería dar al gobierno, dando la espalda a los nacionalistas reasumió el mando en Sopó y puso en manos del general Manuel Casabianca, nombrado por él ministro de Gobierno y de Guerra, el trabajo de restablecer el orden, dentro de los marcos de inspiración nacionalista de su gobierno. De nuevo por mano ajena Caro restablecía la normalidad. Y hay que recordar que por esos días coincidieron en Sopó, Caro y San Ezequiel Moreno, quien venía de Casanare camino a Pasto, y quien pasó allí con su amigo unos pocos días.

    Ya en 1897 volvió a inquietar el proceso electoral, esta vez para buscar la sucesión de Caro en el gobierno. Fueron meses agitados en que se barajaron varias fórmulas, una vez descartada la posibilidad de una reelección de Caro. La baraja conservadora con los nombres de Marceliano Vélez y Guillermo Quintero Calderón, la liberal con los de Miguel Samper y Foción Soto, la nacionalista con los de Manuel Antonio Sanclemente y José Manuel Marroquín. Se impuso esta última, con los funestos resultados que se vieron: guerra de los Mil Días, golpe del 31 de julio de 1900, cuando Marroquín amarró a Sanclemente y se quedó en el poder, y la pérdida de Panamá.

    Puede resultar extraño que, tratándose de Caro, hayamos destacado su actividad política sin tocar aspectos más conocidos y tratados, como los de su actividad literaria e intelectual en general. Conviene aclarar que las acciones de Caro en el campo político son tal vez la parte más viva de su biografía. Rodeada siempre de factores polémicos, ofrecen con todo la contribución más rica a la realidad colombiana, todavía susceptibles de tenerse en cuenta como aporte invaluable al encuentro de nuestro ser nacional.

    Caro fue un hombre polifacético, que no admite ser enmarcado en una actividad muy específica. Era un un humanista en el mejor sentido del vocablo, y su obra quedará siempre como referencia forzada de lo que logró hacerse aquí. Si fuéramos a establecer un intinerario de la actividad intelectual de Caro, tal vez pudiéramos decir que nació de su interés por los problemas del lenguaje, pasó de allí a la filosofía y de ésta a la política, donde encontró campo propicio a su acción. Al margen de esto adelantó un trabajo filológico en torno a la obra de Virgilio, por él traducida y comentada (1873 1876), y cultivó el latín casi que como lengua propia, como puede comprobarse en los tres tomos que el Instituto Caro y Cuervo publicó (1947 1951).

    Pero no se agotó en esto la actividad de Caro. Rica fue su producción en el campo de la crítica literaria. Autores españoles, colombianos e hispanoamericanos ocuparon su atención destacándose entre todos estos escritos unas páginas que dedicó al Quijote, dignas de ser tenidas en cuenta. Igual cosa puede decirse de sus ensayos de interés histórico, donde descolló sin duda como un maestro de la interpretación filosófica de la historia. Un ejemplo singular es el prólogo que escribió para la edición de la Historia de Lucas Fernández de Piedrahita, donde se plantea precisamente el tema de la conquista de América, páginas que adquieren ahora especial actualidad.

    Le quedó tiempo a Caro para interesarse por temas de política internacional, de economía, de bibliotecología, y algo más: hijo de un poeta, José Eusebio, el más grande de nuestros románticos, Miguel Antonio se dejó llevar también por su propia inspiración y concibió una obra poética de corte clásico, con piezas tan notables como su oda "A la estatua del Libertador" y el soneto "Patria". Y lo más interesante es que no sólo escribió poesía en castellano sino también en latín. Quedan además sus traducciones a esta lengua de poetas que le eran especialmente entrañables. La obra escrita de Caro quedó dispersa en periódicos y revistas. Apenas publicó algunos libros: Estudio sobre el utilitarismo, Gramática latina (en colaboración con Rufino José Cuervo), Obras de Virgilio (tres tomos), Artículos y discursos, su discurso Del uso en sus relaciones con el lenguaje, Horas de amor, Poesías, Traducciones poéticas y las Poesías de Sully-Prudhomme. Muerto Caro, el gobierno nacional encargó a su hijo Víctor Eduardo la recopilación y publicación de las obras de su padre. Fue así como se publicaron ocho tomos de Obras completas (Bogotá, Imprenta Nacional,1918 1945) y tres de Obras poéticas (1928 1933). En estos volúmenes se publicaron, fuera de lo poético, los estudios literarios filológicos y gramaticales, discursos y documentos políticos, labores legislativas y estudios jurídicos.

    Posteriormente, creado el Instituto Caro y Cuervo, hace ya cincuenta años, asumió éste la labor de hacer una edición realmente completa de la obra de Caro de la cual se han publicado ya catorce tomos, los tres primeros en la colección Clásicos Colombianos (1962 1980) y otros once en la Biblioteca Colombiana (1979 1991), donde se han recogido por el momento todos sus escritos de interés filosófico, religioso y educativo la famosa Gramática de la lengua latina: sus estudios linguísticos, gramaticales y filológicos los discursos y otras intervenciones en el Senado de la República (1903 1904) los escritos sobre Andrés Bello y acerca del Libertador los estudios virgilianos (tres tomos) los constitucionales y jurídicos (dos tomos) y los escritos políticos (hasta ahora tres tomos).

    Esta en términos generales la actividad del señor Caro. Las facetas ricas de su personalidad, recta y definida, quedan manifiestas en hechos de su vida pública pero el mejor testimonio lo dan sus muchos escritos que llenan la mayor parte de su vida. Fue además un ejemplar humano de virtudes notables, que queda como testimonio de lo mejor de Colombia en el siglo pasado y principios de éste.

 

 

 

Título: Repaso de historia. Miguel Antonio Caro, vicepresidente


Comentarios () | Comente | Comparta