Julio Arboleda

Por: Zuluaga U., Francisco



JULIO ARBOLEDA
+ Noviembre 12 de 1862
Por: Francisco U. Zuluaga R.

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 37
Enero de 1993

   



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Julio Arboleda,
miniatura de Víctor Moscoso




Julio Arboleda, poeta, político y soldado, fue una figura descollante de nuestro siglo XIX. Nacido en Timbiquí el 9 de junio de 1817, fue el primogénito de una de las familias más notables de Popayán: vivió un período en el que las guerras civiles y buena parte de los destinos de la república, se decidían en dos cuadras -tal vez sólo una- de la calle de la Pamba.

En las diversas actividades en que se desempeñó fue brillante. Casi pudiera decirse que la notabilidad de sus padres. José Rafael Arboleda Arroyo y Matilde Pombo O'Donell, y de toda la familia Arboleda, lo destinaban hacia el protagonismo. Reconocido como poeta, campo en el que descolla su poema sobre Gonzalo de Oyón, el género que más ejerció fue el del panfleto político. Soldado disciplinado y siempre dispuesto a la lucha, participó, en escasos 22 años, en cuatro guerras civiles: en todas ellas se disputaba el poder, pero en todas ellas también se jugaban trasfondos políticos y religiosos. La guerra de los Supremos se había originado con la clausura de los conventos menores de Pasto. La guerra de 1851 fue auspiciada por el mismo Arboleda, entonces exiliado en el Ecuador; en ella los conservadores decían luchar contra la expulsión de los jesuitas, pero en el fondo se encontraban los intereses de terratenientes y mineros esclavistas que buscaban dar marcha atrás a las leyes sobre la libertad de los esclavos. La guerra de 1853, originada en el golpe de José María Melo, no dejaba por fuera las diferencias de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La guerra de 1860-62, aunque mezclaba diversos intereses, fue la más dura de las guerras civiles del siglo XIX, adelantada contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez y concluida para dar paso a la Constitución de Rionegro.


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Julio Arboleda en el campamento de Silvia.
Oleo de Manuel Antonio Catana, 1861.
Museo Nacional, Bogotá.


 

La participación de Arboleda en estas guerras fue diversa y, exceptuando la primera, en todas fue un soldado distinguido; en todas ellas defendió sus principios políticos inquebrantables, vinculados con los intereses de su clase y los de la Iglesia católica. No en vano, criticando a José Hilario López y caracterizando su gobierno de tiránico, decía: "1. Todo el que trata de destruir el prestigio de la religión en su patria es, o aspira a ser tirano o es sectario de la tiranía. 2. Todo el que trata de anular, por medios directos o indirectos, estas tres influencias: la del saber, la de la virtud, y la de la riqueza, es, o aspira a ser tirano o es sectario de la tiranía. 3. Todo el que trata de desacreditar las instituciones democráticas es, o aspira a ser tirano o es sectario de la tiranía". Y agrega como corolario: "La religión es uno de los fundamentos más fuertes del pueblo, ella crea, desenvuelve y determina al hombre. La destrucción de la religión conlleva la destrucción de toda razón de ser del hombre".

 

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Julio Arboleda y Sofía Mosquera y Hurtado con sus seis hijos mayores: Rafael, Beatriz,
Julián, Gonzalo, Daniel y Pedro Pablo, ca. 1854.
Museo Nacional, Bogotá.


 

Estas ideas estuvieron presentes en sus actividades políticas, ya fueran las adelantadas en la prensa o en el parlamento. Los temas políticos en donde más se destacó fueron: el debate sobre la división territorial de la república, en 1844, la multiplicación de las provincias administrativas, y la oposición cerrada a los gobiernos de José Hilario López y José María Obando, en el Misóforo y El Día. Pero quizás las expresiones políticas más patéticas y expresivas, las escribió con el seudónimo de Heldropeito en El Comercio de Lima, en 1851, cuando reflexionando sobre la situación política, económica y religiosa de Hispanoamérica, clamaba porque la unidad hispanoamericana se fundara en la sangre hispana y en la fe católica, y no se cayera en las garras del socialismo, máxima peste de la humanidad, y se instauraran la democracia y la libre empresa como salvadora de la Nueva Granada.

 

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Plato con el retrato de Julio Arboleda fabricado por Pinder Bourne en Francia,
siglo XIX. Museo Nacional.


 

Desde el punto de vista de Arboleda, en la guerra civil de 1860-62 se jugaban todos sus principios, y para él fue definitiva. Finalizando 1860, Arboleda, que se encontraba en Europa, se enteró de que por un pacto realizado entre los gobernadores de los Estados de Bolívar y Cauca, Tomás Cipriano de Mosquera se había proclamado Supremo Director de la Guerra y presidente provisorio de una confederación que aglutinaba a los Estados de Antioquia, Panamá, Cundinamarca y Boyacá. Entonces fue llamado por el gobierno de Ospina para ponerse al frente de las tropas como comandante de la campaña del sur. La dirigió brillante y exitosamente en Santa Marta, Panamá, y el 10 de agosto de 1861 tomó Popayán, después de haber sometido el sur desde Pasto hasta esta ciudad. En los meses posteriores fue obligado a retroceder hacia el sur.

El 12 de noviembre de 1862, viajaba Arboleda hacia Pasto por las montanas de Berruecos, en compañía del capitán García, Manuel Barreda y Jacinto Luna, cuando cerca al sitio del Arenal "tres de los bandidos que estaban ocultos, hicieron fuego sobre el general Arboleda y lo hirieron mortalmente [...] Las heridas del general, que son tres, las tiene en la tetilla derecha".

El cadáver fue trasladado a Popayán, donde se le dio una multitudinaria despedida. "En medio del templo y sobre una catafalco velado por ocho ninfas vestidas de duelo, en representación de los ocho Estados de la República, se colocó en una urna el corazón del Finado general, entre varios emblemas, como trofeos de sus virtudes y talentos".

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