|
|
|
|
|
Gilberto
Alzate Avendaño.
Oleo de Guillermo Camacho M.
1972
Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Bogotá.
|
|
|
|
Gilberto
Alzate Avendaño (1910-1960) fue el más grande caudillo civil del conservatismo en el
presente siglo. Habiendo irrumpido en el escenario de la política nacional un poco por
fuera de tiempo, cuando el desespero de las masas depauperadas, ocupantes de la galería
en el empobrecido escenario nacional, no alcanzaba a hacer oír voces de protesta sino
apenas tenues murmullos de larvada inconformidad, los alegatos formidables de Alzate
Avendaño en favor de un conservatismo insurgente, atrevido, no hipotecado a los
poderosos, resultaron simple alimento intelectual para jóvenes generaciones que, como
él, se frustraron en su temprana y absurda desaparición.
Pero este Alzate Avendaño,
que tuvo que gastar excesivo tiempo de su relampagueante existencia, de inesperada y
desgarradora brevedad, en echar abajo, trabajosamente, onerosamente, bravíamente, los
obstáculos que con acezante y despavorida solicitud le bastantearon los alcahuetes
personeros del miedo al cambio social, desde su tumba asiste a un trágico desquite , el
de comprobar que el país que él, Alzate, quiso transformar a fondo, hoy, a los 38 años
de su muerte, sigue viviendo en la patria boba, y en lo político asiste, sin estupor y
ante la resignada humildad de la clase dirigente, al desmantelamiento inmisericorde de sus
instituciones.
En la ardorosa vida
combativa de Alzate Avendaño se dieron tres etapas de altivos protagonismos, tajantemente
diferenciadas. La primera, en sus mocedades, cuando por el año 1937 al frente de la
secretaría del Directorio Nacional Conservador se enfrenta a Laureano Gómez, que ya le
estaba imponiendo al partido la "disciplina para perros", y en un caso típico
de incompatibilidad de caracteres y de antagónica concepción del Estado, rompe y se va.
Se dedica luego, en Manizales, a ejercer la abogacia con mucha fortuna, lo que no le
impide calificarla de "actividad parasitaria", "que exige dotes
menores", pues "el abogado no crea, no produce nada útil", y para
sostenerlo "muchos campesinos y obreros tienen que estar sudando plusvalía".
Frases de una indagatoria suya, que es pieza maestra de nuestra literatura jurídica, ya
que todos los escritos de Alzate, ensayos históricos y literarios, artículos y
discusiones, editoriales de su periódico Diario de Colombia, de brillante rigor
académico, son de antología. Ahora mismo a los aficionados al derecho público,
politólogos, violentólogos, les servirá para seguir hurgando en las causas de la
impresionante catástrofe en que agoniza la nación.
Dispuesto a abandonar el
foro, porque le impresionaba morir leguleyo, con el alma prendida de una inciso, son sus
palabras, Alzate entra a tambor batiente en la política, y sintiéndose incómodo en el
conservatismo, al que considera "...un olimpo taciturno de ancianos", funda su
propio partido. El extraordinario escritor, su amigo Hernando Téllez, lo llamará
"Acción Nacionalista Popular", y su compañero de faenas electorales, Fernando
Londoño Londoño, advirtiendo no haber sido "alzatista", lo denominará
"Movimiento Nacional". La primera salida en busca de curules en 1939 fue un
estrepitoso fracaso, su único representante elegido, ese otro extraordinario escritor y
orador, Silvio Villegas, en el instante mismo de instalarse el Congreso, regresa al viejo
alero conservador, lo que llevará a Alzate a tildarlo de "gallo de la veleta",
sin que esto quebrante su amistad.
Pero Alzate persistirá.
Las convenciones conservadoras le siguen pareciendo sombríos cenáculos de fantasmas,
reuniones de seres de ultratumba, de momias fosforescentes, a los cuales daban deseos de
irresistibles de preguntarles a gritos: De parte de Dios o del diablo, "¿qué
necesitan?"
De 1937 a 1943,
especialmente desde cuando en este último año dirigió una huelga de choferes que
culminó en masacre, con varios manifestantes asesinados por la policía en las calles de
Manizales, de ahí la famosa indagatoria de Alzate que armó auténtico escándalo
nacional, mezcla de admiración desenfrenada y temor reverencial, comenzó a
considerársele un líder de extrema peligrosidad. Se dijo, no sin fundamento, que era
admirador de Mussolini, su imitador con la mandíbula saliente y la desnuda cabeza de la
que "se habían caído el pelo y las ilusiones"; que admiraba también a Hitler,
sin que faltaran burgueses asustados que dada la afición de Alzate por el baile dijeran
que lo hacía "a paso de ganso"; que devoto de José Antonio Primo de Rivera y
su Falange, marchaba en política "de cara al sol con la camisa rota", y devoto,
así mismo, del otro caudillo, Franco, a quien dos lustros adelante le presentaría
credenciales como embajador de Colombia, no vacilaría en liquidar nuestro crónico
desbarajuste nacional mediante una guerra civil. Estas posiciones de Alzate cobraban
cierta consistencia cuando aguerridos nacionalistas, seguidores de su partido, desfilaban
de "camisas negras" por algunos lugares del país.
De este Alzate Avendaño,
temido como falangista, nazista, fascista, escribía Hernando Téllez: "...No se cree
un orador ni un escritor. Pero asegura que habría podido ser lo uno y lo otro, de primer
orden, si los dioses no le hubieran asignado la tarea del caudillo político destinado, de
acuerdo con su mismo testimonio, irremediablemente al poder. Considera que ese destino
sufrió una lamentable, pero eventual frustración, con motivo de la derrota de las armas
alemanas... Rommel en el Africa y Von Paulus en Stalingrado, le jugaron, afirma, una mala
partida. Su inmediato porvenir político, en ese entonces, y el de Adolfo Hitler, se
hallaba, según asegura, ligados en el tiempo y en el espacio... Las Naciones Unidas
estaban luchando, sin saberlo, también contra Alzate. El triunfo de Alemania, habría
sido el triunfo de las derechas en el mundo. Y en el mundo estaba Colombia. Y en Colombia
estaba Alzate. Ese su sencillo y modesto razonamiento".
Juan Lozano y Lozano, con
su admirable estilo, en prodigiosa semblanza, al decir que Alzate era un caudillo
peligroso, anotaba que hombre peligroso en política es lo que equivale a mujer fatal en
el amor, y que el caudillo es el hombre que aguarda su oportunidad, o que la crea. Y
Alzate, a nuestro juicio, nunca aguardó su oportunidad. Siempre quiso creársela. Era una
imposición de su vitalidad arrolladora, con un itinerario que no respetaba
"paraderos", ni admitía señales de tránsito, ni cortejaba al destino con
modales convencionales, ni pagaba el peaje de las sumisiones gratificantes, ni, menos
aún, pensaba que fuera negociable su agresiva verticalidad. Esa oportunidad no era otra,
no podía ser otra, que el Poder, así con mayúscula. Y el Poder, ¿para qué? Para hacer
la revolución, esa revolución que todavía sigue esperando el país.
Con penetración zahorí,
Lozano y Lozano palpó la carga de transformación sin atenuantes ligada a la personalidad
de Alzate, y cuando éste tenía 33 años y ni siquiera había sido concejal, hizo el
atrevido diagnóstico: "Es el único hombre con capacidad para hacer una revolución
en Colombia, y si la oportunidad le llega, la realiza. Junto a él Gerardo Molina, Diego
Luis Córdoba y Gilberto Vieira son miembros de la liga de Damas católicas. Pero ¿cúal
es la revolución que se va a realizar? Eso es lo menos interesante... El Deber del país
frente a Alzate Avendaño es no darle una oportunidad".
Pero lo de Lozano y Lozano
no fue mero diagnóstico sino dramática llamada de atención. Seguida al pie de la letra.
La mayor parte de los jefes conservadores se le atravesaron en la vía, sin misericordia y
con premeditación y alevosía; los liberales lo admiraron sin reservas, pero le temían,
y el resto lo aportó un aciago destino: a los cincuenta años una novedad hepática, que
desde entonces manos expertas superaban con sencillez, se lo llevó cuando parecía que ya
tenía en sus garras la codiciada oportunidad.
La segunda etapa en la vida
de alzate fue la de su retorno al partido conservador, su ingreso al Senado, la
integración con Guillermo León Valencia, Augusto Ramírez Moreno, José María
Villarreal y Luis Navarro Ospina de una jerarquía que, en horas aciagas, sería soporte
del gobierno de Ospina Pérez, para asistir a la traumática elección de Laureano Gómez.
Vendría luego los duros tiempos de la desbordada violencia que le permitirían a Alzate,
en terminante demostración de su clara vocación democrática, fundar el
"alzatismo", recibir palo inmisericorde del gobierno de Gómez, oponerse a los
embates dictatoriales de Alvaro Gómez y Jorge Leiva, integrantes del "siniestro
binomio", compartir con el liberalismo oprobiosas persecuciones, pregonar el
entendimiento entre bandos que se combatían a muerte, y conspirar, así textualmente,
conspirar para que se diera "el golpe de opinión" del 13 de junio de 1953.
Porque los alzatistas tuvieron acciones mayoritarias, muy abundantes, en la toma del poder
por el general Rojas Pinilla. Quien esto escribe recibió el privilegio de ser llamado por
Alzate, en estas cruciales jornadas, su segundo de a bordo, cuando el alzatismo jugó un
papel como el de los históricos, con Carlos Martínez Silva a la cabeza, frente a las
arbitrariedades de ese colosal pensador pero pésimo político que fue Miguel Antonio
Caro. Historia por escribir.
La impresionante oración
de Alzate contra el plebiscito del 1º de diciembre de 1957, feroz arremetida para las
instituciones frentenacionalistas y cúmulo de profecías sobre el desastre a que serían
arrastrados los partidos cuando sus diferencias programáticas se convirtieran en mera
puja por los cargos y granjerías para sus respectivas clientelas, tornando ingobernable
al país, abre la tercera etapa de su vida, en la que Alzate se verá rodeado por una
clientela de aluvión bastante ajena al idealista alzatismo que dio en tierra con la
dictadura laureanista.
En este instante Alzate
logra la gran jugada política de su accidentada carrera, se alía con Ospina Pérez, gana
las elecciones de Cámara de 1960, rompe la tenaza laureanista de la que no sólo eran
víctima los conservadores sino el propio presidente LLeras Camargo, y pone a sus
seguidores a colaborar con el gobierno. Firme amistad con Carlos Lleras Restrepo despejaba
insospechados horizontes. El verdadero cambio estaba a la vista.
Gerardo Molina, su amigo
entrañable, en semblanza en la que alude a sus "frases rutilantes y esbeltas"
(Alzate acuñaba sentencias que por su contenido y belleza formal se convertían en
monedas preciosas de forsoza circulación) sostuvo: "Habría sido el presidente de la
República en 1962 o en 1970". Pero con la muerte de Alzate todo terminó. Sin que ni
siquiera quede el consuelo de poder exclamar, siguiendo la hermosa "Elegía" de
Eduardo Cote Lamus, que "tus huesos no tengan nunca paz sino batalla".
|