Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 241
ENERO DE 2010

   

LOS DERECHOS DEL HOMBRE, SOCIEDADES SECRETAS Y LA CONSPIRACIÓN DE LOS PASQUINES

Por Vicente Pérez Silva 
Abogado, Universidad del Cauca. Escritor e investigador. Miembro de la Academia de Historia de Nariño

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia. 
(Bogotá - Colombia). 
Edición 240

DICIEMBRE de 2009

Poco tiempo había transcurrido desde la fallida Revolución de los Comuneros, cuando ocurre otro suceso, esta vez, en el lugar donde tienen asiento las autoridades virreinales, episodio de singular trascendencia y repercusión que también tiene que ver con el origen de nuestra independencia de la corona española: la traducción y difusión de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional de Francia en agosto de 1789, documento que comienza con esta afirmación:

“Los representantes del pueblo francés, constituidos en la Asamblea Nacional, consideran que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos”.

Al contrario de la Revolución de marras, su protagonista ya no es el pueblo sino un hombre excepcional que, en medio de las adversidades brilló como pocos en la dura refriega contra las fuerzas del imperio español: don Antonio Nariño, llamado con acierto el “hombre de los infortunios”.

La historiadora Soledad Acosta de Samper, abre su Biografía del general Antonio Nariño, con estas palabras que, a nuestro parecer, enmarcan la vida, las ejecutorias y los padecimientos del gran precursor de nuestra independencia; pero, además, el traductor de los mencionados Derechos del Hombre y del Ciudadano y, por ende, el auténtico precursor de la libertad de pensamiento y de imprenta en los albores de nuestra vida independiente:

“Don Antonio Nariño era en el virreinato neogranadino el hombre más elocuente, más instruido, de mayores conocimientos prácticos, más liberal y generoso, más abnegado, más patriota y más amado entre los santafereños de cuantos existían entonces –en 1790–, en la capital de la Colonia. Su popularidad en Cundinamarca era general; desde el virrey en su palacio hasta el último artesano y labriego de la Provincia, todos le querían, le estimaban y escuchaban sus consejos ¡Y sin embargo a la vuelta de pocos años todo había cambiado! Las autoridades le proscribieron y confiscaron sus bienes; sus amigos le desconocieron unos y se ocultaron otros para no sufrir la misma suerte; su familia padeció pobrezas, después de haber gozado del primer puesto en la sociedad santafereña; el honor fue sospechado y la calumnia le persiguió hasta los últimos días de su azarosa existencia.

Cuando dicha historiadora nos dice que su biografiado fue “el hombre más elocuente y más instruido”, se impone traer a la memoria que, gracias a su padre, Vicente Nariño y a su abuelo materno, el intelectual y catedrático Manuel Bernardo Álvarez, Nariño, desde muy temprana edad disfrutó de una extraordinaria biblioteca en cantidad y calidad. Allí los libros de derecho, filosofía, gramática, historia y literatura. Sin que faltaran algunos libros prohibidos. Y entre todos, sorprenden las Aventuras de Don Quijote de la Mancha, en tres tomos. De aquí “la similitud que existe entre la vida y la muerte de Nariño, y la vida y la muerte de Don Quijote”. Similitud que nos deja entrever, al correr de castiza pluma, el cronista de la sabana de Bogotá, Tomás Rueda Vargas.

A este respecto, el escritor e historiador Enrique Santos Molano, una biblia en cuanto atañe con la vida de Nariño, a quien acertadamente considera “un filósofo de la revolución”, nos hace esta anotación:

“A sus estudios escolares de gramática y filosofía en el colegio de San Bartolomé, Nariño añadió una penetrante formación autodidacta en otros conocimientos. La sabia erudición que demostrara en los diferentes episodios de su agitada existencia enseña hasta dónde fueron intensas en análisis las lecturas a que se aplicó desde su niñez”.

Al valorar esta afortunada circunstancia, creemos que el eminente polígrafo y humanista Miguel Antonio Caro, tuvo sobrada razón al expresar, de manera tan lacónica como significativa, que “el verdadero origen de la independencia colombiana hay que buscarlo en la biblioteca de Antonio Nariño”. Ciertamente, aquí se halla la fuente en donde se nutrieron, acrecentaron y estimularon sus ideales de libertad; ideales por los cuales vivió y padeció la persecución y el destierro durante largos años.

TRADUCCIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE

En su biblioteca, Nariño, hombre de estudio y dueño de una vasta cultura, “leía en su idioma original a los enciclopedistas y a los padres de la Iglesia”; a Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu y, desde luego, se solazaba con la lectura de la Historia de la Revolución de 1789 y del establecimiento de una Constitución francesa, impresa en París en 1790. Obra que le había proporcionado el virrey Ezpeleta, concretamente el tomo tercero, que contiene los 17 artículos de los tan anhelados Derechos del Hombre y del Ciudadano.

En la defensa del 28 de julio de 1795, Nariño confiesa:

“Yo tenía una imprenta y mantenía a mi sueldo un impresor. Vino a mis manos un libro y vino de las manos menos sospechosas que se puede imaginar. Fuera de eso se me dio sin reserva. Encontré Los Derechos del Hombre que yo había leído, esparcidos acá y allá en infinitos libros y en los papeles públicos de la nación”.

Por demás está decir que dicha biblioteca se había constituido en el escenario propicio para el desarrollo de unas tertulias que Nariño, en asocio de su amigo el médico francés Luis de Rieux, masón por añadidura, había conformado con el nombre de Arcano sublime de la filantropía. Su palabra inicial, de manera exacta, escondía su finalidad: un lugar secreto, muy reservado y de suma importancia. En otras palabras, una sociedad secreta de aquéllas que habían surgido en la capital del Virreinato. Un lugar que aparentaba una sala de lectura, cuando en rigor era el sitio adonde acudían hombres ilustres, solidarios con el espíritu que agitaba su inspirador, prototipo de la revolución. “Allí Don José María Lozano, Marqués de San Jorge, el personaje de más viso y suposición de su tiempo; allí Don Luis Azuola y Don Francisco Antonio Zea, y Don Joaquín Camacho, y Don Francisco Tovar, y Don José Antonio, y Don Juan Esteban Ricaurte, y los Torres, Gutiérrez y Acevedos. ¡Todo el patriarcado del Virreinato!” A este patriarcado, con igual propósito, se sumaban otros tantos criollos que acudían a las llamadas sociedades secretas.

No queda duda alguna que al amparo de sus fieles amigos, los libros, y en la Imprenta Patriótica de su propiedad, en un acto de audacia y de plena convicción, llevó a cabo la traducción, impresión y distribución de un centenar de ejemplares de la mencionada Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como efectivamente lo hizo. 
La investigación no se hizo esperar. Surgen las consejas y las acusaciones. Se ordena el allanamiento de su biblioteca y la confiscación de sus bienes. La Real Audiencia inicia procesos contra Nariño; José Antonio Ricaurte, por haberlo defendido; Francisco Antonio Zea, tenido por cómplice, y Pedro Fermín de Vargas, su amigo íntimo y contertulio, por sus ideas ilustradas y su formación enciclopedista. Como si lo anterior fuera poco, en la plaza mayor de Santa Fe, por mano de verdugo, se hace la quema del libro de donde Nariño había hecho la traducción de la mencionada Declaración.

Entonces, más que nunca, los Derechos del Hombre fueron solicitados, buscados y leídos ansiosamente, siempre coadyuvando “el prestigio de lo desconocido y el vértigo de atracción de lo prohibido”. La misma persecución que por su publicidad había acarreado al grande hombre, los hacía cada vez más novedosos y atrayentes. Secreta, sigilosamente se devoraban en todas partes, y las sociedades clandestinas o juntas lugareñas que para el efecto se verificaban, tenían el aspecto de verdaderas conjuraciones, tanto por el tono con que se comentaban como por la pasión y el entusiasmo con que eran acatados.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PASQUINES

En este punto, cabe señalar que el proceso seguido contra Nariño estuvo dividido en tres expedientes: uno, por conspiración; otro, por la impresión y publicación de Los Derechos del Hombre; y, el tercero, por pasquines sediciosos. No habiéndose hallado ejemplar alguno de la impresión hecha por Nariño, tomó cuerpo el aspecto relacionado con los pasquines, llamado por el historiador Eduardo Posada el proceso de los pasquines. También se conoce con los nombres de conspiración de los pasquines o guerra de los pasquines.

Tanto el virrey como los oidores del Nuevo Reino de Granada, en su informe al rey expresaban que la defensa de Nariño era más perniciosa que la misma publicación de Los Derechos del Hombre. Por lo tanto, para una mejor comprensión de este acontecimiento, conviene hacer la transcripción de algunos rasgos del referido informe:

“Exmo Sr.: habiendo salido de la ciudad de Santa Fe de Bogotá el 18 de agosto de 94, el virrey de aquel reino para un pueblo distante dos jornadas con el objeto de reparar su salud, ocurrió que en los días 19 y 20 del mismo amanecieron puestos en parajes públicos unos pasquines sediciosos. 

“El regento dictó desde luego algunas providencias y avisó sin pérdida de tiempo al virrey, que con esta noticia inmediatamente regresó a la ciudad: en los mismos días se delató al regente la clandestina impresión de un papel sedicioso, y una sublevación mediata: todo lo remitió el virrey a la audiencia; y ésta determinó encargar a cada uno de los tres ministros, la formación de las causas sobre dichos tres puntos: al oidor don Joaquín Inclán se encargó de los pasquines, cuyo contenido era el siguiente: 

“Si no quitan los Estancos 
Si no cesa la Opresión, 
Se perderá lo ganado. 
Tendrá fin la usurpación”. 

“Otro había del tenor siguiente: el apuntador de la compañía de cómicos de esta ciudad representa hoy la gran comedia El Eco: con el correspondiente sainete por octava vez: La Arracacha: y la respectiva tonadilla por novena ocasión El Engañabobos: se avisará si hay o no… Nota: El gobernador de Cartagena de Indias con fecha 25 de febrero remitió al virrey de Santa Fe copia de dos pasquines que en la plaza de aquella ciudad amanecieron puestos en los días 20 y 22 del mismo por si acaso tenían alguna conexión con los fijados en la capital y añadió que por más diligencias que había practicado nada había podido adelantar en orden de la averiguación de los autores: los dos citados pasquines son del tenor siguiente: 

“Lo que en el margen se advierte 
A voces se pedirá: 
La ocasión dará la suerte 
Y podremos respirar: 
Bien claro se nos ofrece 
Este partido apurar 
Rayos exhale el infierno, 
Trastorne la facultad 
Acábese este gobierno 
De tanta incomodidad. 

“Segundo: 
“Principio quieren las cosas 
Para conseguir las empresas 
Que se quiten tres cabezas 
Para acabar estas mofas. 
“Aunque se unieron a la causa principal nada pudo averiguarse (…). 
Septiembre 22 de 1796”.

Cabe agregar que dichos pasquines o libelos, no solamente se fijaron en los sitios más concurridos de la capital sino que también pudieron leerse en otras ciudades del Reino, tal como el mencionado de Cartagena y otro que apareció en la madrugada del 24 de febrero de 1797, en dos parajes de Santa Marta contra el Comisionado Ignacio Cavero; panfleto en lenguaje crudo que fue hallado por la ronda en la calle que va al correo: 

“PASQUÍN DIRIGIDO AL Sr. COMISIONADO: CAGADO: IGNACIO CAVERO: PUÑETERO: DONDE LE AVISO: CARNISO: QUE ANDE CON CUIDADO: MONTADO.

“Si hasta aquí te has escapado 
porque has andado modesto 
te pido que te estés quieto 
porque saldrás desterrado, 
y si no pones cuidado 
en proceder como debes 
te irás a la mierda breve 
junto con tu comisión 
y quedarás bien andón 
tú y don Chirilo de Nieve. 

“Si porque estás protegido 
piensas salir con tu intento 
deja ese vil pensamiento 
pues antes saldrás jodido 
y si no andas advertido 
en lo que tienes de hacerte 
mira que presto has de verte 
en amarga predicción 
y conozca la razón 
que has tenido de perderte. 

“Solamente Lucifer 
te pudiera haber metido 
a que aquí hubieras venido 
a acabarte de joder 
y si no lo hechas de ver 
y piensas que estás seguro 
bien puedes poner el culo 
en términos suplicantes 
que no te lo pingan caliente 
y que te lo tomen duro. 

En fin cavero acabado 
más feo que un caño arrecho 
mira que andes derecho 
en lo que tienes obrado 
porque si has intentado 
aclarar oscuridades 
necias serán tus piedades 
mientras prosigas así 
porque al fin saldrás de aquí 
con diez mil calamidades. 

“Quiero a don Chirilo tanto 
Que he mandado retratarlo 
de judas para quemarlo 
el mismo sábado santo”.

Estos pasquines o papeles sediciosos fueron las armas empleadas contra la tiranía, en vísperas de la memorable fecha del 20 de julio; y la traducción, impresión y divulgación de Los Derechos del Hombre, uno de los intereses decisivos que influyeron para el logro de la independencia. Cometido tan entrañablemente anhelado por quien padeció hasta lo indecible por la mejor suerte y conformación de su patria. Éste el reconocimiento integral y solidario que Nariño merece en este bicentenario, conmemoración que suscita reflexiones, rectificaciones y actuaciones en nuestro ordenamiento social.

No en vano, la palabra esclarecida del presidente Lleras Camargo, con motivo del bicentenario natalicio de Antonio Nariño, nos hizo esta manifestación: “Todavía la nación que soñó entre libros y en sus prisiones, sigue formándose. No es sorprendente que todavía no practique bien la gratitud para quien predijo su nacimiento y su curso histórico”.

MEMORIAL DE AGRAVIOS, 1809 (Extracto) 
Camilo Torres*

Camilo Torres y Tenorio (1766-1816) redactó este documento en 1809. Se trata de un valeroso llamado de igualdad que los españoles americanos o criollos le hacen a las autoridades españolas. Constituyó una contribución esencial al ambiente independentista de esos años. El título original del documento es: Representación del muy ilustre Cabildo de Santafé a la Suprema Junta Central de España.

“América y España, son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española, y bajo de este principio, y el de sus mutuos y comunes intereses, jamás podrá haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de derechos. Cualquiera que piense de otro modo, no ama a su patria, ni desea íntima y sinceramente su bien. Por lo mismo, excluir a las Américas de esta representación, sería, a más de hacerles la más alta injusticia, engendrar sus desconfianzas y sus celos, y enajenar para siempre sus ánimos de esta unión” […]

“Si el cabildo, pues, hace ver a V.M. la necesidad de que en materia de representación, así en la junta central, como en las cortes generales, no debe haber la menor diferencia entre América y España, ha cumplido con un deber sagrado que le impone la calidad de órgano del público, y al mismo tiempo, con la soberana voluntad de V.M. […]

“Establecer, pues, una diferencia, en esta parte, entre América y España, sería destruir el concepto de provincias independientes, y de partes esenciales y constituyentes de la monarquía, y sería suponer un principio de degradación.

“Las Américas, señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos nuevos dominios a la corona de España; de los que han extendido sus límites, y le han dado en la balanza política de la Europa, una representación que por sí sola no podía tener. Los naturales conquistados, y sujetos hoy al dominio español, son muy pocos o son nada en comparación de los hijos de europeos, que hoy pueblan esta ricas posesiones.”[…]

“…Así que no hay que engañarnos en esta parte: Tan españoles somos, como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que salidos de las montañas, expelieron a los moros, y poblaron sucesivamente la Península; con esta diferencia, si hay alguna, que nuestros padres, como se ha dicho, por medio de indecibles trabajos y fatigas descubrieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo.” 
[…] 
“En este concepto hemos estado y estaremos siempre los americanos; y los mismos españoles no creerán que con haber trasplantado sus hijos a estos países, los han hecho de peor condición que sus padres. Desgraciados de ellos, si solo la mudanza accidental de domicilio, les hubiere de producir un patrimonio de ignominia.” […] 
“En cuanto a la ilustración, la América no tiene la vanidad de creerse superior, ni aun igual a las provincias de España. Gracias a un gobierno despótico, enemigo de las luces, ella no podía esperar hacer rápidos progresos en los conocimientos humanos, cuando no se trataba de otra cosa que de poner trabas al entendimiento. La imprenta, el vehículo de las luces, y el conductor más seguro que las puede difundir, ha estado más  severamente prohibido en América, que en ninguna parte. Nuestros estudios en filosofía, se han reducido a una jerga metafísica, por los autores más obscuros y más despreciables que se conocen. De aquí, nuestra vergonzosa ignorancia en las ricas preciosidades que nos rodean, y en su aplicación a los usos más comunes de la vida. No ha muchos años que ha visto este Reino, con asombro de la razón, suprimirse las cátedras de derecho natural y de gentes, porque su estudio creyó perjudicial. ¡Perjudicial el estudio de las primeras reglas de la moral que grabó Dios en el corazón del hombre! ¡Perjudicial el estudio que le enseña sus obligaciones, para con aquella primera causa como su autor de su ser, para consigo mismo, para con su patria, y para con sus semejantes! ¡Bárbara crueldad del despotismo, enemigo de Dios, y de los hombres, y que solo aspira a tener a estos, como manadas de siervos viles, destinados a satisfacer su orgullo, sus caprichos, su ambición, y sus pasiones!” […] 
“Teméis el influjo de la América en el gobierno? Y ¿Por qué lo teméis? Si es un gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo. El hombre no es enemigo de su felicidad. Si queréis inclinar la balanza a el otro lado, entended que diez a doce millones de almas con iguales derechos pesan otro tanto que el plato que vosotros formáis” 
“No temáis que las Américas se os separen. Aman y desean vuestra unión; pero este es el único medio de conservarla. […]

“¡Igualdad! Santo derecho de la igualdad, justicia que estribas en esto, y en dar a cada uno lo que es suyo; inspira a la España Europea estos sentimientos de la España Americana: estrecha vínculos de esta unión: que ella sea eternamente duradera, y que nuestros hijos dándose recíprocamente las manos, de uno a otro continente, bendigan la época feliz que les trajo tanto bien. ¡Oh! Quiera el cielo oír los votos sinceros del cabildo, ¡que sus sentimientos no se interpreten  a mala parte! ¡Quiera el cielo que otros principios, y otras ideas menos liberales, no produzcan los funestos efectos de una separación eterna! 
“Santafé. Veinte de Noviembre de mil ochocientos nueve!”

BIBLIOGRAFÍA

Acosta de Samper, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño, Pasto, Imprenta Departamental, 1910.

Andrade González, Gerardo. Crónicas de la vida social colonial colombiana (obra inédita).

Miramón, Alberto. Nariño una conciencia criolla contra la tiranía, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, vol. XXI, 1960.

Pérez Sarmiento, José Manuel. Causa célebre a los precursores, tomo II, Bogotá, Imprenta Nacional, 1939.

Pérez Silva, Vicente. “Antonio Nariño: precursor de la libertad de pensamiento y de imprenta”, en Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, vol. VIII, No. 4, Bogotá, 1965.

Posada, Eduardo y Ibáñez, Pedro María (editores). El precursor, documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño, Bogotá, 1903.

Santos Molano, Enrique. Antonio Nariño filósofo revolucionario, Bogotá, Edit. Planeta, 1999.

Nota: con ocasión del bicentenario de la traducción de Los Derechos del Hombre, Credencial Historia dedicó a esta conmemoración las ediciones 47 (noviembre 1993) y 48 (diciembre 1993).

 


Antonio Nariño en su Imprenta Patriótica
Antonio Nariño en su Imprenta Patriótica, con su impresor Diego Espinosa de los Monteros. Óleo en la Casa Republicana de la Presidencia de la República, Bogotá. Fotografía Ernesto Monsalve.

 

 

Firma de Antonio Nariño.
Firma de Antonio Nariño. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1804.

 

 

Retrato de Antonio Nariño, ca. 1840.
Retrato de Antonio Nariño, ca. 1840. Obra de Luis García Hevia. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1804.

 

 

Antonio Nariño, Acuarela de Ricardo Acevedo Bernal, 1918,
Antonio Nariño, Acuarela de Ricardo Acevedo Bernal, 1918, Jockey Club, Bogotá. Fotografía Ernesto Monsalve.

 

 

Magdalena Ortega, esposa de Nariño, con Gregorio, su hijo mayor
Magdalena Ortega, esposa de Nariño, con Gregorio, su hijo mayor, Óleo de Joaquín Gutierrez. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero, Mincultura. Fotografía Ernesto Monsalve.

 

 

Claustro de la Casa de Nariño en Villa de Leyva, Boyacá.
Claustro de la Casa de Nariño en Villa de Leyva, Boyacá. Fotografía Ernesto Monsalve.

 

 

Muerte de Antonio Nariño,
Muerte de Antonio Nariño, Óleo de José María Espinosa. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero, Mincultura. Fotografía Ernesto Monsalve.

 

 

Camilo Torres.
Camilo Torres. Miniatura de Luis Felipe Uscátegui, acuarela sobre marfil, siglo XX. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero, Mincultura.

   
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