Periódicos manuscritos del siglo XIX en Antioquia

Por: Londoño Velez, Santiago

 

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 2
Febrero de 1990

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Portada de “El Aficionado, periódico dedicado al bello sexo”, Yarumal, 1874



A mediados del siglo XIX en algunas poblaciones antioqueñas surgieron grupos de aficionados al periodismo y la literatura, empeñados también en mejorar las buenas costumbres e impulsar el progreso civil. Ante la carencia de recursos para emprender una aventura editorial con una imprenta, optaron por la tarea de dar a luz periódicos caligrafiados e ilustrados con dibujos, acuarelas y fotografías, que circularon de mano en mano.
En el estado soberano de Antioquia, el caso más notable se presentó en Yarumal, distrito fundado en 1887. Ya en 1861 nació El Cartapa, del que se sabe que existió, apenas por dos números, del 29 de enero y del 4 de febrero. Al parecer, fue el primer periódico manuscrito que conoció Yarumal, pero no el único, pues en la década siguiente surgió El Aficionado, semanario que circuló desde el 24 de octubre de 1874 hasta una fecha no precisada aún. De El Aficionado,”periódico literario dedicado al bello sexo”, se conservan cinco números en la Hemeroteca Luis López de Mesa del Banco de la República en Bogotá, el último de los cuales está fechado el 19 de diciembre.
A lo largo de los cinco números que han sobrevivido encontramos variados temas. Se pasa revista a la situación de Yarumal, a las calles e iglesias. Se critica, por ejemplo, el uso de las alpargatas y la costumbre de las señoritas de mascar tabaco. El recaudo de limosnas ha bajado y el juego de billar amenaza en convertirse en peligroso vicio. El matrimonio por conveniencia o pavor a la soltería, los chismes, las mujeres coquetas, la vanidad y la envidia fueron también muy criticados. La preocupación por el progreso y por la navegación en el Cauca compartió páginas con los poetas Epifanio Mejía y Gregorio Gutiérrez González, quienes aportaron poemas que irían a ser más tarde muy populares, tales como “Historia de la tórtola”, “La muerte del novillo” y “A Julia”.
Los editores empezaron a incluir portadas ilustradas con ramilletes de rosas, pensamientos y batatillas, dibujadas a la pluma e iluminadas con acuarela por anónimo artista. El cabezote recibió también atención, y elaboradas caligrafías adornaron cada nuevo ejemplar. Algunas páginas incluyeron ocasionalmente fotografías, como en el caso de un largo artículo en el número cinco dedicado a Safo, considerada “fragante flor nacida bajo el bello y límpido cielo de la Grecia”.
 

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Página interior de “El Aficionado, retrato de Gregorio Gutiérrez González, 1874



Portada de “El Aficionado, Yarumal, 1874


El Aficionado, con su cuidada retórica, fue en cierto modo una forma de con ciencia social de los espíritus mas innovadores del pueblo. Ellos aspiraban al progreso, pero, sobre todo, a un progreso espiritual y civilizador. Intentaron aclimatar entre sus conciudadanos — que preferían sin duda el comercio, la minería y las vacas— una cultura literaria que enriqueciera los corazones y la sensibilidad antes que los bolsillos. De este empeño queda un centenar de páginas bellamente caligrafiadas a dos columnas, como testimonio de un ideal que quiso, a fuerza de palabras, mejorar las costumbres sociales e inducir el esquivo avance colectivo.
 

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Los editores empezaron a incluir portadas ilustradas con ramilletes de rosas, pensamientos y batatillas, dibujadas a la pluma e iluminadas con acuarela por anónimo artista. El cabezote recibió también atención, y elaboradas caligrafías adornaron cada nuevo ejemplar.


Fundado también en Yarumal en 1883, el Club de los Amigos fue un grupo de 24 jóvenes integrado, entre otros, por el pintor Francisco Antonio Cano, quien había nacido en esa ciudad en 1865. Uno de los propósitos primordiales del club era la consecución de una imprenta, verdadero símbolo civilizador. Pero el sueño se hacía inalcanzable para estos muchachos, y optaron por lanzar un periódico manuscrito, denominado Los Anales del Club, cuyo primer ejemplar salió el 20 de mayo de 1883. La publicación, de la que se hacían tres copias, es tuvo dedicada “especialmente al ejercicio de la literatura y prosperidad, tratando en cuanto sea posible de atacar y desterrar los malos hábitos, naturales en los pueblos nacientes”. Hoy se conservan en la misma hemeroteca siete ejemplares con un total de 275 páginas. Francisco Antonio Cano, de 17 años, y otro artista llamado Victoriano Valencia se encargaron de ilustrar las portadas con ramilletes de flores y mosaicos alegóricos. Las páginas interiores fueron acompañadas con viñetas, orlas, dibujos y acuarelas. Los Anales del Club, en su estilo y contenido, fueron una continuación de El Aficionado, sólo que en sus páginas, más abundantes y elaboradas, tuvo mayor cabida la literatura, particularmente las descripciones costumbristas llenas de color local, que muestran un verdadero proceso de valorización de lo propio, y de las sensaciones subjetivas que despiertan las experiencias vitales, como los viajes o los recuerdos de infancia. Los protagonistas antioqueños también fueron exaltados, como una muestra más del aprecio que sentían por los valores vernáculos. A personajes como Baldomero Jaramillo, activo hombre público y fundador de San Andrés de Cuerquia, le dedicaron dos extensos artículos, y Cano incluyó como ilustración un retrato, que es el primer dibujo suyo que hoy se conoce.
 

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“Los Anales del Club”, Yarumal, 1883



Cabezote del primer número de “Los Anales del Club”, Yarumal, 1883


 

 

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"Los Anales del Club", primera página


Los Anales del Club pueden considerarse entre los ejemplos más bellos y des conocidos del periodismo colombiano del siglo XIX. Asombran tanto la paciencia que requirió copiar e ilustrar un pro medio de cuarenta páginas tres veces por cada número, como algunas crónicas hoy dignas de rescatarse para enriquecer el acervo de la literatura costumbrista.
Por último, encontramos dentro de esta breve y admirable tradición de los periódicos manuscritos en la Antioquia del siglo XIX a Ecos de Anorí, del que sólo se conserva un único ejemplar en la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales (Faes) de Medellín, identificado como el número once y fechado en 1892. Sólo tiene una ilustración en la cubierta, donde aparece un arcángel dibujado a tinta y pluma flotando entre orlas y filacterias. Sin duda se trata de una ilustración ingenua que muestra los pocos conocimientos académicos del anónimo autor. El juego de cintas decorativas ignora la perspectiva, y no hay inconveniente que del hombro del personaje celestial broten al mismo tiempo dos alas. Ello evidencia, a pesar de su precaria ejecución, algo que fue común también a sus predecesores de Yarumal; el sentido de una necesidad gráfica, que a la vez que decora y sirve de atracción para conquistar lectores, transmite la parroquial y cándida aspiración a la grandeza, simbolizada en el arcángel.

 

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Portada de Los Anales del Club No. 5, dibujo de Francisco A. Cano


 

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“Los Anales del Club” No. 3. Corona fúnebre en memoria de Jesús María Mejía, julio 1883


Así, pues, los periódicos manuscritos del siglo XIX, en su efímera vida, intentaron suplir la carencia de imprenta, sirviendo de órgano de expresión a mentes jóvenes con una peculiar conciencia cultural y ética. En lo cultural, produjeron una literatura que valorizó el paisaje, las experiencias y los personajes regionales, así como un conjunto de ilustraciones que hoy son testimonio de los primeros pasos artísticos que se dieron fuera de Medellín en la segunda mitad del siglo XIX. En los aspectos éticos, quisieron transmitir el amor por una vida más civilizada y desplegaron, con los medios a su alcance, bajo el acicate de la esperanza del progreso, los elementos de un mito colectivo de redención común a la mentalidad finisecular.

Título: Periódicos manuscritos del siglo XIX en Antioquia
Tiempo: Siglo XIX


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