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iniciada la conquista, los españoles trajeron a América la fiesta brava; a sólo 17
años de la llegada de Colón, se dieron corridas. Pensando que las emociones podrían ser
más variadas si se sacrificaban indios, se les dio a éstos la oportunidad de que
ayudaran poniéndoles a tomar parte en las fiestas. Así, por muchas referencias, se sabe
que el indígena se aficionó mucho; siguiendo el concepto romano de pan y circo, los
hispanos, le entretuvieron con tabaco, licor y toros.
De los siglos XVII y XVIII hay
referencias de fiestas de toros al estilo de Santafé en muchas poblaciones del Cauca
(todo sur-occidente). Se daban en especial para conmemorar la llegada de un soberano al
trono, o al advenimiento de un nuevo virrey. Se celebraban las fiestas en varios días
consecutivos para facilitar la presencia del indio el colono, que debían recorrer muchas
lenguas para llegar al poblado. El sistema de las ferias actuales en seguidilla tiene,
pues, lejano ancestro colonial.
Al
circuncribirnos al siglo XIX en el occidente colombiano, es preciso recordar el origen
caballeresco de la corrida en España (en plena Edad Media) y que luego tuvieron en las
plazas mayores de los pueblos su escenario natural. Los circos modernos tomaron la forma
circular de los romanos. Desde el barroco e incluso el rococó hasta el neoclásico, se
han edificado cosos neo-mudéjar, de hormigón y modernos combinados.
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"Alcalereño"
en la Plaza de Granada, Cali, 1929.
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Santiago de Cali
Sólo a fines
del siglo XVIII comienza a criarse en España el ganado bravo en ganaderías con nombres
de abolengo. Esto en Colombia sólo ocurre a partir de la tercera década del actual
siglo. No obstante, en la segunda mitad del siglo XIX se construyen los primeros circos en
ciudades como Cali y Medellín. Se dan muchas fiestas con toros criollos y tigreros
traídos de los llanos. Tras la independencia, se instituyó la costumbre de celebrar el
20 de Julio con corridas en plaza mayor. La de Lima había dado el ejemplo y se dice que
el propio Simón Bolívar asistió a una corrida en esa capital, que posee la plaza más
antigua de América (Acho) construida en 1765.
Toda villa que
se preciara de cierta importancia en la región andina continuó con esta costumbre de las
«corridas patrióticas» durante el siglo pasado. El historiador caleño «Machaquito»
nos cuenta que todas las programaciones para celebrar fiestas de plaza incluían -fuera de
riñas de gallos, cabalgatas y otros jolgorios- las famosas corridas de toros, cumplidas
entonces en cosos tan improvisados como las mismas cuadrillas. En 1892 llegó a Cali
procendente del Perú la primera cuadrilla de toreros de verdad: Tomás Parrondo
«Manchao» (matador) y los banderilleros Manuel Vera «Mazzantinito» y Wenceslao
Carrillo «Minuto». Se constituyó sociedad bajo la denominación Empresa Circo de Toros,
liderada por Ulpiano Lloreda; se abre la Plaza de Armas el 25 de septiembre, siendo esta
fecha la primera en que veían hombre luciendo coleta los caleños. Estos se emocionaron
hasta el delirio con su labor. Acostumbrados a las encerronas populares de las plazas de
la Constitución -hoy de Ca-ycedo- y San Nicolás, resultaba sorprendente la lidia
ordenada y los trajes de luces implantados por «Manchao» y los suyos. Se vieron toda
clase de suertes: salto de la garrocha, banderillas a porta gayola y lances al alimón.
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El torero
"Chantillo". Foto de Melitón Rodríguez.
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En 1904 se
contruyó el segundo coso en la calle 12 con carrera 3a, que era apenas un remedo de
circo. A partir de 1906 aparecen los nombres de «Piedra», «Relámpago», el antioqueño
Luciano Jaramillo y el infortunado caleño Ignacio Sánchez «Salerito», quien murió por
cornada. Continúa la lista de diestros con «Almanseño», «Moyano de Triana», el
picador «MeIlaíto», así como las toreras Josefa Mola «Pepita» y «Finita», quienes
propiciaron la fundación del Club Guerrita, reuniendo la primera comunidad de aficionados
de la talla de Alfonso Lenis, Tulio Concha, Guillermo Bótanos, Ernesto Rengifo y otros.
La peña se extingue en 1919, cuando Bienvenida se marchó del país.
Pepe Castoreño
en su historia nos lleva al primer circo de cierta estabilidad de Cali: la Plaza Belmente.
Ordenaron su construcción Tulio Concha, Severo Guerrero y José María Martínez en lote
de los señores Buenaventura, donde luego se levantaría el Edificio Belmente, en la
Avenida Uribe con calle 25. Se inauguró el 23 de diciembre de 1927 con Ezequiel
Rodríguez «Morenito» y Antonio Villa «Villita»; allí surgió luego Diego Ramos
«Ramitos», afincado en el Valle y puntal de la fiesta. Pasaron por este circo de guadua
y madera los que venían a «hacer la América», hasta el propio «Papa Negro», Manuel
Bienvenida. El Circo Estrella se estrenó en 1928, con la colaboración de Campitos y el
banderillero Miura, lo mismo que del aficionado local Jorge Caicedo Isaacs, como
becerrista.
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Corrida en el
palo, Medellín, fotografía de melitón Rodríguez, 1895.
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Así llegamos a la Plaza Granada, construida por Jorge Garcés, inaugurada en
noviembre de 1929, por «Alcalareño» y Padilla, y cuya portada se conserva en el lote
situado en la avenida 4a. con 6a. Esta plaza, además de corridas, presentaba al público
toda clase de espectáculos: cómicos, boxeo y artistas de circo. Apunta Gustavo Lotero
«Plumitas» sobre Leónidas Naranjo «Lenaranjo», empresario no caracterizado
propiamente por la calidad, a quien el repentista Daniel Gil Lemos se refirió con
ocasión de una reprimenda: Cuando me riñen mis tías porque vivo reunido con gentes muy
poco pías, yo les respondo al oído: Lenaranjo ha enriquecido con las malas compañías.
En 1936, en las
fiestas organizadas para el cuarto centenario de Cali, se presentaron Alfredo Corrochano y
Juanita Cruz. Luego, con reses ecuatorianas de El Pedregal, debutó el zamorano Félix
Rodríguez. La corrida fue presidida por el poeta Guillermo Valencia, llegado de Popayán.
Luego, el debut de Rafael García «Caleñito», Manuel Rengifo «Manolete» (otro
caleño) y Miguel López, primer colombiano de alternativa. Se cierran los recuerdos del
Granada con nombres postineros como Pepe Gallardo y Joaquín Rodríguez «Cagancho»,
quienes alternaron en marzo de 1941 con toros de El Tablón, propiedad del vallecaucano
José María Estela. Y, finalmente, la única presentación de la cuadrilla infantil de
los hermanos Dominguín (Domingo, Pepe y Luis Miguel).
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Cartel de
estreno de la Plaza de Toros de Cali, 1910.
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Por escritura pública del 30 de junio de 1955 se constituyó la Sociedad Plaza de
Toros de Cali S.A. Fueron accionistas el departamento del Valle y el municipio de Cali,
amén de muchas personas de la sociedad caleña y ganaderos de la talla de Ernesto
González Piedrahita, Abraham Domínguez y Pepe Estela. Con planos del afamado ingeniero
Guillermo González Zuleta se iniciaron los trabajos en 1956 y se concluyeron a finales de
1957. Cañaveralejo es la plaza con mayor capacidad del país: 17.000 personas. Su
temporada inaugural se realizó en diciembre del 57 y enero del 58, con este elenco:
Joselillo de Colombia, Manolo Zúñiga y, por España, Joaquín Bemadó, Gregorio
Sánchez, Antonio Borrero «Chamaco» y Juan Antonio Romero. El 28 de diciembre fue la
primera corrida con toros de Venecia para Joselillo, Gregorio Sánchez y Bernadó. Desde
entonces se ha venido dando todos los años la Feria de Caña de Azúcar, la que congrega
más público en Colombia.
Manizales
Como ciudad muy
joven, Manizales no tuvo la tradición de Cali, con sus circos precursores. Como en
cualquier pueblo español, se cercaba la plaza mayor y se echaba ganado criollo; gran
patrocinador de estos festejos fue Pablo Jaramillo, el dueño de la Enea. Manuel Pineda
«Tornero» promovió la erección del primer coso para espectáculos taurinos. A Tornero
le acompañaron Juan García «La Vieja», «Madrileñito» y el indígena José María
López «Pastrana», dándose una temporada en junio de 1898, en la que según se dice no
hubo nada de suerte pues estuvieron ausentes las damas. La primera «plaza» estuvo
situada donde luego se levantó la iglesia de la Inmaculada. Hubo otros cosos; pequeños,
inseguros, construidos de guadua y que se derrumbaban al poco tiempo del estreno, pues
eran levantados por un torero que lo hacia para presentarse en pocas corridas, conseguir
unos pesos y marcharse a otro lugar. El Mazzantini era el mejor circo que había conocido
Manizales; lo construyó Aristides Amaya, siendo inaugurado por «Alcalareño», en la
segunda década del presente siglo. En 1928, «Rubito de Sevilla» actuó allí con
éxito, dejando grato recuerdo. En 1929 debutó «El Gallo» en compañía de Saleri II.
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Plaza de toros de El
Palo, Medellín. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1895.
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En 1945 comenzó
a gestarse por algunos aficionados la idea de construir una plaza de verdad. En septiembre
se firmó la escritura número 1234 creando la sociedad que se encargaría de levantar un
tauródromo para 14.500 personas. Oscar Hoyos B., Vicente Gutiérrez, Pantaleón
González, José Restrepo y Rafael Villegas fueron algunos de los que firmaron el
documento. Se adquirió el terreno en la Avenida del Centenario; aunque se daba como año
de fundación de la ciudad el de 1849, fue declarado el 51 como año del centenario y uno
de los festejos centrales fue el de la inauguración de la moderna plaza, hecho que tuvo
lugar el 23 de diciembre. El cartel lo integraron Antonio Bienvenidad, Manolo González y
Alfredo Jiménez, con toros de Modoñedo. En enero y febrero de los años siguientes se
dieron temporadas. Ya en 1954, cuando Oscar Hoyos Botero se enamoró de la Feria de
Sevilla, comentó la idea de hacer una fiesta similar en, Manizales, la cual fue apoyada
por personas como José Manuel Hoyos, Mario Vélez Escobar, Fernando Londoño y José
Restrepo. La primera edición se inició el 23 de enero de 1955, con toros de Venecia para
José María Martorell, César Girón y el rejoneador Angel Peralta. En 1957 se estrenó
el pasodoble Feria de Manizales (letra de Guillermo González Ospina): ha sido el himno
torero no sólo de la Perla del Ruiz, sino de la torería colombiana.
La Feria de
Manizales no es la de mayor cantidad de corridas, ni la que más espectadores congrega,
pero definitivamente es la de mayor ambiente y solera. Sus casetas y tablados, el desfile
de carretas del rocío y un especial «duende», por ser ciudad recogida, la hacen más
acogedora. Es evento de fama en toda América y los toreros saben que triunfar allí da
categoría. Ganaderos de la tierra como los hermanos Hernán y Ernesto Gutiérrez han
criado toros que han puesto muy en alto el prestigio de su feria, que definitivamente es
única, y todo el que asiste suspira con su pasodoble: «¡Ay Manizales del alma!».
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Patio de caballos.
Oleo de Fernando Botero, 1988. 165 x 132 cm.
Centro Documental, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.
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Medellín
En la plaza
principal de la Villa de la Candelaria de Ana (era el nombre del actual Medellín) se
dieron corridas con ocasión del día de la Virgen (2 de febrero) en el año de 1675,
siendo gobernador Juan Buesso de Valdés. Este toreaba a caballo y se atribuye a la Virgen
de la Candelaria el milagro de haberle salvado de la muerte tras ser derribado del
caballo. La historia la cuenta José Antonio Benítez «El Cojo», en el libro El camero
de Medellín. Según testimonio del viajero Charles Saffray, en 1860 había coliseo de
toros en Medellín, con dos filas de palcos. En la Breve Historia del Torero en Medellín,
de Gabriel Castro «El Picador», se cita al primer cronista taurino que tuvo la ciudad:
«Guerrita», seudónimo de Luis de Greiff, padre del poeta León de Greiff; de él
tomamos referencias.
El Circo El Palo
fue el precursor de las plazas de Medellín; estaba en pleno centro, carrera El Palo entre
Bolivia y Perú; levantado en 1894 por iniciativa de los empresarios paisas Daniel Botero,
Manuel J. Alvarez y Gerardo Gutiérrez, asesorados por el arquitecto Joaquín Pinillos y
los artistas Dalmau y Ugueti; tema capacidad para 4.000 espectadores. Fue inaugurado en
1895 por «Morenito», «Tarro», «Chato» y «Mazzantinito». La Plaza de Flórez debió
su nombre a don Rafael Flórez y estaba situada en los patios de la vieja plaza de mercado
de Colombia con Berrío. En la crónica de «El Picador» aparece el primer diestro
nacional: Miguel Vásquez «Bocaccio». Por la calle de los madereros (Maturín con
Cundinamarca) se levantó un rudimentario circo de cañabrava: el Circo Medellín,
inaugurado en 1906. Allí se presentó la trilogía de señoritas toreras: Joseita,
Sorianita y Elvirita, las cuales rejoneaban en bicicleta. No mejor que el rectangular de
Flórez, se levantó el Circo Norte por don Horacio Correa. Llegó de España la cuadrilla
que lo inauguró con Morenito de Valencia, «Sastrillo», «Metralla» y «Chatillo». Fue
demolido alrededor del año 11, por ser poco rentable: sólo 2.000 personas.
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El Circo España
fue el de más largo existir antes de La Macarena y en su época, de lo mejor del país.
Ubicado en barrio residencial de clase alta, carrera Girardot entre calles Perú y
Caracas, fue erigido merced al esfuerzo de Uladislao Escobar en 1908. No habiendo elenco
de toreros en el país, lo inauguró una tropa de saltimbanquis: el Circo Palacio Real.
Como coso taurino se estrenó en julio de 1910 con «Serranito», «El Americano» y
«Leoncito». Actuaban aquí los mejores diestros que de España venían a Colombia: en
1912 debutó «El Papa Negro» Manuel Mejía Bienvenida, con «Litri» y Alejandro Saens
«Alé». En 1921 Rufino San Vicente «Chiquito de Begoña»; luego «Campitos», Rubito
de Sevilla, el mexicano Silveti y «El Gallo», en 1923.
En 1938 llega
Félix Rodríguez Antón, quien se afincaría en Colombia. En el intermedio del traslado
de este circo a la orilla del río, por San Juan (1939), «Ivarito» levantó en la calle
Ayacucho otro circo rústico llamado La Santamaría, inaugurado en 1942 por Félix
Rodríguez y Cayetano Palomino.
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Corrida de toros para
inaugurar el Teatro Cárnica, de Bucaramanga,
el 6 de agosto de 1923. Foto de Quintilio Gavassa.
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Desde
1929, un grupo de empresarios encabezados por Rafael Uribe Piedrahita, motivados por la
publicidad de la nueva plaza bogotana, adquirió terrenos en la margen izquierda del río
Medellín y acometió la construcción de la primera plaza de concreto, que debió
suspenderse por la crisis económica del año 30. En 1943, en el Club Unión, se conformó
la sociedad Plaza de Toros La Macarena S.A., siendo su primer gerente Carlos I. Molina y
los otros gestores, Rafael Uribe Piedrahita (gerente de Coltabaco), Luciano Restrepo y
Carlos Peláez. La moderna plaza estilo mudejar se inauguró el 4 de marzo de 1945 con
este cartel: Juanito Belmente, «El Calesero» y Luis Briones; su capacidad, apenas para
10.000 personas, debido a lo pequeño del ruedo (diámetro 33 metros) por aprovechar las
fundaciones viejas. De las plazas de primera en Colombia es la de menor capacidad, lo que
acarrea problemas, pues sus precios deben ser los más altos. Han desfilado por La
Macarena los mejores del toreo mundial que venían a la temporada de Bogotá (enero y
febrero), como Manolete, Arruza, Domingo Ortega, los Dominguines, Ordóñez, Conchita
Cintren y los mejores de México. Un grupo de empresarios fundó Cormacarena, que ha
venido dando estos cuatro últimos años la Feria de la Macarena, destinando todas las
utilidades al Hospital San Vicente de Paúl, propietario del coso. A dicha corporación le
corresponderá celebrar dignamente el cincuentenario de la bella plaza el próximo 4 de
marzo.
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