Los toros en el occidente de Colombia: las Ferias de Cali, Manizales y Medellín, culminación de una larga tradición taurina

Por: Vega Bustamante, Jorge

      



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  Recién iniciada la conquista, los españoles trajeron a América la fiesta brava; a sólo 17 años de la llegada de Colón, se dieron corridas. Pensando que las emociones podrían ser más variadas si se sacrificaban indios, se les dio a éstos la oportunidad de que ayudaran poniéndoles a tomar parte en las fiestas. Así, por muchas referencias, se sabe que el indígena se aficionó mucho; siguiendo el concepto romano de pan y circo, los hispanos, le entretuvieron con tabaco, licor y toros.

  De los siglos XVII y XVIII hay referencias de fiestas de toros al estilo de Santafé en muchas poblaciones del Cauca (todo sur-occidente). Se daban en especial para conmemorar la llegada de un soberano al trono, o al advenimiento de un nuevo virrey. Se celebraban las fiestas en varios días consecutivos para facilitar la presencia del indio el colono, que debían recorrer muchas lenguas para llegar al poblado. El sistema de las ferias actuales en seguidilla tiene, pues, lejano ancestro colonial.

  Al circuncribirnos al siglo XIX en el occidente colombiano, es preciso recordar el origen caballeresco de la corrida en España (en plena Edad Media) y que luego tuvieron en las plazas mayores de los pueblos su escenario natural. Los circos modernos tomaron la forma circular de los romanos. Desde el barroco e incluso el rococó hasta el neoclásico, se han edificado cosos neo-mudéjar, de hormigón y modernos combinados.

 

 

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"Alcalereño" en la Plaza de Granada, Cali, 1929.


 



Santiago de Cali

  Sólo a fines del siglo XVIII comienza a criarse en España el ganado bravo en ganaderías con nombres de abolengo. Esto en Colombia sólo ocurre a partir de la tercera década del actual siglo. No obstante, en la segunda mitad del siglo XIX se construyen los primeros circos en ciudades como Cali y Medellín. Se dan muchas fiestas con toros criollos y tigreros traídos de los llanos. Tras la independencia, se instituyó la costumbre de celebrar el 20 de Julio con corridas en plaza mayor. La de Lima había dado el ejemplo y se dice que el propio Simón Bolívar asistió a una corrida en esa capital, que posee la plaza más antigua de América (Acho) construida en 1765.

  Toda villa que se preciara de cierta importancia en la región andina continuó con esta costumbre de las «corridas patrióticas» durante el siglo pasado. El historiador caleño «Machaquito» nos cuenta que todas las programaciones para celebrar fiestas de plaza incluían -fuera de riñas de gallos, cabalgatas y otros jolgorios- las famosas corridas de toros, cumplidas entonces en cosos tan improvisados como las mismas cuadrillas. En 1892 llegó a Cali procendente del Perú la primera cuadrilla de toreros de verdad: Tomás Parrondo «Manchao» (matador) y los banderilleros Manuel Vera «Mazzantinito» y Wenceslao Carrillo «Minuto». Se constituyó sociedad bajo la denominación Empresa Circo de Toros, liderada por Ulpiano Lloreda; se abre la Plaza de Armas el 25 de septiembre, siendo esta fecha la primera en que veían hombre luciendo coleta los caleños. Estos se emocionaron hasta el delirio con su labor. Acostumbrados a las encerronas populares de las plazas de la Constitución -hoy de Ca-ycedo- y San Nicolás, resultaba sorprendente la lidia ordenada y los trajes de luces implantados por «Manchao» y los suyos. Se vieron toda clase de suertes: salto de la garrocha, banderillas a porta gayola y lances al alimón.

 

 

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El torero "Chantillo". Foto de Melitón Rodríguez.


 

 

  En 1904 se contruyó el segundo coso en la calle 12 con carrera 3a, que era apenas un remedo de circo. A partir de 1906 aparecen los nombres de «Piedra», «Relámpago», el antioqueño Luciano Jaramillo y el infortunado caleño Ignacio Sánchez «Salerito», quien murió por cornada. Continúa la lista de diestros con «Almanseño», «Moyano de Triana», el picador «MeIlaíto», así como las toreras Josefa Mola «Pepita» y «Finita», quienes propiciaron la fundación del Club Guerrita, reuniendo la primera comunidad de aficionados de la talla de Alfonso Lenis, Tulio Concha, Guillermo Bótanos, Ernesto Rengifo y otros. La peña se extingue en 1919, cuando Bienvenida se marchó del país.

  Pepe Castoreño en su historia nos lleva al primer circo de cierta estabilidad de Cali: la Plaza Belmente. Ordenaron su construcción Tulio Concha, Severo Guerrero y José María Martínez en lote de los señores Buenaventura, donde luego se levantaría el Edificio Belmente, en la Avenida Uribe con calle 25. Se inauguró el 23 de diciembre de 1927 con Ezequiel Rodríguez «Morenito» y Antonio Villa «Villita»; allí surgió luego Diego Ramos «Ramitos», afincado en el Valle y puntal de la fiesta. Pasaron por este circo de guadua y madera los que venían a «hacer la América», hasta el propio «Papa Negro», Manuel Bienvenida. El Circo Estrella se estrenó en 1928, con la colaboración de Campitos y el banderillero Miura, lo mismo que del aficionado local Jorge Caicedo Isaacs, como becerrista.

 

 

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Corrida en el palo, Medellín, fotografía de melitón Rodríguez, 1895.


 



  Así llegamos a la Plaza Granada, construida por Jorge Garcés, inaugurada en noviembre de 1929, por «Alcalareño» y Padilla, y cuya portada se conserva en el lote situado en la avenida 4a. con 6a. Esta plaza, además de corridas, presentaba al público toda clase de espectáculos: cómicos, boxeo y artistas de circo. Apunta Gustavo Lotero «Plumitas» sobre Leónidas Naranjo «Lenaranjo», empresario no caracterizado propiamente por la calidad, a quien el repentista Daniel Gil Lemos se refirió con ocasión de una reprimenda: Cuando me riñen mis tías porque vivo reunido con gentes muy poco pías, yo les respondo al oído: Lenaranjo ha enriquecido con las malas compañías.

  En 1936, en las fiestas organizadas para el cuarto centenario de Cali, se presentaron Alfredo Corrochano y Juanita Cruz. Luego, con reses ecuatorianas de El Pedregal, debutó el zamorano Félix Rodríguez. La corrida fue presidida por el poeta Guillermo Valencia, llegado de Popayán. Luego, el debut de Rafael García «Caleñito», Manuel Rengifo «Manolete» (otro caleño) y Miguel López, primer colombiano de alternativa. Se cierran los recuerdos del Granada con nombres postineros como Pepe Gallardo y Joaquín Rodríguez «Cagancho», quienes alternaron en marzo de 1941 con toros de El Tablón, propiedad del vallecaucano José María Estela. Y, finalmente, la única presentación de la cuadrilla infantil de los hermanos Dominguín (Domingo, Pepe y Luis Miguel).

 

 

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Cartel de estreno de la Plaza de Toros de Cali, 1910.


 



  Por escritura pública del 30 de junio de 1955 se constituyó la Sociedad Plaza de Toros de Cali S.A. Fueron accionistas el departamento del Valle y el municipio de Cali, amén de muchas personas de la sociedad caleña y ganaderos de la talla de Ernesto González Piedrahita, Abraham Domínguez y Pepe Estela. Con planos del afamado ingeniero Guillermo González Zuleta se iniciaron los trabajos en 1956 y se concluyeron a finales de 1957. Cañaveralejo es la plaza con mayor capacidad del país: 17.000 personas. Su temporada inaugural se realizó en diciembre del 57 y enero del 58, con este elenco: Joselillo de Colombia, Manolo Zúñiga y, por España, Joaquín Bemadó, Gregorio Sánchez, Antonio Borrero «Chamaco» y Juan Antonio Romero. El 28 de diciembre fue la primera corrida con toros de Venecia para Joselillo, Gregorio Sánchez y Bernadó. Desde entonces se ha venido dando todos los años la Feria de Caña de Azúcar, la que congrega más público en Colombia.



Manizales

  Como ciudad muy joven, Manizales no tuvo la tradición de Cali, con sus circos precursores. Como en cualquier pueblo español, se cercaba la plaza mayor y se echaba ganado criollo; gran patrocinador de estos festejos fue Pablo Jaramillo, el dueño de la Enea. Manuel Pineda «Tornero» promovió la erección del primer coso para espectáculos taurinos. A Tornero le acompañaron Juan García «La Vieja», «Madrileñito» y el indígena José María López «Pastrana», dándose una temporada en junio de 1898, en la que según se dice no hubo nada de suerte pues estuvieron ausentes las damas. La primera «plaza» estuvo situada donde luego se levantó la iglesia de la Inmaculada. Hubo otros cosos; pequeños, inseguros, construidos de guadua y que se derrumbaban al poco tiempo del estreno, pues eran levantados por un torero que lo hacia para presentarse en pocas corridas, conseguir unos pesos y marcharse a otro lugar. El Mazzantini era el mejor circo que había conocido Manizales; lo construyó Aristides Amaya, siendo inaugurado por «Alcalareño», en la segunda década del presente siglo. En 1928, «Rubito de Sevilla» actuó allí con éxito, dejando grato recuerdo. En 1929 debutó «El Gallo» en compañía de Saleri II.

 

 

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Plaza de toros de El Palo, Medellín. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1895.


 

 

  En 1945 comenzó a gestarse por algunos aficionados la idea de construir una plaza de verdad. En septiembre se firmó la escritura número 1234 creando la sociedad que se encargaría de levantar un tauródromo para 14.500 personas. Oscar Hoyos B., Vicente Gutiérrez, Pantaleón González, José Restrepo y Rafael Villegas fueron algunos de los que firmaron el documento. Se adquirió el terreno en la Avenida del Centenario; aunque se daba como año de fundación de la ciudad el de 1849, fue declarado el 51 como año del centenario y uno de los festejos centrales fue el de la inauguración de la moderna plaza, hecho que tuvo lugar el 23 de diciembre. El cartel lo integraron Antonio Bienvenidad, Manolo González y Alfredo Jiménez, con toros de Modoñedo. En enero y febrero de los años siguientes se dieron temporadas. Ya en 1954, cuando Oscar Hoyos Botero se enamoró de la Feria de Sevilla, comentó la idea de hacer una fiesta similar en, Manizales, la cual fue apoyada por personas como José Manuel Hoyos, Mario Vélez Escobar, Fernando Londoño y José Restrepo. La primera edición se inició el 23 de enero de 1955, con toros de Venecia para José María Martorell, César Girón y el rejoneador Angel Peralta. En 1957 se estrenó el pasodoble Feria de Manizales (letra de Guillermo González Ospina): ha sido el himno torero no sólo de la Perla del Ruiz, sino de la torería colombiana.

  La Feria de Manizales no es la de mayor cantidad de corridas, ni la que más espectadores congrega, pero definitivamente es la de mayor ambiente y solera. Sus casetas y tablados, el desfile de carretas del rocío y un especial «duende», por ser ciudad recogida, la hacen más acogedora. Es evento de fama en toda América y los toreros saben que triunfar allí da categoría. Ganaderos de la tierra como los hermanos Hernán y Ernesto Gutiérrez han criado toros que han puesto muy en alto el prestigio de su feria, que definitivamente es única, y todo el que asiste suspira con su pasodoble: «¡Ay Manizales del alma!».

 

 

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Patio de caballos. Oleo de Fernando Botero, 1988. 165 x 132 cm.
Centro Documental, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


 

 

Medellín

  En la plaza principal de la Villa de la Candelaria de Ana (era el nombre del actual Medellín) se dieron corridas con ocasión del día de la Virgen (2 de febrero) en el año de 1675, siendo gobernador Juan Buesso de Valdés. Este toreaba a caballo y se atribuye a la Virgen de la Candelaria el milagro de haberle salvado de la muerte tras ser derribado del caballo. La historia la cuenta José Antonio Benítez «El Cojo», en el libro El camero de Medellín. Según testimonio del viajero Charles Saffray, en 1860 había coliseo de toros en Medellín, con dos filas de palcos. En la Breve Historia del Torero en Medellín, de Gabriel Castro «El Picador», se cita al primer cronista taurino que tuvo la ciudad: «Guerrita», seudónimo de Luis de Greiff, padre del poeta León de Greiff; de él tomamos referencias.

  El Circo El Palo fue el precursor de las plazas de Medellín; estaba en pleno centro, carrera El Palo entre Bolivia y Perú; levantado en 1894 por iniciativa de los empresarios paisas Daniel Botero, Manuel J. Alvarez y Gerardo Gutiérrez, asesorados por el arquitecto Joaquín Pinillos y los artistas Dalmau y Ugueti; tema capacidad para 4.000 espectadores. Fue inaugurado en 1895 por «Morenito», «Tarro», «Chato» y «Mazzantinito». La Plaza de Flórez debió su nombre a don Rafael Flórez y estaba situada en los patios de la vieja plaza de mercado de Colombia con Berrío. En la crónica de «El Picador» aparece el primer diestro nacional: Miguel Vásquez «Bocaccio». Por la calle de los madereros (Maturín con Cundinamarca) se levantó un rudimentario circo de cañabrava: el Circo Medellín, inaugurado en 1906. Allí se presentó la trilogía de señoritas toreras: Joseita, Sorianita y Elvirita, las cuales rejoneaban en bicicleta. No mejor que el rectangular de Flórez, se levantó el Circo Norte por don Horacio Correa. Llegó de España la cuadrilla que lo inauguró con Morenito de Valencia, «Sastrillo», «Metralla» y «Chatillo». Fue demolido alrededor del año 11, por ser poco rentable: sólo 2.000 personas.

  

   

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El torero «Veneno». Foto Melitón Rodríguez, 1895.


   

 

  El Circo España fue el de más largo existir antes de La Macarena y en su época, de lo mejor del país. Ubicado en barrio residencial de clase alta, carrera Girardot entre calles Perú y Caracas, fue erigido merced al esfuerzo de Uladislao Escobar en 1908. No habiendo elenco de toreros en el país, lo inauguró una tropa de saltimbanquis: el Circo Palacio Real. Como coso taurino se estrenó en julio de 1910 con «Serranito», «El Americano» y «Leoncito». Actuaban aquí los mejores diestros que de España venían a Colombia: en 1912 debutó «El Papa Negro» Manuel Mejía Bienvenida, con «Litri» y Alejandro Saens «Alé». En 1921 Rufino San Vicente «Chiquito de Begoña»; luego «Campitos», Rubito de Sevilla, el mexicano Silveti y «El Gallo», en 1923.

  En 1938 llega Félix Rodríguez Antón, quien se afincaría en Colombia. En el intermedio del traslado de este circo a la orilla del río, por San Juan (1939), «Ivarito» levantó en la calle Ayacucho otro circo rústico llamado La Santamaría, inaugurado en 1942 por Félix Rodríguez y Cayetano Palomino.

 

 

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Corrida de toros para inaugurar el Teatro Cárnica, de Bucaramanga,
el 6 de agosto de 1923. Foto de Quintilio Gavassa.


 

Desde 1929, un grupo de empresarios encabezados por Rafael Uribe Piedrahita, motivados por la publicidad de la nueva plaza bogotana, adquirió terrenos en la margen izquierda del río Medellín y acometió la construcción de la primera plaza de concreto, que debió suspenderse por la crisis económica del año 30. En 1943, en el Club Unión, se conformó la sociedad Plaza de Toros La Macarena S.A., siendo su primer gerente Carlos I. Molina y los otros gestores, Rafael Uribe Piedrahita (gerente de Coltabaco), Luciano Restrepo y Carlos Peláez. La moderna plaza estilo mudejar se inauguró el 4 de marzo de 1945 con este cartel: Juanito Belmente, «El Calesero» y Luis Briones; su capacidad, apenas para 10.000 personas, debido a lo pequeño del ruedo (diámetro 33 metros) por aprovechar las fundaciones viejas. De las plazas de primera en Colombia es la de menor capacidad, lo que acarrea problemas, pues sus precios deben ser los más altos. Han desfilado por La Macarena los mejores del toreo mundial que venían a la temporada de Bogotá (enero y febrero), como Manolete, Arruza, Domingo Ortega, los Dominguines, Ordóñez, Conchita Cintren y los mejores de México. Un grupo de empresarios fundó Cormacarena, que ha venido dando estos cuatro últimos años la Feria de la Macarena, destinando todas las utilidades al Hospital San Vicente de Paúl, propietario del coso. A dicha corporación le corresponderá celebrar dignamente el cincuentenario de la bella plaza el próximo 4 de marzo.

 

Título: Los toros en el occidente de Colombia: las Ferias de Cali, Manizales y Medellín, culminación de una larga tradición taurina
Lugar: Colombia


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