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Luis E. Nieto Arteta.
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Economía
y cultura en la historia de Colombia apareció en las librerías a finales de 1941. Era el
libro de un abogado de 28 años que trabajaba en el Departamento Económico de la
Cancillería. El autor no era conocido como historiador, sino más bien como periodista,
crítico político y jurista con algunas inclinaciones por la filosofía. Buena parte del
volumen había sido publicado por entregas en los periódicos y revistas de Bogotá, pero
sólo una vez que apareció en forma de libro fue leído con algún cuidado por los
interesados en los temas históricos, hasta convertirse en poco tiempo en el texto
fundacional de la historia económica y social del país.
Economía y cultura era un
texto revolucionario (ver Credencial Historia Nº 22, octubre 1991). Dejaba atrás la
descripción galante, el relato fácil e impresionista de los sucesos del pasado, y en su
lugar postulaba una historia analítica centrada en las estructuras sociales y económicas
que regulaban la evolución nacional. Su joven autor, Luis Eduardo Nieto Arteta, quería
superar la "historia oficial" auspiciada por la Academia Nacional de Historia,
que giraba alrededor de la política, de las fechas célebres, de la exaltación de los
grandes hombres y del esplendor de las jornadas de independencia. La mirada de Nieto se
dirigía al estudio de los fundamentos materiales de la sociedad y su incidencia en la
cultura, campo en el cual incluía la política, el derecho, las ideologías, la
organización del Estado y las diversas formas de pensamiento. Siguiendo las enseñanzas
del materialismo histórico, buscaba hacer de la historia una ciencia; deseaba mostrar que
los hombres hacen su propia historia, pero no bajo su voluntad y en circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo situaciones heredadas que coartan los anhelos y las
inclinaciones personales de los individuos.
Economía y cultura da
cuenta de buena parte de la historia de Colombia. Comienza con el descubrimiento y la
conquista, registra la colonia, examina las tensiones sociales que dieron lugar al
movimiento de independencia y se adentra con vigor en el siglo XIX hasta los años de la
Regeneración. No todos los períodos tienen allí la misma extensión. La llegada de los
españoles sólo ocupa unos pocos párrafos y los tres siglos coloniales, no más de
veinte páginas de las 457 que conforman la totalidad del volumen. Esto hace que el libro
sea ante todo una historia económica y social del siglo XIX, con especial énfasis en los
cambios de 1850, fecha clave para la caracterización desarrollada por el autor en
relación con el caso colombiano. Para Nieto, las transformaciones del medio siglo --la
liberación del comercio exterior, la abolición de la esclavitud y la liquidación de los
resguardos indígenas-- forjaron un nuevo país. Dejaron atrás el mundo colonial y
abrieron las puertas a la sociedad moderna. El marco teórico que orienta este análisis
es el tránsito del feudalismo al capitalismo, tal como fue estudiado por la tradición
marxista. La colonia es una sociedad tradicional, cerrada, autosuficiente, con monopolios
y estancos, trenzada por "instituciones feudales", donde a los señores de la
tierra y a los indígenas los une un tejido de relaciones personales. Pero las reformas de
1850 derribaron todo esto. De las entrañas mismas de la antigua sociedad surgieron nuevas
instituciones y nuevas clases sociales: un Estado liberal, una expansión de la industria
y del comercio, un desarrollo de las comunicaciones y una estratificación social regida
por la ganancia y la fría relación salarial.
La información de
Economía y cultura no proviene de una investigación de archivo. Sus fuentes son de
carácter secundario: las Memorias de Hacienda para los asuntos económicos y las
reflexiones de los pensadores decimonónicos de mayor sabor sociológico para las
dimensiones sociales y culturales (Salvador Camacho Rold n, Aníbal Galindo, Rafael
Núñez y los hermanos José María y Miguel Samper). Con frecuencia Nieto extrema el uso
de estas fuentes, haciendo que su libro se acerque peligrosamente a una antología de
informes de secretarios de Hacienda o a un florilegio de las miradas y puntos de vista de
los sociólogos del siglo XIX.
Pero estas dificultades en
el uso de los materiales se ven sosegadas por una firme voluntad analítica; por un
permanente esfuerzo de hacer que las extensas citas digan más de lo que aparentemente
está consignado en sus páginas. Y en medio de este empeño formula sugestivas conexiones
entre la esferas económicas y culturales tomadas de lo mejor de las ciencias sociales de
su tiempo. Algunas relaciones son persuasivas y otras meros enunciados que exigen una
investigación más cuidadosa, pero todas ellas muestran una mente activa, deseosa de
romper con una historiografía que apenas se diferenciaba de la literatura y de la
crónica animada dirigida a ganar el corazón de los lectores.
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