La coca, planta del futuro: un texto del siglo XVIII

Por: Melo González, Jorge Orlando

 

 
 

Revista Credencial Historia


EDICION 158
FEBRERO DE 2003

   
 

LA COCA, PLANTA DEL FUTURO
Un texto del siglo XVIII
Por: Jorge Orlando Melo Gonzalez

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 158
Febrero de 2003

   

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Erythroxilon Coca. Dibujo de Gálvez, ca. 1780. Lámina de la "Flora Peruviana". Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


La coca, una planta consumida durante siglos por algunos indígenas suramericanos, fue descrita por los primeros europeos que vieniron a América: Vaspucio habló, en cartas anteriores a 1504, de unas hojas que los indios de las costas de Venezuela masticaban, y Gonzalo Fernández de Oviedo, hacia 1535, reportó una yerba conocida como hayo, coca o yaat, que los indios usaban para quitarse la sed y el cansancio.

La coca, usada probablemente en forma excepcional en las culturas precolombinas —en rituales o para la guerra o las largas marchas— se generalizó por obra y gracia de los españoles, que la promovieron y la convirtieron en uno de los productos más importantes del virreynato del Perú. Ante la caída en la calidad de la alimentación de los indígenas provocada por la conquista española y el desplazamiento de la productiva agricultura local por la ganadería, se convirtió en un paliativo ante la creciente desnutrición de los trabajadores indígenas. Y aunque muchas veces sacerdotes y funcionarios trataron de lograr su prohibición, considerando que servía para mantener idolatrías o promover conductas condenables, el peso del dinero fue más fuerte y nunca se prohibió.

En nuestro país, su tráfico libre se mantuvo, aunque ya lo hayamos olvidado, hasta 1938. A pesar de las calidades atribuidas a la coca —desde los efectos contra el cansancio y el hambre hasta hacer olvidar sus desgracias a los desdichados— no tuvo el éxito del tabaco o el chocolate entre los consumidores europeos. El médico Nicolas Monardes llevó las hojas a Europa en 1580, pero no parecen haber causado ninguna impresión: no es raro que en el viaje hubieran perdido su eficacia. Y a pesar de su importancia económica, no fue sometida a estudios cuidadosos hasta el siglo XVIII, cuando los productos naturales americanos comenzaron a someterse a análisis y descripciones que buscaban clasificar las plantas según los nuevos criterios de la botánica de Jussieu y Linneo y estudiar su posible utilidad. Los más conocidos son tal vez el botánico Hipólito Ruiz López, quien incluyó un dibujo de la planta en la Flora Peruviana de 1788, y el médico peruano Hipolito Unanúe, quien en 1794 publicó la "Disertación sobre el cultivo, comercio y las virtudes de la famosa planta del Perú nombrada coca", en la que le atribuía efectos curativos y analgésicos contra cólicos, asmas y reumatismos. Unanúe citaba, entre los autores que habían estudiado la coca, al catalán Antonio Julián, de quien publicamos un breve extracto sobre este tema.

Antonio Julián fue un jesuíta que vino al Nuevo Reino de Granada en 1749, para iniciar una misión y convertir a los Guajiros. Aunque la misión no se fundó, Julián recorrió la zona varias veces, antes de trasladarse en 1759 a Bogotá, donde fue profesor de la Javeriana hasta 1767, cuando fue expulsado con todos los demás miembros de su orden. Julián se fue a Roma, como la mayoría de ellos, y se dedicó al estudio y la escritura hasta que murió en 1790. Era bastante creativo: defendió la tesis de que el paraíso terrenal estaba en América, y que Jesucristo había venido a predicar el cristianismo aquí, en los días que siguieron a su resurrección. Su libro La Monarquía del Diablo... fue publicado en italiano, en Roma, en 1790 y reeditado hace algunos años. En 1787 publicó en Madrid La Perla de la América, un libro en elogio de Santa Marta que ha sido ya reeditado tres veces: en 1854, 1951 y 1980. La Perla de la America: provincia de Santa Marta hace parte de esos libros del siglo XVIII en que los españoles, y sobre todo los jesuítas, se dedicaron a defender a su nación de los ataques de historiadores y escritores como Raynal o Robertson, y a sugerir, apoyándose en escritores ilustrados como Campomanes, medidas para promover el avance económico de los dominios españoles.

 

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Plantación de Coca. Grabado de P.S. Duval sobre dibujo de L. Gibbon. "Exploration of the Valey of the Amazon", de W.M. Lewis Herndon y Lardner Gibbon, Washington, 1854. Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.


   

El libro ofrece detalladas descripciones de la región samaria, en especial de sus tribus indígenas, pero uno de sus intereses es presentar los productos que puedan convertirse en objeto de comercio con Europa. La lista es amplia: tabacos y añiles, azucares y panelas, perlas y nacar, palo del Brasil de Valledupar, cueros y loros de la Sierra Nevada, oro, plata y piedras preciosas, algodones, hamacas guajiras, bálsamos, gomas, aceites, cacao, carey, tamarindos, vainilla y canela, quinas, maderas y plantas medicinales, bagres, cachamas y bonitos, animales tropicales y pajaros curiosos. Pero sobre todo el producto que, si la corte española prueba y aprueba, podrá desplazar al té y el café, y cargar las naves de Santa Marta a Europa: "la célebre yerba del hayo o coca... que se cultiva en la provincia de Santa Marta". No le faltó visión.

DE LA CELEBRADA PLANTA LLAMADA HAYO, POR OTRO NOMBRE COCA, PASTO COMÚN DE LA NACIÓN GUAGIRA

§ I. Entro con singular gusto á discurrir de esta planta, no tanto para dar de ella noticia á los curiosos, quanto para promover su cultivo y uso en Europa, con ventajas de la Monarquía de España, y mayor bien y salud de los pueblos y naciones aun extrangeras. Estas han tirado á introducir el té, y café, se han esforzado á promover las virtudes de estas yerbas, y se han dado maña para entablar generalmente su uso, y llenar las ciudades de cafeterías para despachar los frutos de sus colonias y regiones, con indecibles ventajas de sus estados, y comercio. Y nosotros Españoles, tan fáciles á dexarnos llevar de las ideas forasteras, y de abrazar sus modas, como desinteresados y generosos para despreciar, ó no hacer caudal de las propias cosas, dexamos que se coman los Indios, y se sustenten de una yerba que pudiera ser un ramo de comercio ventajosisimo para la España, salud de la Europa, remedio preservativo de muchos males, reparativo de las fuerzas perdidas, y prolongativo de la humana vida. Esta es la yerba llamada Hayo, celebrada en la Provincia de Santa Marta, y en todo el Nuevo Reyno; y en el Potosí, y Reyno del Perú, llamada Coca.

Antes de decir sus virtudes quiero referir el uso que de ella hacen los Indios Guagiros. Estos son ya los únicos que en todo el Nuevo Reyno usan de esta yerba. El modo es curioso, y ciertamente me causó al verlo, no menor admiración que risa. Diré lo que vi, y de ahí se podrá conocer la general costumbre de toda la nación. Hallándome en el río de la Hacha, compareció en frente de nuestra casa una tropa de Guagiros que venían á ver al Señor Obispo que allí estaba de visita. Parte de ellos eran Christianos de la reducción de los Padres Capuchinos; parte barbaros y gentiles, tan al descubierto, que preguntando yo á uno si quería hacerse Christiano, me respondió con gran ceño, y profunda voz un no redondo. Salí, pues, á ver aquella tropa de Indios, y me encontré con unos mozos altos, robustos, y bien formados, bien encarados, y de un color trigueño, y mas blanco de el que suelen tener los demas Indios del Reyno. Llevaban terciada sobre el hombre derecho una manta de algodón bien texida de sus mismas manos (porque florecen mucho en estas labores) que les cubria la mayor parte del cuerpo, y pendiente del cuello una mochila, o alforjita, que les caia debaxo del brazo izquierdo; y á la cintura, como los devotos peregrinos trahian un calabacito con un palito redondo y sutil metido dentro, y salia por la boquita. Dentro de aquella alforjita trahian las hojas del Hayo verdes y frescas, y dentro del calabacito cal finisima, que ellos mismos hacen de las conchitas del mar, tan blanca y bien amasada, que parece almidon, ó manjar blanco. Estaba yo gustoso conversando con ellos, y veia que de tanto en tanto, ya el uno, ya el otro, metian mano a la mochila, sacaban un puñado de yerba, se la metian en la boca, y mascando y hablando se la iban tragando. Acabada la dosis echaban entonces la mano al palito que salia por la boquita del calabazo; que en su lengua llaman Popóro, revolvian un poquito aquella masa de cal, y sacaban un poco de ella en la punta del palito, y luego con gran proligidad se iban untando los labios, quitando con aquel pincel lo verde que les había quedado del zumo del Hayo, y dexandolos pintados de blanco. Tan pulidos como todo eso son los Guagiros. Pregunté yo á unos dellos, que parecía mas risueño y tratable: ¿Por qué comeis asi de esa yerba? Y el vellaco Indio, metiendo los dedos en la nariz, como quien toma un polvo de tabaco, me respondió: ¿Y blanco, por qué hace así? é hizo tal qual, como si tomara tabaco. Confieso que me dexó sonroseado el Indio, y no supe que responderle; porque en materia de usos y costumbres de diversas naciones, es difícil hallar convincente disparidad.

   
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Indios coqueros. Dibujo de Felipe Guamán-Poma de Ayala, ca. 1615. "Nueva crónica y buen gobierno". Biblioteca Real, Copenhague.


   

§ II. Antiguamente en lo mas interior del Nuevo Reyno se cultivaba esta planta, y se hacia gran uso de sus hojas. Las Provincias mas fertiles y abundantes de ella eran la de Duytama, singularmente en el territorio de la Villa ó Parroquia de Soatá, y la de los Sutagaos, que eran los que desde Tunjuelito y Usme se extendian por las orillas y cercanias del rio Fusagasuga, hasta el rio Magdalena. Y era de tanta estimación esta yerba, que con ella, después de que era bien tostada, sahumaban a sus Idolos los Sacerdotes llamados Xeques. Ahora años hace ya cesó el cultivo y uso de esta yerba en el centro del Reyno, y solo ha quedado en la Provincia de Santa Marta. En esta, fuera de las tierras de los mismos Guagiros solamente hay dos pueblos donde se da la cosecha, y llámanse Molino el uno, y el otro Villanueva situados ambos al pie de la Serrania de Maracaybo, de la parte de la Sierra Nevada, y en los confines del Valle de Upár: pueblos amenisimos, y fertilisimos, singularmente de esta yerba. Son pueblos de Indios mansos, y Christianos, que pudieran estar ricos con el comercio de esta planta, y son bien pobres y miserables, porque el Indio no se cuyda de amontonar riquezas, sino de pasar el dia como Dios le ayuda. Estos Indios siembran y cultivan la planta del Hayo, y vi con mucho gusto mio algunos campos y sementeras de ella que tenian junto á sus pueblos. La siembran con orden y division de una planta á la otra, la cultivan con mucho cuydado y limpieza, y no cogen de sus hojas hasta que por la frutilla que echa conocen que ya estan en sazón. La planta no crece mucho, pero tampoco es tan pequeña que no llegue, quando está sazonada, á quatro ó cinco palmos de altura. Se levanta de la tierra con su palito, del qual van saliendo las hojitas. Es hermosa, y se dilata en varios ramitos, que dan hojas en abundancia. No se realmente á qué planta de Europa se parezca mas la planta del Hayo, ni á que hojas sus hojitas. Pero diré que la planta en el palito, en los ramos y pomposo de su cima se asemeja á ciertos arbolitos que en la América llaman Chochos, pero no llega á ser tan alta la planta del Hayo. Las hojas no son grandes, sino como las del té, ó las de otra yerba equivalente al té (sino es la misma) que en abundancia se da en el Nuevo Reyno, y se usa en defecto y suplemento del té mismo, y la llaman Escobilla, y anda en opiniones si es ó no es el té legitimo. Es la hoja del Hayo lisa, remata en una sola puntica, y tiene un verde hermoso, que tira á obscuro. Quando está la cosecha del Hayo en sazon van los Indios cortando con la uña del dedo pulgar las hojas de una en una á raiz del palito en que nacen, y tendiendolas en una manta que tienen prevenida á este efecto, van recogiendo asi la cosecha, y despues la meten en unas vasijas de barro, esperando que vengan á comprarla, los comerciantes de Perlas con los Guagiros, ú otras personas para su uso.

El comercio es continuo, porque es continuo el uso de esta yerba hacen los Guagiros, mascándola dia y noche, á todas horas. Y son tan aficionados, y habituados á ella, que dexarán primero de buscar de comer, que de andar prevenidos y abastecidos del Hayo. Como el habituado al buen tabaco en polvo, no puede estar sin caxa, asi el Indio Guagiro sin la mochila de esta yerba. Tanta verdad es, que la costumbre pasa á naturaleza. Sabiendo los comerciantes esta pasion de los Guagiros por el Hayo, van á estos pueblos del Molino y Villanueva, y con lienzos, herramientas, y otras cositas á que tienen aficion los Indios, les compran la hoja del Hayo: con esta pasan al rio de la Hacha, ó á los pueblos y reducciones de los Guagiros ya christianos, donde tambien acuden los bárbaros, y con unos y otros hacen sus cambalaches, dando los Guagiros tantas onzas de Perlas por tantos celemines de la hoja del Hayo. Antiguamente no dexaba de haber comercio de esta yerba también en lo interior del Nuevo Reyno, porque á demas del uso que de ella hacian las naciones barbaras, como ahora los Guagiros, era muy buscado el Hayo para el pasto y sustento de los Sacerdotes de los Idolos, que debian ser muy templados, y abstinentes, castos, y retirados, de pocas palabras, y muy corto sueño.

 

   

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Portada de "La Perla de América, Provincia de Santa Marta", del padre Antonio Julián. Madrid: Antonio de Sancha, 1787. Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.



"Discurso VI. De la celebrada planta llamada Hayo, por otro nombre coca..." Inicio de capítulo de "La Perla de América". ................. ..........................


   
Demuéstranse las virtudes del Hayo, más apreciables que las del té, café, y mate de Paraguay

Estoy admirado sumamente de que en Europa no se haga uso ninguno del Hayo, quando tanto se hace del té, y café. A tres causas lo atribuyo. Sea la primera la ignorancia de las virtudes excelentes del Hayo, y no haber habido hombre curioso que las descubra para el bien público. La segunda es el no ser la nacion Española tan ambiciosa de introducir últimas modas en otras naciones, como paciente en admitir las agenas. La tercera, porque las naciones extrangeras tienen mas lucro y ventajas en promover el uso del té y café, que no el del Hayo, fruto de los dominios del Rey de España. La quarta, aún podemos añadir, y sea el que no ha llegado todavia el humor, y tiempo de hacer moda el tomar Hayo. Mas puede ser que al Hayo, como á las demas cosas, llegue su tiempo, y que con las noticias que voy á dar de sus admirables virtudes y efectos se introduzga la moda no vana, no inutil, no perniciosa á las casas y personas, como otras que vienen de allende, sino moda sana, utilisima, provechosisima á la salud, al vigor y fuerza del cuerpo, y larga prospera conservación del individuo.

El Ilustrisimo Señor Pedrahita, Obispo de Santa Marta, dice asi (Cap. 2 de su Hist. Gen.): "El juego del Hayo es de tanto vigor y sustento para los Indios, que con él no sienten sed ni hambre; antes los alienta para el trabajo que viene á ser el tiempo en que mas lo usan; y asimismo debe de ser muy provechoso para conservar la dentadura, por lo que se experimenta aun en los Indios mas ancianos". Yo añado, que es el Hayo decoctivo insigne, y solutivo de los humores, pectoral, y sudorifico excelente, y antipocóndrico eficacisimo, que mitiga y destruye los afectos y efectos hypocóndricos, disolviendo las obstrucciones, que suelen ser la causa y principio de mal tan vario en sus efectos, como pertinaz en el tormento y molestia de los pacientes. Todo esto lo comprueba la experiencia en los que hacen uso freqüente de esta yerba.

El uso puede ser en tres maneras. Antiguamente usaban los Indios tomar, ó mascar las hojitas del Hayo tostadas primero en una vasija sobre el fuego y asi tostadas las guardaban tambien, ó para el comercio, ó para el gasto de casa y familia. Pero juzgo que tal uso no es el mas acertado para percibir los efectos mas saludables del Hayo, porque en el fuego precisamente se ha de minorar, ó disipar mucha parte de la sustanciosa virtud de la yerba, como al grano del cacao se le va el jugo y manteca si se tuesta mucho, como se usa en Italia. El otro modo de usarlo es á modo del té: se dexan secar por sí, y con el tiempo las hojitas del Hayo, como las de rosa, borraja, y otras yerbas medicinales, y puestas á hervir un poco, con la medida de agua correspondiente, se bebe esta, tal qual la agua de rosa, amapola, y té, &c. y en quantidad semejante. Asi es el Hayo un cordial, pectoral, y sudorifico excelente, y lo toman los achacosos de hypocondria, singularmente quando se ven atormentados en estremo de sus dolores y sintomas molestisimos[…]

§ III. Lo cierto es que por otros motivos, singularmente por el desmembramiento y ruina de los pueblos indianos, y mortandad tan grande de Indios, que obligó á la Real piedad de los Monarcas de España á prohibir los aplicáran á trabajar las minas donde tantos morian, se dexó el cultivo y uso del Hayo en lo interior del Reyno, y quedo solo en los Guagiros. Estos chupando el jugo de esta yerba se sustentan principalmente, se mantienen fuertes y robustos, con buena dentadura, sin hypocondrias, ni otros tantos males que acompañan a muchos pobres de Europa, que padecen hambre, y á muchos ricos deliciosamente, criados entre té y café. Y es lástima que tantas familias pobres no tengan este preservativo de hambre y sed, que tantos oficiales y artesanos carezcan de este mantenimiento de fuerzas para el trabajo continuo, que tantos viejos y jóvenes aplicados á la pesada tarea del estudio, y á componer libros, no gocen de esta yerba contra la falta de espiritus, contra la consiguiente debilidad de cabeza, y flaqueza de estomago, compañeras casi inseparables de la aplicación continua á libros y estudio. Y finalmente, que tantos en la Europa giman en el duro tormento de males cronicos, de obstrucciones hypocondriacas, males istericos y semejantes, aun con el uso del té, y café, y no puedan para su preservativo, ó alivio, probar el uso del Hayo, que tan bien prueba á los Indios Guagiros, y á los Españoles si llegan á usarlo.

ANTONIO JULIAN - La perla de América: Provincia de Santa Marta. - Madrid: Antonio de Sancha, 1787.

 

 

Título: La coca, planta del futuro: un texto del siglo XVIII
Palabras clave: Coca; Historia; Uso terapeútico


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