El célebre engaño de la Cerámica Alzate : falsos precolombinos de una familia antioqueña, hoy son joyas de museo

Por: Molina Londoño, Luis Fernando

 

   

 


Don Leocadio María Arango. gran coleccionista de cerámica Álzate,
fotografiado en Medellín por Melitón Rodríguez, con una de sus hijas y nietos, en 1899



El creciente interés por las manifestaciones materiales de las culturas precolombinas surgido en la segunda mitad del siglo XIX, propició los primeros talleres de falsificación de anticuaria indígena; proliferaron los compradores y hubo necesidad de atender el aumento de la demanda de numerosos museos, coleccionistas y traficantes colombianos, norteamericanos y europeos. En Antioquia fue donde se presentó el más famoso caso de plagio, provocador a su turno de un sonado escándalo que tuvo como epicentro a un renombrado coleccionista llamado Leocadio María Arango y a una habilidosa familia de artesanos locales, conocida comúnmente como "los Alzate".

Don Leocadio (Medellín, 1831-1918), acaudalado empresario antioqueño, socio de las minas de El Zancudo, y primer cliente de las cerámicas Alzate, había comenzado a formar su colección de piezas precolombinas de cerámica y oro, de estampillas, monedas, minerales y toda clase de animales disecados, desde 1840, cuando sólo tenía 9 años. Esta afición lo convirtió en pionero de la conservación y valoración cultural, y no simplemente metálica, de la orfebrería y de la cerámica indígena en el país. Con el correr de los años, sus colecciones tomaron grandes proporciones, hasta el punto de formar un surtido y rico museo, conocido como "Museo de Don Leocadio", el cual lo hizo famoso a él y a los Alzate en el ámbito científico internacional, donde llegaron a ser más apreciados que en Colombia.

El museo, de acuerdo con el catálogo publicado por don Leocadio en 1905, constaba de: 246 piezas de oro, entre las cuales había desde poporos y tunjos hasta simples narigueras; 2.600 piezas de cerámica provenientes de las culturas indígenas de Antioquia, Cauca y Cundinamarca (aunque gran número eran falsificadas, como se verá más adelante); 800 muestras de minerales de Antioquia "sin igual en toda la república"; 160 objetos de piedra; 24 antigüedades de los conquistadores; 290 aves embalsamadas; 23 nidos de aves con sus huevos disecados; 900 mariposas diurnas y nocturnas de Antioquia, figurando varios ejemplares desconocidos hasta el momento por la ciencia. También incluía fósiles, mariposas de otros países y varias cajas de arácnidos.

Una espaciosa casa en el barrio de San Benito de Medellín sirvió de sede al museo. Este era visitado por viajeros de toda clase venidos de Europa, del país y del resto de América. Muchos, como Jorge Brisson, Pierre D'Espagnat, Alejandro Dieu, O. Fuhrmann, Eugen Mayor, Agustín Codazzi y otros, dejaron detalladas descripciones del museo en sus relaciones de viaje. Todos salían asombrados de allí, por aquella gigantesca y miscelánea colección de objetos hermosos, raros, curiosos y últiles para la ciencia.
 


Piezas representativas de la cerámica Alzate, conservadas en el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia. Fueron adquiridas originalmente por Leocadio María Arango.


En la colección de precolombinos de don Leocadio se colaron más de mil piezas de cerámica falsificada, no obstante los conocimientos que él tenía en esta materia. Paradójicamente, las falsificaciones se convirtieron en sus piezas preferidas y las que más impresionaron a los expertos y visitantes, tal como se comprueba en varias memorias de viajeros y en el gran número de ejemplares que se comenzaron a vender fuera del país. La posesión y exhibición de piezas de cerámica Alzate por Arango, considerado autoridad mundial en asuntos de arqueología, daba a las falsificaciones una inobjetable condición de autenticidad.

Engañado por el amigo

Todo empezó cuando don Julián Alzate, un taxidermista y guaquero, buen amigo de don Leocadio, al observar la ignorancia de los expertos en arqueología colombiana, montó un taller para producir cerámica "precolombina" inspirada en muestras auténticas, pero agregándole con gran sutileza elementos antropozoomorfos llamativos y curiosos. Fue así como organizó una industria familiar muy lucrativa que perduró por dos generaciones. Las piezas, que gozaban de gran demanda, tenían de antigüedad el tiempo empleado en el recorrido del solar de la Iguaná, donde se fabricaban, hasta la casa de don Leocadio en San Benito. A cada pieza se le asignaba un lugar de excavación ficticio y se la untaba de barro fresco; los compradores desconfiados eran invitados a "guaquiar" en tumbas previamente preparadas y surtidas por don Julián y sus hijos. Don Leocadio nunca puso en duda la hónradez de su amigo; sin embargo, más tarde muchos lo verían como cómplice de los Alzate.

 


Almacén de Leocadio María Arango e Hijos en el edificio Lalinde, Medellín, 1910.


En esta farsa, además de Arango, también cayeron numerosos museos, coleccionistas y expertos de fama internacional, como el científico Th. Delachaux, O. Fuhrmann y Eugen Mayor de la Sociedad Científica de Neuchatel; el doctor Rivell y F. M. Ward, representantes del Museo de Historia Natural de París; el Museo de El Trocadero de París; Juan Bautista Montoya Flórez, corresponsal y miembro de varias sociedades científicas europeas; Ernesto Restrepo Tirado, por entonces director del Museo Nacional de Colombia, y otros. Todos compraron cientos de piezas "auténticas", apoyados en la opinión de Arango.
 


El edificio Lalinde, 1910


El antropólogo Luis Fernando Vélez en su estudio sobre la cerámica Alzate (1981) hizo una clasificación tipológica según el estilo y técnica empleados por don Julián y sus hijos Pascual, Luis, Miguel y otro del cual no se conoce el nombre. El registro más antiguo de las piezas data de 1885 (Geografía y compendio histórico del Estado de Antioquia, de Manuel Uribe Angel), época a la que corresponde la colección de don Julián. Sus hijos heredaron el secreto del pigmento negro que suprimía el natural color rojizo del barro y le daba una apariencia de antigüedad. Según L. F. Vélez, las obras de Miguel son las menos refinadas técnicamente y están caracterizadas por su mayor peso, representación antropomorfa y su alejamiento de los modelos indígenas. Luis fue el más técnico pero su cerámica es la más libre, tanto que las vasijas parecen piezas de una vajilla inglesa; las obras de Pascual son auténticos pastiches indígenas, ya que él copiaba modelos publicados en libros, razón por la cual abundaban las figuras zoomorfas y los rodillos.
 


 


Publicidad en el
Libro Azul de Colombia, 1918



Piezas Alzate grabadas en París
para el catálogo del Museo Arango ( 1905) .


El engaño de los Alzate no fue descubierto sino hasta 1912, durante el Primer Congreso Internacional de Etnología y Etnografía realizado en Neuchatel (Suiza). Don Leocadio se enteró a través del periódico El Espectador. Sin embargo, siguió defendiendo hasta su muerte (1918) la autenticidad de las piezas. Otros, como don Luis Cano, dueño de dicho periódico, compraron a sabiendas cerámicas falsas de los Alzate. Algo de valioso debían tener aquellas piezas que lograron engañar a tantos sabios y expertos. La obra de los Alzate empezó a ser considerada como arte muy apreciado entre los coleccionistas; quienes quedaron en entredicho fueron los científicos y compradores ingenuos.

Don Leocadio y su hijo David reunieron el mayor número de piezas Alzate de que se tenga noticia. Gracias a la Ordenanza 29 de 1922 se evitó la salida del país de la cerámica y de las otras colecciones del museo de Arango, en las cuales estaban muy interesados varios museos, universidades y compradores particulares del exterior. Más tarde, la colección de cerámica, aves e insectos disecados (todo prácticamente obra de los Alzate) pasó a la Universidad de Antioquia, donde se conserva actualmente. La orfebrería reunida por don Leocadio, que también causó la admiración y curiosidad de los entendidos, pasó al Museo del Oro del Banco de la República en 1942, siendo la primera colección importante adquirida por esa institución

 

Título: El célebre engaño de la Cerámica Alzate : falsos precolombinos de una familia antioqueña, hoy son joyas de museo
Fecha de publicación: 1990-07-01
Lugar: Colombia


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