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Helmuth
Bellingrodt
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Fue el primer
deportista colombiano en subir al podium en unos Juegos Olímpicos. Lo hizo, cuando en
Munich 72 obtuvo la medalla de plata de tiro al jabalí, hazaña que refrendaría en la
Olimpíada de Los Angeles, 1984. Su historia es la historia de la perseverancia y el
talento, y su recompensa, ser el deportista olímpico más ganador de Colombia.
Había tanto ruido con
"Cochise" Rodríguez aquel año de 1972, que nadie se fijó en un muchacho
rubio, alto, callado, de 22 años, que llevaba doce disparándole con una escopeta a
blancos inventados por él. Barranquillero, nacido en 1949, de ascendencia alemana, serio,
Helmuth Bellingrodt Wolf llego a los Olímpicos de Munich con una ilusión muy callada:
obtener alguna medalla en la prueba del tiro al jabalí. El 1º de septiembre la noticia
sorprendió a una Colombia que ni siquiera lo conocía: "El tirador colombiano
Helmuth Bellingrodt obtuvo medalla de plata en los Juegos Olímpicos, al marcar 565 puntos
en la prueba de tiro al jabalí. Esta es la primera presea que obtiene Colombia en su
historia", decia el cable de la France Press.
"Una medalla que se ha
esperado durante cuarenta años, como la que ganó Bellingrodt, no puede ser menos que
exaltada como lo más grande del deporte colombiano. Pero tampoco debe ser olvidada
carnavalísticamente por los dirigentes del deporte colombiano, que deben entender que es
necesario educar antes que participar...", escribía el periodista Mike Forero
Nougués. Sus palabras fueron una especie de premonición, porque la historia no le ha
dado al barranquillero el lugar que se mererece, y en los momentos de elecciones sobre el
mejor deportista de Colombia, Bellingrodt no aparece jamás ubicado entre los candidatos
más serios.
"Todo tiene sus
razones. Yo entiendo que el tiro no es un deporte popular, como sí lo son el fútbol, el
ciclismo o el boxeo. Entonces, es muy difícil que a un tirador lo escojan como el mejor
deportista de la historia. En esta actividad nos volvemos ídolos por momentos, mientras
dura el alborozo que produce una gran victoria, pero no somos ídolos del pueblo, como
"Cochise", "Pambelé" o "El Pibe". No sé si será justo o
no, simplemente es así. También es cierto que ahí están consignadas las dos medallas
de plata olímpicas, y otros cuantos triunfos", dijo pocos días atrás Bellingrodt,
hoy una leyenda del deporte que sigue practicando, enseñando, mostrando el camino.
La semana que siguió a la
hazaña de Bellingrodt fue de fiesta y carnaval para Colombia. Los elogios se sucedían,
las esperanzas, las promesas sobre el apoyo que en adelante se le daría al deporte. El
barranquillero fue muy mesurado en sus opiniones. Simplemente dijo que nunca había tenido
miedo, que jamás se había sentido opacado y que siempre había estado alerta. En medio
de aquella algarabía, fueron muy dicientes las palabras que Adolfo Andrade, mediocampista
del equipo de fútbol olímpico, le dirigió al tirador: "También los futbolistas
entendemos cómo se gana. Yo espero que algún día el fútbol le pueda corresponder al
tiro y a usted, lo que este deporte y usted han hecho por Colombia".
Dos años después de
Munich, Bellingrodt volvió a alegrar a Colombia con la obtención del título mundial de
tiro al jabalí, conseguido en Thun, Suiza. "Sólo espero poder ser convocado
nuevamente al equipo colombiano que irá a la Olimpiada de Montreal", dijo, en medio
de las felicitaciones y la euforia general. Montreal, sin embargo, fue una decepción para
el barranquillero, como lo sería Moscú, en 1980. Para la Olimpíada de Los Angeles 84,
Helmuth Bellingrodt se preparó en Medellín, logrando marcas importantes que, según
Sports Illustrated, lo convertían en uno de los candidatos a obtener medallas en los
juegos, junto al francés Jean-Luc Tricoire y el estadounidense Richard Stewart.
La competencia se inició
el 29 de junio, en el polígono de Los Angeles. En la ronda de apertura, el barranquillero
y su hermano Horst se ubicaron entre los diez primeros. El chino Li Yuwi encabezó la
tabla, seguido por el alemán Uwe Schroder. El 31 de julio, el chino y Bellingrodt se
encontrarían en la fase definitiva, y marcarían 591 y 587 puntos respectivamente, para
obtener las medallas de oro y plata. La de bronce quedó colgada en el cuello del también
chino Huang Shiping. "Esta es una de las más grandes satisfacciones de mi vida, tal
vez la mejor", fueron las palabras iniciales del colombiano, que había vuelto a
sorprender a un país que se había olvidado de él.
"El tirador colombiano
Helmuth Bellingrodt, ganador de la medalla de plata en la especialidad del blanco móvil
(tiro al jabalí), dijo que <<espero no retirarme por el momento, porque creo que
todavía me queda mucho tiempo>>. Bellingrodt, sin perder la calma heredada de su
abuelo alemán, hizo sus declaraciones acosado por miembros de la delegación colombiana,
periodistas de ese país, tiradores de otros países y espectadores que presenciaron su
actuación en el polígono situado en esta localidad (Chino), 130 kilómetros al este de
Los Angeles. El deportista, nacido en Barranquilla, costa atlántica colombiana, agregó
que el día que se retire, le gustaría entrenar a otros tiradores de su país, en la
especialidad que le dio dos medallas de plata olímpicas y una de oro en campeonatos del
mundo".
El cable que envió la
agencia AP a todos sus abonados en el mundo entero fue una premonición de lo que
ocurriría con Bellingrodt en los años siguientes. Arquitecto de profesión, su vida ha
sido un continuo alternar el deporte con la diplomacia. Ha sido diplomático en Santo
Domingo, Panamá y Caracas, y actualmente es director del Instituto Colombiana para la
Juventud y el Deporte (Coldeportes) en el Atlántico. Desde allí, ha hecho una especial
labor a favor de los jóvenes que desean seguir sus pasos, e igualmente ha seguido
compitiendo. Su ultimo triunfo fue en el torneo invitacional de Sket, realizado en
Barranquilla en septiembre del 99. Bellingrodt ocupó el primer lugar de esta competencia,
para no reñir con su historia.
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