La palma de cera, árbol nacional

Por: Díaz Piedrahita, Santiago

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EDICION 139. JULIO 2001              

LA PALMA DE CERA,
árbol nacional

Por: Santiago Díaz Piedrahita

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 139,
Julio 2001

 

Ceroxylum andicola (Ceroxylon quindiuense). Grabado de Sellier sobre dibujo de Pierre Jean François Turpin. "plantes équinoxiales", de Alexander von Humboldt, París, 1808. Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia.



Palma de cera. Cerocylon quindiuense. Estampilla de correos. 1990. Colección Leo Temprano, Bogotá. .......................................... ............. .............. . .................... .................. ................. ....................... ............


   
Mediante la ley 61 de 1985, sancionada el 16 de septiembre por el presidente Belisario Betancur, el Congreso de la República adoptó a la palma de cera del Quindío [Ceroxylon quindiuense (Karsten) Wendl.] como árbol nacional. El articulado de esta norma señala: "Artículo 1º. Declárase como árbol nacional y símbolo patrio de Colombia a la especie de palma científicamente llamada Ceroxylon quindiuense y comúnmente denominada Palma de Cera. Artículo 2º. Facúltase al gobierno nacional para que con estricta sujeción a los planes y programas de desarrollo, realice las operaciones presupuestales correspondientes, contrate los empréstitos y celebre los contratos necesarios con el fin de adquirir terrenos, que no sean baldíos de la nación, en la Cordillera Central, para constituir uno o varios parques nacionales o santuarios de flora a fin de proteger el símbolo patrio y mantenerlo en su hábitat natural. Artículo 3º. Prohíbese la tala de la Palma de Cera bajo sanción penal aplicable en forma de multa, convertible en arresto, en beneficio del municipio donde se haya cometido la infracción de conformidad con el decreto ley 2811 de 1974".

Aunque la norma que establece la palma de cera como símbolo nacional es relativamente reciente, desde hace años existía un acuerdo de opinión que la reconocía como tal, tanto entre la población general como entre la comunidad científica.

Por su airoso porte y por los innumerables beneficios de ellas recibidos, las palmeras han estado vinculadas a la vida del hombre y a sus sentimientos desde tiempos inmemoriales. Por ello, el término palma no sólo se aplica a las palmeras sino que tiene una connotación de triunfo, victoria y aplauso; llevarse las palmas equivale a ganar o sobresalir en algo. El orden de las palmeras recibe el nombre de Principes, término equivalente a aventajado, primero, excelente o superior, motivo por el cual se utiliza también como título de honor para los grandes de un reino.

Siempre será tema de discusión la definición de si las palmeras son, en sentido morfológico estricto, árboles o hierbas gigantes. Similar a lo que ocurre en las demás plantas que se reproducen mediante semillas, en las palmeras el eje se diferencia claramente en una raíz y en un vástago, pero en ellas, ese eje aparece como un tronco recto y esbelto que mantiene casi el mismo grosor desde la base hasta el ápice y nunca produce ramas laterales; a cambio, aparece coronado en su extremo superior por un penacho de hojas pinnadas o flabeladas. Merced a este elegante porte y al notable desarrollo, pueden ser consideradas como verdaderos árboles, en los cuales el notable desarrollo de las hojas inhibe la actividad de las yemas laterales.

Las primeras noticias sobre la existencia de palmas de cera se deben a José Celestino Mutis, quien en 1785 consignó en sus apuntes interesantes datos sobre las especies propias de Timaná y de Guaduas, conocidas entonces con el nombre de "chuapa". La especie fue validada mediante una descripción publicada en 1808. Allí se dan interesantes datos relativos a la cera y a los múltiples usos dados al tronco y a las hojas. En una carta dirigida a Bertold Seeman, quien preparaba un interesante libro sobre las palmeras, y fechada en 1855 señala al naturalista alemán: "Hallé este árbol en la Cordillera de los Andes en el Paso del Quindío, entre Ibagué y Cartago, no más bajo en el declive de los 7.930, ni más alto que los 9.700 pies ingleses (Usted puede decir en su "Historia Popular de las Palmas", entre 7.900 y 9.700 pies ingleses) en compañía de árboles de Podocarpus [chaquiros] y Quercus granatensis [robles])".

Sin excepción, la palma de cera llamó la atención de todos los viajeros y naturalistas que recorrieron el camino del Quindío. William Purdie, describe las características y particularidades de nuestro árbol nacional en estos términos: "El altivo, noble tronco de este árbol está cubierto con una capa de cera resinosa, la cual le da una apariencia blanquecina de mármol, proporcionando un animado rasgo distintivo al escenario tan peculiar del páramo del Quindío, donde la palma abunda en grado extraordinario sin causar ningún daño al bosque subordinado bajo su grata sombra. Para obtener la cera el árbol se derriba y fui informado por mis guías que cada árbol proporciona una arroba o 25 libras. Un hombre puede cortar y raspar dos árboles en un día obteniendo al menos cincuenta libras. La cera es usada mezclada con sebo para hacer velas (sola quema demasiado rápido); es usada como vela de cera para ofrecerla a los santos y a la Virgen; el sebo está prohibido por las leyes o rúbrica de la Iglesia Romana; pero el cura de Toche, un pequeño caserío al pie del Quindío, me dijo que no podía permitir su uso en grandes ceremonias en la iglesia, porque las leyes de su religión lo prohiben; así aceptado, es imposible para ellos aprovechar este extraordinario producto natural, fácil de obtener; consecuentemente una gran importación de cera de abejas se ha introducido para uso sólo de la Iglesia. Después de raspada es simplemente derretida y vertida dentro de calabazos para ser usada por los aldeanos en la vecindad de la cordillera del Tolima. Se vende en la ciudad de Ibagué a los pies del Quindío a tres peniques o a medio real la libra; tiene considerable demanda pero es abundante y fácil de obtener."

Jean Baptise Boussingault, Herman Karsten y Edouard André aportan interesantes datos sobre la cera, su forma de recolección y sus usos. Célebres son los grabados hechos tanto por Taylor como por Crane con base en apuntes de André; los mismos fueron publicados y reproducidos en La Amérique Equinoxiale y el "Papel Periódico Ilustrado". En el primero aparece un cosechero o recolector de cera raspando el tronco en lo alto de una palmera; en el segundo se destaca la abundancia y notable desarrollo de las palmeras en la región del Quindío, cuya grandeza motivó al poeta Luis Vidales, quien dedica a la palma un breve pero magistral poema que dice musicalmente:

   
A la palma del Quindío le conté mi sueño un día. Era la palma, era, era la palma de cera, la palmera, la palma del sueño mío. Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío. Y cuando pasan los vientos la palma se vuelve río... Oid el ruido del aire, el río...., la palma del niño mío. Aquí la palpo guardada, aquí en el pecho, al lado izquierdo del alma en donde llevo al Quindío.
   
La adopción de la palma de cera como emblema se debió a una propuesta de Armando Dugand, entonces director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y reconocido especialista en palmas, quien en julio de 1949 la propuso como tal al comité organizador del Tercer Congreso Suramericano de Botánica. Este comité estaba presidido por Enrique Pérez Arbeláez, el naturalista más destacado del siglo XX en Colombia, fundador del Herbario Nacional Colombiano y del Instituto de Ciencias Naturales y promotor de la publicación de la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

En una documentada exposición de motivos, Dugand destacó la palma de cera como un verdadero patrimonio estético de la nación y como una de las notabilidades florísticas más típicas de la vegetación colombiana, no sólo por ser un elemento destacado y característico del paisaje andino, sino por la cera que produce, por lo extraordinario de su hábitat, que se sale ampliamente de los límites geográfico-altidudinales comunes en la familia de las palmas, además de ser la más hermosa y más desarrollada dentro del género, puesto que puede superar los 50 metros de altura. La palma fue propuesta también como símbolo del Congreso que debía realizarse en Bogotá en 1953, pero que por iniciativa gubernamental fue cancelado, por lo cual su sede se trasladó a Lima. Desde entonces, la palma de cera ha sido considerada como árbol nacional. Así figura en múltiples escritos, actas y documentos y en especies postales.

En el comunicado Nº 1 del Congreso antes citado se señala: "La insignia del Tercer Congreso Botánico Suramericano, siguiendo la práctica de los precedentes, lleva con la leyenda adecuada, la figura de la planta nacional del país sede. Colombia ha escogido como sus emblemas vegetales, la Cattleya de Triana y la Palma de Cera del Quindío. Una de estas (la palma) figurará en el escudo del Tercer Congreso en su medio ambiente de montaña y nevados". En efecto, en la papelería del certamen figuró la palma como emblema y así se difundió al mundo.

En 1979 el gobierno nacional, a través de Colcultura, organismo entonces adscrito al Ministerio de Educación Nacional, publicó bajo el título de "Los símbolos nacionales" un álbum elaborado por Joaquín Piñeros Corpas. En él figuran, junto con la explicación del origen del nombre Colombia, la historia de la bandera y la letra del himno nacional, la palma de cera, como árbol nacional, la flor de mayo o Cattleya trianae como flor nacional, y la esmeralda como piedra representativa del país.

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