El primer tesoro de los Quimbayas: Hace cien años fue obsequiado a España

Por: Gamboa Hinestrosa, Pablo

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 30
Junio de 1992

   


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Inauguración de la Exposición Histórico-Americana, del IV Centenario del Descubrimiento,
en las escalinatas del Museo Etnográfico de Madrid, el 12 de octubre de 1892, por la reina María
Cristina de Habsburgo, acompañada por los reyes de Portugal, Luis I de Braganza y
María Pía de Saboya. Grabado de "La Ilustración Española y Americana".


Al producirse la migración antioqueña hacia el Quindío, en el último cuarto del siglo XIX, bajo la presión de continuas guerras y revoluciones y en búsqueda de tierras fértiles, se produjo como consecuencia un rápido crecimiento de poblaciones como Pereira, Armenia y Calarcá; se fundaron nuevos centros urbanos, y tuvo gran auge la "guaquería". De esta manera, en 1878 se fundó Filandia, y trece años más tarde, en el sitio de La Soledad, fueron descubiertas y saqueadas dos sepulturas con una copiosa ofrenda de orfebrería y cerámica, que inicialmente se conoció como el "Tesoro de Calarcá", el cacique quimbaya que opuso resistencia a los españoles. Luego se le dio el nombre de "Tesoro de los Quimbayas", con el cual el año siguiente, 1892, se haría famoso internacionalmente durante el IV Centenario del Descubrimiento de América.

Los detalles exactos del hallazgo no se conocen; es providencial el que las piezas no se dispersaran al repartirse los guaqueros el fruto de su saqueo y que no terminaran, como era costumbre, en las casas de fundición de Medellín que compraban oro para enviarlo en lingotes a Inglaterra. En 1891, cuando se descubrió el Tesoro de los Quimbayas, ya se había iniciado en Colombia la recuperación histórica del pasado indígena, siguiendo los ecos del romanticismo, que entre sus postulados incluía la búsqueda de los vestigios del pasado nacional. Se contaba ya con estudios sobre los agustinianos (Codazzi, 1853), los chibchas y quimbayas (Uricoechea, 1854; Posada Arango, 1873; Zerda, 1882; Uribe Angel, 1885;
V. Restrepo, 1892), que fueron los primeros intentos de encontrar las más lejanas raíces de la naciente nacionalidad republicana. Los centros de estas preocupaciones fueron las ciudades de Bogotá y Medellín. Además del Museo Nacional, existían nueve colecciones particulares, destacándose las de Leocadio María Arango en Medellín, y de Santiago Vélez en Manizales. Alberto Urdaneta, en Bogotá, contaba con obras chibchas en la colección artística de su museo. En este contexto cultural aparece el Tesoro de los Quimbayas y su descubrimiento coincide, además, con el Laudo Arbitral proferido por la Corona española a favor de Colombia en el problema de límites sobre el río Orinoco suscitado con Venezuela.

El 20 de julio de 1892, el presidente Carlos Holguín, en su mensaje al Congreso, dice de esta colección: "Es la más completa y rica de objetos de oro que habrá en América, muestra del grado de adelanto que alcanzaron los primitivos moradores de nuestra patria. La hice comprar con ánimo de exhibirla en las Exposiciones de Madrid y Chicago y obsequiársela al Gobierno español para un museo de su capital, como testimonio de nuestro agradecimiento por el gran trabajo que se tomó en el estudio de nuestra cuestión de límites con Venezuela y la liberalidad con que hizo todos los gastos que tal estudio requería. Como obra de arte y reliquia de una civilización muerta, esta colección es de un valor inapreciable."

La Presidencia de la República había adquirido el tesoro por valor de $10.000, suma cuantiosa para la época. Para conducirlo a Madrid fueron encomendados Vicente Restrepo, ex ministro de Estado y quien posteriormente publicaría su obra sobre los chibchas, y su hijo Alvaro Restrepo Tirado, notable tratadista sobre los quimbayas, integrantes ambos de la Comisión de Protohistoria Colombiana. La participación de Colombia en la exposición, inaugurada el 12 de octubre por la reina regente de España, María Cristina de Habsburgo, con la presencia de los reyes de Portugal, fue muy destacada por los periódicos y revistas peninsulares. La Ilustración Española y Americana reprodujo grabados de algunas de las piezas más importantes y un artículo de J. Ramón Mélida, en la edición del 8 de diciembre, en que dice: "Por lo que a España respecta, baste recordar la brillante concurrencia de Colombia a la Exposición Hispano-Americana, la novedad y la riqueza de sus antigüedades, y muy especial la espléndida colección regalada a España, a no dudarlo, el presente más valioso que ésta ha recibido hasta el día de sus hijas allende el Atlántico." El arqueólogo español Pérez de Barradas, conocido en Colombia por sus trabajos sobre los agustinianos y por su monumental obra Orfebrería prehispánica de Colombia, decía al respecto: "La colección quimbaya [...] constituyó una revelación para los americanistas y fue uno de los atractivos de la exposición, puesto que tales antigüedades eran mostradas por primera vez a los amantes de la arqueología y la historia del arte."

 


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Casco, figuras antropomorfas, poporo y cetro con cabeza humana,
pertenecientes al tesoro de los Quimbayas. Museo de América, Madrid.


De esta manera, cambió de escenario el Tesoro de los Quimbayas, después de permanecer oculto en la guaca de La Soledad por espacio de novecientos o mil quinientos años, si nos atenemos a que el estilo quimbaya se sitúa entre el siglo IV y el siglo X de nuestra era. El público que desfiló en Madrid ante el tesoro se asombró ante el número y variedad de sus piezas, ante la destreza técnica y la perfección de estas formas áureas, tan exóticas y alejadas en el tiempo y el espacio de los conceptos estéticos europeos. Gracias a la magia americana, pudo ver allí la transformación del oro en trabajos artísticos, trasladándose brevemente a la época anterior al descubrimiento mediante la creatividad de los artífices quimbayas.

En 1893 volvió a mostrarse el tesoro con motivo de la Exposición Histórico Natural y Etnográfica, en Madrid. Fue entonces cuando el presidente Carlos Holguín lo donó oficialmente a la reina María Cristina, quien a su vez lo asignó al Museo Etnográfico de Madrid. Mientras permaneció allí, la colección se exhibió en una sala especial, llamada Sala del Tesoro de los Quimbayas, y en la Feria Internacional de Sevilla, en 1929, nuevamente se volvió a exhibir en el pabellón de Colombia.

Al finalizar la guerra civil española, Madrid fue sometida a intensos bombardeos que afectaron gravemente el Museo Etnográfico y, cuando la evacuación de la capital, el tesoro que había sido empacado para ser transportado a otro lugar, estuvo a punto de perderse. En 1942, el general Francisco Franco creó el Museo de América en predios de la Universidad Complutense, en Madrid, sitio a donde fue trasladado el tesoro. 


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Casco con figura humana, Vaso con tapa en forma radiada, un colgante
de estilo Darién (importado por los quimbayas), figura femenina con idolillos
en las manos y poporo fructiforme. Museo de América. Madrid


Los Quimbayas

Históricamente, el nombre "quimbaya" corresponde a uno de los numerosos cacicazgos indígenas en el Cauca medio, región que por extensión se llamó "provincia de quimbaya". Actualmente, este nombre designa los diferentes estilos precolombinos del antiguo Caldas, norte del Valle y sur de Antioquia. Paralelamente a la colonización antioqueña del Quindío, se produjo una intensa actividad de "guaquería" y el interés de los primeros estudiosos que analizaron la cerámica, figuras modeladas y orfebrería quimbayas, generalizando su nombre. Desde esa época comenzaron a salir del país valiosas obras, dispersándose por los más importantes museos del mundo, como el Británico de Londres, el Etnográfico de Berlín, el de Madrid, y también en museos de universidades norteamericanas. Gracias a la arqueología, sabemos ahora que las obras quimbayas corresponden por lo menos a cuatro ocupaciones distintas de la región y que el tesoro pertenece a la segunda ocupación, entre los siglos IV y X, de los llamados "quimbayas clásicos". 

Tesoro artístico

El tesoro está integrado por 122 piezas, con un peso aproximado de quince kilos, obras que responden a necesidades rituales y funerarias. En su inventario hay doce clases de objetos, clasificados así: seis estatuillas, una cabeza, dos instrumentos musicales de viento, once recipientes o "poporos", dos cuencos, ocho alfileres, una corona, seis cascos, 21 narigueras, 31 orejeras, once collares, cinco cascabeles, seis pendientes y nueve pasadores. Estéticamente, las obras de mayor interés son las estatuillas desnudas masculinas o femeninas, de pie o sedentes; pequeñas esculturas áureas de bulto redondo, huecas, modeladas previamente en cera y luego fundidas con la destreza característica que lograron los quimbayas en la representación del cuerpo humano, caracterizado por el modelado anatómico muy esquemático, mediante formas simples y macizas, pero haciendo especial énfasis en el tratamiento de la cabeza, de acentuado naturalismo en la ejecución de rasgos faciales. Es de advertir que estas figuras son huecas porque, a la vez, son recipientes. El tesoro también cuenta con los clásicos "poporos", de formas globulares que representan frutos, o de formas esquemáticas y redondas, y algunos decorados con figuras.

 

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Casco, vaso con tapa radial y poporo fructiforme, en grabados de "La Ilustración
Española y Americana", 1892. Reproduce piezas que se ilustran en la página anterior.


Objetos únicos del tesoro son los instrumentos musicales y la cabeza, que es un sahumador. Igualmente los cascos son muy interesantes por su técnica de laminado, y por su decoración con motivos geométricos y figuras. Los demás objetos son recipientes semiglobulares que imitan la forma de la totuma, alfileres con figuras, collares de figuras esquemáticas, orejeras en forma de carrete y narigueras semejantes a las que ostentan los personajes representados en las estatuillas. Las 122 piezas del tesoro tienen especial importancia, tanto por su sistema de representación que exalta el cuerpo humano, como por el diseño, por su perfección formal y por su depurado sentido estético. En cuanto al estilo, sin embargo, es preciso aclarar que no todas las piezas son quimbayas: hay alfileres de estilo calima y pendientes del Darién.

Desde los años setenta de este siglo, el Museo del Oro del Banco de la República y el Gobierno colombiano han adelantado, gracias a las gestiones iniciales del entonces embajador en España, Belisario Betancur, una negociación sobre el Tesoro de los Quimbayas, que pretende la recuperación de nuestro patrimonio artístico. De esta reclamación es posible que, para las celebraciones del V Centenario, lleguen al Museo del Oro de Bogotá diez obras del tesoro en comodato; otras diez piezas quimbayas saldrán del Museo del Oro para el Museo de América. Actualmente, el Tesoro de los Quimbayas está depositado en las bóvedas del Banco Central de España, en Madrid, aguardando la remodelación del Museo de América prevista para el V Centenario. Igualmente, una parte del tesoro vuelve a ser expuesta en la Exposición Universal de Sevilla.

Título: El primer tesoro de los Quimbayas: Hace cien años fue obsequiado a España


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