El desconocido último discurso del libertador: fué pronunciado en Cartagena el 26 de junio de 1830

Por: Vargas Martínez, Gustavo, 1934-

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 30
Junio de 1992

 


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Página de "El Sol", No. 430, México, septiembre 3 de 1830,
con el texto del último discurso de Bolívar


Fue 1830 en la vida de Colombia y de Bolívar el año del perdón indiscriminado y del llamado urgente a la unidad. Entre estos dos gestos, tan característicos del Libertador, transcurrió ese que puede ser considerado el año más crítico en la historia del siglo XIX colombiano: muerte de la Constitución de 1821, muerte de la Gran Colombia, muerte de Bolívar. De nada sirvió que el héroe llamara a la reconciliación y a fortalecer la unión: sus encarnizados enemigos demostraron en la práctica política que Bolívar tenía razón, porque ellos no fueron capaces de restablecer la unidad grancolombiana y dejaron que las guerras civiles asolaran a toda la inmensa nación.

Un hito en los llamados a la cordura que hizo Bolívar en este año de muerte fue el discurso que pronunció el 26 de junio de 1830, sólo dos días después de su arribo a la hermosa ciudad de Cartagena. Prácticamente desconocido, este discurso nunca ha sido incluido en antologías bolivarianas y se puede decir que es casi inédito, lo cual es inaudito tratándose de un documento de tanta monta y significación. Ni Vicente Lecuna en su imprescindible colección de Obras completas (La Habana: Lex, 1950), ni Blanco Fombona en sus Discursos y Proclamas (París: Garnier, 1913), ni Yáñez, ni la interrumpida e indispensable colección de Escritos del Libertador que se publicaban en Caracas hace tres décadas, ni siquiera la clásica recopilación de Larrazábal, Correspondencia general del Libertador (Nueva York: Jenkins, 1866), incluyen este discurso que será, desde ahora, pieza histórica de ineludible referencia. Apareció publicado en el diario El Sol, de México, el 3 de septiembre de 1830, en su edición No. 430, bajo el título Ultimas noticias de Colombia. Según dicha nota, "Su Excelencia fue recibido por el pueblo con aclamaciones de viva el Libertador", y el 26 de junio "las autoridades civiles, las corporaciones, los oficiales públicos y un número considerable de ciudadanos respetables, a cuyo frente se hallaba el prefecto del departamento, llegaron a la casa de Bolívar (la del general Montilla), en donde se hallaba ya reunido el comandante general y su Estado Mayor con los jefes y oficiales de la guarnición." Al saludo del prefecto, Bolívar contestó con el discurso que, entre comillas, publica El Sol.

Es posible que no se haya divulgado este discurso en la prensa sudamericana antes de ahora, porque muy poco tiempo después de la muerte de Bolívar, y habiendo caído el régimen de Urdaneta, el gobierno pasó a manos de los enemigos políticos de los dos generales y nadie se interesó en recopilaciones bolivarianas. Así que se salvó del olvido histórico sólo por la circunstancia casual de que el bergantín Montilla, que salió de Cartagena el 1 de julio, lo llevó a Nueva York, de donde, como dice El Sol, llegó a México.

Del discurso llama la atención, aparte del inconfundible estilo e ideología del Libertador en esos días, el carácter de testamento político y de explicación de su retiro del poder, en momentos en que justamente se levantaban los pueblos en armas para defender su legado y reinstalarlo en el gobierno. La sutil alusión a un retomo no deja de tener cierto aire de nostalgia, cuando pretende que Colombia no tema ser amenazada por un solo hombre: "entonces terminaría mi ausencia." Esta dramática suposición hace cierta la tesis de Gabriel García Márquez, quien en El general en su laberinto (Bogotá: Oveja Negra, 1988), en las páginas 208 a 210, las de mayor sentido político, afirma lo contrario de lo que siempre se ha dicho: no pensaba retirarse a la vida privada, sino impulsar una revolución contra Páez, recuperar Venezuela, someter a Riohacha que se había declarado venezolana y recomenzar de nuevo la guerra de liberación, antaño contra España y el colonialismo, ahora contra los caciques y gamonales separatistas. Entre el que se considera último discurso público de Bolívar, que fue el mensaje al Congreso de enero de 1830 ("Escuchad mi última voz al terminar mi carrera política. A nombre de Colombia os pido, os ruego, que permanezcáis unidos para que no seáis los asesinos de la Patria y vuestros propios verdugos") y la proclama final que todos los colombianos deben recitar de memoria

("Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión..."), queda ahora este discurso, brillante síntesis de la situación colombiana en los momentos de la agonía múltiples que padecieron patria, constitución y fundador.

El texto completo del discurso es el siguiente:

"Con la mayor satisfacción recibo la expresión de los generosos sentimientos con que os habéis dignado honrarme a nombre de los habitantes de esta capital, cuyos oficiales públicos y las principales autoridades veo reunidos en este recinto. He llegado, señores, a esta hermosa ciudad como un viajero que sólo tiene el tiempo necesario para negociar la continuación de su viaje. Al separarme de un país que he servido en cuanto dependía de mí, no ignoro que aún apenas hemos comenzado a llenar los deberes que él nos impone, y que hoy su tranquilidad, su prosperidad y su felicidad debería ser el asunto de nuestros trabajos, a fin de que los heroicos sacrificios consagrados a su independencia no fuesen consumados en vano. De consiguiente, muy lisonjero me sena aún el poder permanecer entre vosotros y dar yo el primero el ejemplo de la obediencia a las autoridades legítimamente constituidas, único medio de mantener el buen orden, de consolidar la libertad y asegurar la felicidad pública. Pero, señores, se me acusan miras ambiciosas que están lejos de mi corazón, y sin embargo se les ha dado crédito. Valiéndose de este pretexto se organizó un partido que mantiene al pueblo de Colombia en una continua agitación. Según el estado actual de las cosas, permaneciendo yo más tiempo en esta república, mi presencia ofrecerá nuevos pretextos para continuar los desórdenes que existen ya. Esta es, señores, mi opinión, mi conciencia me lo dicta.

"Todas las revoluciones, todos los excesos se me han atribuido, y tal vez si no hubiera habido convulsiones, la sospecha hubiera alarmado a aquellos que temían mi influencia y me suponen ambición. Empero el tiempo pondrá al gobierno de Colombia sobre bases sólidas: ésta no temerá entonces ser amenazada por un solo hombre, ni tampoco estará sujeta a ser desgarrada por las facciones. Entonces sin duda se terminará mi ausencia, regresando al seno de una patria de la que no puedo separarme sin un vivo dolor, y gozaré de los beneficios que procura la libertad, teniendo la gloria de ser súbdito de un gobierno constituido por nosotros mismos. Por grande que sea este sacrificio, de mi parte lo hago para felicidad de mi país, y si con esto se asegura su tranquilidad, me creeré bastante pagado de mis penas."

Título: El desconocido último discurso del libertador: fué pronunciado en Cartagena el 26 de junio de 1830


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