Vicisitudes del pensamiento conservador colombiano
Por: Jaramillo Uribe, Jaime, 1916-
Ficha bibliográfica
Titulo: Vicisitudes del pensamiento conservador colombiano
Autor: Jaime Jaramillo Uribe
Edición original: 2005-06-23
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Jaime Jaramillo Uribe
Notas:
| Jaime Jaramillo Uribe
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Si nos remontamos a nuestros orígenes históricos, podemos observar que en las leyes y la mentalidad de los súbditos de la corona española predominaba la idea del origen divino del poder real. El rey de España era por tradición milenaria o por designio divino quien tenía el poder de legislar y de ordenar. Las leyes y decisiones políticas se tomaban y variaban, se confirmaban o se modificaban siguiendo ciertas pautas morales y religiosas, pero en forma lenta y teniendo en cuanta las necesidades y circunstancias de las diversas regiones de América. A nadie se le ocurría que el origen del poder de la monarquía, del poder soberano del rey para legislar y ordenar, podría tener fundamento en la voluntad y el consentimiento de los súbditos americanos. No sólo el poder del rey se basaba en los designios divinos y en la tradición milenaria, sino también el ordenamiento de la sociedad con sus clases y órdenes sociales: aristocracia o nobleza, estamentos religiosos, burgueses y pueblo llano.
Este tipo de mentalidad comenzó a cambiar, al menos en la clase dirigente de los territorios americanos, al finalizar el siglo XVIII, es decir, en las vísperas de la Independencia, cuando los sectores dirigentes de América comenzaron a ponerse en contacto con el pensamiento liberal, republicano y democrático que produjo la Revolución Francesa, pensamiento basado en la idea de que el origen del poder de los gobernantes se basa en el consentimiento de los ciudadanos. Ahora bien, una sociedad determinada por el consentimiento de los ciudadanos, en sus variables intereses, era forzosamente una sociedad abierta, sometida a cambios frecuentes, que no podía invocar la tradición como fundamento de sus instituciones. Por eso, ser republicano y negarse a reconocer el dominio de la monarquía española sobre los territorios americanos y ser un conservador consecuente implicaría un difícil, casi imposible cambio de mentalidad para un latinoamericano que luchó por la independencia y luego asumió la tarea de organizar la república.![]()
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| El esfuerzo para superar esa contradicción lo realizó, con relativo éxito, el más estructurado, quizás el único pensador conservador que ha tenido Colombia: Miguel Antonio Caro. Caro tenía la convicción, y así lo expresó reiteradamente, que el poder soberano tiene origen divino y que la política sin bases morales y religiosas carece de fundamentos sólidos. Afirmó también que la cohesión de una sociedad tiene su mayor soporte en la tradición, que en el caso de los pueblos latinoamericanos era la tradición política y cultural española. La independencia de España fue justificada, pero esto no obligaba a una absoluta ruptura con el pasado, con un pasado en que España había edificado para estos países una civilización y unas instituciones excelsas: lengua, valores morales y religiosos, derecho, civilización material, etc. De haber actuado con estricta lógica, su convicción de que todo poder viene de Dios y su reverencia hacia la tradición habrían llevado a Caro a una posición monárquica. Como tal postura era imposible para un patriota, ya que la independencia se había hecho contra una monarquía y en Colombia, como en general en América, no existía ni una nobleza, ni una aristocracia con milenaria tradición de fueros y derechos, ni siquiera existía la riqueza que el boato y los rituales de una monarquía requieren, la única alternativa que quedaba era la organización del Estado sobre las bases del modelo republicano, liberal y democrático. Por eso fracasaron y tenían que fracasar en 1826 los fugaces intentos de instituir una monarquía en la Gran Colombia. Bolívar, en primer lugar, y muchos miembros de la generación prócer, se dieron cabal cuenta del problema y por eso aceptaron la organización republicana, inyectándole algunos factores de estabilidad como la presidencia vitalicia que proponía el Libertador en su proyecto de Constitución boliviana. |

Sergio Arboleda

José Eusebio Caro

Marco Fidel Suárez

José María Samper

Laureano Gómez

Aquilino Villegas
| El señor Caro estuvo ante los mismos dilemas en 1886. Por eso, pese a sus más íntimas convicciones, aceptó para la Constitución nacional el modelo básico del Estado liberal de derecho, insertándole también ciertos principios e instituciones que él consideraba le darían el carácter de una Constitución conservadora: la unión de la Iglesia y el Estado, la presidencia con fuertes atribuciones, de largo período y posibilidad de reelección, y algunos límites a los derechos individuales y a las garantías sociales. Su idea de un congreso compuesto de una cámara de elección popular y de un senado de extracción corporativa que representara intereses de instituciones como la familia, los gremios económicos, las universidades y la Iglesia, como una forma de compensar la debilidad, los defectos y las desfiguraciones que podía producir el sufragio popular, para su pesar, fue derrotada en la asamblea constituyente del 86. Si nos referimos a las ideas sostenidas por el partido conservador colombiano en los sucesivos programas desde su fundación en 1847 por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, podemos observar las dificultades de adherirse a una línea ortodoxa de pensamiento. Estos fueron los lineamientos generales del primer programa formulado por los fundadores: El partido conservador sostiene el orden contra la dictadura. La legalidad contra las vías de hecho. La moral cristiana contra el materialismo y el ateísmo. La libertad racional contra la opresión y el despotismo monárquico, militar y demagógico. La igualdad contra el privilegio aristocrático, la oclocracia, el privilegio universitario o cualquiera otro. La tolerancia real y efectiva contra el exclusivismo, sea del católico contra el protestante y el deísta, o del ateo contra el jesuita. La propiedad contra el robo y la usurpación ejercida por los comunistas, los socialistas, los supremos o cualesquiera otros. La seguridad contra la arbitrariedad. Este programa no difería mucho del que por la misma época propuso Ezequiel Rojas al también naciente partido liberal colombiano. |
En el siglo XX, en 1931, una convención nacional adopta un programa en que se proclama la defensa de la unidad nacional contra todo intento de federalismo, la defensa de la familia, de la propiedad y de la unidad religiosa del país. Se afirma que el partido es democrático y que fomentará la riqueza, la educación y el desarrollo de la universidad pública. En materias económicas ofrece apoyar en primer lugar la agricultura, pero también la industria a través de una política de protección aduanera. Proclama la necesidad de tecnificar la administración pública mediante la organización de la carrera administrativa. Reconoce el derecho de propiedad como base del orden social y económico, pero afirma que puede limitarse por razones de utilidad pública y acepta en general la intervención del Estado en la economía "para conseguir la armonía entre el capital y el trabajo". Contiene además una declaración contra las doctrinas comunistas y contra todos los matices de la izquierda en materias de política social.
Con excepción de Miguel Antonio Caro y de Sergio Arboleda en el siglo pasado, pocos escritores colombianos han intentado exponer el pensamiento conservador en forma sistemática. Unas pocas excepciones a esta regla las constituyen las obras escritas del político y escritor antioqueño Gonzalo Restrepo Jaramillo, del dirigente caldense Aquilino Villegas y en forma menos sistemática --en escritos periodísticos, conferencias y mensajes-- Laureano Gómez. Restrepo Jaramillo retrotrae los orígenes del pensamiento conservador a la obra de Santo Tomás de Aquino, a las doctrinas del derecho natural sobre la propiedad, la libertad individual y la base religiosa y moral de la actividad del Estado. En lo demás, sobre todo en el problema crucial del origen de la soberanía y del poder político, acepta la teoría del consentimiento de los ciudadanos. Es decir, la teoría liberal clásica. Por su parte, Laureano Gómez sintetizó sus ideas sobre la organización del Estado, sostenidas a través de cincuenta años de vida política, en su discurso de posesión de la Presidencia de la República en 1950. Insistió en la idea de la intervención de la divina providencia en la marcha de los destinos humanos, insistió en la colaboración de la Iglesia y el Estado en el mantenimiento del orden social, en el contenido moral de la política y en la defensa de la civilización cristiana.
BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA
- JARAMILLO URIBE, JAIME. Antología del pensamiento político colombiano. 2 Vols. Bogotá: Banco de la República, 1970.
- Los programas conservadores. Editados por la Dirección Nacional de Unidad Conservadora. Bogotá: Renacimiento, 1967.
- KIRK RUSSEL. La mentalidad conservadora en Inglaterra y en los Estados Unidos. Madrid: Rialp, 1956.
- RESTREPO JARAMILLO, GONZALO. El pensamiento conservador. Medellín: Bedout, 1936.





