La independencia del Perú

Por: Olano Alor, Aldo

 

Revista Credencial Historia

 

 

EDICIÓN 246
JUNIO DE 2010

     

 

Sobre el autor: Aldo Olano Alor. Sociólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú. Maestro en Ciencia Política, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Profesor e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad Externado de Colombia

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
EDICIÓN 246
JUNIO DE 2010

Existen algunos antecedentes de carácter local que es necesario tener en cuenta al momento de estudiar la independencia del Perú. El primero de ellos fue la gran rebelión indígena iniciada en noviembre de 1780 en el Cusco y que estuvo liderada por un descendiente directo del último inca, el cacique José Gabriel Condorcanqui, rebautizado como Túpac Amaru II. Si bien es cierto que la rebelión se inició más como una protesta en contra de los abusos cometidos por los funcionarios de la corona española, sobre todo los excesivos tributos y el extendido uso de la mita, y reconociendo el poder soberano del rey de España, es igualmente cierto que alcanzó una significativa importancia en la región suroriental del Virreinato.

La fallida rebelión indígena y la implacable represión que se ejerció contra los insurrectos, trajo consecuencias notables en el funcionamiento y sobrevivencia del Virreinato. La primera y quizá más relevante, fue que la corona decidió organizar un ejército de línea con la finalidad de que su poder no se viera nuevamente amenazado, en lo que para entonces se consideraba su más importante posesión en América del Sur. Esto quizá nos ayuda a entender por qué el Perú fue de los países que más tardíamente logró su independencia definitiva, para lo cual debió contar con la participación activa de fuerzas militares procedentes de lugares tan disímiles como la “Corriente Libertadora del Sur”, la misma que se originó en Buenos Aires y fuera reorganizada en Chile bajo el mando del militar argentino José de San Martín, y la “Corriente Libertadora del Norte” originada en Caracas y bajo la conducción de Simón Bolívar.

Por otro lado, resulta bastante paradójico que mientras en la mayor parte de Hispanoamérica se produjeron diversos pronunciamientos a raíz del derrocamiento de Fernando VII, sobre todo a través de las juntas de gobierno las mismas que estuvieron más preocupadas por mantenerse bajo la soberanía del depuesto rey que en lograr la independencia, en el Virreinato del Perú no se manifestó la voluntad de organizar un gobierno local autónomo, independientemente del ideario que lo acompañara, justo en los momentos en que el imperio americano de los Borbones iniciaba su inevitable desmembramiento.

Ahora bien, la pacificación que siguió a la derrota de Túpac Amaru se expresó en un período de tranquilidad que duró hasta 1811, tres décadas en los cuales el dominio español se fortaleció con una serie de importantes reformas de tipo político y económico como, por ejemplo, la lenta liberalización del comercio internacional. En 1811 se realizó la primera revuelta de Tacna, ciudad ubicada a 1300 kilómetros al sur de Lima y que fuera dirigida por un personaje de la aristocracia criolla, Francisco Antonio de Zela. Al año siguiente se tuvo una importante revuelta en la amazónica ciudad de Huánuco, luego en 1813 y liderada por Enrique Pallardelli, la segunda revuelta de Tacna. En 1814 se vivió una importante rebelión en el Cusco, acontecimiento donde tuvo una activa participación el antiguo brigadier indígena del ejército colonial, Mateo Pumacahua, militar que en su momento se encargó de combatir la rebelión de Túpac Amaru.

Las rebeliones aquí mencionadas terminaron con el exilio o la sumaria ejecución de sus líderes, lo cual significó un debilitamiento de cualquier intento de lograr la independencia por medios propios. Súmele a ellas el fracaso de las tres expediciones enviadas por la Junta de Gobierno de Buenos Aires, las mismas que liberarían al Perú por medio de una fuerza militar que ingresó por el Alto Perú, hoy Bolivia, para entender el retraso en la consecución de tan importante objetivo. Habría que esperar la organización, en 1820, de una importante fuerza militar, naval y terrestre al mando de José de San Martín, y la retirada del ejército colonial de la ciudad de Lima hacia el interior del país bajo la conducción del último virrey, José de la Serna, para que Perú proclamara su independencia el 28 de julio de 1821.

Esto no significó la emancipación definitiva, pues ante la casi e inmediata retirada de San Martín de territorio peruano, sobre todo por las profundas diferencias con los criollos locales, se entró en un período de anarquía y profundas divisiones políticas que culminaron con la retoma de importante territorio nacional por parte de las fuerzas españolas. Ante la posible caída del naciente Estado en manos del dominio colonial, el presidente José de la Riva Agüero mandó llamar y entregó el poder absoluto a Simón Bolívar, quien al frente de un ejército conformado por hombres procedentes de las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, derrotó de manera definitiva al ejército español en las batallas de Junín y Ayacucho entre los meses de agosto y diciembre de 1824. Consolidada la independencia en el Perú, el resto del continente podía confiar en el sostenimiento del ansiado objetivo: ser independientes de manera definitiva.

 

Entrevista de San Martín y Bolívar en Guayaquil
Entrevista de San Martín y Bolívar en Guayaquil Ca. 1830. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 3398.

Perú

Chungapoma. Guirnalda cívica ofrendada por el pueblo de Cusco al Libertador Simón Bolívar
Chungapoma. Guirnalda cívica ofrendada por el pueblo de Cusco al Libertador Simón Bolívar, Ca. 1825. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 2552.

 

     

 

Título: La independencia del Perú


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