El MRL y la cultura

Por: Tirado Mejía, Alvaro, 1940-

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 3
Marzo de 1990  

Cuando cumple treinta años de fundado el Movimiento Revolucionario Liberal, de amplia participación en la vida política del Frente Nacional, es bueno recordar la presencia cultural que generó a su alrededor, hasta el punto de que se puede asegurar sin exageración que sería muy difícil estudiar la cultura colombiana de los años sesentas prescindiendo del aporte que en ese campo hicieron algunos de sus dirigentes y simpatizantes.
 


Alfonso López Micheisen y Alvaro Uribe Rueda en una reunión de parlamentarios del MRL en el Salón Uribe Uribe, julio 17 de 1962


 


Jorge Gaitán Durán



Indalecio Liévano Aguirre


Cuenta Alvaro Uribe Rueda, director del semanario La Calle y una de las figuras principales del MRL, que en 1959 un grupo de políticos e intelectuales que deseaban fundar un nuevo movimiento de avanzada, pensaron en dos personas, ambos intelectuales y profesores universitarios, para que lo dirigiera: Gerardo Molina y Alfonso López Michelsen, el último de los cuales fué elegido como jefe. Molina, quien gozaba de amplio prestigio en los medio académicos por su rectoría en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre, fundó en 1958 el semanario La Gaceta, en el que participaron, entre otros, Jorge Child, Gustavo Vasco, Pedro Acosta e Israel Arjona, y luego es tuvo en el parlamento en una lista disiden te del MRL. A su vez, López Michelsen, cuyas intervenciones en política habían sido discretas, tenía un gran prestigio como profesor de Derecho Constitucional y por sus conocimientos en historia y literatura, tal como lo ha recordado su discípulo en la Universidad, Gabriel García Márquez. Militaron en el MRL profesores universitarios de prestigio, como Eduardo Umaña Luna, coautor de uno de los libros más importantes de la época: La violencia en Colombia, Jaime Isaza Cadavid y Héctor Abad Gómez en Medellín, donde precisamente se fundó en esa época la Universidad Autónoma Latinoamericana, que eligió a López como primer presidente de su Consejo Directivo, Luis Carlos Pérez, Alvaro Pérez Vives, Mario Latorre, Miguel Lleras Pizarro, Guillermo Hernández Rodríguez, distinguido jurista e historiador quien, para combatir la alternación como imposición constitucional, escribió el importante libro La alternación ante el pueblo como constituyente primario.
 


“Liberales a votar”, La Calle,
Nº 124, marzo 1960



“La puñalada trapera”, La Calle, Nº 182,
noviembre I2 de 1961


Por ello, no es casual el hecho de que, para la publicidad de uno de los documentos constitutivos del MRL, la famosa carta sobre la alternación enviada por López Michelsen desde México en 1958, el autor se hubiera valido de un subterfugio literario para introducirla en la opinión: decía que la carta tenía origen en la correspondencia cruzada con un antiguo discípulo en la Universidad Nacional de Colombia, quien le hizo el honor de pedirle su opinión sobre el tema, en vista de que existe entre la juventud universitaria un visible descontento por esta hipoteca con que los hombres mayores de cincuenta años están gravando la vida política futura del país y el porvenir de las nuevas promociones de nuestro partido.
 


“De Cleofás Lleras a los liberales incautos”,
La Calle, Nº 181, noviembre 1961



La Calle, Nº 185,
diciembre 2 de 1961


 

Las publicaciones fueron un elemento importantísimo en la vida del MRL. La revista Nueva Crítica, fundada en 1954 por Alvaro Uribe Rueda, congregó gran parte del núcleo del semanario La Calle, vértebra del movimiento. Jorge Child dirigía El Observador; Gerardo Molina, como ya se dijo, La Gaceta; Benjamín Jaramillo Zuleta, Esquina. La revista SETT (Salud, Educación, Tierra, Techo, programa del MRL) era órgano del movimiento y en ella aparecieron importantes ensayos de Alfonso López Michelsen, Indalecio Liévano Aguirre, Ramiro de la Espriella, Gustavo González Ochoa y Luis Villar Borda, presidente éste último de las Juventudes del MRL, tendencia a la que perteneció también Camilo Torres a su regresó de la Universidad de Lovaina. En el terreno cultural, hubo dos publicaciones que marcaron la época y que, si bien no fueron órganos del MRL, estuvieron muy ligadas a él. Se trata de Mito y La Nueva Prensa. La primera apareció en 1955 y sobrevivió hasta 1962, tuvo como fundador, director y alma a Jorge Gaitán Durán, quien hizo parte del consejo editorial de La calle y publicó el ensayo “La revolución invisible”, que era un análisis de la situación nacional y una propuesta programática para la “burguesía progresista”. Mito, una de las más importantes revistas de Colombia en el siglo XX, cumplió la función de abrir el horizonte intelectual de los colombianos, de vincularlos con las tendencias modernas del pensamiento universal. Allí aparecieron por primera vez textos de García Márquez, como El coronel no tiene quién le escriba, ensayos de Baldomero Sanín Cano y Hugo Latorre Cabal, poemas de León de Greiff, estudios de Darío Mesa y el trabajo de Indalecio Liévano Aguirre sobre Mosquera. Además, en Ediciones Mito se editaron libros como Mi Novela: Apuntes autobiográficos de Alfonso López, de Hugo Latorre Cabal, o Sade, de Jorge Gaitán Durán.
 


La Calle, Nº 187,
diciembre 17 de 1961



“Los grandes días están por venir”,
La Calle, N 190, enero28 de 1962


 


La Nueva Prensa, Nº 48, marzo-abril 1962



La Nueva Prensa fué fundada en 1961 por Alberto Zalamea, quien, según sus palabras, “giraba en torno a dos polos simultáneos de atracción que a su vez se rechazaban mutuamente: Alberto Lleras y Alfonso López Michelsen.” En La Nueva Prensa, por entregas, Indalecio Liévano Aguirre, parlamentario del movimiento, publicó Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Este trabajo planteaba una interpretación “anti-oligárquica” de la historia colombiana, que resultaba muy llamativa para las clases medias intelectuales atraídas por el MRL y contribuyó notoriamente a reformar la concepción de nuestra historia; además, la popularizó, en la medida en que por primera vez el tema llegaba al amplio público que esperaba impaciente la revista.

El MRL hizo una de sus convenciones en el Teatro El Búho, institución de vanguardia. Alrededor de Marta Traba, quien simpatizaba con el MRL y ejercía un importante y beligerante magisterio en los asuntos de la crítica de arte, gravitaban los artistas, muchos de los cuales, como Ignacio Gómez Jaramillo, Feliza Bursztyn o Eduardo Ramírez Villamizar, eran también simpatizantes, de la misma manera que lo eran directores de teatro como Bernardo Romero Lozano.

Alberto Zalamea evoca así los sitios de reunión intelectual y política de principios de los sesentas en Bogotá, como El Automático, El Excelsior, La cafetería del Hotel Continental, El Cisne: “En estos tertuliaderos era fácil encontrar al estado mayor del MRL (encabezado por Alvaro Uribe, quien preparaba en la barra muchos de sus formidables discursos y no pocas de las ingeniosas páginas en retrograbado de La Calle), al siempre impecable y brillante Jaime García Parra, a Indalecio Liévano, a Felipe Salazar Santos, con su estampa de tribuno de la Convención, a Ramiro de la Espriella, a Mario Latorre, a Gustavo Vasco, a Pepe Gutiérrez (éstos últimos, antiguos compañeros de estudio y andanzas bibliográficas en Francia; de Gustavo, convertido luego en uno de los más poderosos y discretos abogados del país, recuerdo en aquella adolescencia parisina su sorprendente capacidad de análisis, su mirada generosa y reflexiva, la seriedad con que defendía sus opciones intelectuales frente al entusiasmo exaltante y noble de Pepe, quien comenzaba su larga formación siquiátrica), a Gonzalo Arango, a Fabio Nicholls, siempre con la última primicia cierta o falsa, a Ricardo Samper, a Plinio Apuleyo Mendoza (liberado ya de su handicap de niño prodigio y en trance de autoconstruirse como el más completo periodista de la época, único capaz, en todo caso, de confrontar el alquímico proceso de ligar a cachacos y costeños), a Jorge Child (a quien conocía desde diez años antes cuando en Crítica publicábamos sus primeros excelentes ensayos sobre ‘el lopismo’, ya lúcidos y vitriólicos como sus artículos de hoy), a Rafael Maldonado Piedrahíta, a Marco Tulio Rodríguez, a Gaitán Durán y Cote Lamus, a Alfonso Castellanos y Pedro Acosta Borrero, a José Font Castro y Alvaro Escallón Villa, a Iván López y Luis Villar, a Francisco Zuleta y María Elena de Crovo, a Alvaro Ortiz Lozano y Guillermo Hernández Rodríguez...”
 


Mito, Nº 2,
junio-julio de 1955



Sett, Nº 9,
abril-mayo de 1974



La Nueva Prensa, Nº 52-53,
abril 25 a mayo 8 de 1962


Tanto en sus revistas como en las interpretaciones jurídicas y en las diferentes actividades culturales, el MRL representaba una tendencia de pensamiento modernizante, que expresaba la influencia de las corrientes intelectuales más activas de la Europa de postguerra, y estimuló el rápido proceso de transformación cultural que sufrió el país durante los años del Frente Nacional, después de la época más tradicionalista y autoritaria que lo había precedido.

 

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