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COMO ERA LA TIERRA, Arbucos, sabanas y páramos conformaban el país
Por: Joaquín
Molano Barreto
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 27
Marzo de 1992
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Hacia la última década del siglo XV el
actual territorio colombiano era muy similar en su fisiografía, pero bien distinto en su
espacio geográfico y sus paisajes. Surgidas del fondo del océano en un breve tiempo
geológico, aparecieron las montañas andinas septentrionales. Su presencia constituye la
espina dorsal del territorio colombiano, como un gigantesco sistema montañoso emergido en
el corazón ecuatorial.
El conjunto de fuerzas
que originaron las montañas, integraron cuatro ejes cordilleranos aproximadamente
paralelos y continuos, algunos de los cuales emergen del océano o se sumergen en él.
Dichas cadenas montañosas denominadas Baudó-Darién (Cordillera Litoral), Chocó
(Cordillera Occidental), Quindío (Cordillera Central) y Cundinamarca-Bogotá (Cordillera
Oriental), provocaron la formación de profundos y cálidos valles interandinos, algunos
de los cuales evolucionaron hacia litorales y playas como el valle interandino del
Atrato-San Juan, el cual hacia el Sur conforma el Andén Litoral del Pacífico y hacia el
Norte, el litoral cenagoso del golfo de Urabá; así mismo, el valle de Guacacayo-Yuma
(valle del Magdalena), que se proyecta hacia el mar Caribe en una plataforma amplia, que
en buena parte da lugar a los litorales y sectores llanos del Caribe. El río Magdalena se
ha desplazado desde la Guajira hasta el golfo de Morrosquillo desembocando por seis
lugares distintos.
Los piedemontes, así
como los valles inter e intrandinos, manifiestan una prolongada historia de transferencia
y acumulación de materiales producto de la geodinámica montaña-valle. Al interior de
los Andes y sobre los ejes montañosos se formaron extensos lagos, algunos de los cuales
perduran y otros se han transformado en altiplanos. De manera similar, gruesas capas
volcánicas han dado origen a mesetas como las de Pubenza, Quindío y Otún, o a
altiplanos como los de Pasto, Túquerres e Ipiales. Finalmente los glaciares, durante
muchas fases, modelaron las altas montañas andinas donde hoy perduran o donde se
extienden los páramos y las selvas nubladas.
Al sur y al oriente de
los Andes permanecieron planicies y escudos surcados de serranías, colinas, montes-islas,
cerros y plataformas: presencia viva de antiguas montañas, algo rejuvenecidas por la
determinante orogénesis andina. Estos relieves marginales a los Andes, otrora litorales,
islas o fondo de mares someros, nos integran regionalmente con las extensas selvas de la
Amazonía y con las sabanas del norte de Suramérica. La fisiografía colombiana descrita
no ha cambiado esencialmente y los fundamentos del relieve actual eran los mismos hacia
1492.
Las condiciones
climáticas aparecidas a partir del período Holoceno hace aproximadamente 11.000 años
han sido muy similares a las actuales. Dichas condiciones están determinadas por
considerables volúmenes de precipitación, temperaturas constantes para los lugares,
periodicidad pluvial anual, alta nubosidad, convergencia de masas continentales y
oceánicas sobre el país; todas las cuales se encuentran desigualmente distribuidas en
las montañas como en las peniplanicies, configurando el ambiente ecuatorial que define al
país. Colombia, más que un país tropical, es un país ecuatorial.
País de
Arcabucos, Sabanas y Páramos
La integración de los
ambientes de montañas y planicies, de las condiciones climáticas y de la diversidad
biológica, nos permite afirmar que hacia finales del siglo XV el territorio colombiano
poseía paisajes dominados por una gran variedad de arcabucos (selvas), acompañados de
sabanas naturales y antrópicas (modificadas por el hombre) y coronadas de ecosistemas de
alta montaña, posteriormente llamados páramos. Las selvas ecuatoriales prácticamente se
extendían desde los litorales, cubriendo las vertientes y cordilleras, penetrando en los
valles interandinos y planicies bajas hasta conectar con la Amazonía o establecer
límites con las sabanas de la Orinoquía. Las selvas también cubrieron nuestras islas
del Caribe y del Pacífico.
Procuraremos clasificar
las selvas que existieron en nuestro país teniendo en cuenta la geomorfología, las
lluvias, las temperaturas, los ambientes salobres, los suelos y las inundaciones. Las
selvas litorales, tanto continentales como insulares, estuvieron conformadas por manglares
y sájales principalmente, en ambientes de albuferas, bahías, litorales bajos inundables
y márgenes de ciénagas; estas selvas son catalogadas como uno de los ecosistemas
acuáticos de mayor productividad primaria tropical a nivel mundial y como la base de
productividad secundaria de los ecosistemas bentónicos (del fondo marino). Una
descripción de arcabucos y montes litorales realizada en el siglo XVI, dice que "en
las tierras calientes y cerca del mar se crían muchos árbores que llaman manglares, y
hay grandes bosques de ellos, y hallánse dos especies de estos (...) No llevan fruta
alguna estos árbores, pero tienen esta particular propiedad, que todas las ramas y
pimpollos que echan de medio para abajo, se inclinan todas a la tierra y se fijan en ella,
y hacen raíces sin hoja alguna, que de medio abajo no parece aquel árbor sino una rueca
de muchos ganchos atados juntos".
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Antiguo delta
del río Guacacayo, Yuma ó Guaripuña
(río Magdalena)
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Las islas participan de
una composición florística similar a la de los continentes próximos. En algunas islas
más distantes como San Andrés y Providencia existieron maderas finas como el mahogany
(caoba), el palo brasil y el cedro. Sobre los litorales emergidos, las áreas
continentales colinares y las planicies caribeñas, dominó la selva
"montebravo" o "montefirme", una poderosa formación vegetal
selvática espesa y corpulenta, donde el volumen de precipitación calculado podría
superar los 1800 mm, registros no alcanzados hoy en dichos lugares. La selva de montefirme
constituyó la frontera de Tierradentro, es decir la inmensidad selvática que se
prolongaba hacia las tierras del interior del país. Hacia 1492 estas selvas presentaban
roturaciones para cultivos de yuca, maíz, auyama y frutas, acompañadas de sabanas
inclusas producto del manejo dado por las culturas milenarias de las selvas
ecuatoriales.
Sobre paisajes llanos,
deprimidos e inundables, coexistió la selva aluvial de humedales y ciénagas con el
montefirme y la vegetación acuática y lacustre de las zonas pantanosas. Su localización
comprendía el amplio sector inundable del bajo Magdalena y la depresión de Mompós, los
valles medios y bajos de los ríos Sinú, San Jorge, Atrato, Catatumbo, Cesar, San Juan y
buena parte del Andén Litoral Pacífico. La composición multiespecífica de estas selvas
brindó a los nativos enormes posibilidades alimenticias y la base de una rica cultura
material. En estos arcabucos se desarrolló uno de los más complejos sistemas de uso y
manejo de suelo-agua-selva. El viajero alsaciano Luis Striffler dice de estas selvas:
"La vegetación tropical se ha complacido en producir allí fantasías que el arte
nunca llegará a igualar. Por todas las partes se halla la tierra completamente cubierta
de la aglomeración de vegetales que se disputan el espacio y se oprimen mutuamente
apoyándose los unos sobre los otros. Era una selva oscura por la inmensidad de los
árboles colosales que la poblaban. Todo era monumental; hasta las lianas que envolvían
aquellos inmensos troncos y que cuatro hombres dándose las manos apenas hubieran podido
abrazar".
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Manglares de la
Ciénaga Grande.
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Las selvas de los
escudos y planicies sedimentarias del sur-oriente del país, conocidas genéricamente como
la Amazonía, constituyeron formaciones arbóreas más o menos homogéneas, las cuales se
subdividen, de acuerdo con Camilo Domínguez, en selva sobre suelos arenosos o caatingas,
selvas sobre planicies sedimentarias recientes, selvas de pie de montaña, selva de
transición hacia las sabanas, selvas de galerías y selvas de vegas inundables. Este
conjunto de selvas integran el territorio colombiano al más grande espacio de selvas del
planeta, donde se encuentra la mayor biodiversidad faunística en coevolución con las
selvas y una inmensa productividad acuática asociada.
Sin encontrar barreras,
las selvas coparon los espacios de los valles interandinos, integrando así las selvas de
planicies abiertas con las selvas de piedemontes cordilleranos y selvas de vertientes.
Estas selvas, con una composición multiespecífica y pluriestratificada al igual que las
anteriormente señaladas, abarcaron los valles del Atrato, San Juan, valle del Magdalena
(Hylea magdalenense), valle del Cauca, valle del Cesar, valle del
Catatumbo-Zulia-Maracaibo y gran cantidad de valles menores.
Igualmente, los
arcabucos descritos por Bernardo de Vargas Machuca (1599), como grandes y espesos bosques,
colonizaron las vertientes de los Andes. La enorme variabilidad ambiental encontrada sobre
las montañas ecuatoriales diversificó la selva en una gran variedad de tipos, de acuerdo
con factores de localización, disposición de los valles transversales y longitudinales,
exposición o protección a masas húmedas o a enclaves secos, tipos de suelos,
pendientes, humedad, etc. José Cuatrecasas (1934) propuso un esquema clasificatorio de
dichas selvas, aún vigente, denominándolas selvas sub-andinas, selvas andinas y piso
altiandino o selvas nubladas. Por encima de estas ricas y diversas selvas, sólo existían
los páramos y las nieves.
Las selvas que
cubrieron la mayor extensión de nuestro territorio poseían no sólo una rica
composición florística, sino que se caracterizaban por la abundante presencia de palmas,
las cuales tipifican nuestros arcabucos y se convierten en los elementos más conspicuos
de la vegetación, yendo desde la palma de lata, nolí y vino en las áreas bajas, hasta
la palma de cera en las selvas altiandinas.
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Aldea de tos
Pastos, en el altiplano nariñense.
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Bajo ciertas
condiciones del suelo, hídricas y estacionales, las selvas se tornaban más ralas, bajas
y caducas, cediendo su espacio a las habanas (sabanas) o compartiéndolo a través de
matas de monte, selvas de galerías y morichales. Estos espacios abiertos constituyeron la
parte septentrional del país en la península guajira y en la Orinoquía colombiana,
donde los paisajes de sabana variaban entre la sabana inundable, la altillanura plana, la
altillanura disectada, los piedemontes andinos y el andén orinoqués. La cobertura
arbórea de las sabanas hacia el siglo XV era aproximadamente el 30% del territorio, lo
cual nos permite identificar a los países de sabana como espacios arbolados a través de
estructuras de selva o vegetación abierta con gramíneas. La sabana, como lo plantea
Mario Mejía, es el producto de la secular intervención del fuego sobre el ecotono o
proyección de la selva amazónica hacia Orinoquía. Finalmente, los páramos representan
los biomas (formación vegetal) más exclusivos de los Andes ecuatoriales, caracterizados
por vegetación abierta, temperaturas bajas, nubosidad y niebla, suelos ácidos y
húmedos, vientos fuertes y lloviznas; situados sobre las crestas más elevadas de los
Andes por arriba de los 3500 metros sobre el nivel del mar y distribuidos en forma insular
por encima o dentro de las selvas. La insularidad geográfica creó una rica diversidad
ecológica y ambiental.
La selva es el mundo de
la diversidad biológica y cultural. Infinidad de novedosas plantas y animales se
encontraban en la naturaleza del nuevo mundo. Maíces, yucas, quinua, papas, batatas,
caucho, cacao, algodón, tabaco, coca, frutales, maderas maravillosas, fibras, bálsamos,
tinturas, resinas, mieles y plantas medicinales, son apenas una muestra de la riqueza de
la selva. El hábitat de la selva fue igualmente exuberante en su riqueza faunística.
Variedad de aves, insectos, anfibios, reptiles, mamíferos, peces, arácnidos, moluscos y
primates, coevolucionaron en los densos arcabucos ecuatoriales, las sabanas y los
páramos, asombrando al mundo tanto por su riqueza como por su variedad.
Durante más de 20.000
años, las culturas ecuatoriales desarrollaron un importante conocimiento de su ambiente
mediante combinación de estrategias silvícolas, hortícolas y agrícolas, basadas en el
pluricultivo, la selección de variedades para su adaptación a los climas y el
aprovechamiento del espacio vertical y horizontal, a través de la conservación,
modificación y aprovechamiento de tan rica fuente de germoplasma.
Las estrategias antes
anotadas abarcan la obtención de alimentos, bebidas, condimentos, medicinas, excitantes,
curares, sahumerios, fibras y maderas a través de los cuales vivió el indio americano
por siglos, agudo en sus percepciones sensoriales, astuto en su defensa, traidor en sus
ataques; contemplativo ante los bosques, las nubes y el correr de sus ríos. Así era la
tierra en 1492. Así se configuró el territorio colombiano sobre el espacio selvático
inmarcesible. Desde entonces venimos construyendo un espacio geográfico que también
desconocemos, porque la brevedad del cambio no brinda perspectiva para percibirlo.
BIBLIOGRAFIA
CUATRECASAS, JOSE. Observaciones
geobotánicas en Colombia. Madrid: Museo Nacional de Ciencias Naturales, 1934.
DOMINGUEZ, CAMILO. Amazonía
colombiana: visión general. Bogotá: Biblioteca Banco Popular. 1985.
MEJIA, MARIO. Orinoquía
colombiana. Palmira: Universidad Nacional de Colombia, 1984.
PATINO, VICTOR M. Historia
de la botánica y de las ciencias afines en Colombia. Historia Extensa de Colombia,
Vol. XVI. Academia Colombiana de Historia. Bogotá: Lerner. 1985.
PEREZ ARBELAEZ,
ENRIQUE. Recursos naturales de Colombia. Bogotá: Banco de la República. 1959.
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