Ficha bibliográfica
Titulo: Cómo era la tierra, Arbucos, sabanas y páramos conformaban el país
Edición original: 2005-06-01
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-01
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Joaquín Molano Barreto

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 27 - MARZO 1992

 


COMO ERA LA TIERRA,
Arbucos, sabanas y páramos conformaban el país
Por: Joaquín Molano Barreto

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 27
Marzo de 1992

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Hacia la última década del siglo XV el actual territorio colombiano era muy similar en su fisiografía, pero bien distinto en su espacio geográfico y sus paisajes. Surgidas del fondo del océano en un breve tiempo geológico, aparecieron las montañas andinas septentrionales. Su presencia constituye la espina dorsal del territorio colombiano, como un gigantesco sistema montañoso emergido en el corazón ecuatorial.

El conjunto de fuerzas que originaron las montañas, integraron cuatro ejes cordilleranos aproximadamente paralelos y continuos, algunos de los cuales emergen del océano o se sumergen en él. Dichas cadenas montañosas denominadas Baudó-Darién (Cordillera Litoral), Chocó (Cordillera Occidental), Quindío (Cordillera Central) y Cundinamarca-Bogotá (Cordillera Oriental), provocaron la formación de profundos y cálidos valles interandinos, algunos de los cuales evolucionaron hacia litorales y playas como el valle interandino del Atrato-San Juan, el cual hacia el Sur conforma el Andén Litoral del Pacífico y hacia el Norte, el litoral cenagoso del golfo de Urabá; así mismo, el valle de Guacacayo-Yuma (valle del Magdalena), que se proyecta hacia el mar Caribe en una plataforma amplia, que en buena parte da lugar a los litorales y sectores llanos del Caribe. El río Magdalena se ha desplazado desde la Guajira hasta el golfo de Morrosquillo desembocando por seis lugares distintos.

Los piedemontes, así como los valles inter e intrandinos, manifiestan una prolongada historia de transferencia y acumulación de materiales producto de la geodinámica montaña-valle. Al interior de los Andes y sobre los ejes montañosos se formaron extensos lagos, algunos de los cuales perduran y otros se han transformado en altiplanos. De manera similar, gruesas capas volcánicas han dado origen a mesetas como las de Pubenza, Quindío y Otún, o a altiplanos como los de Pasto, Túquerres e Ipiales. Finalmente los glaciares, durante muchas fases, modelaron las altas montañas andinas donde hoy perduran o donde se extienden los páramos y las selvas nubladas.

Al sur y al oriente de los Andes permanecieron planicies y escudos surcados de serranías, colinas, montes-islas, cerros y plataformas: presencia viva de antiguas montañas, algo rejuvenecidas por la determinante orogénesis andina. Estos relieves marginales a los Andes, otrora litorales, islas o fondo de mares someros, nos integran regionalmente con las extensas selvas de la Amazonía y con las sabanas del norte de Suramérica. La fisiografía colombiana descrita no ha cambiado esencialmente y los fundamentos del relieve actual eran los mismos hacia 1492.

Las condiciones climáticas aparecidas a partir del período Holoceno hace aproximadamente 11.000 años han sido muy similares a las actuales. Dichas condiciones están determinadas por considerables volúmenes de precipitación, temperaturas constantes para los lugares, periodicidad pluvial anual, alta nubosidad, convergencia de masas continentales y oceánicas sobre el país; todas las cuales se encuentran desigualmente distribuidas en las montañas como en las peniplanicies, configurando el ambiente ecuatorial que define al país. Colombia, más que un país tropical, es un país ecuatorial.

 

País de Arcabucos, Sabanas y Páramos

La integración de los ambientes de montañas y planicies, de las condiciones climáticas y de la diversidad biológica, nos permite afirmar que hacia finales del siglo XV el territorio colombiano poseía paisajes dominados por una gran variedad de arcabucos (selvas), acompañados de sabanas naturales y antrópicas (modificadas por el hombre) y coronadas de ecosistemas de alta montaña, posteriormente llamados páramos. Las selvas ecuatoriales prácticamente se extendían desde los litorales, cubriendo las vertientes y cordilleras, penetrando en los valles interandinos y planicies bajas hasta conectar con la Amazonía o establecer límites con las sabanas de la Orinoquía. Las selvas también cubrieron nuestras islas del Caribe y del Pacífico.

Procuraremos clasificar las selvas que existieron en nuestro país teniendo en cuenta la geomorfología, las lluvias, las temperaturas, los ambientes salobres, los suelos y las inundaciones. Las selvas litorales, tanto continentales como insulares, estuvieron conformadas por manglares y sájales principalmente, en ambientes de albuferas, bahías, litorales bajos inundables y márgenes de ciénagas; estas selvas son catalogadas como uno de los ecosistemas acuáticos de mayor productividad primaria tropical a nivel mundial y como la base de productividad secundaria de los ecosistemas bentónicos (del fondo marino). Una descripción de arcabucos y montes litorales realizada en el siglo XVI, dice que "en las tierras calientes y cerca del mar se crían muchos árbores que llaman manglares, y hay grandes bosques de ellos, y hallánse dos especies de estos (...) No llevan fruta alguna estos árbores, pero tienen esta particular propiedad, que todas las ramas y pimpollos que echan de medio para abajo, se inclinan todas a la tierra y se fijan en ella, y hacen raíces sin hoja alguna, que de medio abajo no parece aquel árbor sino una rueca de muchos ganchos atados juntos".

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Antiguo delta del río Guacacayo, Yuma ó Guaripuña
(río Magdalena)


 

Las islas participan de una composición florística similar a la de los continentes próximos. En algunas islas más distantes como San Andrés y Providencia existieron maderas finas como el mahogany (caoba), el palo brasil y el cedro. Sobre los litorales emergidos, las áreas continentales colinares y las planicies caribeñas, dominó la selva "montebravo" o "montefirme", una poderosa formación vegetal selvática espesa y corpulenta, donde el volumen de precipitación calculado podría superar los 1800 mm, registros no alcanzados hoy en dichos lugares. La selva de montefirme constituyó la frontera de Tierradentro, es decir la inmensidad selvática que se prolongaba hacia las tierras del interior del país. Hacia 1492 estas selvas presentaban roturaciones para cultivos de yuca, maíz, auyama y frutas, acompañadas de sabanas inclusas producto del manejo dado por las culturas milenarias de las selvas ecuatoriales.

Sobre paisajes llanos, deprimidos e inundables, coexistió la selva aluvial de humedales y ciénagas con el montefirme y la vegetación acuática y lacustre de las zonas pantanosas. Su localización comprendía el amplio sector inundable del bajo Magdalena y la depresión de Mompós, los valles medios y bajos de los ríos Sinú, San Jorge, Atrato, Catatumbo, Cesar, San Juan y buena parte del Andén Litoral Pacífico. La composición multiespecífica de estas selvas brindó a los nativos enormes posibilidades alimenticias y la base de una rica cultura material. En estos arcabucos se desarrolló uno de los más complejos sistemas de uso y manejo de suelo-agua-selva. El viajero alsaciano Luis Striffler dice de estas selvas: "La vegetación tropical se ha complacido en producir allí fantasías que el arte nunca llegará a igualar. Por todas las partes se halla la tierra completamente cubierta de la aglomeración de vegetales que se disputan el espacio y se oprimen mutuamente apoyándose los unos sobre los otros. Era una selva oscura por la inmensidad de los árboles colosales que la poblaban. Todo era monumental; hasta las lianas que envolvían aquellos inmensos troncos y que cuatro hombres dándose las manos apenas hubieran podido abrazar".

 

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Manglares de la Ciénaga Grande.


 

Las selvas de los escudos y planicies sedimentarias del sur-oriente del país, conocidas genéricamente como la Amazonía, constituyeron formaciones arbóreas más o menos homogéneas, las cuales se subdividen, de acuerdo con Camilo Domínguez, en selva sobre suelos arenosos o caatingas, selvas sobre planicies sedimentarias recientes, selvas de pie de montaña, selva de transición hacia las sabanas, selvas de galerías y selvas de vegas inundables. Este conjunto de selvas integran el territorio colombiano al más grande espacio de selvas del planeta, donde se encuentra la mayor biodiversidad faunística en coevolución con las selvas y una inmensa productividad acuática asociada.

Sin encontrar barreras, las selvas coparon los espacios de los valles interandinos, integrando así las selvas de planicies abiertas con las selvas de piedemontes cordilleranos y selvas de vertientes. Estas selvas, con una composición multiespecífica y pluriestratificada al igual que las anteriormente señaladas, abarcaron los valles del Atrato, San Juan, valle del Magdalena (Hylea magdalenense), valle del Cauca, valle del Cesar, valle del Catatumbo-Zulia-Maracaibo y gran cantidad de valles menores.

Igualmente, los arcabucos descritos por Bernardo de Vargas Machuca (1599), como grandes y espesos bosques, colonizaron las vertientes de los Andes. La enorme variabilidad ambiental encontrada sobre las montañas ecuatoriales diversificó la selva en una gran variedad de tipos, de acuerdo con factores de localización, disposición de los valles transversales y longitudinales, exposición o protección a masas húmedas o a enclaves secos, tipos de suelos, pendientes, humedad, etc. José Cuatrecasas (1934) propuso un esquema clasificatorio de dichas selvas, aún vigente, denominándolas selvas sub-andinas, selvas andinas y piso altiandino o selvas nubladas. Por encima de estas ricas y diversas selvas, sólo existían los páramos y las nieves.

Las selvas que cubrieron la mayor extensión de nuestro territorio poseían no sólo una rica composición florística, sino que se caracterizaban por la abundante presencia de palmas, las cuales tipifican nuestros arcabucos y se convierten en los elementos más conspicuos de la vegetación, yendo desde la palma de lata, nolí y vino en las áreas bajas, hasta la palma de cera en las selvas altiandinas.

 

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Aldea de tos Pastos, en el altiplano nariñense.


 

Bajo ciertas condiciones del suelo, hídricas y estacionales, las selvas se tornaban más ralas, bajas y caducas, cediendo su espacio a las habanas (sabanas) o compartiéndolo a través de matas de monte, selvas de galerías y morichales. Estos espacios abiertos constituyeron la parte septentrional del país en la península guajira y en la Orinoquía colombiana, donde los paisajes de sabana variaban entre la sabana inundable, la altillanura plana, la altillanura disectada, los piedemontes andinos y el andén orinoqués. La cobertura arbórea de las sabanas hacia el siglo XV era aproximadamente el 30% del territorio, lo cual nos permite identificar a los países de sabana como espacios arbolados a través de estructuras de selva o vegetación abierta con gramíneas. La sabana, como lo plantea Mario Mejía, es el producto de la secular intervención del fuego sobre el ecotono o proyección de la selva amazónica hacia Orinoquía. Finalmente, los páramos representan los biomas (formación vegetal) más exclusivos de los Andes ecuatoriales, caracterizados por vegetación abierta, temperaturas bajas, nubosidad y niebla, suelos ácidos y húmedos, vientos fuertes y lloviznas; situados sobre las crestas más elevadas de los Andes por arriba de los 3500 metros sobre el nivel del mar y distribuidos en forma insular por encima o dentro de las selvas. La insularidad geográfica creó una rica diversidad ecológica y ambiental.

La selva es el mundo de la diversidad biológica y cultural. Infinidad de novedosas plantas y animales se encontraban en la naturaleza del nuevo mundo. Maíces, yucas, quinua, papas, batatas, caucho, cacao, algodón, tabaco, coca, frutales, maderas maravillosas, fibras, bálsamos, tinturas, resinas, mieles y plantas medicinales, son apenas una muestra de la riqueza de la selva. El hábitat de la selva fue igualmente exuberante en su riqueza faunística. Variedad de aves, insectos, anfibios, reptiles, mamíferos, peces, arácnidos, moluscos y primates, coevolucionaron en los densos arcabucos ecuatoriales, las sabanas y los páramos, asombrando al mundo tanto por su riqueza como por su variedad.

Durante más de 20.000 años, las culturas ecuatoriales desarrollaron un importante conocimiento de su ambiente mediante combinación de estrategias silvícolas, hortícolas y agrícolas, basadas en el pluricultivo, la selección de variedades para su adaptación a los climas y el aprovechamiento del espacio vertical y horizontal, a través de la conservación, modificación y aprovechamiento de tan rica fuente de germoplasma.

Las estrategias antes anotadas abarcan la obtención de alimentos, bebidas, condimentos, medicinas, excitantes, curares, sahumerios, fibras y maderas a través de los cuales vivió el indio americano por siglos, agudo en sus percepciones sensoriales, astuto en su defensa, traidor en sus ataques; contemplativo ante los bosques, las nubes y el correr de sus ríos. Así era la tierra en 1492. Así se configuró el territorio colombiano sobre el espacio selvático inmarcesible. Desde entonces venimos construyendo un espacio geográfico que también desconocemos, porque la brevedad del cambio no brinda perspectiva para percibirlo.

 

BIBLIOGRAFIA

CUATRECASAS, JOSE. Observaciones geobotánicas en Colombia. Madrid: Museo Nacional de Ciencias Naturales, 1934.

DOMINGUEZ, CAMILO. Amazonía colombiana: visión general. Bogotá: Biblioteca Banco Popular. 1985.

MEJIA, MARIO. Orinoquía colombiana. Palmira: Universidad Nacional de Colombia, 1984.

PATINO, VICTOR M. Historia de la botánica y de las ciencias afines en Colombia. Historia Extensa de Colombia, Vol. XVI. Academia Colombiana de Historia. Bogotá: Lerner. 1985.

PEREZ ARBELAEZ, ENRIQUE. Recursos naturales de Colombia. Bogotá: Banco de la República. 1959.

 




 

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