LA INDEPENDENCIA EN LAS PROVINCIAS DE ANTIOQUIA Y CHOCÓ.

Por: Reyes Cárdenas, Ana Catalina

Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 243
MARZO DE 2010

     

 

Sobre el autor: Ana Catalina Reyes Cárdenas. Historiadora y magister en historia, Universidad Nacional de Colombia. Doctora en Historia de la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. Profesora asociada y Decana, Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 243

Marzo de 2010

ANTIOQUIA EN LA PRIMERA REPÚBLICA, LA CONSTRUCCIÓN DE UN PROYECTO REGIONAL

Antes de que estallara en 1808 la crisis de la monarquía española, en la lejana provincia de Antioquia había signos de descontento de los vasallos con el gobierno de Carlos IV, la reina y el primer ministro Manuel Godoy. En 1801, el día del cumpleaños de la reina, los súbditos de la Villa de Medellín no alumbraron las casas, ni las calles como había sido tradición y obligación por más de 300 años, a pesar de que este desacato implicaba el pago de una multa1. Igualmente, en 1807, el Cabildo de la ciudad de Antioquia se ausentó en pleno de las ceremonias de vasallaje y fidelidad al rey el día de su onomástico2. En la ciudad de Rionegro fue puesto preso, en abril de 1808, un parroquiano que en una chichería y al calor del alcohol profirió insultos contra el “rey cabrón”3.

De hecho, cuando en marzo de 1808, después del motín de Aranjuez, el príncipe de Asturias logró que su padre Carlos IV abdicara cediéndole la corona de España, en las villas, ciudades y parroquias de la provincia de Antioquia, los vasallos realizaron, de acuerdo con sus recursos, juras de fidelidad al nuevo rey4.

Pocos meses después de que en Antioquia, bajo el gobierno del peninsular don Francisco de Ayala, se realizaran las solemnes juras de fidelidad, la provincia fue sacudida por la noticia de que tanto el padre, Carlos IV, como el hijo, Fernando VII, prisioneros en Bayona, se habían visto obligados a renunciar a la corona del imperio español a favor de Napoleón, quien nombró como rey de España a su hermano José I. Como en el resto de la Nueva Granada, los vasallos de la provincia respondieron a esta nueva situación con un acendrado patriotismo y con generosas donaciones para financiar la guerra contra el invasor francés y restituir en el trono al “amado” Fernando VII.

La participación de Antioquia en la coyuntura de ruptura con la metrópoli y la formación de un nuevo Estado estuvo marcada por la situación de la región en el tardío colonial. Al finalizar el siglo XVIII, a pesar de su riqueza aurífera, Antioquia era una provincia marginal en relación con las provincias de Cartagena, puerto colonial de primer orden y plaza fuerte del Reino; Santafé, capital del virreinato y sede de la burocracia colonial; la extensa provincia de Popayán, una sociedad esclavista con poderosas elites, y la antigua y poblada provincia de Tunja.

La población de Antioquia en 1788 alcanzaba la escasa cifra de 46.000 habitantes en comparación con los 256.120 habitantes de Tunja o los 118.000 de Cartagena. El 60% de su población estaba compuesta por libres entre los que había mestizos, pardos y mulatos, frutos de los cruces de esclavos con blancos; zambos y toda la amalgama de mezclas posibles.

Esta amplia población era, desde la segunda mitad del siglo XVIII, un grave problema social, pues deambulaban por ciudades y campos sin control. En las ciudades, muchos de ellos eran vagos o mendigos y en los campos, mazamorreros pobres, pequeños labradores o peones en haciendas; sin embargo, la mayoría vivía en montes y en rochelas sin ningún control religioso del Estado y eran catalogados por las autoridades como una población díscola y amenazante. De hecho, los esfuerzos de los visitadores borbónicos en Antioquia, en particular Antonio Mon Velarde, se habían concentrado en lograr ordenar y controlar esta población de manera que se convirtieran en súbditos útiles, productivos, que vivieran bajo el toque de campana y en observancia de la religión católica.

Los esclavos, si bien ya no eran numerosos, todavía representaban el 18% de la población. Para fines del siglo XVII, las antiguas y ricas ciudades de Zaragoza, Remedios y Cáceres, que habían florecido en el primer ciclo de auge aurífero, solventado en mano de obra esclava, estaban en ruina. La recuperación de la producción de oro se dio en la segunda mitad del siglo XVIII en la zona del Valle de los Osos.

La población indígena concentrada en los pueblos de indios de Sabanalarga, Buriticá, Sopetrán, Sabaneta, La Estrella, San Antonio de Pereira, el Peñol y Cañasgordas era poco representativa en Antioquia, pues sólo constituía el 5%. Sus resguardos eran continuamente invadidos por los libres desposeídos que argumentaban que las tierras no estaban siendo trabajadas por los indios.

Las elites blancas, peninsulares y criollas, representaban el 18% de la población. Se concentraban en los centros urbanos de la capital, la ciudad de Antioquia, Medellín, Rionegro y Marinilla. Ocupaban los cargos del Cabildo, eran clérigos, abogados y dueños de minas, haciendas o comerciantes prósperos. Tenían fuertes relaciones con las redes familiares que controlaban el comercio en la Nueva Granada, en particular con las de Mompox y Cartagena. Por razones de su actividad tenían contacto con las colonias antillanas, Curazao y Jamaica, y seguían con evidente interés los cambios de la nueva república de los Estados Unidos. Algunos miembros de estas elites, inconformes con el exceso de impuestos y las trabas al libre comercio de la corona, se habían familiarizado con las prácticas del lucrativo negocio del contrabando5.

Hacía también parte de estas elites un grupo destacado de ilustrados, abogados y clérigos formados en los colegios de Nuestra Señora del Rosario, San Bartolomé y el Seminario de Popayán. Entre ellos vale la pena destacar a José Manuel Restrepo, José Félix de Restrepo, Juan del Corral6, José María Salazar y Juan de Dios Morales. Esta generación de antioqueños participó activamente en la construcción del nuevo Estado republicano; eran exponentes de la ilustración neogranadina y militaban en un criollismo patriótico al que le combinaban sentimientos americanistas. Utilizaron el conocimiento de las ciencias naturales y geográficas para realizar pormenorizadas relaciones y memorias que daban cuenta de las enormes potencialidades del Nuevo Reino y en particular de Antioquia. El “Ensayo sobre la geografía, producciones, industria y población de la Provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada”, escrito por José Manuel Restrepo y publicado en el Semanario de la Nueva Granada , se constituye en la mejor radiografía de la provincia al iniciar el siglo XIX.

Los reclamos y aspiraciones de las elites criollas de Antioquia quedaron reflejados, de forma fidedigna, en 1809, en las instrucciones que el Cabildo de la Ciudad de Santiago de Arma de Rionegro entregó al diputado del Nuevo Reino, Antonio Narváez; éste debía viajar a España e integrar la Junta Central Suprema de Gobierno establecida en la península como órgano de gobierno, en tanto el rey continuara prisionero. El Cabildo solicitó a la Junta la elección de funcionarios “cultos y letrados y ojalá no foráneos”, pues según ellos “tales sujetos cumplidos sus términos… se retiran a su patria llevándose el dinero y los caudales que han adquirido…” Así mismo, solicitaban que los oficios no se compraran sino que se les diera a los criollos con méritos y se les asignara un sueldo. Solicitaban, además, la supresión de alcabalas, la reducción de rentas de tabaco y aguardiente y la libre siembra de tabaco. Aprovecharon esta representación para criticar los malos manejos del Consulado de Cartagena y le reclamaron a la Junta que obligara al Consulado a invertir en mejorar la navegación entre Nare y el Puerto de Juntas, y en los caminos de la provincia, que eran un verdadero desastre. Igualmente, como solución a la falta de tierras para una numerosa población de libres pobres, proponían la extinción de los pueblos indios con escasa población, de manera que estas tierras fueran adjudicadas a los que carecían de ellas7.

CREACIÓN DEL ESTADO DE ANTIOQUIA

El 22 de mayo de 1810 se estableció la Junta de Gobierno de Cartagena, seguida por el establecimiento de Juntas en Socorro, Cali y Santafé, el 20 de julio del mismo año. En Antioquia la Junta de Gobierno de la Provincia se estableció poco después, el 30 agosto; el gobernador Francisco de Ayala asumió la presidencia de la Junta, cargo en el que permaneció hasta 1811. Como secretario se nombró a José Manuel Restrepo y como vicepresidente a Elías López Tagle, de origen cartagenero. El establecimiento de la Junta fue una acción sin mayores contratiempos, no hubo motines, ni participación de la plebe urbana como sí había acontecido en Santafé, Cartagena y la villa del Socorro. Igualmente, a diferencia de otras provincias en que se establecieron juntas de gobierno en varias ciudades, villas e incluso parroquias, en Antioquia se logró consolidar una Junta Provincial única, contrarrestando la multiplicidad de soberanías y gobiernos locales que fracturaron la unidad de las demás provincias en el Virreinato y que llevaron, incluso, a enfrentamientos armados entre ciudades y villas de una misma provincia. Las tensiones entre los poderes locales y el orden provincial se resolvieron en Antioquia de forma pacífica y no tuvieron la intensidad de las regiones del Caribe o la actual región de Santander. Esto no quiere decir que las tradicionales rivalidades entre Antioquia, Medellín, Rionegro y Marinilla no hubieran aflorado en el período, pero fueron resueltas a través de mediaciones políticas.

En 1812 la sede del Colegio Electoral y Constituyente fue establecida en Rionegro y no en la capital, la ciudad de Antioquia. Los habitantes de esta última intentaron rebelarse contra la Junta de Gobierno; sin embargo, los buenos oficios del presidente de la Junta, le disminuyeron intensidad a este conflicto. De la misma manera, se presentaron conflictos con Zaragoza, antigua ciudad minera del nordeste, en franca decadencia en 1810. Zaragoza protestó, pues se sentía discriminada en cuanto a su representación en los nuevos órganos de gobierno y, además, se opuso al nombramiento del capitán Guerra hecho por la Junta de Antioquia. Intentó, entonces, separarse de Antioquia y adherir al Estado de Cundinamarca. De forma tajante, la Junta Provincial manifestó que de continuar con este propósito no dudaría en emplear las armas para someter a Zaragoza. Salvados estos incidentes, la Junta Provincial logró no sólo conservar la paz interna de la provincia, mientras la nueva nación se deshacía en miles de conflictos locales, sino también mantener relaciones con el resto de las provincias, sin entrar en acciones bélicas y enfrentamientos que caracterizaron el período8.

Antioquia desde 1810 apoyó el proyecto liderado por Cartagena, que luego se materializó en la Confederación de las Provincias Unidas a la que adhirió formalmente y en oposición al proyecto de Santafé de consolidarse como el centro político de la naciente república. Pero a pesar de su oposición a Santafé, evitó cualquier enfrentamiento armado en su propio territorio. Las elites de Antioquia, con una visión pragmática, se concentraron en adelantar una acción política enfocada a darle una organización a la provincia, constituida como Estado de Antioquia a partir de 1811. La primera tarea propuesta por la Junta, de acuerdo con el paradigma liberal en que estaban inscritos los nuevos dirigentes políticos, fue dotar al Estado de una constitución y que en ésta se estableciera claramente la división de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Este paso marcaba para ellos el fin de la barbarie y la incorporación al conjunto de las naciones civilizadas. La inicial tarea legislativa de la Junta quedó consignada en el Reglamento de la Constitución Provisional de Antioquia , expedido el 27 de junio de 1811. Igualmente se propuso, a fines de 1811, el Reglamento para el funcionamiento de los tribunales de Antioquia , que organizaba la justicia.

Sin embargo, la tarea legislativa a profundidad fue emprendida por el Colegio Electoral y Constituyente de Antioquia, formado por los diputados elegidos por las distintas localidades de la provincia y que inició sus sesiones a partir del 1 de enero de 1812 en la ciudad de Rionegro. El 21 de marzo de 1812, después de una juiciosa tarea, se expidió una nueva constitución del Estado de Antioquia, la cual fue reformada en 1813 y 1814. Valdría la pena destacar algunas de las propuestas que se discutieron y aprobaron en este período. Los legisladores se ocuparon del problema de la pobreza generalizada de la población. José Manuel Restrepo presentó la propuesta de distribuir las tierras realengas o baldías entre la población “que no tiene donde trabajar”, y propuso que estas tierras se fraccionaran en unidades familiares. Unidas a esta propuesta se debía dar continuidad a las acciones emprendidas por los visitadores borbónicos de colonizar y fundar nuevas colonias agrícolas. Entre 1811 y 1814 se fundaron Abejorral, Anzá, Santa Bárbara, Angostura, Heliconia, Belmira y Titiribí. Estas leyes tenían implícito el proyecto de transformar una Antioquia minera, conformada por una población trashumante y pobre, en una Antioquia campesina de pequeños propietarios y labradores, que basaba su prosperidad en el trabajo independiente de las familias. La religiosidad y moralidad de esta nueva población debía ser garantizada por la presencia de la iglesia en todas las poblaciones.

El otro tema espinoso y de gran importancia que discutieron los legisladores a partir de 1811 fue el de la esclavitud. Si bien éstos se pusieron de acuerdo para condenar el inhumano comercio, el dilema era conceder o no la libertad a los esclavos. La argumentación de José Félix de Restrepo para manumitir a los esclavos, no se fundamentaba tanto en condenas de tipo moral, como en el hecho de que el trabajo esclavo era poco productivo comparado con el trabajo libre. Si bien estos argumentos eran convincentes, el hecho de no contar con recursos para constituir un fondo de manumisión que permitiera indemnizar a los dueños de los esclavos por la pérdida de su propiedad, hacia difícil adelantar estas iniciativas. Finalmente, el 20 de abril de 1814, el Estado de Antioquia, presidido en ese momento por Juan del Corral, promulgó la primera ley abolicionista de la Nueva Granada, la ley de libertad de vientres y la prohibición de introducir esclavos a la provincia. Esta ley contemplaba que el amo concedía la libertad a los esclavos que nacieran después de su promulgación. Sin embargo, el amo estaba obligado a sostener a un niño hasta los diez años de edad. A partir de esa edad el niño debía trabajar hasta los 16 al servicio de su antiguo amo para compensarle los gastos de su primera infancia. Esta ley, además, incluía la creación de un montepío o fondo para poder recaudar fondos e indemnizar a los propietarios de esclavos que se liberaran.

De forma similar a como lo habían hecho las constituciones de Tunja y Cundinamarca, la de Antioquia elevó los indios a ciudadanos, redimiéndoles de su condición de tributarios. Como ciudadanos tenían todos los derechos, incluso de enajenar y vender sus propiedades comunales. Esta medida de corte liberal no fue bien recibida por los indígenas de Antioquia, pues los exponía a perder sus tierras y al suprimir las leyes proteccionistas de la corona quedaban aún más indefensos. Al tiempo se les obligó a pagar el sostenimiento del cura del pueblo de indios, que antes estaba a cargo de la corona. Efectivamente, poco después los indios del Peñol y San Antonio de Pereira reclamaban que se les permitiera conservar su antiguo estatus y sus tierras comunales, pues como ciudadanos habían quedado sometidos a la voracidad de los criollos, los libres, los curas, y eran utilizados por el nuevo Estado como fuerza de trabajo esclava para la apertura y mantenimiento de caminos9.

Si bien la participación militar de Antioquia en este período fue limitada, es necesario hacer un reconocimiento a los aportes económicos que le prestó a la causa de la independencia en la primera república. A principios de 1810 facilitó 10.000 oros para la compra de fusiles que debían garantizar la protección del puerto de Cartagena. A fines de ese mismo año concedió un nuevo empréstito, por igual cantidad, para la defensa de Cartagena y Popayán. En 1812 le concedió a la Provincia de Popayán un nuevo préstamo de más de nueve mil pesos e, igualmente, mandó tropas suyas para apoyar la reconquista del Magdalena en manos de las tropas realistas.

LA LUCHA POR MANTENER LA UNIDAD DE LA PROVINCIA. CHOCÓ EN LA INDEPENDENCIA

El conocimiento sobre la historia del Chocó es todavía limitado y solo de forma muy parcial podemos acercarnos a la complejidad de la historia de una región negra, de población esclavizada, que aún hasta nuestros días permanece aislada y marginada del resto del país. Durante la colonia Chocó era una frontera minera desconectada del resto de la Nueva Granada. A fines del siglo XVIII distaba mucho de ser una unidad administrativa y territorial, pues se dividía en varias comarcas muy diferenciadas entre sí: Nóvita, Citará, Raposo, Tatamá y el Baudó. Nóvita era el país del oro, Citará el del comercio y la agricultura y el Baudó era el territorio de la libertad; en él se refugiaban los esclavos huidos que se mezclaban con las comunidades indígenas, convirtiéndolo en un sitio de amplia confluencia interétnica con una alta población de zambos10.

Según el censo de 1788, la población del Chocó estaba conformada de la siguiente manera: blancos 12%; indios 37%; libres 22% y esclavos 39%. Podemos calificar a la sociedad colonial del Chocó como esclavista. La explotación aurífera, única actividad productiva de la provincia, era realizada por cuadrillas de esclavos bajo el mando de un capataz. Los propietarios de minas, criollos y peninsulares, no residían en la Provincia sino en las ciudades de Cali y Popayán, y controlaban sus negocios a través de administradores.

La población indígena del Chocó era alta y el número puede ser aún mayor que el consignado en el censo, pues no sabemos si se contabilizaron todas las naciones indígenas no sometidas a la corona y que dominaban parte del territorio de la provincia. Entre ellos los bravos Cuna-Cuna, que atemorizaban a los poblados y a otros grupos indígenas cristianizados. Los Cuna-Cuna eran un serio problema para la corona y para las autoridades del Virreinato. Controlaban el comercio ilegal por el río Atrato, en sus correrías por el Darién se aliaban con los indígenas misquitos de las costas de Nicaragua para saquear y amenazar a la población y establecían peligrosos tratos comerciales con franceses, ingleses y escoceses11.

Los libres, la mayoría de ellos mulatos y zambos, vivían en rochelas en los montes, dedicados a las labores agrícolas y por fuera del control de corregidores y gobernadores de la provincia. Francisco Antonio Moreno y Escandón, fiscal de la Real Audiencia, después de visitar la zona afirmó que por su falta de control, el Chocó atraía muchas gentes sin ocupación ni destino, vagos, aficionados al juego y a las borracheras.

Los hechos de 1810 evidencian la fragmentación de la provincia en distintos países. El 31 de agosto de 1810, Citará constituyó una Junta de Gobierno en Quibdó, presidida por el criollo José María Valencia. El 27 de septiembre de ese año se formó otra Junta Suprema de Gobierno en Nóvita, presidida por Miguel Antonio Moreno y como vicepresidente se nombró a Francisco Antonio Caicedo, nacido en Cali y abogado del Colegio de San Bartolomé. Tanto la política colonial como republicana fue controlada por la minoría blanca de criollos que habitaban en los centros urbanos12.

A partir de 1810 los criollos que controlaban la política en el Chocó debieron enfrentar el reto de evitar su desmembración, al tiempo que debían protegerse de otras provincias de la Nueva Granada que vieron en esta coyuntura, la oportunidad de apoderarse de esta rica provincia minera.

Los temores del Chocó acerca de incursiones de otras provincias en contra de su soberanía se vieron corroborados cuando, en 1813, Antioquia autorizó al presidente-dictador Juan del Corral para que adelantara negociaciones conducentes a lograr la anexión de Citará a esta provincia. Su anexión le permitía a Antioquia contar con una salida al mar Pacífico por el Camino de Urrao, rompiendo así el aislamiento de su dura geografía. Por otro lado, al Estado de Antioquia le preocupaba la debilidad militar del Chocó, que los podía poner en peligro de un ataque realista. A fines de ese año, después de largas negociaciones, Citará le comunicó a la Junta de Antioquia que no aceptaba la propuesta de integrarse a ella.

Igualmente, a la “Liga de ciudades confederadas del Valle del Cauca”, el nuevo eje político al sur de la Nueva Granada y que surgió en 1810 como contrapeso a Popayán, le interesaba la integración con el Chocó. Esto es explicable si consideramos que las elites criollas de Cali, el centro político de las ciudades confederadas, tenían grandes intereses en minas y esclavos en el Chocó. Es quizá la conciencia de los riesgos que corría la integridad de la provincia, lo que la llevó, como estrategia de supervivencia, a que sus juntas de gobierno adhirieran al Congreso de Cundinamarca y se pusieran bajo esa protección.

Como sociedad esclavista, con una población de casi el 40% de negros esclavizados, el gran problema que debían enfrentar las juntas de gobierno del Chocó era mantener bajo control a los esclavos en una coyuntura en que colapsaba el Estado colonial, se aflojan sus mecanismos de control y los negros esclavos eran necesarios como parte de los ejércitos para defender la recién conquistada autonomía.

En 1814 la Junta de Nóvita se opuso, de forma radical, a la propuesta del Estado de Antioquia y consideró un grave error la ley de partos y la prohibición del comercio esclavo; asegurando que con ella vendría la ruina del Virreinato. Temían los criollos, que una vez independizado el territorio y concedida la libertad a los esclavos, éstos se sublevaran, dando inicio a una guerra interétnica tal como había sucedido en Haití. Podemos concluir que con el debilitamiento del gobierno colonial, la anarquía y los continuos enfrentamientos locales, los esclavos aprovecharon la situación para huir de sus amos hacia las selvas en busca de la libertad. Sin duda, las guerras que se dieron en el proceso de independencia relajaron la sujeción de los esclavos y transformaron de forma definitiva sus vidas.


Acta de absoluta independencia de Antioquia, Ca. 1853. Tipografía del Comercio - Medellín. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 778 .

ACTA DE INDEPENDENCIA DE ANTIOQUIA, 11 de agosto de 1813

Nadie ignora los principios, los motivos y derechos que han tenido y presentado a la faz de la Nueva Granada para proclamar su independencia absoluta aquellos pueblos hermanos que se han anticipado entre nosotros a sacudir gloriosamente el yugo de la Monarquía española que hasta allí habían sufrido.[…] Estando pues profundamente convencidos, los unos resueltos y ansiosos por llegar al culmen de su dignidad, y debiendo los otros abandonarse en tal caso a su propia ignominia y a las desgracias que les hayan de seguir, es llegado el día de satisfacer tan santos deseos ya que hasta aquí no han tenido tiempo de hacerlo el Soberano Congreso por todas las Provincias en general, y que esta medida entra oportuna y esencialmente en las críticas circunstancias que han puesto a la República en la necesidad de crearse un libertador a todo trance. Por tanto, el ciudadano Dictador de ella, revestido con ese carácter por la unánime voluntad de la Representación Nacional, en presencia del Soberano Autor de los derechos del hombre y de la justicia de su causa, declara: Que el Estado de Antioquia desconoce por su Rey a Fernando VII, y a toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus representantes, rompiendo eternamente la unión política de dependencia con la Metrópoli, y quedando separado para siempre de la Corona y Gobierno de España. […]

Dado en el Palacio del Supremo Gobierno de Antioquia, a once de agosto de mil ochocientos trece.

JUAN DEL CORRAL, Presidente Dictador.

José María Hortiz, Secretario de Guerra y Hacienda.

José Manuel Restrepo, Secretario de Gracia y justicia.

REFERENCIAS

(1)Manuel Monsalve M. Libro de Actas del muy ilustre cabildo de la Villa de Medellín 1675-1813. Medellín, Imprenta Oficial, 1937.

(2)José María Restrepo Sáenz, Gobernadores de Antioquia. 1579-1819 , Bogotá, Biblioteca de Historia, Banco de la República, 1944.

(3)Archivo del Cabildo de Rionegro, 1808, vol. 568, ff. 416-419.

(4)Jura de Antioquia, Archivo Histórico de Antioquia, Libros capitulares de Antioquia, ff. 66-70.

(5)María Teresa Uribe y Jesús María Álvarez. Raíces del poder regional: el caso antioqueño , Medellín, Universidad de Antioquia, 1998.

(6)Corral era de origen momposino, pero participó activamente en la vida económica y política de la Nueva Granada.

(7)Archivo Histórico de la Casa de la Convención de Rionegro (AHCCR), Judicial , vol. 568, ff. 416r.-419v.

(8)Ana Catalina Reyes Cárdenas. “La fragmentación étnica y política y su incidencia en la independencia de la Nueva Granada. 1750-1815”, en: Independencia y transición a los estados nacionales en los países andinos: nuevas perspectivas , Bucaramanga, OEI / Universidad Industrial de Santander, 2005.

(9)Archivo Histórico de Antioquia, Independencia , tomo 824, doc. 13004, t. 822 y doc. 12965.

(10)Orián Jiménez Meneses. El Chocó: un paraíso del demonio. Nóvita, Citará y el Baudó, siglo XVIII ,Medellín, Universidad Nacional de Colombia - Facultad de Ciencias Humanas y Económicas/ Universidad de Antioquia - Colección Clio, 2007.

(11)“Estado del Virreinato de Santafé, Nuevo Reino de Granada, por el Dr. D. Francisco Antonio Moreno y Escandón. Año de 1772”, en: Germán Colmenares (comp.), Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada , 3 vol., Bogotá, 1989, vol. 1, pp. 184; “Descripción de la Provincia del Darién a norte y sur. Medios de poblarla al sur y discurso reflexivo sobre la conquista por el teniente del batallón de Panamá. Manuel García Villalba. 1787”, en: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura , Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, vol. 2, No. 3, 1965.

(12)Armando Martínez Garnica e Inés Quintero Montiel. Actas de formación de juntas y declaraciones de Independencia (1809-1822): Reales Audiencias de Quito, Caracas y Santa Fe , UIS, 2007.

 



Monumento a Bolívar en Mompox. Papel Periódico Ilustrado.



Plaza de mercado Mompox, Colombia Ilustrada, 1889-1897.


Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres.


Pantaleón Germán Ribón y Segura, ca. 1810. Óleo de Anselmo García de Tejada. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 348.


Germán Guitiérrez de Piñeres y Cárcamo. Colombia Ilustrada, 1889 - 1891.


Placa conmemorativa en la casa natal de los próceres Gutiérrez de Piñeres en Mompox.

Juan de Dios Aranzazu. Espinosa Prieto, José María / Martínez Hermanos, Ca. 1848. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1907.

. José Felix Restrepo.Anónimo, Ca. 1832. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 499.

José Manuel Restrepo. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 265.

Francisco Antonio Moreno y Escandón. Papel Periódico Ilustrado, 1881-1887.

 

 

 

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