LA INDEPENDENCIA EN EL GRAN CAUCA, MARIQUITA Y NEIVA.

Por:

 
 

 

 

Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 243
MARZO DE 2010

     

LA INDEPENDENCIA EN EL GRAN CAUCA, MARIQUITA Y NEIVA.

Por Jorge Eliécer Quintero Esquivel.

Doctor en historia, Universidad Nacional de Colombia. Profesor, Universidad del Cauca.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 243

Marzo de 2010

LOS INICIOS DE UNA REVOLUCIÓN

Miguel Tacón y Rosique no era un gobernador que se dejara amedrentar por las novedades calamitosas de la península. Sabía muy bien que si el rey, por la invasión napoleónica, había sido despojado del trono, él estaba junto con el poder virreinal en Santafé, para representar la legitimidad en la vasta Gobernación de Popayán. Tenía la convicción de que el Cabildo local, que hacía poco había jurado fidelidad a Fernando VII (29 de octubre de 1808)1 lo acompañaría hasta el último minuto, cualquiera fueran las circunstancias. Así que la “pérfida” y “sediciosa” invitación formulada desde Quito por el marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar2 para que Popayán adhiriera a la Junta Suprema que gobernaba con el título de “Majestad” y de la cual fungía como presidente, con el de “ su alteza serenísima ”, mientras el rey era restablecido en el trono, “o viniese a gobernar en América” no era una idea sincera y acorde con el pacto inmemorial de defender la religión, la patria y al rey.

La revolución de Quito (9 de agosto de 1809) había generado expectativas en Popayán, una vez se supo que algunos paisanos habían sido identificados como agitadores. Los jóvenes doctores payaneses que estudiaron en Quito y en el seminario local, y algunos que habían recibido en su breve paso por las regiones equinocciales a Alexander von Humboldt, los librepensadores y afrancesados todos, se preguntaban sobre el futuro de la “República”, habían divulgado en los corrillos y tiendas la especie de que “no habiendo rey, la soberanía quedaba en manos del pueblo”.

La respuesta de Tacón fue inmediata. Organizó una acción militar contra los sediciosos de Quito valiéndose del Cabildo de Popayán que presidía3, con la propuesta de embargar los bienes de los quiteños que hubiese en esta provincia, e incluso de tomar como rehenes a los familiares de los rebeldes, igualmente de cortar y controlar su correspondencia. El regidor, abogado y profesor del Colegio Seminario, Félix de Restrepo, quien debió sentirse incómodo por la violación del principio de autonomía y del derecho individual, tan caro al pensamiento ilustrado, objetó estas acciones con argumentos del derecho de gentes, e igualmente advirtiendo la retaliación de que serían objeto los vecinos honrados, pero no tuvo éxito y debió someter su voto. Esto indicaba que el Cabildo no era unánime con Tacón. Otras voces, en el futuro más extremistas, y que representaban fuerzas locales e intereses latentes asumieron con cautela la propuesta del gobernador, tales eran: Jerónimo Torres, Antonio Arboleda, Toribio Miguez Rodríguez.

Quizás lo más importante de este hecho es que el afectar la vida social de la provincia con medidas político militares, obligaba a la reflexión sobre el futuro del régimen monárquico y sacaba a la esfera de lo público un dilema que, ni Tacón ni sus seguidores los realistas podían resolver en el ámbito privado del Cabildo: la defensa paradójica de una monarquía sin rey. Esto dejaba perplejos, incluso al pequeño grupo de letrados conspiradores que solían reunirse en la casa de Mariano Lemos. Para ellos perdía sentido la figura lejana y metafórica del rey padre , garante del orden y la justicia, quedaban en la orfandad y en la obligación de reconocerse como sujetos libres y autónomos. Camilo Torres Tenorio, abogado asesor del Cabildo de Santafé, escribía sobre ese tema a su tío Ignacio Tenorio, oidor y monarquista intransigente, quien había huido de la revuelta quiteña, persuadiéndolo de que no había otro camino que la total independencia de España,

puesto que su ruina era inevitable y esto demandaba crear las juntas provinciales de gobierno a cuyas manos pasaba la soberanía “aunque los mandones”, “contra la razón y contra las leyes” no lo quisieran1.

LA SACRALIDAD DEL PODER

La expedición militar de Tacón llegó hasta Pasto comandada por el payanés Gregorio de Angulo, subsidiado por los aportes económicos de los vecinos. Allí se fortaleció con las tropas de los virreyes de Santafé y Lima. Quito fue sometida y Selva Alegre renunció a sus pretensiones. Algunos de los vencidos fueron asesinados en prisión. Entre tanto, los sucesos del 20 de julio de 1810 en Santafé cambiaron el ajedrez político. Depuesto el virrey y las autoridades españolas, se erigió una Junta Suprema que solicitó a las provincias nombrar diputados. Hábilmente Tacón citó a cabildo abierto y formó una Junta de Seguridad local, dando participación a personajes de reconocido prestigio, no todos de sus afectos (José Ma. Mosquera, Andrés Marcelino Pérez de Valencia y Arroyo, Antonio Arboleda, Mariano Lemus, Manuel Dueñas y como secretario Francisco Antonio Ulloa). Esto y el quitar el estanco de aguardiente aumentó las simpatías populares del gobernador. Los caleños, dirigidos por el doctor Ignacio Herrera desconfiaron de Tacón y adhirieron a Santafé. Éste inició entonces una campaña de desprestigio de la Junta en unión de Ignacio Tenorio, “se atacó a Dn. Antonio Arboleda y al Secretario Ulloa”5. Se formaron, por tanto, dos bandos que habían estado latentes, juntistas y taconistas. Éstos se valieron de los frailes de San Francisco, y aprovecharon su ascendiente religioso sobre las cofradías y la comunidad, para ganar opinión en contra de los primeros. El padre fray Juan Antonio del Rosario Gutiérrez, guardián de la orden, predicó sobre los peligros de la infidelidad al rey. Desde el púlpito desplegó una retórica sagrada basada en exemplas y escarmientos decantados de los más insignes predicadores6 y atemorizó a la población con visiones apocalípticas: “Muy pronto verán a los esposos separados, violadas nuestras doncellas hijas, manchado el lecho nupcial, y prostituidas las viudas. El altar será el pesebre de los caballos y los vasos que usan para el sacrificio de Dios serán las copas de la disolución. Se va a perder la religión de nuestros padres”7.

Esto significaba que defender a España de la “perfidia napoleónica” equivalía a mantener un orden con fundamento teológico en la periferia colonial, un régimen de servidumbre “natural” del cual se beneficiaban las elites, por su relativo control sobre regiones autárquicas de un campesinado incipiente, tanto en las riberas del río Cauca y el Magdalena, como en el Chocó, Barbacoas o el Patía, este último, escondite de esclavos fugados, de traficantes de oro y de comerciantes ilegales con los que algunos patricios de Pasto y Popayán mantenían estrechas relaciones “clientelistas”. Tal era el caso de Juan Luis Obando, con cuyo hijo adoptivo, José María Obando, habría luego de negociar el general Mosquera para consolidar el Estado republicano.

Se defendía la sacralidad de la cadena de mando que empezaba en el trono y culminaba en los magistrados del poder regio colonial. Ese orden extendido teóricamente a los criollos limpios de sangre no fue totalmente compartido con ellos, a quienes la Junta de Cádiz sólo en el momento extremo los reconoció como parte integrante de la corona . Camilo Torres reivindicaba esta condición en el Memorial de agravios : “Tan españoles somos como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores por esta razón a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación…”8. Las elites tenían claro el valor de la burocracia como forma de distribución del poder.

NEIVA, CALI Y LA COSTA PACÍFICA. LAS REGIONES EN CONFLICTO

Debilitado Tacón, y reunidos los notables de Popayán en el templo de Santo Domingo, presionaron a sus seguidores, pero sin la fuerza suficiente para deponerlo. Sólo la organización de los caleños y de las ciudades confederadas puso de nuevo la balanza a favor de los patriotas. En Cali, el coronel Baraya, enviado por la Junta de Santafé, con Atanasio Girardot, consolidó fuerzas con los caucanos Miguel Cabal de Buga y el payanés Nicolás Larrahondo y Valencia. Allí confluían las fuerzas de la Provincia de Neiva lideradas por el cura Andrés Ordóñez. Su actitud contraria a la de los frailes de Popayán logró articular a la causa patriota a los indios paeces a través de su cacique Gregorio Calambás (fusilado luego por Warletta), y de José Díaz, quien comandó una expedición de indígenas armados con lanzas de hojalata y cañones artesanales de guadua. Tacón no se dejaba atemorizar, reunió el Cabildo y el 24 de marzo de 1811 acordó, por acta, la libertad de los esclavos que tomaran las armas en defensa del rey. El papel circuló en la costa Pacífica y el teniente de Micay, Manuel Silvestre Valverde, sin calcular consecuencias, le dio cumplimiento cuando los esclavos de aquellas minas se sublevaron. La exaltación de los “libres” contra la familia Valencia en la mina de Yurumanguí llegó al paroxismo y designaron capitán a un negro con el nombre de Pascual I . La mina, fuera de control, fue sometida azotando a los efímeros libertos, por el oficial José Antonio Illera9.

Esto sugiere que, en los comienzos republicanos, las diferentes promesas a la población, los conflictos de intereses caudillistas locales, era lo que agitaba la adhesión o el rechazo a cada una de las juntas, ya fueran centralistas, federalistas o realistas. Sumar fuerzas y voluntades fue un esfuerzo prodigioso. El sentimiento de la soberanía popular hacía ir por su cuenta a cada villa y provincia: Timaná había promulgado una constitución autónoma con Tomás Hermida como diputado (1810), frente a Purificación, la Plata y Neiva. En ella se abolía la tributación y se reconocían los derechos de igualdad para los indígenas. En 1812 la Villa de Timaná, en Garzón, logró ser aceptada como parte del Estado de Cundinamarca. El 3 de abril de 1812 el coronel José Díaz, comandante del Batallón provincial de Neiva, se anexó al gobierno de Santafé. El 22 de diciembre de 1814 Mariquita se declaró independiente de Cundinamarca y de España y eligió como presidente a José León Armero.

La derrota de Tacón en el bajo río Palacé (28 de marzo de 1811) por las tropas de Baraya, Atanasio Girardot, la caballería de Miguel Cabal (caído en el campo) e Ignacio Torres, abrió un margen de respiro a Popayán frente al asedio de los patianos y limeños. A ella siguió el efímero triunfo de los patriotas en La Ladera (26 de abril de 1812) que se amargó con la fallida incursión a Pasto de Joaquín de Caycedo y Cuero, presidente de las ciudades confederadas. Además, las imprudencias militares de Macaulay, un soldado norteamericano, adicto al chocolate y a los amores furtivos por correspondencia con Claudina, la hija del presidente Montes de Quito, le costó la vida a ambos militares y dejó el sur del país en manos del brigadier español. La grave amenaza unió al Congreso Federal y al Estado de Cundinamarca. Las fuerzas comandadas por Antonio Nariño atendieron el auxilio pedido por José María Cabal y se batieron con las de Sámano en la hacienda de Calibío (15 de enero de 1814) derrotándolo y ocupando a Popayán. Tras la renuncia de Cabal a la comandancia, asumió en Cali el antioqueño Liborio Mejía, bajo las órdenes del dictador electo Custodio García Rovira, quien persiguió a la guerrilla del patiano Simón Muñoz y llegó a la Cuchilla del Tambo ( 29 de junio de 1816) donde enfrentó a setecientos soldados contra dos mil de Sámano. El desastre puso a los realistas en total capacidad de retaliación. Horcas y fusilamientos dejaron una larga lista que la historia patriótica elevó al procerato.

LLEGA BOLÍVAR A POPAYÁN,16 DE ENERO DE 1821

Con la llegada de Bolívar en camino a la campaña del sur se sustituyó en la conciencia colectiva la metáfora del rey padre, por una nueva: el padre de la patria , figura idealizada que se recibió con banderas, pendones de damasco y arcos triunfales. Era una excitación pasajera que aún se renueva en los actos rituales donde no se ha consolidado el Estado.

REFERENCIAS

(1)Archivo Central del Cauca A.C.C. Libros Capitulares, tomo 54, 1808. Citado por David Fernando Prado S. En: Tensiones en la ciudad 1808-1822 , Tesis de grado, Popayán, Universidad del Cauca, 2008, p. 38 y ss.

(2)A.C.C. Libros Capitulares, tomo 55. “El marqués de Selva Alegre al Ayuntamiento de Popayán, 20 de agosto de 1809”.

(3)A.C.C. Libros Capitulares, tomo 55, 1809 [Acta del 26 de septiembre], pp. 39-46.

(4)Luis Evelio Álvarez. “Del Memorial de agravios a la Carta polít ica”. En: Ilustración y Educación. Comentario de textos . Tunja, Soto Arango, Diana y otros (Co mp.) Doce Calles, Rudecolombia, 2009, pp. 15-32.

(5)Santiago Arroyo y Valencia . Apuntamientos sobre la revolución de la Nueva Granada, especialmente con respecto a la Provincia de Popayán (1808-1824) . Popayán, Fundación Caucana del Patrimonio Intelectual, 2005, p. 16.

(6)Quintero E. Beatriz. Los exempla del padre Gutiérrez o la continuidad de la coacción barroca en Popayán: 1780-1810 , Trabajo de grado. Pontificia Universidad Javeriana, 2009.

(7)David Fernando Prado Valencia. Tensiones en la ciudad . Trabajo de grado. Universidad del Cauca, 2009, p. 58.

(8)Camilo Torres. Memorial de agravios , En: Bolívar, Camilo Torres y Francisco Antonio Zea . Bogotá, Minerva, S.A., s.f. , p. 148.

(9)Arroyo, Op. cit., p. 17.

 



Documento con la firma de Francisco Antonio Ulloa informando nombramientos de autoridades en la Provinciade Popayán, 22 de Octubre de 1811.

José María Espinosa Prieto en los calabozos de Popayán cuando fue quintado para ser fusilado en el año de 1816. Cuadro pintado por el mismo en el calabozo. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero, Mincultura.

     
 
 

 

Título: LA INDEPENDENCIA EN EL GRAN CAUCA, MARIQUITA Y NEIVA.


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