Revista Credencial Historia

 

 

EDICION 243
MARZO DE 2010

     

Provincia de Tunja: INDEPENDENCIA DE ESPAÑA Y AUTONOMÍA REGIONAL.

Por Juana Salamanca Uribe.
Periodista, Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 243

Marzo de 2010

La primera palabra de separación de España fue lanzada por el Cabildo de Tunja a finales del siglo XVII, en una protesta a Santafé por no haber construido un camino hacia el río Magdalena. Más adelante, la Provincia participó en el alzamiento comunero; sus habitantes aclamaron a los socorranos llegados el 17 de mayo de 1781 y, siguiendo su ejemplo, asaltaron la administración de tabaco y vendieron el producto a bajos precios. Organizaron, también, una tropa que se sumó al movimiento.

SIN FERNANDO VII

El Grito de Independencia del 20 de julio de 1810 desató un verdadero “griterío” en toda la Nueva Granada. En Tunja, la expedición de una Constitución Política precedió la Declaración de Independencia. Sin embargo, a diferencia del acta redactada en Santafé –que proclamó la emancipación, no del rey de España sino del gobierno francés que lo depuso– los tunjanos plantearon, desde el principio, una ruptura drástica con España.

Si se tiene en cuenta que el 18 de octubre 1810 se reunió en Tunja una Junta Electoral para “reorganizar la que se había erigido desde el principio de nuestra revolución”, se concluye que la primera proclamación de independencia debió ocurrir apenas conocidos los sucesos del 20 de julio. Algunos señalan el día 25 como la fecha en que se desconoció a las autoridades locales españolas.

Así, 87 diputados de la Provincia que conformaron el Colegio Electoral Constituyente, reunidos desde el 21 de noviembre de 1811, aprobaron la Carta Política el 9 de diciembre de ese año y le dieron vida a la República de Tunja. Juan Nepomuceno Niño fue elegido presidente-gobernador. La Constitución definió la soberanía popular, estableció la división de los poderes, organizó la educación –por ejemplo, prescribió la fundación de escuelas en cada pueblo sin hacer distinciones entre “blancos y gentes de color” y estableció que sólo se concedan distinciones al mérito personal–, entre otras medidas, ciertamente republicanas.

TUNJA LA INDEPENDIENTE

“En la provincia de Tunja, en tres siglos no se fundó una escuela pública de primeras letras para enseñanza de la juventud”. Esta protesta, incluida en la Declaración de Independencia, se suma a otras expresadas en los documentos históricos, en los que se confunden las reivindicaciones de carácter popular con las de los criollos, que demandaban igualdad con los españoles para ejercer el comercio y denunciaban impedimentos para el surgimiento de una burguesía local, con liderazgo económico y político.

“Así se vio que estos (españoles) fueron siempre los destinados a gobernar América, obteniendo los empleos lucrativos, que se dotaban con crecidos sueldos, para empobrecer a los naturales”, señala la citada Declaración, promulgada el 10 de diciembre de 1813.

La creación de un clima acorde con la independencia corrió por cuenta del periódico Argos , que se comenzó a publicar en Tunja con la participación del gobernador provincial José María del Castillo y Rada, Joaquín Camacho y José Acevedo y Gómez, entre otros.

LOS ABAJO FIRMANTES

“Vestido con el blanco sayal de santo Domingo… sobre su sombrero ondeaba un inquieto plumaje; en sus hombros resplandecían, temblando, las sueltas charreteras de Coronel; sonaban en el pavimento de la iglesia sus espuelas y su larguísimo sable”... Ésta la descripción elaborada por José Joaquín Ortiz de uno de los 77 firmantes de la Declaración de Independencia de Tunja, el coronel fray Ignacio Mariño, quien con otros 18 eclesiásticos suscribió el documento. “Misionero Apostólico de Casanare, miembro de la orden de Libertadores de Venezuela, y Cundinamarca, y Coronel del Ejército Patriota (en él) se aúnan por modo no menos admirable que curioso, las virtudes de un sacerdote, las condiciones cívicas de un prócer granadino y los rasgos de dureza y crueldad de un guerrillero de las orillas del Arauca o del Apure”, dice Nicolás García Samudio.

EL FEDERALISMO: LA OTRA INDEPENDENCIA

No bien apagados los ecos del 20 de julio de 1810, las provincias de la Nueva Granada aspiraron a ser independientes, al tiempo que fuertes económica y políticamente y no vieron con buenos ojos la supremacía que adquiría Cundinamarca. Las tensiones surgieron desde un comienzo, cuando Tunja y otras provincias se abstuvieron de asistir al Congreso General del Nuevo Reino de Granada reunido en Santafé el 22 de diciembre de 1810.

Para algunos, con estas disputas se configuró una verdadera “patria boba” que nos distrajo frente al enemigo común. Otros, sin embargo, vieron en la lucha por el federalismo un asunto fundamental para la construcción de la nueva república que, en su opinión, requería fortalecer la provincia. Antonio Nariño despertaba reticencias: “Su pretensión a agrandar el territorio de Cundinamarca a costa de las provincias vecinas, lo presenta como el precursor de cierto imperialismo criollo neo-granadino”, según el jurista boyacense Diego Mendoza Pérez.

El 27 de noviembre de 1811, las provincias de Tunja, Pamplona, Antioquia, Cartagena y Neiva firmaron el Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que optó por el federalismo. El Congreso de las Provincias Unidas deliberó en Tunja en 1813 y 1814, bajo la conducción de Camilo Torres, opuesto a Bogotá, con la presidencia de Antonio Nariño.

Se produjo, entonces, un tire y afloje sobre los límites de la autonomía de las provincias y la jurisdicción de cada una sobre los pueblos; Chiquinquirá, Villa de Leyva y Sogamoso decidieron anexarse a Cundinamarca, aumentando las tensiones que llevaron al enfrentamiento armado.

Esta parte de nuestra historia, como sabemos, termina muy mal: el terror de la Reconquista asoló a la nación que hacía esfuerzos por nacer y la provincia de Tunja hubo de dar su cuota: entre sus mártires figuran el presidente Joaquín Camacho, José Cayetano Vásquez y Juan Nepomuceno Niño, entre otros, fusilados en 1816.

Pero “la horrible noche cesó”, y fue, justamente, en la provincia tunjana donde culminó la Campaña Libertadora. El compromiso de la región fue reconocido por Bolívar, el 26 de septiembre de 1819: “¡Tunja! Esta ciudad es heroica, en ella la reacción del espíritu ha sido proporcionada a la opresión terrible de tres años… En este pueblo, entusiasta de sus derechos sin afectación, he visto el foco del patriotismo, y creo que será el taller de la libertad de estas provincias…”.

CASANARE, REFUGIO INDOMABLE

El papel del Casanare en la Inde-pendencia de Colombia tiene también dos facetas: al tiempo que vivía su propio proceso de emancipación, le prestaba un gran servicio a la libertad: el de refugio frente a la Reconquista, que intentó, sin éxito, dominar la llanura. Allí nunca se arrió la bandera patriota.

Casanare había vivido su Revo-lución de los Comuneros: con el liderazgo de Javier de Mendoza, la población abolió los impuestos a las ventas del algodón y los textiles y depuso al gobernador. Posteriormente, un grupo numeroso de socorranos refugiados en los llanos, a instancias de José María Rosillo y Vicente Cadena declararon la guerra a España en 1809-1810, con la consecuente captura de los líderes revolucionarios y la “pacificación” española. El 13 de septiembre de 1810, una junta provisional derrocó a las autoridades reales y se tomó el poder en Pore.

Desde otro punto de vista, la gesta libertadora no hubiera sido posible sin el espíritu libertario de los llaneros, sin sus hazañas, sin sus caballos y sus ganados, sin sus métodos poco ortodoxos de hacer la guerra. Entre mayo de 1816 y agosto de 1919, los patriotas de Colombia y Venezuela se organizaron para una nueva ofensiva. Bolívar, Santander, criollos desplazados, voluntarios británicos y llaneros, formaron el ejército libertador.

Pero el proceso no fue fácil: a las amenazas de los ejércitos realistas que presionaban, fusilaban y capturaban patriotas masivamente, se sumaban los enfrentamientos de facciones comandadas por líderes locales, cuya cohesión sólo fue posible, al final, en torno del general Santander.

El 18 de diciembre de 1818, en Pore, se declaró a Casanare como la única Provincia de la unión todavía libre y se determinó convocar allí a la representación de toda la federación, hasta conseguir la independencia absoluta. El 22 de junio de 1819 el Ejército Libertador, con 4.000 efectivos, llegó a Pore. Sus integrantes divisaron la cordillera, sin presentir en toda su dimensión la hermosa página que escribirían.

FRAGMENTO DE LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DE TUNJA

10 de diciembre de 1813

“TUNJA... declara a la faz del universo, que no reconoce ninguna subordinación al gobierno de la Península, bien sea el que se ha establecido hoy con el nombre de Cortes y Regencia, o cualquier otro que se establezca en la sucesión de los siglos; que sólo reconoce, obedece al Gobierno que ella misma se ha dado para su régimen interior y al General del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, en lo tocante a los intereses comunes y nacionales...”.

Copia del acta de independencia de la provincia de Tunja, 1913. Litografía Colombiana. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 777.

Firmas de José María del Castillo y rada y Joaquín Camacho.



Bibliografía

Ocampo López, Javier. “Tunja: Cuna y taller de la libertad”. www.tunja.gov.co

“Centenario de la Independencia de la provincia de Tunja”. Departamento de Boyacá. Imprenta Oficial, 1913.

Mendoza Pérez, Diego. “Discurso pronunciado el 10 de diciembre de 1913 en la Academia de Jurisprudencia de Bogotá”.

García Samudio, Nicolás. “La Independencia de Tunja”, en Boletín de Historia y Antigüedades , núm. 95, Bogotá, Academia Colombiana de Historia.

Raush M, Jane. Una frontera de la sabana tropical. Los llanos de Colombia 1531-1831 . Bogotá, Colección Bibliográfica, Banco de la República.

García Samudio, Nicolás. “El coronel fray Ignacio Mariño”, en Boletín de Historia y Antigüedades , Bogotá, Academia Colombiana de Historia.

 


Escudo de armas de Tunja.


Soldado que figuró en Boyacá. Colección Casa Museo Quinta de Bolívar, Mincultura. Reg. 03-021.

Joaquín Camacho. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 392.

José María del Castillo y Rada. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 393.

Proyecto de la pirámide-monumento en el Puente de Boyacá, 1825. AGN, mapoteca 4, ref. 45A.

Campo de Batalla de Boyacá, 7 de agosto de 1819. Dibujo Ricardo Moros Urbina, 1919, con motivo del centenario. AGN, mapoteca 2, ref. 1245.

 

 
 

 

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