Tabaco, quina y añil en el siglo XIX: Bonanzas efímeras

Por: Sastoque R, Edna Carolina

 


Quina. Cinchona lanceifolia. Lámina de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, 1783-1816.


Aviso publicitario en Almanaque de 1883.

Vista de la ciudad de Ambalema. Lámina de la Comisión Corográfica, 1850-1859.

Separación y empaque del tabaco. Provincia de Mariquita. Lámina de la Comisión Corográfica, 1850-1859.

Cigarrería. Provincia del Cauca. Lámina de la Comisión Corográfica, 1850-1859.

Exposición de cigarros en Bucaramanga. Libro azul de Colombia, 1918.

Charles Marie de La Condamine (1701-1774).

Título principal del Informe de José Celestino Mutis al rey Carlos IV, según el manuscrito que se conserva en el Jardín Botánico de Madrid.

Cuadro de nivelación de los climas para el cultivo de la quina elaborado por Francisco José de Caldas, y adjunto a su Memoria, dan prueba de que el sabio payanés adelantó estudios de geografía fitográfica antes del viaje de Humboldt.

Quina. Cinchona Ovalifolia. Lámina de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, 1783-1816.

Determinatio specierum gerenis Cinchonae. Lámina de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, 1783-1816.

Subtítulo del Informe de José Celestino Mutis al rey Carlos IV.

Avisos publicitarios en Almanaque de 1883.

Avisos publicitarios en Almanaque de 1883.

Geo von Lengerke (1827-1882).

Trabajos de historia natural en Chipaque. Geografía pintoresca de Colombia: Viaje de Edouard Andre, 1875-1876.

Sobre el autor: Edna Carolina Sastoque R es economista y maestra en Economía de la Universidad Externado de Colombia. Doctoranda en ciencias sociales y humanas, Universidad Javeriana.

La historia económica de Colombia, posterior a la independencia, se resume en la lucha por definir el tipo de organización socio-política y económica que más se ajustaba a las características del país y el modo de vinculación al comercio internacional, en medio de la tensión existente entre los partidarios de continuar con el orden colonial –sin España– y los partidarios de romper con el mismo. Todo ello en un contexto en el cual el país se estaba rezagando frente a otros países de Latinoamérica, por ejemplo, con la producción agrícola de Uruguay y Argentina, la producción azucarera de Cuba e, incluso, frente a Ecuador y Venezuela. Gracias a la rica variedad de climas existentes en Colombia se tienen diferentes productos, pero sólo a partir de mediados del siglo XIX algunos alcanzaron un relativo éxito en los mercados internacionales. Entre los productos de agroexportación más destacados se encuentran el tabaco, la quina, el añil, la tagua, los sombreros de jipijapa, el algodón y, para finales del siglo, el café y otros productos menos estudiados como el dividivi, el palo Brasil, entre otros.

Hacia 1850 se impuso la tendencia liberal, conocida como radicalismo (1850-1880), la cual contemplaba reformas económicas, sociales y políticas ambiciosas, tales como la eliminación de monopolios estatales, la libertad para trabajar u organizar cualquier negocio, libertad de imprenta, libertad para viajar por el territorio, entrar o salir de él, libertad de enseñanza, libertad de culto, libertad de asociación, libertad para poseer armas y municiones y comerciar con ellas. La sobreposición de medidas y la aplicación asimétrica de las mismas, sumadas a la disímil actividad económica –no todas las regiones, o estados tenían la posibilidad de producir o extraer aquellos productos que se demandaban en otros países– y las diferencias ideológicas y culturales, se tradujeron en la práctica en varios conflictos armados regionales e incluso algunos nacionales: las llamadas guerras civiles de 1851, 1854, 1860-1862, 1876-1877, 1885, 1895 y 1899-1902.

Aunque existe un relativo consenso acerca de la importancia teórica, práctica y política del modelo librecambista defendido entre 1851 y 1886 por parte de los liberales, sobre todo de los más radicales, cada vez más se reconoce que muchas de sus medidas también fueron compartidas por importantes miembros del partido conservador –el proyecto encaminado a consolidar el comercio internacional parecía estar por encima de la lucha partidista–. La estrategia se basaba en la idea de que la capacidad empresarial se sustentaba en el aprovechamiento en el corto plazo de los desequilibrios en los precios internacionales de algunos productos como los mencionados antes.

La puesta en marcha de tal modelo trajo, entre sus principales consecuencias, el reconocimiento de la necesidad de aumentar las vías de comunicación, no sólo entre las regiones exploradas o productoras con las de acopio y los puertos, sino con el resto del mundo. Igualmente tuvo importantes efectos migratorios sobre la población.

TABACO

El buen tabaco se cultiva del nivel del mar a unos mil metros de altura, en terrenos que pueden ser de aluvión, volcánicos, franco-arenosos. La recolección debe ser oportuna para evitar hongos y manchas en las hojas y su secado muy cuidadoso.

Fue un monopolio fiscal en su comercialización desde fines de la época colonial. A principios del siglo XIX, debido al aumento de los controles sobre su cultivo, el tabaco se empezó a sembrar clandestinamente en varias regiones. Después de la independencia, continuó siendo una importante fuente de ingresos fiscales y las primeras exportaciones colombianas se efectuaron en 1834, pero a partir de 1846 el país vivió un período de auge exportador como resultado del crecimiento de la demanda mundial, que absorbía casi cualquier cantidad de tabaco que el país pudiera exportar. Las llamadas “ reformas de mediados de siglo” eliminaron el monopolio de la producción y comercio –la Ley 23 de mayo de 1848 declaró libre el cultivo del tabaco a partir del 1 de enero de 1850– y permitieron la expansión de su producción y el aumento de su exportación.

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XIX, las casas comerciales que dominaron el negocio del tabaco fueron alemanas, lo cual convirtió a Bremen en el principal destino tabacalero en Europa. Sin embargo, la incursión de nuevos productores en el mercado mundial –Java, Sumatra, Indias Holandesas, principalmente–, rebajó el precio mundial, sumado ello a los problemas internos de calidad, producción, procesamiento y empaque. El resultado fue la crisis de las regiones tabacaleras. Aunque las exportaciones colombianas lograron mantenerse en términos de cantidad hasta 1875, los ingresos disminuyeron.

El ciclo de la exportación de tabaco sólo duró 26 años, desde 1854 hasta 1880. A partir de ese momento las plantaciones sirvieron principalmente para abastecer la demanda interna y luego, durante la primera mitad del siglo XX, a las recién creadas industrias de cigarrillos.

Las regiones con tradición tabacalera desde del siglo XVIII fueron Santander y el Valle del Cauca. El monopolio en la época colonial se redujo a las áreas de producción legal, a los distritos de Zapatoca, Girón y Piedecuesta y aunque su producción no tuvo una historia exitosa en los mercados externos, fue una importante fuente de ingresos fiscales y permitió el abastecimiento de la demanda local.

Después de la independencia, las regiones productoras en el siglo XIX se ampliaron a otros distritos. En especial, con la eliminación del monopolio sobre el tabaco, se debate la importancia de la producción de Ambalema (valle del Magdalena) y Carmen de Bolívar (Bolívar). Sin embargo, existe más o menos un consenso según el cual en el punto más importante de la época del monopolio, Ambalema movía el 80% de la producción total y abastecía a la Costa Atlántica, Antioquia y el valle del Magdalena. Mientras, Carmen de Bolívar fue la principal región productora para exportación desde mediados de 1865 hasta su decadencia a comienzos de la década de 1880.

A pesar de esto, el país no encontró una ruta hacia un desarrollo exportador estable, entre otras razones por la falta de uniformidad del producto, su calidad o los altos costos del transporte. Historiadores y economistas discuten como causas de la decadencia de la producción y de la crisis de las exportaciones, la mala calidad del tabaco producido y exportado, así como el aumento de la competencia proveniente de la isla de Java. Otros defienden la idea de la incapacidad empresarial para construir una industria moderna y eficiente. Por último, hay quienes dan una mayor ponderación a la forma como operó la separación entre la producción y la comercialización, pues las variaciones de los precios internacionales fueron absorbidas por los segundos, mientras los primeros tendieron al monopolio.

QUINA

Conocida comúnmente con el nombre de chinchona, la quina es la corteza del árbol quino, el cual crece silvestre en las selvas sub-andinas, y llega incluso a los 1000 y 3000 metros sobre el nivel del mar. Fue utilizada en medicina como antiséptico y para controlar las fiebres tercianas . En el siglo XIX, fue un apreciado recurso y su extracción y comercialización generó profundas transformaciones socio-espaciales en varios países hispanoamericanos como Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. La actividad extractiva sólo necesita de la separación de la corteza del árbol, lo cual implica un continuo desplazamiento del área de explotación, depredando nuevas zonas.

Las quinas llegaron a ocupar uno de los puestos más importantes entre las plantas medicinales del mundo, pues su amarga corteza fue, durante varios siglos, uno de los remedios más efectivos para tratar la malaria. Es por esto que en el último cuarto del siglo XVIII, dentro de las llamadas reformas borbónicas, se impulsaron las expediciones botánicas a lo largo de América Latina y Filipinas, tendientes a aumentar las riquezas naturales mediante el control de su producción y comercialización. Así, se propuso la realización de un inventario de la flora de las colonias, dando prioridad a los vegetales útiles para la industria, la medicina y el comercio. El estudio de la quina, de sus variedades y de sus propiedades terapéuticas fue uno de los que mayor impulso recibió. En la Nueva Granada, José Celestino Mutis y Francisco José de Caldas subrayaron en sus escritos las virtudes de las quinas.

En la Nueva Granada la distribución de quinas de los géneros Cinchona y Cascarilla se dio principalmente en el piedemonte amazónico, en límites con la cordillera de los Andes, el Nudo de los Pastos, la bota caucana y los territorios del actual Magdalena Medio, en donde estuvieron los principales centros de acopio de la región como Popayán, Pasto, Almaguer, Mocoa y Bucaramanga.

El polvo de la corteza alcanzaba valores de su peso en oro en la época en que éste escaseaba, y esto se convirtió en verdadero problema durante las guerras europeas. En el marco de los esfuerzos de las elites nacionales del siglo XIX para traer al país las ventajas del comercio mundial y la prosperidad, la quina tuvo mucho valor, pues los estudiosos de las ciencias naturales encontraron una adecuada justificación en las actividades de agro exportación, puesto que las mismas financiaban el estudio de la naturaleza. “En Colombia pueden observarse tres grandes auges quineros de muy corta duración: 1849-1852, 1867-1873 y 1877-1882. Cada ciclo de auge de la exportación de la quina, entendido como el momento en que las exportaciones del país adquieren los niveles más altos, corresponde a la expansión y predominio de una zona diferente, que provee la mayor parte de la cantidad exportada; es decir, se produce una rotación de las áreas ligadas al comercio externo. […] Así pues, el primer auge quinero comprende el área de Cundinamarca y la parte nororiental del actual departamento del Cauca; el segundo auge presenta al Tolima y el territorio de San Martín como zona de mayor producción; mientras que el tercer auge corresponde a Santander” 1 .

Con la caída de las exportaciones de tabaco, la quina se convirtió, en la década de los 70, en el principal producto de exportación del país, pero rápidamente entró en decadencia debido al establecimiento de grandes plantaciones por parte de los ingleses en sus colonias del sureste asiático, particularmente en Java y Ceilán, las cuales comenzaron a ser preferidas por sus menores costos y mayor productividad.

Empresarios de muchas regiones, y algunos extranjeros, se hicieron adjudicar tierras baldías que contenían bosques de quina e iniciaron la extracción del producto. Entre ellos, dice El Agricultor de 1880, se destacan Pastor Ospina, Mariano Tanco, Celestino Castro, Rafael Reyes, Aquileo Parra y Jorge Child, entre otros.

La diversidad de climas permitía la producción de diferentes variedades de quina (blanca, roja, cúprea) y, por ende, una heterogeneidad en la calidad del color y la riqueza en alcaloides. Alrededor de esta actividad se dieron dos formas de explotación, la extracción individual del recurso silvestre por parte de los cascarilleros o quineros (que extraían el producto y lo vendían a los comerciantes) atraídos por los buenos precios de intercambio en los circuitos locales e internacionales, y la fundación de prósperas empresas de explotación, vinculadas a empresarios agrícolas, comerciantes, jefes políticos e incluso a importantes casas comerciales extranjeras.

La quina constituyó el principal producto de extracción forestal, explotado durante el siglo XIX en Colombia. Entre 1860 y 1900, el gobierno otorgó numerosas tierras baldías, beneficiándose principalmente las empresas y los grandes comerciantes exportadores –dada su importante influencia en los gobiernos locales y nacionales–, los cuales recibieron grandes cantidades de terrenos baldíos. Un ejemplo es el caso del alemán Geo Von Lengerke en Santander. Esta variedad de mecanismos en la adjudicación aumentó la competencia y los conflictos por la asignación de tierras, pues en muchas ocasiones los gobiernos de los estados soberanos no estaban de acuerdo con la adjudicación del gobierno de la Unión –o viceversa–, o eran tierras que en la práctica no se encontraban baldías ya sea por colonización reciente, quineros individuales, o por ser territorios indígenas, cuyos habitantes fueron objeto de caza, exterminio o esclavitud para garantizar la fuerza de trabajo en las selvas.

La explotación de la quina permitió igualmente la articulación de la región Amazónica con el mercado mundial, al igual que con el resto de la nación. “[…] analógicamente hablando, se puede decir que la quina es al caucho lo que el tabaco fue al café en término de las conexiones que se hicieron a través de estos productos por medio de las arterias que comunicaban al mercado mundial. El tabaco conectó el centro andino con el río Magdalena a través de la navegación a vapor, como la quina conectó a los Andes con el Putumayo y a su vez éste con el Amazonas también por vapores”2, aunque igualmente, de manera débil, dependía del buen comportamiento de los precios internacionales del producto.

Sin embargo, tras la fiebre especulativa, se inició su ciclo de depresión como consecuencia de elementos internos, externos o combinaciones de ambos. En cuanto a los externos, se destaca el incremento de la producción de las quinas de las Indias holandesas e inglesas, donde se establecieron extensos cultivos industriales, aprovechando la mano de obra que era abundante y barata, mejoraron las plantas y las formas de cultivo, hasta que consolidaron el monopolio de la producción mundial. Entre las derivaciones internas, estuvo la inestabilidad jurídica y política interna, el estancamiento e incoherencia de las técnicas de explotación y el vaivén de los mecanismos de financiación y acumulación de capital. Y, por último, las condiciones conjuntas de la mezcla de quinas –por parte del comerciante– de mayor calidad con quinas de menor calidad, fomentaba la permanente subestimación del producto, así como la subvaloración de las quinas latinoamericanas por parte de los mercados europeos.

Con la disminución de las exportaciones de quina, las zonas que inicialmente habían alcanzado un dinamismo importante, sufrieron procesos de estancamiento, de disminución del precio de la tierra y reducción de las posibilidades de empleo, incluso de despoblamiento por la migración hacia regiones con mejores oportunidades, en particular aquéllas donde el café estaba ascendiendo.

AÑIL

Durante la segunda mitad del siglo XIX la doctrina del libre cambio predominó entre las elites de Colombia; la producción y comercialización de la tintura de añil fue otro de los productos que ensayó la actividad empresarial, aunque su auge, hacia 1870, fue el más efímero de todos, pues duró menos de una década. Aunque el añil en Colombia no tuvo mayor relevancia durante la colonia, se cultivó como materia prima para la industria artesanal de tejidos de algodón. La producción se incrementó notablemente cuando se encontraron oportunidades en su exportación a mediados de la década de 1860. Al igual que el tabaco y la quina su cultivo y extracción estuvo caracterizada por tendencias especulativas. La ruina del comercio de añil se debió a la invención de los colorantes artificiales en Prusia y al restablecimiento de las exportaciones de Bengala, el principal abastecedor del mercado inglés. Desde ese momento esta planta fue relegada a un uso meramente artesanal.

Con el descenso del tabaco, los capitales invertidos comenzaron a retirarse y la producción de añil a extenderse a las zonas aledañas a la región de Ambalema, el puerto de Honda y las márgenes del río Magdalena, pues contaban ya con la facilidad de mantener asentamientos de mano de obra. Si bien es cierto que su actividad no generó el mismo ritmo de exportaciones del tabaco y la quina, permitió la acumulación de capitales y la dinamización de los ingresos frente a la crisis de estos productos en los mercados internacionales.

Sin embargo, a diferencia del tabaco o la quina, el añil requería de una inversión en capital relativamente importante y representaba un riesgo de inversión mayor, pues el producto exportado no era silvestre, requería de un procesamiento y la inversión después de realizada no podría recibir usos alternativos. Sólo comerciantes y terratenientes de reconocida trayectoria contaban con la acumulación de capital para iniciar tal negocio.

Una de las singularidades de la producción del añil, fue la del carácter extensivo del cultivo y las diferentes posibilidades de extracción del índigo, de acuerdo con el mayor o menor tiempo de maceración. Según ésta existen diferentes calidades de añil, es decir, mientras más tiempo duraba la maceración de la yerba, más cantidad se obtenía, pero con una calidad inferior. Para la época, los mercados internacionales reconocían, entre otros tipos, el añil flor –reconocido por su intenso color azul, por la ligereza de peso, limpieza de la pasta y lo untuoso del polvo–, el añil superfino –un color azul menos intenso– y el añil fino –menos ligero y de tonalidades moradas–; y otros de menor calidad como el añil sobre, añil baten corte y añil corte ordinario .

Son frecuentes las alusiones en periódicos y publicaciones técnicas de la época sobre la particularidad que tenía el añil de agotar muy pronto la productividad de la tierra, razón por la que se necesitaban mayores niveles de inversión en arar la tierra, rotar las cosechas e introducir el uso de abonos y fertilizantes. Los productores más notables fueron terratenientes ricos o importantes comerciantes de las principales ciudades de la Colombia del XIX. A esta producción se asocian apellidos como Camacho Roldán, Lezmas, Parra, Samper, Rivas y Villoria, entre otros.

TABACO

1518

Los españoles enviaron las semillas del tabaco encontrado en América a Europa.

1828

Se descubrió el alcaloide de la nicotina y se la consideró un remedio eficaz para tratar desarreglos del sistema nervioso, hemorroides, malaria, tétanos y antídoto contra la estricnina y otros venenos, como el de serpiente, si se administraban las dosis correctas.

1833

Desde este año por el río Magdalena se exportó tabaco desde Ambalema a Inglaterra donde era muy apreciado.

1845

El gobierno nacional contrató con Montoya Saenz el monopolio del tabaco de Ambalema.

1848

La Ley del 23 de mayo declaró libre el cultivo de tabaco a partir del 1 de enero de 1850, aboliendo el monopolio estatal.

1855

Se inició la primera bonanza del tabaco que se cultivaba en Santander y en Palmira. Se exportaba no sólo a Europa sino a Estados Unidos y a las Antillas. El tabaco producido en Palmira se exportaba a Chile por Buenaventura.

1859

Una de las primeras firmas extranjeras que exportó tabaco colombiano fue Powles, Gower & Co. Su principal accionista era el inglés John Diston Powles.

1870

Los tabacos de Java y Sumatra penetraron al mercado mundial alrededor de esta fecha, desplazando los de otras procedencias como el colombiano.

1919

Se fundó la Compañía Colombiana de Tabaco, Coltabaco, en Medellín.

QUINA

1633

Testimonio de fray Antonio de Calancha sobre los efectos sorprendentes obtenidos en Lima con los polvos de la corteza del árbol de las calenturas , la quina.

1635

Fecha aproximada de la introducción de la quina en Europa.

1663

El médico español Sebastían Bardo publicó el primer tratado sobre la quina. En él narró lo que le ocurrió a doña Francisca Henríquez de Ribera, Condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera, que se curó de fiebres con el uso de la quina.

1783

El botánico francés La Condamine inauguró el estudio científico de la quina, dando cuenta a la Academia de Ciencias de París de la historia del descubrimiento y algunas características del árbol.

1793

Comenzó a editarse en el Papel Periódico de Santafé la obra de José Celestino Mútis titulada El Arcano de la quina. Expresó su interés por defender la comercialización de las quinas granadinas cuya calidad admiraba frente a las de origen peruano.

1860

El inglés Clemens R. Markham fue enviado a Colombia para recolectar semillas de quina e iniciar la siembra en las colonias inglesas de Asia. Esta empresa prosperó rápidamente.

1874

Se inició la explotación de la quina en las selvas del alto Putumayo y Amazonas hasta el Atlántico, por iniciativa de empresarios colombianos con negocios en el Cauca y Nariño como la Casa Elías Reyes y Hermanos. En Santander lo harían principalmente las casas comerciales de Pablo G. Lorent, Ernesto Cortissoz y Geo von Lengerke.

AÑIL

1776

Un informe del gobernador de Santa Marta indicó que en ese territorio se extraía el añil, planta que abundaba en la región.

1858

Fernando Nieto fundó los primeros establecimientos añileros en Cundinamarca, en la hacienda Peñalisa.

1860

A mediados de esta década disminuyó temporalmente la producción de añil en Bengala –noreste de la India– principal abastecedor del mercado inglés.

1869

El Secretario de Hacienda informó que había seis establecimientos de explotación de índigo (añil) en Antioquia, Sopetrán y Liborina, y otros cinco en proyecto.

1871

Las exportaciones de añil colombiano constituyeron cerca del 7% del total de las del país.

REFRENCIAS

(1) Camilo Echandía y Yesid Sandoval. “La historia de la quina desde una perspectiva regional: Colombia 1850-1882”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vols. 13-14, 1987, p. 153.

(2) Germán Palacio. Fiebre de tierra caliente. Una historia ambiental de Colombia. 1850-1930. Bogotá, Editorial Gente Nueva. Universidad Nacional de Colombia. Sede Amazonía, 2006, p. 105.

BIBLIOGRAFÍA

Echandía, Camilo y Sandoval, Yesid. “La historia de la quina desde una perspectiva regional: Colombia 1850-1882”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura , vols. 13-14, 1987.

Fonnegra, Ramiro y Silvia, Jiménez. Plantas medicinales aprobadas en Colombia . Medellín, Universidad de Antioquia, 2007.

Johnson, David Church. Santander siglo XIX cambios socioeconómicos . Bogotá, Carlos Valencia, 1984.

Palacio, Germán. Fiebre de tierra caliente. Una historia ambiental de Colombia. 1850-1930 . Bogotá, Editorial Gente Nueva. Universidad Nacional de Colombia. Sede Amazonía, 2006.
Comentarios () | Comente | Comparta