Ficha bibliográfica
Titulo: La edad de la langosta, la plaga bíblica no ha desaparecido de Colombia
Edición original: 2005-06-01
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-01
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Luis Carlos Molina Acevedo

LA EDAD DE LA LANGOSTA, la plaga bíblica no ha desaparecido de Colombia
Por: Luis Carlos Molina Acevedo
Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 63
Marzo de 1995

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Plaga de langostas en el Patía. Grabado de Riou, "América pintoresca", | |||||||||||||
La llegada de la langosta implicaba apresurados traslados de ganado en busca de otras tierras donde pudiera alimentarse, pues la plaga acababa con los pastos. Los alimentos escaseaban, con las consecuentes hambrunas. «Cómo sería el hambre que mi hermano menor, quien en ese entonces tenía dos meses, se comió la punta de la suela de una cotiza, y si no es porque mi mamá lo vio a tiempo, se la come toda», dice Julián Bolívar, informante del municipio de Betulia. Su relato de la plaga es conmovedor: «yo estaba de unos ocho años. Iba con mi hermano para la roza cuando menos pensamos escuchamos un zumbido y nos volvimos para mirar y nos encontramos con un grillerío que venía volando. Sacamos los machetes y comenzamos a reventarlos en el aire. Estábamos entretenidos matándolos cuando se nos deja venir la lluvia de esos animales y corrimos asustados para la casa. Mi mamá estaba arrodillada en el patio rezando. Al otro día todo estaba pelado. Del yucal sólo quedaba los varejones blancos porque la langosta se había comido hasta la corteza. Era tanto el animalero que las matas de maíz se doblaban al suelo con ellas. Pasamos mucha hambre». Las personas tenían que acudir a la poca vegetación que dejaba la langosta, para subsistir. El insecto no se comía las mazorcas de maíz que hubieran alcanzado su máximo grado de madurez, o estuvieran «jechas». Tampoco se comían la rascadera, porque esta planta produce una leche picante, y sus hojas la aprovechaban las personas como vianda o «revuelto», al lado de los yuyos de calabacera, para hacer sopas. Para darle substancia a tal menú, en la mayoría de los casos arrancaban las puertas para quitarles las bisagras de cuero y echárselas al caldo para que tomara algún gusto. En otros casos, varias familias se unían y compraban un fémur de res llamado comúnmente «calabombo» o «cadero» o «hueso de substancia». Tal hueso se lo turnaban por días para darle sazón a las sopas. Tampoco atacaban los arbustos del café, por el sabor amargo de sus hojas. Devoraban el maíz tierno, la yuca, el plátano, el fríjol, la caña de azúcar, el algodón, la pina, la papaya, los naranjos y otros productos básicos de la agricultura. Los anteriores testimonios hablan del estado de pobreza que predominaba luego de la invasión de la langosta. Pero lo que más preocupaba al campesino no era la invasión en sí, sino las crías que empollaban a los pocos días y se volvían una pesadilla interminable, pues inhabilitaban toda acción diferente a la de exterminarlas. Ellas comenzaban devorando las plantas bajas, pero en pocos días eran capaces de trepar a las más altas. Con el agravante de que su período de madurez podía durar hasta dos meses, dentro de los cuales era incapaz de volar para irse.
La langosta en Colombia Resulta increíble que un insecto que sólo cuenta con seis dientes en cada mandíbula haya causado y siga causando tanto terror al hombre. Su poder devastador arruinó los mejores cultivos y no existe garantía de que no vuelva a hacerlo en Colombia. En donde se asentaba, de un día para otro devoraba los sembrados, fueran extensos o chicos, y sólo dejaba desolación. La langosta se presenta como un insecto bastante misterioso. Mientras está en estado aislado, es inofensiva, pero cuando desarrolla su espíritu gregario, puede ser más destructiva que una guerra. En la Universidad Nacional, seccional Medellín, se adelantaron experimentos con langostas solitarias y luego de algunos días de estar juntas, tomaban la coloración café o gris oscuro de la gregaria. Otro de los experimentos novedosos consistió en separar de un tajo con una cuchilla el tronco de la cabeza y colocar junto a ésta hojas tiernas. Para desconcierto de los presentes, la cabeza mutilada devoró varias hojas. Desde 1936 no se registran invasiones de langosta en Colombia y esto constituye otro punto de asombro alrededor de este insecto, pues las invasiones en el Brasil, Perú y otros países vecinos, son frecuentes en la actualidad. Según los datos históricos, las invasiones se daban con mayor frecuencia de sur a norte. Desde esa perspectiva, el país debería estar sufriendo los rigores de esta plaga. En Colombia se identificó como centro de origen la región de Cumbitira, cerca al río Patía, en el departamento del Cauca. También se le asignó la Laguna del Castigo, localizada en las vecindades del nacimiento del río Magdalena y el Cauca, y la cual tomó este nombre porque allí fueron arrojados unos franciscanos que murieron de forma violenta y como castigo surgió la langosta. Esta historia no está lejos de haber sido influenciada por el conocido relato bíblico (Exodo, 10, 13-15). Una variante sostiene que la langosta de la Nueva Granada habitaba el desierto de «El Castigo», ubicado en las márgenes del río Patía, cerca de la desembocadura en el océano Pacífico. Por lo común salían de allá cada 6, 8 o 10 años y emigraban unas veces al sur y otras al norte sobre Popayán, y seguían el curso del río Cauca. De 1814 a 1815 se extendió por todo el Valle del Cauca hasta la parroquia de San Andrés en la provincia de Antioquia. Al parecer la langosta existe desde hace muchos años en Colombia y quizá estuvo confinada al río Amazonas entre la selva. La primera referencia que se tiene de ella se registra en Pasto hacia 1619, donde tenían como protector contra la langosta al santo Fray Luis Beltrán. Y se dice que en 1748 el padre Larre, en Popayán, la conjuró en nombre de San Joaquín. En 1916 la langosta invadió 16 secciones del país. En Antioquia se registra además de ésta, otra en 1909 con igual magnitud. Sin embargo, desde 1878 se denunciaba la expansión de la plaga en el Boletín del Comercio. Hubo invasiones fuertes en 1906 y 1908, procedentes del departamento de Bolívar. En Santa Fe de Antioquia llegaron a atacar hasta los trajes de las lavanderas y la iraca retostada de los techos. Afectó a varios pueblos del occidente, del suroeste y bajo Cauca de Antioquia entre 1918 y 1920, sobre todo en los meses secos. Se las denominaba comunmente como chapulinas, paco-pacos y saltones. Son de cuerpo alto y comprimido, cabeza de igual anchura, surcos transversales y coloración variada. El gobierno nacional promulgó controles legislativos que obligaban a los gobernadores y a los alcaldes a tomar medidas para exterminar la plaga. El primero fue la Ley 19 del 17 de octubre de 1911, que en el articulo 15 establecía multas de 2 a 20 pesos para la negligencia en el exterminio de la langosta. La Ley 65 del 9 de noviembre de 1914 reglamentaba la fumigación del punto de origen de la plaga, o sea la laguna o desierto de El Castigo. Esta se hizo con una aplicación arsénica en proporción de 200 libras de arsénico por cada 15 galones de agua hirviendo, cinco galones de agua fría y 40 galones de miel. Pero en el departamento de Antioquia se encuentran medidas anteriores. Está la ordenanza 32 de agosto de 1890 y el decreto 145 del 28 de abril de 1906, donde se impartía la orden a los municipios de combatir a la langosta por todos los medios.
Merecen especial mención las recomendaciones que dio en 1916 el agrónomo Dawe, consejero entonces del Ministerio de Agricultura. El diseñó una estrategia que consistía en un sistema de zanjas o fosos (una vara de ancho por una vara de profundidad) a las cuales se les ponía una tabla para el choque de las langostas y después de caer, se cubrían con tierra. Valga anotar que fue el sistema más usado por el campesino antioqueño, según se registra en los testimonios de tradición oral. También se recomendaban las trampas portátiles con emulsión de petróleo. Y el más común, pero el más lento, matarlas con ramas de árboles, hojas de maguey o correas de cuero. Fue el método más usado por los denominados «capturadores» que cobraban por su oficio, pues le vendían a los dueños de los sembrados la langosta por costalados o bultos. En la tradición oral del suroeste se encuentran relatos según los cuales por una jornada se pagaba, una taza de mazamorra y dos centavos. Los animales domésticos se constituyeron en una gran ayuda para destruir a las langostas. El mas «profesional» en el oficio fue el cerdo: hozaba incansable en busca de los huevos puestos bajo la tierra y tenía un gran olfato para localizarlos. Las gallinas colaboraban en la labor, pero el decir de las gentes, su carne tomaba el sabor desagradable durante los veinte días siguientes. Los perros a su vez se enflaquecían de manera notable después de comerlas y perdían el pelo paulatinamente hasta morir. A la batalla también se unían mirlas, turpiales, toches, sinsontes, ciciríes, arroceros, chamones, cirihuelos, carriquíes, tijeretas, carpinteros y azulejos.
La langosta pertenece a la clase de los insectos, orden ortópteros, sección saltadores, familia acridides, género acridios, especie acridium peregrinum, del cual existe la especie Acridio Colombiano, propia de Colombia, con notables diferencias frente a las de los países vecinos. Se considera que esta especie apareció hacia fines de 1888. Además de ésta, se identificaron en las invasiones también otras tres especies comunes en Suramérica: la Schistocerca Paramensis Migratoria, clasificada por Walk Burm y quizá la más frecuente en Colombia. La Tropinotus Rosulentus clasificada por Stal, se identificó en la invasión de 1936 registrada en el occidente de Antioquia, como último rezago de lo que fueron las migraciones. La Bogotensis, clasificada por Scud y la Tropidacris Latre, clasificada por Illei Perty y conocida también con el apelativo de «burra», llegaba a medir hasta 15 centímetros de largo. Tiene amarillas las alas y unos tuberculitos blancos en el tórax.
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Langostas en estado gregario. Departamento de Entomología, | |||||||||||||
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Bibliografía HOSTNIG, Rainer. «Resurgimiento de una plaga: langostas migratorias». Medio Ambiente. Lima. APOLINAR MARIA, Hermano. «La langosta». Boletín de la Sociedad Colombiana de Ciencias Naturales, año XV, No 88, oct-nov, 1926. pp 166-73. POSADA, A. La langosta, estudios científicos. Medellín: Imprenta oficial, 1909. pp.92-104. YEPES RODRIGUEZ, Francisco. Anotaciones históricas sobre algunas de las apariciones de la langosta en Colombia y Antioquia. Medellín: Secretaría de Agricultura de Antioquia, VII, 1987. | |||||||||||||




