ISAACS, VIAJERO Y EXPLORADOR

Por: Morales Gómez; Jorge

Jorge Isaacs
Jorge Isaacs
"Una cláusula de las concesiones ferrocarrileras», 
tesis de doctorado de Jorge Isaacs. Biblioteca Nacional, Bogotá.
"Una cláusula de las concesiones ferrocarrileras», tesis de doctorado de Jorge Isaacs. Biblioteca Nacional, Bogotá.
«De San Sebastian a Businca» 
Apuntes arqueológicos de Jorge Isaacs, 1882. 
Biblioteca Nacional, Bogotá.
«De San Sebastian a Businca» Apuntes arqueológicos de Jorge Isaacs, 1882. Biblioteca Nacional, Bogotá.
«Hulleras de la República de Colombia en la Costa Atlántica», de Jorge Isaacs. 
Bogotá. E. Zalamea, 1890.
«Hulleras de la República de Colombia en la Costa Atlántica», de Jorge Isaacs. Bogotá. E. Zalamea, 1890.
Peregrinación del autor de «Maria» en el Estado del Magdalena

No son escasos los estudios referentes ala obra literaria de Jorge Isaacs y también se han dado a conocer episodios de la vida del autor, sin embargo, una personalidad multifacética y versátil como la de Isaacs, ha sido muy poco estudiada en otros aspectos de su vida, como los de viajero y explorador, entusiasta de la geografía física, la geología, la arqueología, la etnología y la lingüística amerindia.

Sus primera aventuras ocurrieron en las contiendas civiles de mediados del siglo pasado, primero en las filas del conservatismo y luego en el bando liberal. AI regreso de Bogotá a Cali, luego de la presentación y edición de sus poemas en El Mosaico, escribió una carta a Marroquin en la cual revela ya su inclinación por las experiencias geográficas: «Estaba hermosa la mañana cuando llegué a Rio Neiva. Había llegado la noche antes a su orilla cuando iluminaban la extensa llanura las quemazones de los montañeses. Me detuve varias veces a mirar esos incendios lejanos que imitaban ciudades abrasadas, cuyos esqueletos aparecían lamidos por llamas tenaces. O seguía el ondulante camino de los incendios de las cordilleras, que semejaban cometas de fuego enredadas en las breñas». Efectivamente, a Isaacs Ie llamaban la atención tanto los paisajes físicos como los culturales, construidos por los hombres. Así lo revela en su inmortal María y en algunos de sus poemas como los titulados «En los desiertos de Ariguaní» (1882) 0 «En las cumbres de Chisacá» (1885), donde se refiere a la naturaleza asombrosa, que reiteradamente lo deja absorto, y a las transformaciones realizadas por los grupos que la habitan, sin descontar las referencias a la suerte humana y aun a circunstancias personales. 

Hacia 1865 Isaacs ocupó el cargo de inspector del camino de Buenaventura y en esas tierras alejadas, en el rancho de un negro, adelantó su María. No en vano se ha asegurado que su vena Lírica se nutrió en las soledades y en los parajes silenciosos, distantes de los grandes movimientos. Quizá la tristeza y el sentimiento de frustración por algunas empresas no cumplidas se avivaron en estos refugios y coadyuvaron psicológicamente a la construcción de sus creaciones.

Pero Isaacs también se siente atraído por la vida urbana, donde puede encontrar estímulos humanísticos. Viaja a Santiago de Chile en calidad de cónsul en 1871, y alii se entusiasma con la obra pedagógica de Andres Bello; se hace un conocedor idóneo de sus producciones y con ese bagaje didáctico regresa a Colombia para desempeñarse como superintendente educativo del Estado Soberano del Cauca, cargo que Ie ofrece su presidente Cesar Conto. En ese destino tiene muchas dificultades para el cabal cumplimiento de su labor, se va defraudando paulatinamente, pero su espíritu andariego, acompañado de ideas útiles para el país y su gente, Ie lleva a vincularse a la Comisión Exploradora de la Costa Atlántica que convoca Rafael Núñez, a la sazón primer mandatario de la Nación. Viaja en compañía de otros funcionarios, entre los cuales se destaca el afamado dibujante Lázaro María Girón. La permanencia en la costa se prolonga por once meses, según sus propias palabras, entre 1881 y 1882, Y allí tiene la oportunidad de recorrerla desde la Guajira hasta el golfo de Urabá.

Isaacs localiza importantes yacimientos carboníferos y petroleros en la Guajira y el Bajo Magdalena, respectivamente. Se improvisa como geólogo, arqueólogo, lingüista y etnógrafo, mostrando en el desarrollo de esas múltiples actividades una gran mística por tales temas, aunque consciente de sus deficiencias en formación científica, lo cual anota expresamente en la introducción de su obra titulada Estudio sobra las tribus indígenas del Magdalena, la cual apareció inicialmente en los Anales de Instrucción Publica de 1884 (hay reedición en la Biblioteca de Cultura Popular, 1951). Como Isaacs había sido conservador y luego se afilio al liberalismo, Miguel Antonio Caro no se lo perdono, y por eso arremetió contra el autor y la obra en los siguientes términos: «Malo es salir un hombre de su esfera, porque se expone a no hallar reposo, ni llegar a ninguna parte». Hacía referencia a lo multifacético que era Jorge Isaacs y, con ese antecedente de su personalidad, Caro asumió que en todo lo que aquel se comprometiera iría a obtener resultados mediocres. Refiriéndose al estudio citado, afirma: «Allí no se destaca ningún pensante fecundo; no se desenvuelve ninguna teoría. Es una nueva y confusa Floresta de Santa Marta».

La obra consta de una 'introducción, de un estudio sobre el lenguaje Businka, un estudio del Magdalena y, final mente, las ilustraciones correspondientes al arte rupestre de la Sierra Nevada de Santa Marta. La edición de 1951 en la Biblioteca de Cultura Popular Colombiana está precedida por un prologo de Luis Duque Gomez y seguida de un estudio de Miguel Antonio Caro, titulado «El darwinismo y las misiones», y de otro del padre Celedón, referente a la gramática Guajira. Ambos hacer referencia a la obra de Isaacs y son elementos de estudio interesantes para analizarlas, aunque están lejos de ser completos y profundos. En la introducción, Isaacs manifiesta que su intención fue lograr un escrito a la manera de la famosa y muy importante Peregrinación de Alpha, de Manuel Ancízar, con registros detallados de los accidentes geográficos, el clima y los recursos naturales. También afirma que el principal propósito del documento es de orden etnográfico: conocer las culturas indígenas como principio de atención a esos pueblos y como instrumento del desarrollo regional. Tales metas tuvieron serios inconvenientes, como la suspensión sorpresiva del contrato por parte del secretario de Instrucción Publica Rufo Urueta y la consabida escasez presupuestal. Sin embargo, y con sacrificios personales, Isaacs continúo y produjo el trabajo contra viento y marea, para dar cumplimiento al compromiso con el gobierno nacional, el cual obligaba, en su artículo segundo, «a desempeñar ese empleo por el termino de un año prorrogable a voluntad de Isaacs, hasta que terminen los trabajos de la Comisión y sean impresos en la forma conveniente». EI empleo en referencia era el de secretario, pero el poeta no quena ser solo un administrador y relator del equipo, sino un explorador que pudiera contribuir en alguna medida al conocimiento del país, tanto con fines pedagógicos como económicos Por eso se separa del grupo presidido por el explorador Argelino Mano, y de su propia cuenta y riesgo fue enviando informes periódicos al gobierno central respecto de los recursos mineros aprovechables. Tal circunstancia parece que obro a su favor para que lo nombrasen administrador de los yacimientos de carbón del Río de la Hacha, destino del cual, lamentablemente, Isaacs poco informa.

En el terreno de lo geográfico, Isaacs hace largas y detalladas descripciones sobre la morfología, hidrografía, clima, vegetación y demás aspectos físicos del territorio adscrito al Estado del Magdalena, haciendo énfasis en el macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta. Sus anotaciones van acompañadas de largas citas de viajeros como Felipe Perez y Eliseo Reclus, aunque muchas veces asume una posición de discrepancia con los textos. Veamos un ejemplo: «Por carecer el señor Perez de pormenores exactos acerca de tales montanas, acogió los de Mr. May, sin vacilación ni desconfianza mínima [ ... ] De ahí que las suponga completamente desiertas o visitadas mas por algunas tribus semibárbaras ... » En otro lugar, categóricamente dice: «Lo de restos de edificios [ ... ] es una mera suposición [de Mr. May]».

Las narraciones suelen estar relacionadas con condiciones de vida de los habitantes y con posibles alternativas de solución en los casos precarios. Así señala la necesidad de datos de agua potable para Bahía Honda y la inoperancia del resguardo de rentas por favorecer el contrabando. Al respecto recuerda su advertencia previa al gobierno de mejorar el servicio de guardacostas. Sobre los grupos indígenas del Estado del Magdalena, que constituyen el objeto de su interés primordial, Isaacs acoge un punto de vista interesante y justo a la vez: su concepción de la historia no se restringe a la llegada de los españoles, sino que la remonta hasta antes del siglo XVI. Para el, ese período es por demás mucho más extenso que el sucesivo y hace parte muy importante del pasado de los grupos aborígenes; por tanto, transcribe y estudia los petroglifos y pictografías de las vertientes de la Sierra Nevada y recoge versiones autóctonas de los ancianos sobre su propia historia, en versiones que para nosotras y para el mismo Isaacs son míticas: «En época remotísima, decíanme los sacerdotes y ancianos, las \ montanas se estremecieron espantosamente ... » En realidad, Isaacs se entusiasmo mucho por lo que erróneamente hemos llamado la prehistoria, y para el las manifestaciones rupestres podrán dar la clave para explicar movimientos migratorios, influencias culturales, creencias y prácticas religiosas durante la época prehispánica. Este punto de vista, así como unas pretendidas y no muy documentadas invasiones Caribes a la Sierra Nevada y la Guajira, no eran infrecuentes entre muchos estudiosos de la época, tanto en Colombia como en otros países. Por ejemplo, a fines del siglo pasado se buscaba a responsabilizar de la belicosidad de los Wayuu de la Guajira a un ancestro Caribe.

Hoy, todo esto suena ingenuo e inexacto a la luz de la modem a antropología.

Pero sería un grave error querer ver en Isaacs a un etnólogo o un antropólogo, como lo hizo Caro. Isaacs era un gran entusiasta del conocimiento del pasado indígena y recurría a los viajes y a los testimonios directos para aproximarse a el, complementando sus observaciones con algunas fuentes bibliográficas. Ese es un gran merito: el recoger datos de primera mano sobre grupos indígenas, así como registrar muestras poco conocidas del arte rupestre. Su limitación fue dar por sentado lo que no tenia mayor comprobación y el aventurar hipótesis poco consolidadas, como la del origen Caribe de los Chimilas, Kogi y Arhuacos.

En carta enviada a Alberto Urdaneta en febrero de 1882, Isaacs demostró su gran cariño por los paisajes y los indígenas del Magdalena, así como una profunda tristeza por los efectos de las guerras civiles, por la destrucción de los ganaderos al abrir potreros y por el abandono del gobierno en esas comarcas. Pone de presente la ruina hallada en Valencia de Jesus, que fue población prospera a comienzos del siglo XVIII, y se lamenta por el atraso productivo del Valle de Upar, al cual califica de desértico, cuando antes fue emporio de riqueza. Su visión un tanto pesimista responsabiliza al régimen federal de ese estado de cosas, pues no tuvo, segun Isaacs, la capacidad de apoyar iniciativas privadas para el desarrollo regional, como la de Pedro Monsalve y otras que quisieron diversificar producción, montar obras de infraestructura para asegurar riego e impulsar el comercio. En el fondo, la mirada de Isaacs sobre el Magdalena es de una profunda nostalgia. En su correspondencia se filtra la convicción de que la época prehispánica fue más exitosa para el desarrollo de los pueblos; de otro lado, reconoce que el poder central y el Estado del Magdalena no aprovecharon las magnificas cualidades de la población aborigen y la dejaron su vida en la pobreza. La belleza física de sus mujeres, la arrogancia del carácter, la habilidad manual, el conocimiento del terreno y la capacidad para enfrentarse al medio hostiI son para Isaacs privilegios de los indios Chimilas, a quienes destaca como superiores a otros grupos étnicos del interior del país.

Como corolario de todo lo anterior, podemos afirmar que Jorge Isaacs fue fiel a un humanismo amplio y transcultural, que lo  lIevó más allá de las fronteras del costumbrismo y de las disquisiciones político-religiosas de muchos de sus contemporáneos.

Realizado por: Jorge Morales Gómez
Antopólogo y Profesor, Universidad de los Andes.
Investigador. Instituto Colombiano de Antropología.
Miembro de la Academia Colombiana de Historia.

 

Título: ISAACS, VIAJERO Y EXPLORADOR
Fecha de publicación: 1995-05-05
Palabras clave: Jorge Isaacs


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