- Credencial
- Historia
- EDICIÓN 89 - MAYO 1997
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VERNON EN CARTAGENA, 1741 - Nuevos datos sobre su derrota
Gustavo Vargas Martínez
El asedio del almirante Edward Vernon a Cartagena en 1741 logró reunir la más grande flota de guerra inglesa del período colonial y amenazar seriamente la presencia española en el Caribe. De haber vencido en Cartagena, la historia habría dado un vuelco para todos: la Gran Bretaña se habría hecho fuerte en la Nueva Granada, y España, en apuros, se habría visto obligada a ceder espacio en América y tal vez en la propia Europa. Por lo mismo, la victoria criollo-española de 1741 aseguró por setenta años más la hegemonía colonial de la Corona y desalentó, al menos en el Caribe, nuevas incursiones de Inglaterra.

- Blas de Lezo. Grabado de Alfredo Greñas.
- "Papel Periódico Ilustrado", 1882.
- Edward Vernon
Grabado de Hardin - g, siglo XVIII.
Un viejo documento redescubierto nos viene a proporcionar nuevos datos sobre el acontecimiento. En 1741, el mismo año del asedio, se publicó en París el Méthode pour étudier la géographie, escrito por Nicolas Lenglet-Dufresnoy, en seis tomos. En el último tomo, a manera de addendum de última hora, con la advertencia justificativa de que tal relato ayudaría a conocer "que la nación española conserva siempre igual el mismo coraje que ha demostrado en todas las guerras", se publica íntegro un Diario del sitio de Cartagena en América, escrito anónimamente por un español y traducido al francés por el propio embajador de España en Francia, don Luis Rigio y Branciforte, príncipe de Campoflorido, Grande de España. El diario es, en realidad, un relato bastante pormenorizado, en 17 páginas, que describe las principales contingencias de esos días y se suma, por su originalidad y rareza, a otros semejantes que son ya bien conocidos por los historiadores, pero de muy escaso conocimiento por parte del lector común, como son la "Narración de la defensa de Cartagena de Indias contra el ataque de los ingleses en 1741", publicado por Cristóbal Bermúdez Plata en Sevilla (1912); los dos anónimos publicados por Juan Manuel Zapatero, a saber, el "Diario puntual de lo acaecido en la invasión hecha por los ingleses a la plaza de Cartagena", tardíamente publicado por Manuel Ezequiel Corrales en 1883, y las "Memorias que podrán servir para la historia de Cartagena", escritas por "un paisano" y publicadas en La Habana. Pero aparte de estos relatos recogidos por Zapatero, están otros dos que Guillermo Hernández de Alba hizo públicos, que son el "Diario de Enrique Forbes, teniente en el regimiento de Bland", y las "Noticias de la Provincia de Cartagena de Indias escrita el año 1772". Entre los testimonios ingleses vale la pena recordar también la divertida descripción de las desventuras de la flota inglesa escrita por Tobias Smollet, "Authentic papers related to the expedition against Carthagena", publicada por Jorge Orlando Melo en su Reportaje de la historia de Colombia (Bogotá, Planeta, 1989).
Ninguno de los anteriores relatos es tan completo, tan reciente y tan preciso en la información casi periodística que proporciona, como el Diario del sitio publicado por Dufresnoy, a escasos tres meses después de ocurridos los sucesos. Por eso, y porque al decir de su editor
"está escrito con tanta moderación que los vencidos no se ofenden", puede ser considerado lectura obligada y pieza documental insustitutible para toda persona que quiera enterarse del sitio de Cartagena por Edward Vernon.
- Navío de Blas de Lezo remolcando una embarcación inglesa capturada.
- "Historia de las Fuerzas Armadas",
- Zaragoza: Palafox, 1983.
- Mapa del puerto de Cartagena y disposición de las naves del almirante Edward Vernon,
grabado de Covens y Mortier, Amsterdam, 1741.
El victorioso ataque llevado a cabo por Vernon a Portobelo en 1739, en que con sólo seis naves de guerra, dos centenares de soldados y mucha suerte tomó a los españoles 68 cañones de bronce, 4 morteros, les inutilizó 80 cañones de hierro y les arrebató cuantioso botín, despertó tal entusiasmo en Inglaterra y supuso tal vulnerabilidad de las defensas del Imperio español, que no sólo se acuñó la famosa medalla conmemorativa de la hazaña del 22 de noviembre de ese 1739 sino que, pleno de soberbia, pensó que con un esfuerzo adicional se podría sitiar y ocupar la más importante ciudad del Caribe. Cauteloso, Vernon hizo dos simulacros cuidadosamente planeados para asegurar la victoria. Además, como en 1739 Inglaterra se decidiera a declararle la guerra a España, poco antes de su ataque a Portobelo, Vernon obtuvo un insólito apoyo en material bélico como nunca antes había intentado Inglaterra armar para guerras en América: 8 grandes navíos de tres palos. 28 de línea, 12 fragatas de combate, 130 transportes, algunos brulotes, 9.000 hombres de desembarco, 2.000 negros macheteros de Jamaica, 15.000 marineros y la escuadra angloamericana compuesta por 2.763 marines, comandados por Lawrence Washington, hermano de George, futuro libertador de Estados Unidos. En suma, casi 29.000 hombres de guerra contra una ciudad de alrededor de 20.000 habitantes, malamente defendidos por 6 barcos, 1.100 soldados veteranos, 400 bisoños, 600 marineros, 300 milicias y 600 indios, negros y mulatos, esto es, apenas 3.000 hombres de tropa.
Es preciso saber que la guerra de Inglaterra contra España fue una típica guerra de rapiña, porque en realidad se trataba de diezmar las defensas españolas, consolidar la presencia inglesa en el área del Caribe --ya presente en Belice, Costa de Mosquitos (por cierto, cedida después a la Nueva Granada), Jaimaca, Caimán, Trinidad, Tobago-- y hacer de las Antillas un mar inglés, viejo sueño de la política exterior británica. Castigada "la arrogancia española" sería fácil presa en la mesa de negociaciones.
Acostumbrados los ingleses al contrabando desde Portobelo, no aceptaban que se les registrara ni en puertos ni en altamar por los guardacostas españoles. La Convención del Pardo, del 14 de enero de 1739, había aceptado pagarle a los ingleses por los daños ocasionados en operaciones de registro a los contrabandistas la cantidad de 95.000 libras esterlinas. Pero Carlos III de España no sólo no pagó lo convenido, sino que consideró menos costoso declararle la guerra a los ingleses, el 25 de agosto de 1739. Vernon, encargado de la represalia, se desquitó con su ataque a Portobelo. Tal vez eso explique la inusual alegría que el saqueo produjo en la opinión inglesa y el espíritu revanchista que envalentó a los súbditos británicos.
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Medalla con la leyenda "El orgullo español humillado por Vernon". Museo Nacional de Colombia, Bogotá.
El Diario del sitio editado por Dufresnoy nos proporciona, además de las estadísticas anotadas, otros detalles de interés. Los primeros buques enemigos fueron avistados el 13 de marzo de 1741 a las nueve de la mañana. La plaza, defendida por el virrey Sebastián de Eslava en persona, tenía de comandante a Blas de Lezo, ya mutilado por guerras anteriores. Para el día 15 toda la flota enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad inglesa y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada. No es el caso de recontar otra vez lo que los estudiosos ya conocen, hasta que una oportuna retraducción al español del texto francés nos permita hacer cotejos. Pero no deja de llamar la atención el énfasis que pone el anónimo redactor en la defensa del castillo de San Felipe de Barajas, de hecho el momento más crítico que sufrieron los ingleses en todo el ataque: 1.200 ingleses no pudieron asaltar el castillo defendido por 500 hispanoamericanos, dejando entre muertos, heridos y desertores a la mayor parte de los atacantes. Una vez más la clave de la victoria fueron las ingeniosas estratagemas que minaron la obvia ventaja inglesa. El Diario del sitio concluye con noticias sobre la propuesta de Vernon para el canje de prisioneros, el reconocimiento de 1.500 ingleses muertos y heridos, entre ellos los mejores oficiales, las cuantiosas víctimas del escorbuto y la disentería, y la salida de la disminuida flota hacia Jamaica, el 8 de mayo. "Tales
son las circunstancias más esenciales de la gran expedición que se ha hecho en los mares del Nuevo Mundo desde su descubrimiento", dice en las líneas finales.
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Efigies de Vernon y del comodoro Brown - en medallas de los asedios a Portobelo, Cartagena y Chagres.
- Museo Nacional de Colombia, Bogotá.
La celebre medalla en que aparece Blas de Lezo de rodillas ante Vernon se convirtió en un trofeo de los vencedores... ¡españoles! En una cara se festinaba el triunfo inglés en Portobelo, el año 1739. Pero en la otra, "la arrogancia española vencida por el almirante Vernon" se convirtió en un escarnio para, ese sí, arrogante marino inglés. Pedro Murillo Velarde, en su Geografía histórica publicada en 1752, menciona la medalla de Vernon no sin cierta ironía: "le hicieron una medalla donde estaba esculpida la acción de Vernon en Portobelo, al modo de las que hicieron los indios de Nueva España cuando cogieron a los españoles una cabeza de caballo (¡!). En la Historia de San Martín (1888), Bartolomé Mitre registró también el dato medallístico, y la conocida y oficializada Historia de Colombia para la enseñanza secundaria de José María Henao y Gerardo Arrubla (1910), al recordar el frustrado trofeo, apunta que "pareció a los britanos que ya se había puesto el sol en los sucesores de Carlos V". Todo lo dicho pudo ser cierto, pero ahora entendemos que en una sola batalla naval, la de Cartagena, Inglaterra perdió la oportunidad de hacerse en
América a un sólido bastión en Tierra Firme y que aquí, en 1741, languideció el proyecto marítimo largamente acariciado por la "pérfida Albión": enseñorearse en los mares del Nuevo Mundo.
- Efigies de Vernon y del comodoro Brown en medallas de los asedios a Portobelo, Cartagena y Chagres. Museo Nacional de Colombia, Bogotá.
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