Las Galerías de Arrubla, sobre la Plaza de Bolívar, en Bogotá: Historia de un edificio emblemático de la capital

Por: Corradine Angulo, Alberto, 1933-

 



 

 

Cien años del incendio de las Galerías
Las Galerías de Arrubla, sobre la Plaza de Bolívar, en Bogotá
Historia de un edificio emblemático de la capital.


Por: Alberto Corradine Angulo.

 

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Mayo 2000. No. 125

 
 


 
 

 

La guerra civil que estalló en Santander, octubre de 1899, reflejaba el estado de intranquilidad que afectaba también a Bogotá, por lo cual las autoridades establecieron toque de queda, desde horas tempranas de la noche. Una de las patrullas al rondar por la Plaza de Bolívar pudo percibir la presencia de las llamas en un local de la calle 10ª y de inmediato dio la voz de alarma. Eran las 11 de la noche del 20 de mayo de 1900.

Tres días más tarde, luego de consumidas las Galerías de Arrubla y la Casa Municipal, el balance resultó altamente costoso y varias vidas humanas se agregaron a las pérdidas materiales. El local donde se inició la catástrofe, denominado Al Progreso, era una sombrerería administrada por un ciudadano alemán de nombre Emilio Streicher. A la postre se pudo establecer que se trataba del autor del incendio, cuando ya había hecho efectivo un seguro a su favor, y otro a favor de la empresa propietaria del negocio. Nunca lo alcanzó la justicia colombiana.

Dos siglos y medio de administración colonial quedaron reducidos a cenizas con el incendio de la Las Galerías y el de algunas edificaciones vecinas. Al momento de proclamarse la independencia de España, el país contaba con un valioso acervo documental y la ciudad de igual manera conservaba invaluables tesoros en sus archivos, entre ellos el Acta de Fundación y los irremplazables Libros de Cabildo. El viejo edificio en el cual se desempeñaba los alcaldes de la ciudad así como el Cabildo, sirvió para que el prócer José de Acevedo y Gómez lanzara al aire la inolvidable arenga que permitió consolidar el alzamiento del 20 de julio de 1810. El balcón, o más bien solario o terraza cubierta que se abría a la Plaza Mayor, permitió a los desenfadados bogotanos bautizar el edificio como la Cazueleta (de cazuela seguramente), término poco respetuoso para con la función que le correspondía desempeñar.

Pocos años de vida independiente transcurrieron hasta el momento en el cual el gobierno de la ciudad debió proceder a desocupar su sede, porque las refacciones interminables realizadas a lo largo del siglo anterior (XVIII), no ofrecían seguridad para nadie y la edificación daba claras señas de caer. Todo el conjunto de edificaciones de la administración local que ocupaban la mitad de la cuadra: la Cárcel de Mujeres o Divorcio, las Escribanías, el Despacho de los Alcaldes y la sede del Concejo, terminaron su existencia gravemente afectadas por los sismo que se presentaron en los años de 1827 y 1828. Largos años después se procedió a demoler las ruinas. En la parte norte de esa misma cuadra se encontraban dos construcciones usadas también para las funciones administrativas: la situada en la esquina norte sirvió de residencia en alquiler para varios virreyes hasta 1810, pues pertenecía a la familia Sanz de Santamaría desde inicios del siglo XVIII, y otra, destinada para sede del Tribunal de Cuentas, fue conocida como La Azotea por tener su cubierta formada por una terraza. Después del triunfo en Boyacá, sirvió la primera para el despacho del vicepresidente general Santander, todavía en arriendo, y la segunda para el Comandancia del Ejército y Tribunal de Cuentas. Estas dos edificaciones también sufrieron los graves daños ocasionados por los sismos que afectaron toda la ciudad, de manera que la cuadra se encontró en ruinas desde 1828 y así permaneció por más de quince años.

APARECE ARRUBLA

Desde los inicios de la vida republicana, encontramos en Bogotá a un par de hermanos antioqueños llamados Juan Manuel y Manuel Antonio Arrubla o Pérez de Rubla. Pronto inician su actividad comercial y constructora, en especial Juan Manuel, quien realiza o remodela durante un período superior a treinta años las principales edificaciones que se levantan en Bogotá. Poco antes de 1845 Juan Manuel adquiere de doña Rosalía Sanz de Santamaría, última propietaria de esa familia, la casa situada en la esquina norte, con ingreso por la calle de San Miguel (calle 11), y la situada a continuación hacia el sur (la Azotea), que se había destinado por parte del gobierno municipal para financiar la obra nueva de la cárcel; de esa manera, mediante compras termina siendo propietario de predios que suman 53 metros de frente sobre la Plaza de la Constitución. Entre tanto, la Municipalidad había decidido construir en los restantes 53 metros un nuevo edificio para su servicio, de acuerdo con planos aprobados por el Cabildo desde 1842.

Cabe anotar ahora que, en la portada de la antigua Casa del Cabildo existía el escudo de armas de la ciudad, labrado en piedra, el cual fue retirado en el momento de demoler todas las ruinas en el año de 1884. Ese escudo ha llegado hasta nuestros días.

Ahora bien, el aspecto más significativo del proyecto aprobado por el Cabildo para su nuevo edificio se refería a la formación de un amplio pórtico sobre su fachada principal, es decir sobre la Plaza de la Constitución, y seguramente hacer algunos locales comerciales en el piso bajo. Todo resultó apropiado para Arrubla, pues apoyado en su experiencia de largos años en la construcción y reparación de casas, obtuvo fácilmente el contrato de construcción del nuevo edificio, y de inmediato inició todas las obras, tanto las correspondientes al Municipio como las pertenecientes a sus dos predios. De inmediato propone prolongar el pórtico o soportal por toda la cuadra integrándolo a sus propiedades. La idea fue aceptada rápidamente, pero el comercio situado al norte, sobre la calle de Florían y al sur, sobre la calle e Santa Clara, protesta de ínmediato, puesto que las Galerias se encontraban situadas a continuación de las calles respectivas, ocupando parte de la superficie de la Plaza de la Constitución. No obstante, el Cabildo impartió su aprobación, aunque ante el reclamo elevado por el secretario del Interior y relaciones exteriores (ministro), se optó por convocar un Cabildo Abierto, el cual se realizó el 22 de marzo de 1846. La idea inicial fue aprobada en su totalidad, quedando de esa manera ratificada la aceptación de la propuesta y la edificación de las galerías con dos pisos y locales y un tercer piso de vivienda y oficinas. El edificio propuesto resulta de esa manera formado por 30 módulos de aproximadamente 3.53 metros.

Bien pronto, en 1846, el resultado comienza a ser ostensible y agrada a los bogotanos, tanto que el periódico El Constitucional dedica un artículo para comentar el avance de edificación, pero llama a la vez la atención al constructor cuando dice: "Muy elegante va la obra del Cabildo, pero cuidado, señor Arrubla, con la base del edificio, pues no las tenemos todas con nosotros". Para inicios del 1848 se considera ya terminada parte del edificio, puesto que se informa en ese mismo periódico que "El Despacho de la Gobernación se ha trasladado a las piezas del tercer piso de la Casa Municipal, recientemente construida en la Plaza de ésta ciudad".

En el predio correspondiente a la casa de la Azotea reedificada por Arrubla, construye además al fondo del solar una gallera, que por tal motivo se llamó indistintamente: Gallera Nueva o Gallera de Arrubla. Este hecho produjo el cambio de nombre de una calle de Bogotá, pues la antigua calle de la Gallera Nueva se tornó en calle de la Gallera Vieja (carrera 9ª entre calles 7ª y 8ª), como dejamos anotado en otro estudio sobre las casas destinadas a servir de sede a la Vicepresidencia de la República.

Años más tarde, en 1851, el arquitecto Thomas Reed probablemente elabora para Arrubla un proyecto de salón para la Cámara de Representantes, que luego de construido arrienda por varios años al gobierno nacional. De ese proyecto existe el dibujo original de Reed, a lo cual debe agregarse un plano esquemático de las dos casas reconstruidas por Arrubla, junto con las descripciones que se consignaron en la escritura de venta que hace a favor de la Nación, la cual corrió ante el notario primero suplente de Bogotá el 25 de enero de 1862, por valor de 90.200 pesos. Arrubla asigna a las casas los nombres de Casa Consistorial (que era la misma casa de Azotea) y Hotel Colombiano donde existió la casa de la familia Sanz de Santamaría, junto con diez y siete locales comerciales, de los cuales algunos se encontraban bajo la Casa Municipal (mitad sur de la cuadra). Documento excepcional lo constituye el producido por el acuarelista cartagenero José Gabriel Tatis, quien realizó dos acuarelas en las cuales muestra los detalles ornamentales del interior de dicho salón. Solamente una duda se ofrece en lo relacionado con la veracidad de la ilustración correspondiente al Salón del Senado, puesto que el citado y representado en todos los documentos es el correspondiente a la Cámara de Representantes.

Falta señalar que Arrubla había adquirido previamente varios de los locales comerciales, situados en la mitad sur de la Plaza bajo la Casa Municipal, de un señor París, quien los hubo en remate público realizado por el Municipio, necesitado de fondos para poder cancelar deudas adquiridas en la construcción de sus edificios.

DE ARRUBLA A LIÉVANO

Poco tiempo después de adquirir las casas citadas y los locales señalados, el gobierno nacional hace avaluarlos y realizar un plano de las mismos en 16 de noviembre de 1866, luego de lo cual negocia con el señor Nicolás Danies, comerciante de Curaçao, representado por su yerno el ingeniero Indalecio Liévano, el pago de un crédito de 100.000 pesos que adeuda la Nación desde el 27 de febrero de 1860. La transacción resultado de un remate público queda consignada en la escritura pública Nº 28 de 7 de enero de 1867, otorgada ante el notario segundo de Bogotá. Naturalmente, para cubrir los intereses causados, el gobierno agrega a los bienes inmuebles por rematar una casa situada sobre la carrera 8ª colindante con el actual Museo del siglo XIX, del Banco Cafetero, donde también funcionó por algún tiempo el Congreso Nacional, a partir de 1828.

Como balance de las diversas transacciones realizadas hasta esta fecha, las denominadas popularmente Galerías de Arrubla quedan repartidas entre más de 35 propietarios: la Muncipalidad, Liévano, su esposa y sus cuñadas, además de treinta propietarios de los locales comerciales que tenían frente a la Plaza, llamada desde 1848 de Bolívar, y de otros más sobre las calles del Divorcio (calle 10) y de San Miguel (calle 11). Uno de ellos, el lugar donde se originó el incendio, sobre la calle 10ª.

El edificio de las Galerías de Arrubla se tornó en el primer centro comercial que existió en Bogotá, por la comodidad y protección que ofrecía para la lluvia o para el sol al transitar por los soportales. En tan extenso edificio solamente existían dos espacios que no eran locales destinados a servir de almacenes: el zaguán de entrada al sector ocupado por la Municipalidad y el correspondiente al ingreso a la antigua casa de la Azotea, pues el perteneciente a la casa de esquina contaba con entrada propia sobre la calle de San Miguel.

No debe olvidarse que, desde mucho antes de ocurrir el incendio, las oficinas municipales y judiciales ocupaban el interior del edificio, con el ingreso sobre la Plaza de Bolívar, en una casa con dos patios y las oficinas y archivos distribuidos en dos y tres pisos de los cuales solamente algunos, los más importantes, Alcaldía y Concejo, contaban con vista a la Plaza de Bolívar. Por ello resultó más fácil al gobierno bogotano construir un edificio independiente sobre la calle 10ª, puesto que el primero y segundo pisos pertenecían a varios propietarios, y solamente el aire del tercer piso le pertenecía. Por esta última razón resulta sorprendente el éxito de la presión ejercida por el ingeniero Indalecio Liévano para hacer prevalecer un proyecto elaborado por Gastón Lelarge, "a la francesa", y llevar a todos los propietarios a sumar esfuerzos de manera que, finalmente, se pudiera construir la fachada que daba unidad nuevamente a la Plaza y a tres grandes propiedades junto con un alto número de pequeños propietarios. Labor que desembocó en la realización e inauguración para las solemnes festividades del 20 de julio de 1910. Y de nuevo se repite el caso de Arrubla: el nuevo proyecto toma el nombre de Edificio Liévano, al extender el dado por el ingeniero al sector central de su propiedad por medio de un letrero sobre la cornisa superior.

Algo más de cien años ha empleado el Municipio en readquirir los locales rematados el siglo pasado y en comprar todos los correspondientes a las propiedades de la familia Liévano y a los copropietarios de los locales sobre la Plaza de Bolívar, labor iniciada antes de la celebración del IV Centenario y recientemente lograda. No obstante, el uso popular ha asignado el nombre de Edificio Liévano a la actual edificación destinada para servir de residencia y despacho a los alcaldes mayores de Bogotá.

Título: Las Galerías de Arrubla, sobre la Plaza de Bolívar, en Bogotá: Historia de un edificio emblemático de la capital


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