Ferrocarriles en Colombia 1836-1930

Por: Arias de Greiff, Jorge, 1920

 

 

Acuarela de Gustavo Arias de Greiff,1985.


La locomotora ofrecida por Sellers al Ferrocarril de Panamá con su aditamento para el riel central. Se señalan las ruedas B que actúan sobre el riel central. Tomado de Cincinnati Locomotive Builders, 1845-1848. Smithsonian Institution, Washington, 1965.

Francisco Javier Cisneros (1836-1898). Fotografía de Melitón Rodríguez. Biblioteca Pública Piloto, Medellín.

Memorias de Cisneros promoviendo las vías de trocha estrecha, con dedicatoria firmada por Cisneros.


Portadilla de la edición en inglés del libro promocional de Cisneros dedicada a don José María Samper.


La edición en español de la Memoria de Cisneros sobre el Ferrocarril de Antioquia, dedicada por el autor a don Eladio Gutiérrez.

Firma de Francisco Javier Cisneros, 1875.

Ferrocarril de Barranquilla.

Locomotora Skoda del Ferrocarril del Pacífico.

Inauguración del Ferrocarril de Amagá. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1911. Biblioteca Pública Piloto, Medellín.

Tomado de: Colombia Cafetera, Diego Monsalve, 1928.

Ferrocarril de la Sabana. Inauguración de la línea en Serrezuela. 6 de enero de 1888. Colombia Ilustrada, 1889.


El 12 de septiembre de 1925 hubo una comida para celebrar la supresión del transbordo en Facatativá. En el centro de la fotografía, orondo y marcial, el presidente ingeniero Pedro Nel Ospina, a la derecha en la foto, el ingeniero Laureano Gómez ministro de obras, en el extremo el director de Ferrocarriles Nacionales, ingeniero Darío Botero Isaza. Del otro lado del Presidente está don Félix Salazar, gerente del Banco de la República, y en el extremo el ingeniero director de la Oficina Comercial, Jorge Álvarez Lleras. De pie, en el extremo izquierdo, el héroe de este proceso, ingeniero mecánico Peter C. Dewhurst. El penúltimo Jorge Triana.

Ferrocarril de Santa Marta. Fotografía de Pedro A. Pedraza, 1908.

Monumento a los trabajadores en la línea férrea de Amagá, sobre el cañón del Sinifaná.

Billetes del siglo xix en los que se muestra el interés por los ferrocarriles en las distintas regiones del país. Colección Banco de la República.

Bono de empréstito interno del Ferrocarril de Antioquia, 1931. Fundación Ferrocarril de Antioquia.

Tomado de: Colombia cafetera, Diego Monsalve, 1928.

Sobre el autor. Jorge Arias de Greiff es ingeniero civil de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor honorario, Universidad Nacional de Colombia. Miembro de número, Academia Colombiana de Historia. 

 

En su esencia los ferrocarriles son un asunto técnico, no sólo de la preparación de la vía, sino principalmente de la adecuación de sus locomotoras y vagones y esa esencia dictará este texto.

 

LOS PRIMEROS FERROCARRILES

El primer ferrocarril que se construyó en Colombia fue el de Panamá, y esto no mucho después de haberse construido en Inglaterra el primero de todos. La empresa tuvo alto interés mundial, pues ese Ferrocarril de Panamá sería el primero de índole interoceánica al enlazar los océanos Pacífico y Atlántico; debería superar la divisoria de aguas entre ambos mares. Un fabricante de locomotoras de Cincinatti, George Escol Sellers, ofreció una locomotora especial para fuertes pendientes que permitía aumentar el esfuerzo de tracción con un motor adicional de vapor que por medio de un riel central de caras laterales planas y dos ruedas horizontales, planas también, lo presionaban para no patinar. Cuando llegaron al terreno los primeros ingenieros de trazado, encontraron suaves lomas y no la cordillera que imaginaban. Cablegrafiaron al puerto para ordenar quitarle el aditamento a la primera de tres locomotoras que estaba lista para ser embarcada. Así llegó a Panamá y a las dos restantes nunca se les puso el aditamento. A Sellers nunca le pagaron el trabajo hecho en esos motores auxiliares. Colombia se perdió de haber tenido una de las locomotoras más raras del mundo. Por esos días no estaba estandarizada del todo la locomotora de vapor, que desde su inicio tuvo dos características fundamentales presentes ya en la primera que se fabricó en Inglaterra, a saber: la caldera estaba atravesada a lo largo por tubos por donde pasaba el aire caliente del hogar, tubos de fuego, y tenía caja de humos frontal con el tiraje de la chimenea ayudado por el vapor que expelen los cilindros. Un poco más tarde el diseño de locomotoras se fue estabilizando, todas se parecían unas a otras salvo detalles de fabricación y estilo de diseño que marcaron un ‘american look,' un ‘german look' o un ‘british look', o también hasta un ‘Colombian look', como se verá aunque no se crea.

La Compañía del Canal de Panamá fue formada por Totten y Trautwine en 1849 con base en una ley del Congreso de Colombia que databa de 1826 . La vía del ferrocarril de Panamá, de 77 kilómetros de largo, se concluyó en 1855, construida inicialmente en trocha de 1,435, la que ahora se llama normal, pero casi de inmediato fue pasada a cinco pies, 1,524 metros. El nombre del ingeniero Trautwine fue muy conocido entre nosotros por su manual de ingeniería. Colombia perdió ese su primer ferrocarril en 1903.

En 1855 don Ramón Santodomingo Vila y don Raúl Jimeno recibieron del Estado de Bolívar la concesión para construir un ferrocarril de Barranquilla hasta Sabanilla, ya a la orilla del mar. Luego del traspaso de la concesión, una empresa alemana inició la construcción y llegó a la actual Colombia la primera locomotora, con el nombre de ‘Bolívar'.

LA ERA RADICAL Y LOS AÑOS SIGUIENTES

Durante el gobierno del presidente Manuel Murillo Toro se apoyó la construcción de una vía férrea que comunicase Buenaventura con Bogotá y a Bogotá con Santander y en él un puerto para comunicar a la capital con el mar Atlántico. El gobierno contrató una comisión inglesa para estudiar la línea de Bogotá al río Magdalena por el Suárez o el Carare y en ese mismo año se inició la construcción del ferrocarril del Cauca.

En 1874 el Estado de Antioquia contrató con Cisneros, más empresario que otra cosa, la construcción de un ferrocarril para unir a Medellín con el río Magdalena. Al año siguiente se clavó el primer riel. Mientras tanto se contrató un primer tramo del Ferrocarril de la Dorada para conectar un lugar llamado Conejo, abajo de los rápidos del río, con Arrancaplumas algo al sur de Honda y salvar así ese escollo de la navegación del río Magdalena.

En 1880 el gobierno quedó facultado por el Congreso para la construcción de una vía férrea que uniera a Bogotá con el puerto fluvial de Girardot, un eslabón de la vía a Buenaventura. El contrato con Cisneros se formalizó al año siguiente, pero al poco tiempo, concluidos los primeros 27 kilómetros, se rescindió el contrato a pedido del contratista por dificultad financiera. En ese año 1885 también Cisneros suspendió la construcción en el Ferrocarril de Antioquia ya concluido el tramo de Puerto Berrío a Pavas. Y en cuanto al Ferrocarril de Girardot, con la disculpa de la guerra civil, ocurrió lo mismo. Cisneros era un empresario, su compañía contrataba ingenieros norteamericanos para el trazado y la construcción; era un dandy perfumado e intrigante. Habiendo hecho el presupuesto global de la obra cuya construcción proponía, dividía el costo total por el número de kilómetros que un reconocimiento inicial proporcionaba y contrataba la obra a razón de tantos pesos el kilómetro y la iniciaba por un tramo fácil desde uno de los extremos. Puestos en servicio los primeros kilómetros, cobraba lo correspondiente; pagaba dividendos a los accionistas que habían suscrito acciones que eran ofrecidas en las bolsas de Nueva York y Londres … Y como no le faltaba alguna guerra civil de excusa, suspendía la obra, rescindía el contrato, cobraba indemnización, y que otro hiciera la parte difícil de la obra y la concluyera.

Un año más tarde desaparecieron los estados soberanos y se constituyó una sociedad entre el Departamento de Cundinamarca y la nación para la unión de Bogotá y Facatativá. Las demás vías continuaron progresando. El Ferrocarril de Santa Marta llegó hasta Ciénaga. Al de Barranquilla se le autorizó llevarlo hasta el lugar que más tarde se denominó Puerto Colombia y construir el muelle, no en madera sino en acero. El 20 de julio de 1889 se inauguró el Ferrocarril de la Sabana entre la capital y Facatativá.

Al año siguiente, 1890, la gobernación de Bolívar contrató el Ferrocarril de Cartagena a Calamar, sobre el río Magdalena. Referente al Ferrocarril de Girardot se aprobó un nuevo contrato para la continuación de esa vía estipulando el paso de la trocha a un metro, lo que lo unificaría con el Ferrocarril de la Sabana, pero esa cláusula no se cumplió.

El 15 de julio de 1893 quedó inaugurado el muelle de Puerto Colombia. Los restantes ferrocarriles estaban emproblemados. Se exceptúa en eso al Ferrocarril de Cartagena a Calamar, pues el 20 de julio del año siguiente se inauguró todo el trayecto hasta Calamar.

En 1895, luego de varios traspasos de concesión, se iniciaron los trabajos en el Ferrocarril del Sur en el tramo de Bogotá hacia Soacha. Dos años después quedaría concluida la prolongación del Ferrocarril de Cúcuta hasta la frontera con Venezuela. Pasada la “guerra de los mil días” y al asumir la presidencia Rafael Reyes se inició un período de auge ferroviario.

LA ERA REYES Y AÑOS SIGUIENTES

Cuando Reyes llegó a la presidencia encontró buen número de vías en obra; el gobierno central se encargó de la operación de los ferrocarriles, revitalizando la continuación de esas obras. El Ferrocarril de la Dorada inició la prolongación hasta Ambalema, el de Girardot llegó hasta San Joaquín. El de Santa Marta no demoró en llegar a Fundación, y el del Norte inició la prolongación de Zipaquirá a Nemocón. El total de kilómetros en explotación de los ferrocarriles colombianos llegó a 620 kilómetros en 1906. Al año siguiente se inició un nuevo ferrocarril: el de Amagá que habría de comunicar a Medellín con el río Cauca y con la troncal de Occidente.

El 22 de septiembre de 1908 llegó el Ferrocarril de Girardot a Facatitavá y se realizó la primera comunicación férrea de la Capital de la República con el Magdalena, así fuese con transbordo pues, a pesar de lo estipulado en una ocasión, el de Girardot fue concluido en trocha de yarda. Al año siguiente, con ayuda de locomotoras apropiadas a esa vía, una de las más difíciles del mundo, inició su exitoso funcionamiento. Es de destacarse que, espantados ya los aventureros extranjeros, el ingeniero Rafael Álvarez Salas se encargó, no sólo de la continuación del Ferrocarril del Cauca, ya denominado del Pacífico, sino de su conclusión, pero la estatua, la plaza y las estaciones serán en Colombia para Cisneros, no para él. Pero en 1910, a la caída de Reyes, se retornó al manejo ferroviario por los departamentos. En 1911 es ya el Departamento de Caldas, que inició gestiones para comunicar a Manizales con el río Cauca.

En el año 1915 quedó Cali comunicada con Buenaventura por vía férrea: 177 kilómetros, el 67% construido por Álvarez Salas; sólo el 15% por Cisneros. De inmediato se inició la prolongación a Popayán y hacia Palmira. Dos años después el gobierno central continuó esos trabajos de prolongación.

Durante el período de Julio Garavito como presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, 1916 a 1917, se debatió, por solicitud del Senado de la República, el asunto de la trocha de los ferrocarriles colombianos. La discusión entre la trocha de metro y la yarda resultó equilibrada, pues a las ventajas técnicas de la de metro se contrapuso la mayor longitud de vías de yarda en Colombia. El ingeniero Jorge Acosta Villaveces insistió en que se pasara a trocha de metro lo antes posible y el colega Pedro Blanco propuso dejarlas como estaban, pero construir las troncales de una vez en trocha normal. Cualquiera de esas dos propuestas hubiera sido salvadora para los ferrocarriles colombianos cuarenta años después. El problema ese, y todos los debates sobre trocha en Colombia, es que nunca se tuvo en cuenta que, si la yarda superaba al metro en kilómetros construidos en el interior del país, era apenas una fracción en el mundo, una sexta parte a comienzos del siglo XX y apenas una décima a mediados del mismo. Estaba la maldita yarda que nos metió Cisneros, mundialmente destinada a desaparecer.

En 1921 se transformó el Ferrocarril de la Sabana en Ferrocarril de Cundinamarca. El gobierno departamental asumió las obras de prolongación hacia el sur, a Fusagasugá y hacia el Magdalena en Puerto Salgar.

LA ERA DEWHURST-OSPINA

Se acababan de recibir los 25 millones de dólares, la indemnización estadounidense por el pillaje de Panamá, cuando asumió la presidencia el ingeniero Pedro Nel Ospina. Era su propósito realizar una escalada ferroviaria y era su sueño comunicar por la vía férrea la capital con la Costa Atlántica enlazando los ferrocarriles existentes de Santa Marta, el de Puerto Wilches y prolongando el Ferrocarril del Norte que ya avanzaba desde Bogotá hacia el río Magdalena en dirección norte. Contaba el presidente con el ingeniero Alejandro López, si no como ministro de obras públicas, su deseo inicial, sí como asesor londinense, pues Alejandro López había instalado allí pocos meses antes su oficina de negocios, considerando a Londres el lugar menos peor del mundo para la educación de sus hijos.

A Pedro Nel Ospina se debe lo que pudo ser el planteamiento de una ‘red ferroviaria nacional', al presentar al Congreso una Ley de Ferrocarriles, Ley 102 de 1922, que le facultaba para hacer un empréstito por 100 millones de dólares para cumplir sus proyectos ferroviarios. El sistema financiero mundial no respondió bien a las solicitudes y mediante las leyes 60, 62, 65, 67, 69, 71, 80 y 98 de 1923 hubo de usarse parte de la indemnización citada. Se invirtió en ferrocarriles el 60,4%, el 23,8% para la creación del Banco de la República y un Banco Agrícola Hipotecario, y el 15,8% restante se empleó en Bocas de Ceniza, el Canal del Dique, cables aéreos y otras obras.

De todas maneras el proyecto ferroviario nacional se centró en la construcción de tres importantes troncales. Una de ellas comunicaría a la capital con el puerto de Buenaventura, enlazando los ferrocarriles de la Sabana y Girardot con el tramo de esta ciudad a Ibagué, con el paso de la cordillera Central por un túnel, el de ‘La Lora', y en seguida por la conexión de Armenia con Cartago y así enlazar con el Ferrocarril del Pacífico y llevar esa troncal hasta Buenaventura.

Las otras dos troncales serían la de Occidente que por el valle del río Cauca conectaría a Pasto y Popayán con Cali y Cartago y descendiendo por la orilla del río Cauca, con un puerto vecino a la Boca de Tacaloa donde se unen los dos brazos del Magdalena que forman la isla de Mompox. Se esperaba que resuelto el problema de Bocas de Ceniza en la desembocadura del río Magdalena, los barcos de mar remontarían el río hasta ese lugar. El asunto parecería ahora risible con las enormes embarcaciones de más de 100.000 toneladas que surcan los mares y con el desregularizado río Magdalena causado por la estúpida potrerización de un país selvático por naturaleza.

La tercera troncal, la Oriental, partía de Bogotá hacia Tunja y Sogamoso, descendería por el río Chicamocha, pasaría luego a Bucaramanga y enlazaría con el Ferrocarril de Puerto Wilches, el cual, conectado en Fundación con el Ferrocarril de Santa Marta, completaría la troncal, contemplando también un descenso por el río Suárez como alternativa. Básicamente la tarea del gobierno se concentró en la realización de estas troncales. A esto, por otra parte, debe agregarse el interés departamental por realizar otras obras ferroviarias, no para competir con las troncales, sino para atender las necesidades locales de regiones diversas en cada departamento. Así, por ejemplo, Cundinamarca planeó cinco ferrocarriles adicionales, tres más hacia el río Magdalena y dos hacia el oriente del Departamento, los que justificó por el estimativo del volumen de carga generado en cada una de las regiones.

Como la prioridad presidencial era un aumento en la exportación del café se inició el proceso con la adecuación y mejora del Ferrocarril del Pacífico y su enlace con el Ferrocarril de Caldas. Pero el hecho más importante de este proceso resultó, por otro lado, y con éste Colombia ganó el premio gordo de la lotería.

Paul C. Dewhurst nació en Londres en 1883. Se graduó como ingeniero mecánico en el London Polytechnical School; trabajó inicialmente en el Ferrocarril ‘Midland Railway' donde descolló como ‘armador estrella' de locomotoras. Pasó luego a trabajar en el ferrocarril trasandino que trasmonta esa cordillera y comunica a Chile con Argentina, en donde conoció los tremendos ascensos ferroviarios a los Andes y también las locomotoras diseñadas especialmente para ello, las máquinas articuladas Kitson-Meyer, una modificación del tipo Meyer francés hecha por el ingeniero inglés Schmidt para ser empleadas en esa vía y fabricadas por Kitson, de Leeds, en Inglaterra. Con ese conocimiento de una vía de trocha angosta en una cordillera descomunal, pasó Dewhurst a trabajar en Jamaica como ingeniero mecánico. Allí encontró una situación diferente: la vía en trocha normal, pero con fuerte curvatura, lo que lo llevó a estudiar el comportamiento de la locomotora en esas curvas y diseñar una locomotora especial para negociar esa curvatura fuerte. La máquina resultante fue una ‘doce ruedas' que se fabricó en Canadá en 1921. Llevaba ya Dewhurst cerca de 6 años en Jamaica, ya con deseo de pasar a otro trabajo, cuando supo de las intenciones en Colombia de efectuar una escalada ferroviaria. Se comunicó con el superintendente del Ferrocarril en Santa Marta ofreciendo sus servicios y esto llegó a manos de Alejandro López en Londres quien se puso en contacto con Dewhurst que estaba en las vacaciones de fin de año que solía pasar en Inglaterra, su tierra natal. Alejandro López de inmediato captó la importancia de contratar los servicios de Dewhurst por parte de Colombia y así lo recomendó al gobierno colombiano. El contrato se firmó allí el 23 de mayo de 1923 y el ingeniero Dewhurst asumió el cargo de ingeniero mecánico del Ministerio de Obras Públicas.

EL FERROCARRIL DE AMAGÁY LA POBLACIÓN DE CALDAS

Caldas, Antioquia, mayo 10 de 1917

“Los carros de pasajeros de primera son poco menos que los de segunda del ferrocarril de la Sabana; los de segunda poco más o menos como los de tercera allí, y los de tercera, sumamente chicos e incómodos, que más parecen jaulas para transportar presos; los vagones para ganado y para carga son por el estilo de estos últimos, de capacidad los de carga para unas cinco toneladas. Los empleados del tren no están uniformados; el conductor no avisa a los pasajeros la llegada a cada estación; en los carros de primera se fuma y se admiten maleteras que no caben debajo de losasientos o en las canastillas; las locomotoras no anuncian la llegada del trena las estaciones, sino que sólo dan un pitazo corto dentro de ellas para que aprieten frenos; y, lo que es peor, no pitan cuando van a pasar porlos numerosos caminos de herradura o la carretera que atraviesa la vía férrea. La carretera es la que viene de Medellín a Caldas”.

Rufino Gutiérrez. Monografías , 1921.

Su primera tarea fue una visita a los ferrocarriles que eran propiedad de la nación y un examen detenido de las condiciones en que se encontraba el material rodante. Con la experiencia adquirida en su trabajo previo de Chile y Jamaica y la urgencia presidencial en la adecuación ferroviaria para la exportación del café, el primer diseño fue una versión de la ‘locomotora estándar colombiana' ligeramente más pequeña y liviana, adecuada a las condiciones que aún tenían los ferrocarriles de Caldas y Pacífico. De ese diseño se ordenaron unas ocho locomotoras a tres fabricantes, Baldwin de Filadelfia, Kitson de Leeds en Inglaterra y BMAG de Berlín. Se esperaba así confrontar la forma como diversos fabricantes respondían a un mismo diseño. En seguida Dewhurst diseñó la versión conocida como ‘Clase Tolima', pues la primera máquina llegó para ese Ferrocarril. Posteriormente hubo una tercera versión para trocha de un metro, algo más alta la caldera y de potencia mayor, que se conoció como ‘Clase Norte'.

La esencia del diseño de esas tres clases, Pacífico, Tolima y Norte, es la siguiente: la máquina debe tener un sistema motriz suficientemente flexible para minimizar el desgaste de pestañas en las ruedas y de rieles en la vía, lo que consideraba el inglés como fundamental para el rendimiento económico de la locomotora y la vía, máxime en ferrocarriles en los que la curva de mínimo radio, donde más desgaste se produce, no es la excepción como ocurre en los ferrocarriles norteamericanos y europeos sino la de siempre o la más frecuente como ocurre por estas tierras. Dewhurst adoptó el tipo ‘doce ruedas' para la ‘Locomotora Estándar Colombiana', destinando así en el carretillo delantero de dos ejes el peso no adherente de la máquina y dándole a ese carretillo la función de ‘meter' la locomotora en las curvas, lo cual facilitó eliminando la pestaña de las ruedas del primer eje motriz; algo nunca acostumbrado. El cuarto eje tenía un juego lateral de algo menos que un centímetro, pero estaba provisto de cajas ‘Dewhurst–Cartazzi', seguramente una modificación hecha por Dewhurst. La caja consistía en dos partes, una encima de la otra. La parte superior disponía de dos juegos de planos inclinados transversales de inclinación opuesta y podía desplazarse únicamente en sentido vertical. La otra parte, la caja propiamente dicha, tenía en su parte superior planos inclinados correspondientes a la parte superior, pero solo se podría desplazar en sentido vertical y lateral. En las curvas el desplazamiento levantaba en algo a la máquina bien fuera el desplazamiento hacia un lado u otro. En los tramos rectos la caja permanecía centrada. En esas condiciones la base rígida de la locomotora era en las curvas apenas la distancia entre los ejes segundo y tercero, 47 pulgadas, 1,194 metros, y en los tramos rectos la base, semi rígida, era la distancia del segundo eje al cuarto, 103 pulgadas, 2,619 metros. En esas condiciones el desgaste de pestañas de las ruedas y, por consiguiente, de los rieles es mínimo y los esfuerzos entre riel y pestaña ocurren con la pestaña paralela al riel o, como en el cuarto eje, en el que la pestaña forma ángulo con el riel, pero el esfuerzo nunca pasa del esfuerzo lateral producido por los planos inclinados, es decir, no depende de esfuerzos dinámicos producidos por la marcha de la locomotora en la vía. Por la facilidad y elegancia con la que la ‘Locomotora Estándar Colombiana' sorteaba las curvas de la vía, los maquinistas del Pacífico las llamaban ‘Las culebras', pero también las llamaban ‘Los tigres' por su gran capacidad de esfuerzo de tracción debido a varias factores: alta relación de peso adherente en relación con el peso total y caldera de buen tamaño y capacidad de generación de vapor. En otras palabras máximo rendimiento y poco desgaste, en la ‘Locomotora Estándar Colombiana'.

Paul C. Dewhurst

EL ‘COLOMBIA LOOK'.

Que lo hubo, lo hubo

Foto de la docerruedas No. 55 para el Ferrocarril del Pacífico en el taller de Skoda, en Plsen, Checoeslovaquia. En esta
bella estampa luce el elegante diseño de la locomotora estándar colombiana.

El diseño característico de P. C. Dewhurst para las locomotoras de Colombia incluía una caja de humos típicamente americana coronada por una chimenea adornada en su parte superior con un aro de bronce, típicamente ‘british'. La tapa frontal de la caja de humos era relativamente pequeña para que, permitiendo la entrada de un hombre a hacer la limpieza interior, fuera operable por él sin ayuda adicional. La locomotora disponía de sólo un domo colocado en el punto medio de la longitud de la caldera para conservar la distancia del punto de toma de vapor que sale hacia los cilindros, tanto cuando la máquina está bajando o subiendo una pendiente, en ambos casos con la chimenea hacia adelante. La caldera era en general de buen diámetro y capacidad. Otro detalle era la colocación de los areneros a nivel del paseo lateral, de lado y lado de la máquina, para poder ser llenados de arena por un solo operario desde el suelo y no por dos, uno de ellos trepado en la caldera para acceder a los domos areneros, cuando allí se colocaban como era lo corriente. Otro par de características eran los bastidores externos a las ruedas, que facilitan la limpieza y el engrase de las cajas de eje, y el disponer de una cabina espaciosa y bien ventilada. Con todo ello se creó el ‘Colombian Look'.

Aquí se ve la locomotora de tipo ‘Montaña’ 4-8-2, de tres cilindros. Foto tomada en la planta de BMAG en el
suburbio berlinés de Widenau. En esta vista se destaca la contramanivela en el cuarto eje motriz que actúa el
movimiento de la válvula del cilindro central cuya tapa frontal se ve bajo la caja de humos. La máquina es la No. 41
para el Ferrocarril del Norte.

Otra docerruedas, la BMAG del Ferrocarril del Pacífico, fotografiada ya como monumento en el parque de Occidente de Cali.
Foto J. Arias.

La locomotora articulada con tanques laterales tipo Kitson-Meyer del Ferrocarril de Girardot. El más perfecto diseño de esegénero que hubo en el mundo, especial para las fuertes curvaturas y pendientes de esa vía de ascenso a los altiplanos andinos. La locomotora es la Kitson-Meyer No. 24 ya con la casilla estándar colombiana.

Por otra parte, al diseño de esa locomotora le daba su máximo rendimiento coincidiendo con su máximo esfuerzo, cosa no usual, pero necesaria en ferrocarriles de montaña cuyos tramos pendientes son el cuello de botella del sistema, y una ventaja así sea pequeña en el peso arrastrado es prácticamente ganancia neta. A ello debe agregarse que el diseño la hacía trabajar poco antes de patinar, lo que obligaba al maquinista a manejarla con mucho tino. Para ello disponía de una manija de buena longitud para controlar la admisión de vapor, lo que exigía al maquinista conocer bien la línea y desde luego la máquina. Cuando llegaron las primeras locomotoras de su genial diseño, Dewhurst mismo entrenó a los maquinistas en esas habilidades acompañándolos en las cabinas de esas máquinas.

LAS LOCOMOTORAS DE TRES CILINDROS

Dentro de la idea que movía a Peter C. Dewhurst en sus diseños, el buscar el máximo rendimiento económico en las vías de los ferrocarriles colombianos era una de sus metas, y así para ello hizo los diseños iniciales; pero, ¿por qué no optimizar lo optimizado? Algo se podría lograr con las locomotoras de tres cilindros, pues en ellas la acción de los cilindros sobre las ruedas pasa de cuatro a seis impulsos por revolución de las ruedas, resultando una más pareja repartición de los esfuerzos que disminuye la tendencia a patinar de la máquina. El factor de adherencia cambia y, con el mismo peso de una locomotora de dos cilindros, la de tres puede tener una fuerza de tracción mayor. No mucho, como un 10%: parece poco, pero en un tramo de alta pendiente, el porcentaje aumenta a medida que la pendiente de la vía lo hace y la ventaja no es despreciable. Otra ventaja de esa locomotora de tres cilindros es que su rendimiento térmico es mejor al permitir mayor grado de expansión del vapor; es decir, en igualdad de trabajo realizado hay con ellas economía de combustible. De las locomotoras de tres cilindros se ordenó la construcción de dos prototipos para trenes de pasajeros de alta velocidad: uno fabricado BMAG de Berlín y otro por Haine Saint Pierre en Bélgica, ambos con ligeras diferencias: el berlinés con un diseño con movimiento independiente de la válvula del tercer cilindro a partir de una contramanivela en el cuarto eje motriz del lado derecho. El diseño de la máquina belga utilizaba para el movimiento de la válvula del cilindro central un sistema de palancas tipo Gresley, pero colocado no por delante de las válvulas sino en el interior, bajo la caldera y lejos del desfogue de ceniza de la caja de humos. Otro detalle es que para esa locomotora belga el ingeniero Weber de esa empresa ideó articulaciones esféricas para mejorar el ajuste de esas articulaciones y su permanencia, pues esas palancas están en permanente movimiento. Este sistema así diseñado hubiera podido ser denominado Gresley-Dewhurst-Weber, y fue único en el mundo en esta locomotora. Por lo demás, con las otras cuatro de tres cilindros, dos externos y uno interior, fueron las cinco únicas en el mundo para trochas angostas. Además de las dos mencionadas que tuvo el Ferrocarril del Pacífico, el del Norte tuvo las otras tres extraordinarias ‘Montaña' con disposición de ruedas 482, que deberían ser el equipo estándar para la larga troncal oriental de Bogotá al Atlántico. También Dewhurst diseñó ‘docerruedas' de tres cilindros, tanto para trocha de yarda como de metro, para las cuales Baldwin elaboró especificaciones detalladas para su propuesta de construcción. También hubo un diseño de una ‘montaña' de tres cilindros para trocha de yarda en el Ferrocarril de Cundinamarca, de ella hay planos, pero nunca se fabricaron. ¿Por qué no se continuó la adquisición de esas prodigiosas locomotoras de tres cilindros diseñadas por el ingeniero mecánico del Ministerio de Obras Públicas en Bogotá? Eran más costosas y la nación no estaba en ‘danza de los millones' ni en despilfarros y derroches. Esas eran ‘calumnias de la oposición'.

Caricatura publicada en El Zancudo,
Bogotá, 1890-1891.

“Si el amado lector no tuvo la buena suerte de hallarse en el Pantano de Vargas, y lo tienta la curiosidad de presenciar un zafarrancho que alcance las proporciones de aquel, no tiene que emprender muy larga correría; encomiéndese al santo que mayores garantías le ofrezca de protección y amparo y encamínese a la estación del Ferrocarril del Norte un domingo o día feriado, y a buen seguro no le quedará que desear y aun le habrá de sobrar impresión para más de una pesadilla nocturna”.

OTROS DISEÑOS

Para vías secundarias y trabajos en estaciones hubo varios diseños especiales: una ‘Mikado' 2-8-2 de tanque lateral para el Ferrocarril del Pacífico. Un diseño ‘Prairie' 2-6-2 de tender que se empleó en varios ferrocarriles, otra, también ‘Prairie', pero de tanque más pequeño, que se usó extensivamente en el Ferrocarril del Norte y otras varias más pequeñas, también de tanque. Una de esas ‘Prairie' de tanque del Ferrocarril del Norte no perdía la ocasión de pasar pitando ta-ta-tá, Santafé, Santafé, cuando pasaba por la carrera 30 los domingos frente al ‘Campín', en fechas en que jugaba el ‘Expreso Rojo'.

En esos días llegaron al país 92 de esas locomotoras estándar para Colombia. Además de las ocho mencionadas atrás, de la clase ‘Tolima' los ferrocarriles adquirieron 27 del fabricante Baldwin, 20 de la fábrica checa Skoda, 20 de la empresa berlinesa BMAG y cinco más hechas en Bélgica por Haine Saint Pierre. Para las vías del sector oriental de Colombia, que tenía trocha de 1m, llegaron cuatro docerruedas de BMAG, y otras 4 de Haine Sanit Pierre y pare de contar. Una empresa privada, la Compañía Inglesa del Ferrocarril de la Dorada, encargó con el diseño inicial, la clase ‘Pacífico,' cuatro locomotoras fabricadas por Hawthorn & Leslie de Newcastle en Inglaterra. Todas las docerruedas que llegaron dentro del esquema Dewhurst y Pedro Nel Ospina fueron 92. Algo menos que el centenar que había anunciado Álvarez Lleras a los ingenieros nacionales en la Sociedad Colombiana de Ingenieros al iniciarse el proceso.

Lo que aquí he reseñado fue denominado por la maledicencia política como la danza de los millones. Puede que haya habido baile, pero muy acompasado, con compás y escuadra, cadencioso. La batuta que lo dirigía era limpia, talentosa, lúcida y callada. Esto último merece una explicación: la ingeniería colombiana no acogió con simpatía a Paul Dewhurst. Eso de ofrecer planos y especificaciones a través de los consulados de Colombia para que los fabricantes entraran libremente a cotizar, condujo a que se esmeraran en lucirse en la calidad del material ofrecido y bajaran precios, un 10% en locomotoras, un 15% en coches, pues todos los fabricantes sabían que habría competencia por todas partes. Ello molestó a los ingenieros de ferrocarriles en cuyas oficinas había una sección comercial que atendía la representación de algún fabricante de locomotoras o de teodolitos y niveles. La competencia resultante no les gustó para nada y tampoco les gustó a fabricantes como Baldwin de Filadelfia, convencidos de que todos los millones de Panamá irían a parar a sus arcas. Si eran dineros norteamericanos no había razón alguna para que se les escapara la torta completa. Paul C. Dewhurst se ganó la animadversión de muchas gentes y de muchos negociantes que se sentían dueños del mercado. Paul C. Dewhurst fue recibido en la Sociedad de Ingenieros en 1924. Por las actas se ve que asistió a varias sesiones en el siguiente año. Luego dejó de aparecer como asistente y desapareció de las listas de socios. Algún desplante recibió el ingeniero inglés, mal visto por una profesión chauvinista y arrogante que nunca entendió por qué un cargo importante no estaba ocupado por un colombiano. Pero hay que decir que el ingeniero colombiano de ferrocarriles era básicamente un ingeniero de trazado de ferrocarriles, de la línea y de las obras de ingeniería necesarias para ella. Pocón, pocón de locomotoras, qué lástima. Pero afortunadamente para Colombia apareció la persona indicada, que por su trabajo previo, pero principalmente por su trabajo mismo en Colombia, que él más tarde consideró como su mejor trabajo de la vida, se hizo la autoridad mundial de ingeniería mecánica de ferrocarriles de vía agosta. P. C. Dewhurst no facilitó a que por acá se le reconociese, pues por las circunstancias anotadas, trabajó en silencio, mostró un bajo perfil, y cumplió en forma callada, limpia, talentosa y lúcida su trabajo en Colombia. En ese año de 1929 no se renovó el contrato a Dewhurst, quien regresó a Inglaterra y en la Sesión del 19 de febrero de 1930 del ‘Instituto de Ingeniería de Locomotoras' se enteró la comunidad mundial del trabajo del inglés en Colombia, la patria se sintió libre de este estorboso señor y lo olvidó para así continuar en su ignorancia.

Al finalizar la década la situación de las obras era la siguiente: la transversal Bogotá a Buenaventura estaba casi concluida, sólo le faltaba el trayecto entre Ibagué y Armenia y ya una compañía francesa había iniciado la perforación del túnel de ‘La Lora'; faltaban 140 kilómetros de vía. Las troncales Oriental y Occidental avanzaban con lentitud; ellas dependían de la eliminación de la barra de arena de Bocas de Ceniza. La Occidental, a lo largo del Cauca, llegaba desde Popayán hasta la Virginia, abajo de Cartago, con un tramo de ‘La Pintada' hasta más abajo de Bolombolo, ya comunicado con Medellín. La troncal Oriental de Bogotá había avanzado hasta Barbosa y por el sur estaba a punto de llegar a Neiva.

La docerruedas No. 64 del Ferrocarril del Pacífico fue abandonada por la dirección de ese ferrocarril, como todas sus hermanas para que ya como chatarra fuera negociada. Pero, los trabajadores del Taller de Chipichape la rehabilitaron y la pusieron de nuevo a funcionar como su contribución a los cincuenta años del taller. Obvio, no recibieron apoyo gerencial, hicieron colecta entre ellos para Foto J. Arias

enviar a alguien por algunas piezas faltantes al taller de Flandes y en horas extras, porque obvio, no recibieron permiso para hacerlo en horas laborales. La locomatora funcionó algún tiempo en el tren turístico del Valle y está ahora en un museo ferroviario de Cali. ¡Loor a los trabajadores!

 

El empeño de Pedro Nel Ospina no habiendo logrado el empréstito inicial de 100 millones, se realizaba ya al final con los rendimientos de las exitosas empresas como lo atestiguaba el éxito del Ferrocarril del Pacífico. Los ferrocarriles nacionales estaban plenamente equipados del magnífico material rodante adecuado expresamente para las condiciones locales, pero la crisis mundial, la merma en el transporte de café, lo hacía aparecer como excesivo, un derroche. Pronto el país resurgiría y tendría pleno empleo.

1836

El 25 de mayo el Congreso expidió una ley privilegiando a los constructores de un ferrocarril de Panamá a un punto en el río Chagres en el que ya sea navegable.

Obras Ferrocarril de Panamá.

1849

Luego de algunas concertaciones el 7 de abril se creó la compañía Panamá Railroad y comenzó la construcción dirigida por los ingenieros Totten y Trautwine.

1851

Sellers, de Cincinati, Ohio, construyó las primeras locomotoras no usadas que recibió Colombia.

1855

Se concluyó la vía de Panamá a Colón de 77 kilómetros.

Obras Ferrocarril de Panamá.

1865

Ramón Santodomingo Vila y Ramón Jimeno recibieron del Estado de Bolívar la concesión para construir la vía de Barranquilla a Sabanilla.

1869

La empresa Seligman y Harbleecher inició los trabajos de Barranquilla a Sabanilla.

1871

Se incluyó el Ferrocarril de Barranquilla para llevarlo a Puerto Salgar.

1872

Durante la presidencia de Murillo Toro se propuso una vía que comunicara a Buenaventura con Bogotá y a Bogotá con Tunja y Bucaramanga hasta un puerto del río Magdalena, con lo que la capital quedaría con acceso a los dos océanos. Ese mismo año se contrató la construcción del Ferrocarril del Cauca para conectar el valle de ese río con Buenaventura y también el estudio de la vía de Bogotá al río Magdalena, dos tramos de esa red.

1874

El Estado de Antioquia contrató con Francisco Javier Cisneros la construcción de un ferrocarril que comunicara a Medellín con el río Magdalena.

1875

Nicolás Pereira Gamba contrató un ferrocarril desde la Vuelta de Conejo hasta Arrancaplumas, para sortear los rápidos del río Magdalena en Honda que impedían la navegación.

1876

El Estado de Santander contrató la construcción de un ferrocarril de Cúcuta hasta Villamizar.

1878

Se contrató con Cisneros la construcción del Ferrocarril del Cauca.

1880

El Congreso facultó al gobierno para la construcción de la vía férrea entre Bogotá y Girardot.

1881

Cisneros contrató la construcción del Ferrocarril de la Dorada y el primer tramo del de Girardot, de esa ciudad a Tocaima.

1882

Se inauguraron los 20 primeros kilómetros del Ferrocarril del Cauca, de Buenaventura hacia Cali. Cisneros solicitó rescindir el contrato.

1885

Se inauguró un primer tramo del Ferrocarril de Antioquia, de Berrío hasta Pavas. Cisneros rescindió el contrato y cobró indemnización.

En el Ferrocarril de Girardot, aprovechando la guerra civil, Cisneros interrumpió los trabajos que habían llegado hasta el Portillo. Al año siguiente el contrato quedó rescindido.

1889

El 20 de julio se inauguró el Ferrocarril de la Sabana, de Bogotá hasta Facatativá.

Ferrocarril de la Sabana, Puente del
Corzo. Colombia Ilustrada, 1889.

1890

La gobernación de Bolívar contrató con Samuel Mc Connico la construcción del Ferrocarril de Cartagena al río Magdalena en Calamar. Ese mismo año se traspasó el Ferrocarril de Santa Marta a una compañía inglesa.

1891

Se inició la construcción del muelle de Puerto Colombia. Apareció la idea del Ferrocarril Panamericano para comunicar las Américas del Sur y del Norte.

1892

El 26 de diciembre el Congreso aprobó la Ley 104 de Ferrocarriles. Por la Ley 86 se aprobó el contrato de John H. Penndot.

1893

El15 de junio se inauguró el Muelle de Puerto Colombia.

Se aprobó ese año la prolongación del Ferrocarril de Cúcuta hasta el Táchira, la frontera con Venezuela.

Se iniciaron, así mismo, los trabajos del Ferrocarril del Norte a partir de Bogotá. El 20 de julio del año siguiente se inauguró el primer tramo hasta el Puente del Común.

Puente del Común.
Papel Periódico Ilustrado, 1881-1887.

1895

Se iniciaron los trabajos en el Ferrocarril del Sur, de Bogotá hacia Soacha.

1900

Se creó la compañía inglesa The Colombian National Railway para concluir el Ferrocarril de Girardot.

1903

Se perdió el Ferrocarril de Panamá.

1905

El Ferrocarril de la Dorada inició su prolongación hacia Mariquita y Ambalema.

Ese año se inició la construcción de un ferrocarril desde Urabá hasta Medellín.

1906

El Ferrocarril de Santa Marta llegó hasta Fundación.

1907

Se creó en Medellín la Compañía del Ferrocarril de Amagá.

1909

Llegaron al Ferrocarril de Girardot las primeras locomotoras articuladas Kitson-Meyer, apropiadas para una vía difícil, con tráfico en aumento.

1910

La Asamblea Nacional derogó la nacionalización de los ferrocarriles prevista en 1905. El ferrocarril pasó al departamento y se iniciaron los trabajos entre Medellín y el paso de la Quiebra.

1911

El Departamento de Caldas creó la empresa Ferrocarril de Caldas para unir Manizales con el Ferrocarril del Pacífico.

Se inició la construcción de la Estación de la Sabana para el Ferrocarril de ese nombre.

1913

Se hicieron contratos en Cundinamarca y Boyacá que concluyeron en la sociedad belga ‘Chemins de fer en Colombie'.

Se organizó por el gobierno una empresa dirigida por el ingeniero Justino Moncó para la construcción del Ferrocarril del Tolima.

1915

El Ferrocarril del Pacífico unió a Cali con Buenaventura, la vía pudo haber sido comenzada por Cisneros, pero quien la realizó y concluyó fue Rafael Álvarez Salas.

1916

El 1 de marzo don Pedro Uribe Gauguin, sobrino del pintor, reanudó la construcción del Ferrocarril del Tolima.

1917

Se iniciaron los ferrocarriles de Ambalema a Ibagué que unirían a esta última ciudad con La Dorada y de Santander a Timba que enlazaría así con el Ferrocarril del Pacífico.

1918

El Ferrocarril de Puerto Wilches pasó a propiedad de la nación.

1919

La Gobernación del Tolima contrató con Pedro A. López la construcción de una vía del Espinal hacia el sur hasta Neiva y Florencia.

1922

Pedro Nel Ospina asumió la presidencia de la República. El Congreso expidió la Ley 102 que lo facultó para adquirir empréstitos hasta por 100 millones de dólares para invertir en ferrocarriles e instalaciones portuarias.

El ingeniero mecánico inglés Peter C. Dewhurst firmó contrato en Londres ante el cónsul Alejandro López y viajó a Colombia a trabajar como ingeniero mecánico del Ministerio de Obras Públicas.

1923

El gobierno organizó la Dirección Nacional de Ferrocarriles con Oficina Técnica a cargo de Dewhurst y Oficina Comercial encomendada al ingeniero Jorge Álvarez Lleras.

1924

Se formalizó el paso a propiedad de la nación del Ferrocarril de Girardot.

Comenzaron los trabajos del Ferrocarril del Nordeste de Bogotá a Tunja y Sogamoso por la compañía belga que tenía la concesión.

1926

El Ferrocarril del Sur llegó a San Miguel.

1927

La nación quedó autorizada para adquirir el Ferrocarril de Santa Marta.

1929

Quedó concluido el túnel de La Quiebra y unida la ciudad de Medellín con Puerto Berrío en el río Magdalena con una vía férrea de 193 kilómetros.

1930

Por la crisis mundial se suspendió la obra del Ferrocarril de Tunja al río Magdalena por el Carare. El Ferrocarril de Cúcuta interrumpió los trabajos hacia Pamplona.

Se concluyeron dos hermosos puentes sobre el río Magdalena, el de Girardot y el de Golondrinas. Se formó así el Ferrocarril Girardot-Tolima-Huila.

Se suspendieron los trabajos en el Ferrocarril del Sur y esa empresa se fundió con el Ferrocarril del Norte. El Ferrocarril del Norte llegó hasta Albarracín. Se suspendieron los trabajos en el Ferrocarril Troncal de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA

Arias de Greiff, Gustavo. La segunda mula de hierro . G. Arias, editor. Bogotá, 2006.

Arias de Greiff, Jorge. “Un momento estelar de la ingeniería mecánica en Colombia”. Boletín Cultural y Bibliográfico . Banco de la República. No. 21, Bogotá, 1989.

Gómez, Laureano. Memoria del Ministro de Obras Públicas al Congreso de 1926.

White, John H. Cincinnati Locomotive Builders, 1845-1868 . Smithsonian Institution. Washington, 1965.

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