Antonio Nariño, primer Presidente con sentido de integración nacional

Por: Ruiz Martínez, Eduardo, 1929-

Con gran afecto y cariño 
Amor aplaude obsecuente,
Al gran patriota Nariño
Nuestro digno Presidente.

Estrofa en honor de Nariño, elegido presidente de Cundinamarca

Nariño, sin duda con tristeza por la ingratitud de sus amigos y el egoísmo de los hombres, regresa a Santafé de su prisión en Cartagena, a donde había sido remitido por el virrey Amar y Borbón en diciembre de 1809, denunciado como conspirador. El olvido de aquellos con quienes ha organizado el golpe para lograr la independencia, lo obliga a continuar en prisión todavía seis meses más, mientras en la capital otros se reparten los gajes de la libertad. Regresa arruinado, enfermo e inadvertido el 8 de diciembre de 1810. Pero no es persona a quien la adversidad derribe. Por el contrario: a los doce días de llegar a Santafé, se hace elegir, con sueldo de 1.500 pesos al año, secretario del pequeño Congreso Soberano Constituyente, del cual su tío Manuel de Bernardo Alvarez ha sido elegido presidente.

Será el 14 de julio de 1811, medio año más tarde, justo al cumplirse 22 años de la toma de la Bastilla -fecha inicial de la Revolución Francesa- y domingo de mercado en Santafé, cuando Antonio Nariño saque a la luz el primer número de La Bagatela, primer periódico político que se publica entre nosotros y que va a tener trascendencia definitiva en la historia, por representar "el símbolo de una voluntad y energía lanzados al vendaval revolucionario en medio de la inexperiencia republicana, que flota a través de los tiempos para patentizar la sabiduría política y el patriotismo de su autor.

 

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Antonio Nariño dibujo de José María Espinosa.
68 X 47 cm. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.


 

Desde el 22 de diciembre de 1810, con representaciones de Mariquita, Neiva, Nóvita, Pamplona, Socorro y Santafé, se ha instalado en la capital el Supremo Congreso, sin la participación de las otras provincias tradicionales, que disputan entre sí, o propugnan por la federación o por continuar dependiendo de España. Elegido presidente Jorge Tadeo Lozano, aprueba el 27 de noviembre de 1811 un pacto federal de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, desconociendo la autoridad de las Cortes de Cádiz. Las ciudades del Valle del Cauca se confederan en Cali y establecen junta de gobierno. Caldas funda el Diario Político, y a los dos meses de deliberaciones se disuelve el Congreso, pues no puede resistir las presiones de diversa índole que surgen en su contra. Aunque se ha expedido la primera Constitución de Cundinamarca, la anarquía domina la nación.

Nariño, en este momento, vuelve a ser el personaje más prestigioso e importante del país: se le nombra corregidor de Santafé, justicia mayor y juez de teatro.

 

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Juramento de Nariño ante la bandera de Cundinamarca en la iglesia de San Agustín.
Oleo de Francisco Antonio Cano, 1926. 246 X 140 cm. Museo Nacional, Bogotá.


 

El Precursor se ha convertido en el principal caudillo popular, en el primero y más carismático líder de todo el inicio de nuestra historia política. Fascina al común y, por centralista, gusta a la oligarquía. Sólo los señores de provincia no lo aceptan, pues quieren ser únicos dueños de sus feudos. Los primeros días de la patria son también los primeros del caciquismo político.

Han transcurrido apenas dos meses largos, cuando el domingo 19 de septiembre siguiente sale a la calle un número extraordinario del periódico -el once-, con un encabezamiento a todo lo ancho de la primera página que reza: "Noticias gordas", a las cuales, en forma resumida, Nariño ya se había referido en el número anterior. El tema es candente. Como primer propósito político del país, Nariño señala los graves e inminentes peligros que por tres frentes amenazan a la patria indefensa: el uno en Santa Marta, al saberse que el virrey Benito Pérez viene a reinstalar allí la antigua Audiencia, apoyado por 800 hombres; en el Norte, Cúcuta desea unirse a Maracaibo y tomar Pamplona y Girón, como primera acción; y, en el Sur, las medidas de Tacón para hacerse a dinero, ganados y tropas, con el apoyo de parte de la población de Popayán, a fin de reconquistar el territorio en manos de patriotas. El Prócer se pregunta: "Y nosotros, ¿cómo estamos? Dios lo sabe: cacareando y alborotando el mundo con un solo huevo que hemos puesto. ¿Qué medidas, qué providencias se toman en el estado de peligro en que se halla la Patria? Fuera paños calientes y discusiones pueriles..."

 

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El presidente Antonio Nariño.
Oleo de C. Restrepo Canal, 1955. 130 X 95 cm.
Ministerio de Gobierno.


 

Nariño ha dado en el clavo: el efecto de La Bagatela en la opinión pública no demora en sentirse en la ciudad. El pueblo conmovido se amotina y exige la renuncia del presidente Lozano: "Entraron a junta desde las nueve de la mañana, -refiere José María Caballero en su diario- hasta las cuatro de la tarde, en que salió electo el nuevo presidente Antonio Nariño, por haber hecho renuncia Jorge Lozano". Al presentarse algunos problemas entre las fuerzas armadas -la mayoría de los batallones respaldaban a Nariño y el Regimiento Provincial a Lozano-, el día 21 se opta por una nueva deliberación que, habiendo comenzado a las cuatro de la tarde, terminó a las diez de la noche con la ratificación de Antonio Nariño en la Presidencia.

El problema fundamental que se presenta en los primeros albores independentistas es el de afianzar, de cualquier modo, la unidad nacional. Cartagena rivaliza con Santafé y se convoca entonces el Congreso en Medellín. Las facciones se apasionan. Son los provincianos los que están divididos. Miguel de Pombo, payanes, defiende el federalismo y traduce y publica el Acta de Independencia de los Estados Unidos de América y su Constitución federalista, que califica de "divina", apoyado por su coterráneo Camilo Torres, mientras su paisano Francisco José de Caldas con el tunjano Joaquín Camacho, desde el Semanario del Nuevo Reino de Granada, propugnan por el centralismo. Nariño, con Frutos Joaquín Gutiérrez, cucuteño, e Ignacio de Herrera, caleño, entre otros, defiende esta última posición. No se acepta un análisis objetivo de la situación. Las causas de la ruina de la primera república habrán de buscarse en esta falta de unidad.

A fin de año, reunido el Colegio Electoral, elige en propiedad a Nariño. El cronista Caballero recuerda el acontecimiento: "Diciembre. A 24 eligió el Colegio Electoral a Presidente del Estado, y salió electo en propiedad el señor Antonio Nariño, porque estaba interino. Hubo general regocijo, con repique general de campanas; por la tarde se le dio una música con muchísimos voladores y ruedas; hicieron salvas los nacionales, los cabos y sargentos de milicias y los patriotas desde el balcón de su cuartel hicieron otras..." Al día siguiente hubo toros y en la iluminación del cuartel de milicias se puso, entre luces, la estrofa que aparece como epígrafe.

A partir de ese momento, Antonio Nariño procede a trabajar por esa unidad nacional que tanto busca, defendiendo la libertad y la independencia, sus más fervientes anhelos, aun por las armas, si es necesario. Es así como va llegando la integración al territorio del Estado, al admitirse a Vélez, San Gil, Garzón, Timaná y Purificación (escindidos de la provincia de Neiva) y Chiquinquirá, Muzo, Villa de Leiva y Sogamoso (separados de Tunja), pueblos que se van uniendo a Cundinamarca con el apoyo de las fuerzas que comanda el coronel Joaquín Ricaurte, contra las protestas del Congreso, mientras que el Serenísimo Colegio Revisor y Electoral expide en abril la nueva Constitución de Cundinamarca.

Para evitar mayores dificultades, Nariño convoca a la Junta de Padres de Familia, que aconseja allanar las dificultades con el Congreso. Reunidos en Ibagué, los diputados aceptan las condiciones del presidente y firman el Pacto del 18 de mayo, pero a la vez modifican el tratado, ya sancionado por el Colegio Electoral, en el sentido de que las anexiones de los pueblos del norte quedan sujetas a la aceptación del gobierno de Tunja. Nariño no acepta una reforma que modifica toda su estrategia y, ante su negativa, estallan las hostilidades, pues Tunja decide someter a Santafé. Sobreviene entonces la primera guerra civil.

Las tropas que envía al norte el presidente de Cundinamarca, comandadas por Joaquín Ricaurte, Antonio Baraya y Francisco José de Caldas -coronel ingeniero militar-, defeccionan en la creencia de que la opinión pública está por la federación y bajo la extorsión de Casanare y Pamplona que amenazan anexarse a Venezuela, traicionan a Nariño y se entregan al Congreso de Tunja. Nariño tiene que defender el principio de autoridad. Al frente de 800 hombres marcha sobre Tunja y la ocupa.

 

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Casa de la Hacienda de Fucha, Bogotá.
Fotografía de Ernesto Monsalve.


 

El presidente ordena al brigadier José Miguel Pey que salga en persecución de Juan Nepomuceno Niño, presidente del Congreso, pero es derrotado en Santa Rosa. Tal hecho obliga a Nariño a firmar el tratado conocido por ese nombre: pacta la instalación inmediata del Congreso para que decida sobre las anexiones de Socorro, Mariquita y Neiva, y bajo cuyas ordenes quedan las armas de los dos bandos; se deja en libertad a la Villa de Leiva para decidir su futuro; se decreta que Sogamoso vuelva a la jurisdicción de Tunja y se promete amistad y olvido de todo lo pasado.

Es sin duda una derrota para el presidente. A su regreso a Santafé, encuentra que la pugna entre las facciones amenaza ya el colapso total, pues Manuel Benito de Castro, encargado del poder ejecutivo, no ha sido capaz en su ineptitud de controlar las pendencias de los partidos. Están en su furor carracos y pateadores. La situación es tan dramática que Nariño, al dar cuenta de todo a la Representación Nacional, pide la pronta instalación del Congreso y renuncia de manera irrevocable a la Presidencia. Lleno de pesar se refugia en la paz de La Milagrosa, sobre el río Fucha. Pero los problemas en la capital no cesan. Por el contrario, el desgobierno crece. Baraya, desde Tunja, sigue ofendiendo a Cundinamarca. Entonces el pueblo de Santafé exige amotinado el regreso del presidente, a quien se entregan todos los poderes en la calidad de Dictador. "El paladín de la libertad investido de un poder discrecional", anota Miramón.

En Villa de Leiva, se reúne el Congreso con la participación de sólo siete provincias: Antioquia, Cartagena, Casanare, Cundinamarca, Pamplona, Popayán y Tunja, y elige presidente del mismo y por ende de las Provincias Unidas de la Nueva Granada al abogado Camilo Torres, poco amigo del Precursor. Sin embargo, el Congreso no cesa de atacar y no atiende los pedimentos de los diputados de Cundinamarca. Por el contrario, encarcela a Alvarez y a Azuola. Alega que Nariño ni Cundinamarca se ajustan al pacto federal, que su presidente es un tirano, usurpador del poder, y autoriza a Torres para borrarla de la Federación, para lo cual le segregan los pueblos que se le habían anexado y la priva de armas y municiones. El Congreso se traslada a Tunja y reorganiza su ejército.

Ante esta alternativa, la Representación Nacional y una asamblea convocada en Santafé, autorizan a Nariño a declarar desligada del pacto federal a Cundinamarca y aprestarse a la defensa. La guerra civil se vislumbra de nuevo. Pero este año de 1813, sin duda, será el año del presidente Nariño. Se encamina al norte al frente de 1500 hombres y Ricaurte sale de Tunja hacia la capital. Los dos ejércitos se encuentran en Ventaquemada el 2 de diciembre, desde donde Nariño, derrotado, corre a refugiarse en Santafé. Las fuerzas de la Unión avanzan sobre la capital. Nariño propone la paz. No es aceptada. Baraya exige el rendimiento a discreción. Nariño, que no puede entregar la ciudad al pillaje, organiza la defensa.

De nuevo envía a Baraya la propuesta de un armisticio, pero la respuesta también es negativa: "entraría a sangre y fuego y con un degüello general". Al amanecer del sábado 9, el enemigo, con un ejército de 1100 hombres al mando de Baraya, avanzó por el llano de Chamicera, aumentando su número con todos los orejones que había venido recogiendo por el camino, en Chocontá, Ubaté, Zipaquirá, Bogotá (Punza), Facatativa y otros pueblos. Pasaban de 800 los de caballería, cuando los santafereños carecían en absoluto de ella: "Fue terrible el espanto, el susto y la confusión, pero como a las 7 poco más de la mañana, cuando se estaba en lo más fino del fuego, con el motivo de tanta mortandad, y de haber sacado el maestro armero D. Mariano, un cañón, por espaldas de la Capuchina a la calle de la Alameda, y que a la primera descarga hizo un destrozo terrible, se le infundió de golpe un pavor y espanto pánico, que echaron a huir vergonzosa y precipitadamente [...] Los nuestros, viendo la fuga, los perseguían para acabarlos de desordenar..."

 

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Discurso de apertura del Colegio Electoral,
junio 13 de 1813. Biblioteca Nacional, Bogotá.


 

La derrota de los tunjanos fue total. Caballero habla de 600 enemigos muertos y de 400 heridos, 27 cañones y 1235 prisioneros. Entre ellos estaban Niño, Urdaneta, Santander, Acevedo, Ordóñez, Vélez, los Parises, Portocarrero y varios otros jefes. Caldas y Baraya huyen. A los oficiales enemigos, Nariño los aloja en las casas de las familias distinguidas. Pero esta generosidad es confundida con debilidad, y por eso las desavenencias continúan. José María del Castillo y Rada, gobernador interino de Tunja, conviene en establecer un solo gobierno central para asegurar la independencia, pero en lo substancial no se llega a ningún acuerdo. En Tunja Torres le confiere el grado de brigadier a Bolívar, vencedor sobre Correa en Cúcuta, y el titulo de ciudadano de la Nueva Granada, y Nariño le envía un contingente en donde va lo más florido de la oficialidad colombiana, que entregará sus vidas en la Campaña Admirable por la libertad de Venezuela.

 

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"Noticias muy gordas", en "La Bagatela" Nº 11 del jueves 19 de septiembre de 1811,
periódico redactado e impreso por Nariño"


 

En funciones el Colegio Electoral, Nariño renuncia a la dictadura y a la presidencia, pero tal determinación no es aceptada. Por el contrario, se le designa dictador en propiedad. El 29 de abril siembra, en el mejor estilo jacobino, el Arbol de la Libertad, un arrayán de cinco varas de alto. El Colegio Electoral, en atención a la urgencia de tomar a Quito como objetivo estratégico, otorga el 28 de junio a Nariño el grado de teniente general para que, como comandante de los ejércitos de la Unión, inicie y lleve a término la Campaña del Sur contra las tropas del rey, comandadas por Aymerich y Sámano. De otro lado, Cundinamarca declara el total desconocimiento y la separación absoluta como Estado libre e independiente de la corona española y de Fernando VIl.

El Congreso ha entendido el problema logístico y deposita su fe en el presidente Nariño, por considerar que se impone la erradicación de los españoles en el sur y, si es posible, llegar hasta Quito y hasta la propia Lima, centro indiscutible del imperio español en América del Sur, a donde más tarde, con igual visión, irán a converger San Martín y Bolívar. El 13 de junio se inicia la marcha de las tropas y Nariño parte el 21 de septiembre, a las 10 de la mañana, "a caballo, muy bizarro, con sombrero de mariposa al tres y un famoso plumaje tricolor de la independencia", dejando como encargado del poder a su tío Manuel de Bernardo Alvarez. No sabe que deja su investidura presidencial en forma definitiva. Su ideal lo conduce a buscar la gloria de ser el defensor de su Nación. Y si una oscura traición no se lo hubiera impedido, el presidente Nariño habría sido el Libertador de Colombia. En cambio sólo encontró grillos, cadenas y lóbregas prisiones. Pero con su inmenso espíritu de libertad, abonó el nacimiento de la Patria.

Título: Antonio Nariño, primer Presidente con sentido de integración nacional


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