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ANTONIO NARIÑO, PRIMER PRESIDENTE CON SENTIDO DE INTEGRACION NACIONAL
Por: Eduardo
Ruiz Martínez
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 47
Noviembre de 1993
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Con gran afecto y cariño
Amor aplaude obsecuente,
Al gran patriota Nariño
Nuestro digno Presidente.
Estrofa en honor de
Nariño,
elegido presidente de Cundinamarca
Nariño, sin duda con
tristeza por la ingratitud de sus amigos y el egoísmo de los hombres, regresa a Santafé
de su prisión en Cartagena, a donde había sido remitido por el virrey Amar y Borbón en
diciembre de 1809, denunciado como conspirador. El olvido de aquellos con quienes ha
organizado el golpe para lograr la independencia, lo obliga a continuar en prisión
todavía seis meses más, mientras en la capital otros se reparten los gajes de la
libertad. Regresa arruinado, enfermo e inadvertido el 8 de diciembre de 1810. Pero no es
persona a quien la adversidad derribe. Por el contrario: a los doce días de llegar a
Santafé, se hace elegir, con sueldo de 1.500 pesos al año, secretario del pequeño
Congreso Soberano Constituyente, del cual su tío Manuel de Bernardo Alvarez ha sido
elegido presidente.
Será el 14 de julio de
1811, medio año más tarde, justo al cumplirse 22 años de la toma de la Bastilla -fecha
inicial de la Revolución Francesa- y domingo de mercado en Santafé, cuando Antonio
Nariño saque a la luz el primer número de La Bagatela, primer periódico
político que se publica entre nosotros y que va a tener trascendencia definitiva en la
historia, por representar "el símbolo de una voluntad y energía lanzados al
vendaval revolucionario en medio de la inexperiencia republicana, que flota a través de
los tiempos para patentizar la sabiduría política y el patriotismo de su autor.
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Antonio Nariño
dibujo de José María Espinosa.
68 X 47 cm. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.
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Desde el 22 de
diciembre de 1810, con representaciones de Mariquita, Neiva, Nóvita, Pamplona, Socorro y
Santafé, se ha instalado en la capital el Supremo Congreso, sin la participación de las
otras provincias tradicionales, que disputan entre sí, o propugnan por la federación o
por continuar dependiendo de España. Elegido presidente Jorge Tadeo Lozano, aprueba el 27
de noviembre de 1811 un pacto federal de las Provincias Unidas de la Nueva Granada,
desconociendo la autoridad de las Cortes de Cádiz. Las ciudades del Valle del Cauca se
confederan en Cali y establecen junta de gobierno. Caldas funda el Diario Político,
y a los dos meses de deliberaciones se disuelve el Congreso, pues no puede resistir las
presiones de diversa índole que surgen en su contra. Aunque se ha expedido la primera
Constitución de Cundinamarca, la anarquía domina la nación.
Nariño, en este
momento, vuelve a ser el personaje más prestigioso e importante del país: se le nombra
corregidor de Santafé, justicia mayor y juez de teatro.
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Juramento de
Nariño ante la bandera de Cundinamarca en la iglesia de San Agustín.
Oleo de Francisco Antonio Cano, 1926. 246 X 140 cm. Museo Nacional, Bogotá.
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El Precursor se ha
convertido en el principal caudillo popular, en el primero y más carismático líder de
todo el inicio de nuestra historia política. Fascina al común y, por centralista, gusta
a la oligarquía. Sólo los señores de provincia no lo aceptan, pues quieren ser únicos
dueños de sus feudos. Los primeros días de la patria son también los primeros del
caciquismo político.
Han transcurrido apenas
dos meses largos, cuando el domingo 19 de septiembre siguiente sale a la calle un número
extraordinario del periódico -el once-, con un encabezamiento a todo lo ancho de la
primera página que reza: "Noticias gordas", a las cuales, en forma resumida,
Nariño ya se había referido en el número anterior. El tema es candente. Como primer
propósito político del país, Nariño señala los graves e inminentes peligros que por
tres frentes amenazan a la patria indefensa: el uno en Santa Marta, al saberse que el
virrey Benito Pérez viene a reinstalar allí la antigua Audiencia, apoyado por 800
hombres; en el Norte, Cúcuta desea unirse a Maracaibo y tomar Pamplona y Girón, como
primera acción; y, en el Sur, las medidas de Tacón para hacerse a dinero, ganados y
tropas, con el apoyo de parte de la población de Popayán, a fin de reconquistar el
territorio en manos de patriotas. El Prócer se pregunta: "Y nosotros, ¿cómo
estamos? Dios lo sabe: cacareando y alborotando el mundo con un solo huevo que hemos
puesto. ¿Qué medidas, qué providencias se toman en el estado de peligro en que se halla
la Patria? Fuera paños calientes y discusiones pueriles..."
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El presidente
Antonio Nariño.
Oleo de C. Restrepo Canal, 1955. 130 X 95 cm.
Ministerio de Gobierno.
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Nariño ha dado en el
clavo: el efecto de La Bagatela en la opinión pública no demora en sentirse en
la ciudad. El pueblo conmovido se amotina y exige la renuncia del presidente Lozano:
"Entraron a junta desde las nueve de la mañana, -refiere José María Caballero en
su diario- hasta las cuatro de la tarde, en que salió electo el nuevo presidente Antonio
Nariño, por haber hecho renuncia Jorge Lozano". Al presentarse algunos problemas
entre las fuerzas armadas -la mayoría de los batallones respaldaban a Nariño y el
Regimiento Provincial a Lozano-, el día 21 se opta por una nueva deliberación que,
habiendo comenzado a las cuatro de la tarde, terminó a las diez de la noche con la
ratificación de Antonio Nariño en la Presidencia.
El problema fundamental
que se presenta en los primeros albores independentistas es el de afianzar, de cualquier
modo, la unidad nacional. Cartagena rivaliza con Santafé y se convoca entonces el
Congreso en Medellín. Las facciones se apasionan. Son los provincianos los que están
divididos. Miguel de Pombo, payanes, defiende el federalismo y traduce y publica el Acta
de Independencia de los Estados Unidos de América y su Constitución federalista, que
califica de "divina", apoyado por su coterráneo Camilo Torres, mientras su
paisano Francisco José de Caldas con el tunjano Joaquín Camacho, desde el Semanario
del Nuevo Reino de Granada, propugnan por el centralismo. Nariño, con Frutos
Joaquín Gutiérrez, cucuteño, e Ignacio de Herrera, caleño, entre otros, defiende esta
última posición. No se acepta un análisis objetivo de la situación. Las causas de la
ruina de la primera república habrán de buscarse en esta falta de unidad.
A fin de año, reunido
el Colegio Electoral, elige en propiedad a Nariño. El cronista Caballero recuerda el
acontecimiento: "Diciembre. A 24 eligió el Colegio Electoral a Presidente del
Estado, y salió electo en propiedad el señor Antonio Nariño, porque estaba interino.
Hubo general regocijo, con repique general de campanas; por la tarde se le dio una música
con muchísimos voladores y ruedas; hicieron salvas los nacionales, los cabos y sargentos
de milicias y los patriotas desde el balcón de su cuartel hicieron otras..." Al día
siguiente hubo toros y en la iluminación del cuartel de milicias se puso, entre luces, la
estrofa que aparece como epígrafe.
A partir de ese
momento, Antonio Nariño procede a trabajar por esa unidad nacional que tanto busca,
defendiendo la libertad y la independencia, sus más fervientes anhelos, aun por las
armas, si es necesario. Es así como va llegando la integración al territorio del Estado,
al admitirse a Vélez, San Gil, Garzón, Timaná y Purificación (escindidos de la
provincia de Neiva) y Chiquinquirá, Muzo, Villa de Leiva y Sogamoso (separados de Tunja),
pueblos que se van uniendo a Cundinamarca con el apoyo de las fuerzas que comanda el
coronel Joaquín Ricaurte, contra las protestas del Congreso, mientras que el Serenísimo
Colegio Revisor y Electoral expide en abril la nueva Constitución de Cundinamarca.
Para evitar mayores
dificultades, Nariño convoca a la Junta de Padres de Familia, que aconseja allanar las
dificultades con el Congreso. Reunidos en Ibagué, los diputados aceptan las condiciones
del presidente y firman el Pacto del 18 de mayo, pero a la vez modifican el tratado, ya
sancionado por el Colegio Electoral, en el sentido de que las anexiones de los pueblos del
norte quedan sujetas a la aceptación del gobierno de Tunja. Nariño no acepta una reforma
que modifica toda su estrategia y, ante su negativa, estallan las hostilidades, pues Tunja
decide someter a Santafé. Sobreviene entonces la primera guerra civil.
Las tropas que envía
al norte el presidente de Cundinamarca, comandadas por Joaquín Ricaurte, Antonio Baraya y
Francisco José de Caldas -coronel ingeniero militar-, defeccionan en la creencia de que
la opinión pública está por la federación y bajo la extorsión de Casanare y Pamplona
que amenazan anexarse a Venezuela, traicionan a Nariño y se entregan al Congreso de
Tunja. Nariño tiene que defender el principio de autoridad. Al frente de 800 hombres
marcha sobre Tunja y la ocupa.
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Casa de la
Hacienda de Fucha, Bogotá.
Fotografía de Ernesto Monsalve.
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El presidente ordena al
brigadier José Miguel Pey que salga en persecución de Juan Nepomuceno Niño, presidente
del Congreso, pero es derrotado en Santa Rosa. Tal hecho obliga a Nariño a firmar el
tratado conocido por ese nombre: pacta la instalación inmediata del Congreso para que
decida sobre las anexiones de Socorro, Mariquita y Neiva, y bajo cuyas ordenes quedan las
armas de los dos bandos; se deja en libertad a la Villa de Leiva para decidir su futuro;
se decreta que Sogamoso vuelva a la jurisdicción de Tunja y se promete amistad y olvido
de todo lo pasado.
Es sin duda una derrota
para el presidente. A su regreso a Santafé, encuentra que la pugna entre las facciones
amenaza ya el colapso total, pues Manuel Benito de Castro, encargado del poder ejecutivo,
no ha sido capaz en su ineptitud de controlar las pendencias de los partidos. Están en su
furor carracos y pateadores. La situación es tan dramática que Nariño, al dar
cuenta de todo a la Representación Nacional, pide la pronta instalación del Congreso y
renuncia de manera irrevocable a la Presidencia. Lleno de pesar se refugia en la paz de La
Milagrosa, sobre el río Fucha. Pero los problemas en la capital no cesan. Por el
contrario, el desgobierno crece. Baraya, desde Tunja, sigue ofendiendo a Cundinamarca.
Entonces el pueblo de Santafé exige amotinado el regreso del presidente, a quien se
entregan todos los poderes en la calidad de Dictador. "El paladín de la libertad
investido de un poder discrecional", anota Miramón.
En Villa de Leiva, se
reúne el Congreso con la participación de sólo siete provincias: Antioquia, Cartagena,
Casanare, Cundinamarca, Pamplona, Popayán y Tunja, y elige presidente del mismo y por
ende de las Provincias Unidas de la Nueva Granada al abogado Camilo Torres, poco amigo del
Precursor. Sin embargo, el Congreso no cesa de atacar y no atiende los pedimentos de los
diputados de Cundinamarca. Por el contrario, encarcela a Alvarez y a Azuola. Alega que
Nariño ni Cundinamarca se ajustan al pacto federal, que su presidente es un tirano,
usurpador del poder, y autoriza a Torres para borrarla de la Federación, para lo cual le
segregan los pueblos que se le habían anexado y la priva de armas y municiones. El
Congreso se traslada a Tunja y reorganiza su ejército.
Ante esta alternativa,
la Representación Nacional y una asamblea convocada en Santafé, autorizan a Nariño a
declarar desligada del pacto federal a Cundinamarca y aprestarse a la defensa. La guerra
civil se vislumbra de nuevo. Pero este año de 1813, sin duda, será el año del
presidente Nariño. Se encamina al norte al frente de 1500 hombres y Ricaurte sale de
Tunja hacia la capital. Los dos ejércitos se encuentran en Ventaquemada el 2 de
diciembre, desde donde Nariño, derrotado, corre a refugiarse en Santafé. Las fuerzas de
la Unión avanzan sobre la capital. Nariño propone la paz. No es aceptada. Baraya exige
el rendimiento a discreción. Nariño, que no puede entregar la ciudad al pillaje,
organiza la defensa.
De nuevo envía a
Baraya la propuesta de un armisticio, pero la respuesta también es negativa:
"entraría a sangre y fuego y con un degüello general". Al amanecer del sábado
9, el enemigo, con un ejército de 1100 hombres al mando de Baraya, avanzó por el llano
de Chamicera, aumentando su número con todos los orejones que había venido recogiendo
por el camino, en Chocontá, Ubaté, Zipaquirá, Bogotá (Punza), Facatativa y otros
pueblos. Pasaban de 800 los de caballería, cuando los santafereños carecían en absoluto
de ella: "Fue terrible el espanto, el susto y la confusión, pero como a las 7 poco
más de la mañana, cuando se estaba en lo más fino del fuego, con el motivo de tanta
mortandad, y de haber sacado el maestro armero D. Mariano, un cañón, por espaldas de la
Capuchina a la calle de la Alameda, y que a la primera descarga hizo un destrozo terrible,
se le infundió de golpe un pavor y espanto pánico, que echaron a huir vergonzosa y
precipitadamente [...] Los nuestros, viendo la fuga, los perseguían para acabarlos de
desordenar..."
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Discurso de
apertura del Colegio Electoral,
junio 13 de 1813. Biblioteca Nacional, Bogotá.
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La derrota de los
tunjanos fue total. Caballero habla de 600 enemigos muertos y de 400 heridos, 27 cañones
y 1235 prisioneros. Entre ellos estaban Niño, Urdaneta, Santander, Acevedo, Ordóñez,
Vélez, los Parises, Portocarrero y varios otros jefes. Caldas y Baraya huyen. A los
oficiales enemigos, Nariño los aloja en las casas de las familias distinguidas. Pero esta
generosidad es confundida con debilidad, y por eso las desavenencias continúan. José
María del Castillo y Rada, gobernador interino de Tunja, conviene en establecer un solo
gobierno central para asegurar la independencia, pero en lo substancial no se llega a
ningún acuerdo. En Tunja Torres le confiere el grado de brigadier a Bolívar, vencedor
sobre Correa en Cúcuta, y el titulo de ciudadano de la Nueva Granada, y Nariño le envía
un contingente en donde va lo más florido de la oficialidad colombiana, que entregará
sus vidas en la Campaña Admirable por la libertad de Venezuela.
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"Noticias
muy gordas", en "La Bagatela" Nº 11 del jueves 19 de septiembre
de 1811,
periódico redactado e impreso por Nariño"
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En funciones el Colegio
Electoral, Nariño renuncia a la dictadura y a la presidencia, pero tal determinación no
es aceptada. Por el contrario, se le designa dictador en propiedad. El 29 de abril
siembra, en el mejor estilo jacobino, el Arbol de la Libertad, un arrayán de cinco varas
de alto. El Colegio Electoral, en atención a la urgencia de tomar a Quito como objetivo
estratégico, otorga el 28 de junio a Nariño el grado de teniente general para que, como
comandante de los ejércitos de la Unión, inicie y lleve a término la Campaña del Sur
contra las tropas del rey, comandadas por Aymerich y Sámano. De otro lado, Cundinamarca
declara el total desconocimiento y la separación absoluta como Estado libre e
independiente de la corona española y de Fernando VIl.
El Congreso ha
entendido el problema logístico y deposita su fe en el presidente Nariño, por considerar
que se impone la erradicación de los españoles en el sur y, si es posible, llegar hasta
Quito y hasta la propia Lima, centro indiscutible del imperio español en América del
Sur, a donde más tarde, con igual visión, irán a converger San Martín y Bolívar. El
13 de junio se inicia la marcha de las tropas y Nariño parte el 21 de septiembre, a las
10 de la mañana, "a caballo, muy bizarro, con sombrero de mariposa al tres y un
famoso plumaje tricolor de la independencia", dejando como encargado del poder a su
tío Manuel de Bernardo Alvarez. No sabe que deja su investidura presidencial en forma
definitiva. Su ideal lo conduce a buscar la gloria de ser el defensor de su Nación. Y si
una oscura traición no se lo hubiera impedido, el presidente Nariño habría sido el
Libertador de Colombia. En cambio sólo encontró grillos, cadenas y lóbregas prisiones.
Pero con su inmenso espíritu de libertad, abonó el nacimiento de la Patria.
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