Un pionero inglés en Colombia: vida y argumentos de Mr. William Wills (1805-1875)

Por: Deas, Malcolm

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WILLIAM WILLS. Colección Roberto Wills, Bogotá.


   
 

  Es bien sabido por quienes estudian el auge y caída de los imperios, que el siglo XIX fue bajo ese aspecto el siglo del imperio inglés y de su mapa progresivamente pintado de rojo (por costumbre el color de las colonias inglesas en los atlas escolares) desde Waterloo hasta la primera Guerra Mundial. La Nueva Granada sintió estos reajustes del sistema mundial. El imperio español en decadencia luchó contra el imperio inglés en ascenso, en el sitio del almirante Vemon a Cartagena en 1741; en tiempos de la rebelión de los Comuneros corrieron rumores de conspiraciones inglesas, y el papel militar, comercial y diplomático de los ingleses en la Independencia fue el más importante entre las naciones extranjeras. Durante un siglo, hasta los años de 1920, Inglaterra siguió siendo el poder económico más importante en el comercio exterior del país: era la Inglaterra de Manchester, Birmingham, Liverpool y de la City de Londres.

  Sin embargo, el nexo entre Colombia e Inglaterra fue curiosamente invisible. Poco de ese comercio estaba en manos inglesas, y Colombia raras veces ocupaba la atención oficial inglesa. Muy pocos ingleses se radicaron en Colombia -tan pocos, que no sería mucho trabajo completar el listado de sus apellidos: Harker, Cheyne, White, Wallis, Fallon, Nicholls, Brush, Bunch, Haldane...-. El primer cementerio del país fue el Cementerio Inglés de Bogotá, consagrado para los heréticos extranjeros antes que el Cementerio Central para los nativos católicos, y hoy todavía tiene cupo...

  Acabo de entregar a la imprenta la biografía y la obra de uno de ellos: William Wills. Llegó al país en 1825, como empleado de la Colombian Minning Association (Asociación Colombiana de Minas) y con la sola excepción de un corto viaje a su país natal en 1830 -antes de pasar abordo en Cartagena desayunó con Bolívar en La Popa- vivió aquí el resto de su vida. Fue un raro entre los raros ingleses que se radicaron en Colombia que en los últimos años. Sus singularidades dan a su vida un interes fuera de los común, y sus opiniones tienen una actualidad que en los últimos años no ha dejado de sorprenderme.

 

 

   
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AUTÓGRAFO DE GUILLERMO. (William) Wills. Dedicatoria de su libro "Compendio de geología" a José María Quijano, marzo 12 de 1857. Biblioteca Nacional, Bogotá.


   

  Primero, Guillermo Wills fue un caballero, un hombre de educación y cultura refinada. Hubo otros ingleses así, entre los viajeros, diplomáticos y científicos y que pasaron por la región en el recurso del siglo, pero la mayoría de los que se quedaron fueron comerciantes u hombres de visión práctica. Su educación hizo de Wills un observador de una calidad poco común, con un don de expresión que hace que todavía sean legibles sus polémicas económicas y políticas. Su nacimiento le dio cierta confianza e incluso una versión burguesa del noblesse oblige, que le permitio y aun le obligó a ofrecer sus opiniones y críticas sobre asuntos que el extranjero típico soportaba en silencio. Esa con fianza fue reforzada por su feliz matrimonio con Juana Pontón, hija de don Joseph Mariano Pontón, administrador de la renta de correos de Medellín, hombre acaudalado; la ventaja de este matrimonio se incrementó después, cuando su cuñada Sixta se casó con el entonces presidente de la República, Francisco de Paula Santander.

  Segundo, Wills fue escritor, y escritor público. Son muy contados los ingleses residentes en cualquier país de América Latina que tomaron parte en el debate público como lo hizo Wills. Desde sus Observaciones sobre el comercio de la Nueva Granada, con un apéndice relativo al de Bogotá, de 1831 -que si no es la primera economía del país, es sin duda entre las primeras la más sistemática, la más sutil y la mejor cuantificada-, hasta sus escritos sobre las ventajas de desaguar la Sabana de Bogotá, publicados poco antes de su muerte, Wills, con lo que modestamente llamó su «mal cortada Diurna» (escribía en español), opinó sobre una amplia gama de temas en algunos de los principales periódicos de la época.

  Su fuerte fueron los temas económicos: el libre comercio, la gran apertura de su tiempo; la deuda pública, interna y externa; el manejo del crédito público y su relación con la usura y el agiotismo, los altos intereses y la falta de desarrollo; la necesidad de fundar bancos; el pésimo estado de los caminos y las posibilidades de los ferrocarriles; el fomento de las exportaciones, el tabaco y la quina... No dejó de lado los temas políticos: escribió como «liberal moderado» sobre las elecciones y sobre los peligros del sufragio universal en un país de extenso campesinado analfabeto y con fuerte presencia de una Iglesia para él retrógrada. Deplora la perpetua incapacidad de los colombianos para «quedarse quietos». En su correspondencia privada, que sobrevive principalmente en sus cartas al general Tomás Cipriano de Mosquera, se muestra vigorosamente anticlerical y anticatólico.

 

   

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CABALERO INGLÉS CON SOBRE DE CORREO DIRIGIDO A POWLES,
Illingworth, Wills, Co., problable retrato de William Wills. Acuarela de Joseph Brown, ca. 1830.
Biblioteca del University College, Londres.


 

 
  Sus escritos tienen para el historiador un valor especial. Wills, aunque fue un hombre «de corto fusible», consciente siempre de sus derechos y de su dignidad, no tenía tanta vanidad como escritor. Escribía, según su propia confesión, como un divulgador, como un ciudadano que sentía la obligación de transmitir a sus nuevos compatriotas, los habitantes de «la patria de mi esposa y de mis hijos», las luces del siglo. el abecedario contemporáneo del progreso. Era un hombre muy leído -tuvo la buena costumbre de citar de vez en cuando sus principales fuentes- y había tratado con «sabios verdaderos» -recién llegado a Bogotá había compartido alojamiento con J.B. Boussingault, a quien siempre menciona con mucho respeto-. Pero no se consideraba a sí mismo sabio, y sus escritos en consecuencia forman un espejo particularmente fiel de los rasgos principales de la ideología dominante en su tiempo. Por haber sido publicados anónimamente, dispersos en varios panfletos, periódicos y gacetas, su obra no ha sido apreciada hasta ahora en su verdadera calidad y versatilidad, obra que incluye el primer libro sobre geología del país, elaborado para la instrucción de sus hijos.

  Ha sido también posible reconstruir el contrapunto entre su vida y sus escritos. Llegó al país en medio de la anglomania y del optimismo de mediados de los anos veinte del siglo pasado. La Colombian Mining Association fue en sus inicios una especulación de moda, aun exquisita: entre sus accionistas figuraron John Murray, el editor de Byron, y el joven panfletista, dandy y extravagante Benjamín Disraeli; otro de sus agentes en Colombia fue Robert Stephenson, hijo del famoso ingeniero George Stephenson, constructor del primer ferrocarril de locomotora del mundo. Aunque la asociación arruinó a muchos, facilitó a Wills una entrada espléndida a la alta sociedad bogotana. Señorito de buena figura, amigo de todo el mundo, de Manuela Sáenz, e íntimo de Santander, Azuero y Soto, alcanzó cierta fama con sus tertulias y recepciones musicales. Cazaba patos al estilo inglés y en una de las extensas lagunas de la Sabana hizo construir el primer yacht de la historia nacional, «botecito estilo europeo» para dar algunos paseos.

 

   

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JUANA PONTÓN PIEDRAHITA, esposa de William Wills y cuñada de Francisco de Paula Santander. Colección Roberto Wills, Bogotá.


 

 
 
  Después de casarse compró la hacienda de Cune, en Villeta, y el monopolio de licores de gran parte de Cundinamarca. Fabricaba aguardiente en gran escala, introduciendo un trapiche movido por agua, y de su habilidad en este negocio, y del humo de su alta chimenea, vino su apodo de «brujo de Cune». Vivía allí y, en frase de un admirador colombiano, fue «el primero en enseñar la vida campestre civilizada». Durante un cierto tiempo le fue bien, pero sobrevinieron litigios sobre el monopolio, y su apreciable fortuna aparece ya mermada a mediados de siglo. Se hizo entonces más político. De José Hilario López recibió varios nombramientos, inclusive el de agente financiero de la República en Londres, aunque no desempeñó ninguno. A fines de los años 1850, se lanza como periodista en abierta oposición al gobierno de Mariano Ospina Rodríguez, y renueva su vieja amistad con Tomás Cipriano de Mosquera, con quien sostiene correspondencia hasta el fin de su vida.

  Su abierto compromiso con la política del país fue entonces la causa de una amarga disputa entre Wills y el sufrido representante diplomático de la Gran Bretaña en Bogotá. Philip Griffíth. Wills, a quien con sobrada razón el gobierno de Ospina -Wills lo trata de «viejo jesuíta»- le había negado pasaporte para regresar Villeta, entonces a punto de ser ocupada por las fuerzas de Mosquera, insiste en el derecho nato de cualquier inglés, en cualquier parte y en cualquier momento, a expresarse y moverse como le venga en gana. Griffith deplora la arrogancia, la falta de tacto, la «neogranadización» de su compatriota: frente a las interminables cartas en que Wills se queja de su falta de apoyo, Griffith escribe a sus jefes en Londres citando el dicho del señor Canning según el cual ningún inglés debe ausentarse por más de cinco años de su país, para no contaminarse irremediablemente con hábitos y pasiones ajenos.

 

   

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JOSEPH MARIANO PONTÓN Y FRANCISCA PIEDRAHITA MARACA, suegros de William Wills.
Colección Roberto Wills, Bogotá.


   

  Salen a la luz, como sucede casi siempre cuando se examina la mayoría de las vidas, las contradicciones en su modo de pensar y entre su pensamiento y su vida, contradicciones típicas de su época. Wills, que predica la libertad de industria, trabaja como monopolista. Gran admirador del librecambista y pacifista Richard Cobden, al mismo tiempo rinde culto a la bete-noirede Cobden, es decir, al agresivo Lord Palmerston, protector de los derechos de los ciudadanos ingleses de comportarse en cualquier parte al estilo Wills, esto es, impunemente.

  Salen a la luz también oscuras interacciones entre vida y pensamiento. Fue reconocido en el siglo pasado, y ha sido repetido por los historiadores, que Wills fue uno de los pioneros en la exportación del tabaco, ramo principal del comercio exterior del país desde fines de los años cuarenta hasta fines de los setenta . Ello es cierto, aunque no se note que los experimentos de Wills no tuvieron un pronto éxito, como tampoco se ha notado el verdadero interés de Wills en el desestanco, una especie de privatización de la época. Su interés en la exportación fue más bien indirecta: Wills actuaba como agente de los tenedores de bonos de la deuda exterior, y buscaba un modo de aumentar las cuentas del país para darle la capacidad de pagar sus deudas. Las aperturas de ese entonces abarcaban más de una similitud con las aperturas de hoy en día...

 

   

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GUILLERMO, ALFREDO LUIS Y ALEJANDRO WILLS PONTÓN,
tres de los trece hijos de William Wills. Daguerrotipo, fotografía anónima y fotografía de Demetrio Paredes (1875). Colección Germán Wills Figueroa, Bogotá.


   

 

  Leyendo a Wills, la sensación de su actualidad, de lo persistente de los problemas del país, hace que inclusive un historiador inglés empiece a suscribir esa vaga noción francesa de la longue durée, de la larga persistencia de los patrones de la historia en cualquier país. Wills se exaspera por los malos caminos, y aún más por el fatalismo con que se tolera y acepta que imposible hallar suficientes ciudadanos honrados y con espíritu cívico con quienes completar una junta para la reparación de los mismos. Con desesperado humor y con una sofisticada matemática de muías muertas y mercancía demorada, de número de bultos embarrados y del gasto de su lavandería, demostró cuántos millones cuesta a la sociedad de Cundinamarca la incapacidad de gastar unos miles de pesos en e! mantenimiento oportuno del camino a Honda. Se desespera también de vez en frente al abuso de los pobres por los poderosos y protesta en público y en privado contra el reclutamiento forzoso, que considera incompatible con la República. Reacciona contra los destinos onerosos y contra la ley que obligaba a ciudadanos pobres a servir en los puestos públicos menos apetecibles de provincia. Defiende a los pobres en contra de las expropiaciones arbitrarias del gobierno.

 

   

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CHISMORREO BOGOTANO (Damas de la familia Wills).  Dibujo de Joseph Brown y acuarela de J.M. Castillo sobre posible original de Jose Manuel Groot. 28.1 x 36.5 cm. Royal Geographical Society, Londres.  Al pie de la lámina, Brown escribio: "Entrese a cualquier casa de Bogotá ocupada por una familia colombiana y uno será siempre testigo de esta escena, pero con mayor afecto en la oscuridad del anochecer, luego que se ha servido el chocolate".  William Wills agregó: "Protesto en contra de esta condena indiscriminada, en mi propio nombre y el el de la señora W."


   

 

  Romántico, patriota, visionario, percibió la inmensa potencialidad de su país adoptivo, siempre que sus ciudadanos lograran algún día «quedarse quietos», es decir, pelear menos, o por lo menos pelear al estilo inglés, con puño pero sin puñal. Definitivamente habría aprobado el «esquema gobierno-oposición». Vivió sus últimos años en la Sabana de Bogotá, en Serrezuela, en condiciones modestas, cultivando papas, cebando ganado, soñando con especulaciones mayores en quinas y en desagües, más allá de sus propios recursos, pero todavía con ganas y energías. De vez en cuando le llegaba el Times de Londres. Se le veía en Facatativa, pero ya evitaba ir a Bogotá, porque «la gente nueva» le daba asco. Un par de días antes de morir de un infarto, la presencia del arzobispo en el municipio le inspiró escribir una buena carta anticlerical a Mosquera en Popayán. La nota necrológica publicada en El Diario de Cundinamarca destacó su «carácter de una dulzura extraordinaria». Como crítico golpeaba duro, y no siempre mostró esa dulzura. Quizás merece mejor ciertos calificativos como «hombre mui intelijente [...] escritor ameno i muy ilustrado, ejemplar [...] como hombre de progreso i de espíritu público». Además de dejar familia numerosa - todos los Wills del país descienden de él-, fue un verdadero pionero. Con aprobación citaba «la sabia reflexión que me hizo el doctor Gual en 1831: lo que importa es empezar. Esa fue su fe, y la frase también puede servirle de epitafio.

 

NOTA BIBLIOGRAFICA

Vida y opiniones de Mr. William Wills, 1805-1875 será publicado próximamente por el Banco de la República y Ediciones Tercer Mundo en dos tomos: el primero, su biografía por Malcom Deas; el segundo, una amplia selección de sus escritos.

 

 

   

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GUILLERMO WILLS: "Consideraciones sobre el estado de la moneda y la minería de plata"
(Bogotá, N. Lora, 1833) y "Compendio de geología" (Bogotá, Imprenta de Ortiz, 1857).
Bibioteca Nacional, Bogotá.


   

 

  

Título: Un pionero inglés en Colombia: vida y argumentos de Mr. William Wills (1805-1875)


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