Desplazados : factores de una "cultura de desarraigo"

Por: Pizarro Leongómez, Eduardo

Ficha bibliográfica
Titulo: Desplazados. Factores de una
Autor: Eduardo Pizarro Leongómez
Edición original: 2005-06-23
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Eduardo Pizarro Leongómez
Notas:

 

Revista Credencial Historia


NOVIEMBRE 1999.



Desplazados
Factores de una "cultura del desarraigo".

Por: Eduardo Pizarro Leongómez.

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Noviembre 1999. No. 119

Fuerzas migratorias.
Acuarela de Pedro Nel Gómez, 1934.
Casa Museo Pedro Nel Gómez, Medellín.

Desplazados por la violencia.
Fotografía de Luis Gaitán (Lunga), 1953.

 


Colombia ha sufrido dos procesos masivos de desplazamiento forzado de población en esta segunda mitad del siglo XX: el primero surgió como consecuencia del período de Violencia en los años cincuenta y el segundo durante la última década bajo el fuego cruzado de las violencias de múltiple rostro que están afectando al país hoy en día.

Como consecuencia del período de la Violencia, Colombia pasó de ser un país eminentemente rural a un país marcadamente urbano en menos de 25 años. La relación entre población rural y población urbana cambió de signo de manera radical; si antes de la Violencia sólo una cuarta parte de la población vivía en los centros urbanos, al cabo de pocos años la relación se había invertido y sólo una cuarta parte residía en las zonas rurales. Según los especialistas se trató de uno de los procesos de urbanización más acelerados y traumáticos que han ocurrido en el mundo. Sin duda, el país no estaba en los años sesenta en capacidad de absorber esta avalancha humana, lo cual contribuyó a disparar los índices de pobreza y desocupación urbanas.

La segunda oleada de desplazamiento forzado viene ocurriendo desde hace diez años. Todos los días en los terminales de transporte se puede observar la triste caravana de los desplazados con sus rostros asustados ante un futuro incierto. ¿Cuántos son? Según las cifras del Secretario Nacional de Pastoral Social ("Desplazados por la violencia en Colombia"), que ha realizado el único estudio serio al respecto, pueden superar con creces el millón de personas. En muchas ocasiones se trata de viudas y de huérfanos. Si la Violencia en los años cincuenta buscaba la homogeneización política de los municipios bajo el enfrentamiento liberal y conservador, en la violencia actual la lógica del control territorial y, por tanto, de la población que habita en cada una de las regiones en disputa, conlleva la subordinación o la expulsión de los habitantes de una región que tradicionalmente había vivido bajo dominio de otro actor armado. Tanto las organizaciones guerrilleras como los grupos paramilitares participan de esta lógica perversa de control territorial y poblacional, y unos y otros son una fuente directa de desplazamiento masivo de la población campesina e incluso semi-urbana. La guerra de aparatos que se libra en Colombia exige como condición para su supervivencia, la subordinación mediante el terror de las poblaciones que habitan las regiones que dominan uno u otro de los señores de la guerra.

El impacto es devastador. Justa o injustamente, en el imaginario colectivo los desplazados son percibidos como una fuente de criminalidad, invasión ilegal de tierras, extensión de suburbios desprovistos de servicios públicos, desempleo y economía informal. Como consecuencia de esta visión los desplazados no sólo son victimas de la expulsión de sus tierras y de sus comunidades de origen, sino de un grave rechazo social en los centros urbanos en donde buscan asiento. El desplazado es percibido como un criminal en potencia y discriminado. El doble impacto generado por el éxodo y el rechazo es la fuente de una profunda "cultura del desarraigo". Sin raíces, sin vínculos comunitarios, lejos de sus regiones de origen, el desplazado constituye uno de los problemas más graves de la sociedad colombiana a fines del milenio.

En términos comparativos, el desplazamiento de población en Colombia en la última década es sólo equiparable a la guerra civil en Ruanda. En esta nación del centro de Africa, la guerra civil entre las etnias tutsis y hutus dejó más de un millón de víctimas y un poco más de dos millones de desplazados. Con esta única excepción, el drama humanitario en Colombia supera con creces el desplazamiento forzado en Afganistán, Bosnia-Herzegovina y Kosovo, para colocar solo los ejemplos más dramáticos.

 

 

 

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