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SAN EZEQUIEL MORENO:
"EL LIBERALISMO ES PECADO"
El santo del V Centenario no aprendió que la esencia de la política es la conseción
Por: Malcom
Deas
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 46
Octubre de 1993
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Roma locuta est. Los designios de la Madre Iglesia muchas veces son
indescifrables aun para los creyentes, entre quienes no me cuento. En 1992 culminó el
largo proceso de canonización de fray Ezequiel Moreno Díaz (1848-1906), obispo de Pasto
entre 1896 y 1905, quien ya había sido beatificado en 1975 por el papa Pablo VI. Fue uno
de los eventos a primera vista más sorprendentes del año aniversario del descubrimiento
de América. ¿Refrescante dentro de la atmósfera en general bienpensante de la
celebración de los quinientos años canonizar a este godísimo anatemizador de liberales?
¿O fue que el Abogado del Diablo, si todavía es nombrado en la Iglesia post-conciliar,
se estrelló contra la sancta simplicitas del candidato y sus poderes
sobrenaturales? Tengo en mi poder una vieja tarjeta postal del santo, y alguien atrás
escribió: "Hágame un marquito para este retrato que hace muchos milagros".
Pasar unos días con
los escritos del nuevo santo y con sus biógrafos produce cierto temor. Sobre el
comentarista escéptico o aun liberal, de repente van a llover excomuniones y anatemas.
Dejo el asunto de su santidad y me refiero más bien a su significado histórico.
La historia de su vida
es breve: nació en Alfaro, Logroño, España, y se hizo agustino descalzo (candelario) en
el convento de Monteagudo. Durante quince años fue misionero en Filipinas. Fue enviado a
Colombia para restaurar la Provincia de la Candelaria en 1889. En 1894 fue nombrado
vicario apostólico de Casanare y obispo de Pinara in partibus infidelium:
"Creemos que no habrá quién se figure que nos lleva a Casanare móvil alguno
terreno; pero por si alguien se lo imaginase, nos alegramos de que allí no nos espere un
palacio o casa cómoda donde poder habitar; ni pingües rentas que nos puedan enriquecer;
ni mesa abundante y delicada; ni medios ni maneras de hacer la vida cómoda y
regalada" (Cierto contraste con otro cura español de nuestra época...). Pasó en
Támara, sede del Vicariato de Casanare, la corta guerra de 1895, sin grandes molestias.
De allí fue trasladado al obispado de Pasto el año siguiente. Y en 1905 enfermó de
cáncer en la garganta y regresó a su celda de Monteagudo para morir.
Formó parte de ese contingente de religiosos y religiosas traídos del exterior por la
Regeneración, muchos de ellos con convicciones políticas formadas en los agudos
conflictos entre la Iglesia y los estados europeos. Se hizo amigo de Miguel Antonio Caro,
y de las damas de su familia: "Director espiritual y confesor de muchas damas del
alto rango". Caro fue padrino de su consagración como obispo de Pinara, cuando la
catedral se llenó con "la gente más elegante de Bogotá". Resumió en sus
"Ultimas disposiciones" su pobreza y su credo: "No hago testamento, porque
soy religioso y nada tengo [...] Confieso, una vez más, que el liberalismo es pecado,
enemigo fatal de la Iglesia y reinado de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones; y
queriendo enseñar esto, aun despues de muerto, deseo que en el salón donde se expone mi
cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel
grande que diga: 'El liberalismo es pecado'".
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Fray Ezequiel
Moreno.
Fotografía publicada en su biografía por Toribio Minguella y Arnedo, 1909.
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Es este credo lo que le
ha dado su fama perdurable fuera de los círculos que durante casi noventa años
trabajaron en su beatificación y canonización. Quedó reiterado en sus escritos
pastorales y en su correspondencia. Entrar en ese mundo mental estrecho y asfixiante, y al
mismo tiempo guardar el sentido de época y de proporción, no es un equilibrismo fácil.
Moreno vino de la España carlista, de la Iglesia del Syllabus errorum. La
mayoría de los eclesiásticos de su tiempo no dudaban que el liberalismo era pecado, y
muchísimos iban a seguir creyéndolo por otro medio siglo. Pero, aun en su tiempo, pocos
insistieron tanto como fray Ezequiel Moreno. Sus cartas pastorales y demás escritos son
un monumento a esta sencilla obsesión.
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Eloy Alfaro
Delgado, presidente de Ecuador (1895-1901 y 1906-1911).
Oleo en el Conservatorio Nacional de Música, Quito.
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Abre sus baterías en
la primera carta pastoral de Pasto, en contra de "esos hombres infatuados con una
vana ilustración, de esos maestros hijos del padre de la mentira; de esos emisarios del
ángel del non serviam, prometiendo dicha y ventura a los pueblos, pero con la
condición imprescindible de dejar la fe, de abandonar las creencias católicas, y de
adorar los ídolos de la razón y la libertad humanas que ellos presentan". Los
liberales y los masones acechan por todas partes, y en gran número y tan peligrosos como
los modelos europeos. Los hijos del siglo amenazan a los hijos de la luz. En Pasto, es
claro que "la imprenta de Ramírez de Gómez Hermanos" está "puesta
siempre, por lo visto, [...] al servicio del diablo, pues ya son varias las obras salidas
de ella que nos hemos visto precisados a prohibir". Al sur, el Ecuador está gimiendo
bajo la revolución radical de Eloy Alfaro, que amenaza a Pasto con su prensa
peligrosísima, con las noticias de sus sacrilegios y hasta con su tropa en apoyo a los
liberales colombianos. Pedro Schumacher, de origen alemán, obispo de Portoviejo, Manabí,
y hermano de alma de Moreno, busca refugio bajo su protección. Es curioso para el obispo
de Pasto, que el gobierno de Colombia se preocupe por tener buenas relaciones con la
canalla radical de Quito; debe ser obra de masones: "Es seguro que los partidarios
del error nos dirán, como ya nos dijeron en otra ocasión, ¿qué? ¿y por qué nos
metemos en casa ajena? Contestamos diciendo que nos metemos, porque los de la casa ajena
se meten en la nuestra a todas horas, con mucho descaro y con malísimas intenciones.
Dejen en paz los de la casa ajena a nuestros pueblos; no les manden, ni uno siquiera, de
los muchos papeles llenos de doctrinas anticatólicas que les mandan; cesen en su trabajo
por quitarles la fe..." Federico González Suárez, obispo de Ibarra, tuvo que
protestar formalmente por la intromisión del obispo de Pasto en asuntos de su diócesis.
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Mortificaciones
y cilicios que usaba como penitencia
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Fray Ezequiel
Moreno y Díaz, obispo de Pasto (1896-1905).
Fotografía de 1898.
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Celda donde
murió Fray Ezequiel,
en el convento de Monteagudo.
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Los peores enemigos,
los más peligrosos, son los liberal-católicos. El escrito más famoso de Moreno, O
con Jesucristo o contra Jesucristo ó Catolicismo o liberalismo. No es posible la
conciliación, fue dirigido en 1898 en contra de un panfleto en defensa de actitudes
conciliadoras frente al liberalismo, "Los intransigentes", del presbítero
Baltasar Vélez, quien a su turno había sido inspirado por un artículo de la misma
índole publicado por Carlos Martínez Silva en El Repertorio Colombiano y
titulado "Puente sobre el abismo". Moreno persiguió "Los
intransigentes" hasta su condena e inclusión en el Indice de libros prohibidos, y
ordenó a sus curas "que reciban e inutilicen la obra [...] que todos pasen nota a
nuestra Secretaría del número de ejemplares que hayan inutilizado".
Por su correspondencia
privada, se ve que en política Ezequiel Moreno no fue un intrigante; fue meramente
simplista, e incluso naif. Sus enemigos son el demonio, los masones, los liberales: todos
los liberales, especialmente los liberal-católicos. "Es el demonio que trata de
poner frente a frente a Caro y Reyes", dice. Aunque amigo de Caro, confiesa que
"a mí siempre me queda la espina de que en el partido nacionalista, que es el que
gobierna, se han metido liberales, de los que nada bueno se puede esperar".
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Primera página
de una pastoral de Fray Ezequiel Moreno.
Biblioteca Nacional, Bogotá
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Federico
González Suárez,
obispo de Ibarra (1895) y arzobispo de Quito (1895-1906).
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Fray Ezequiel creía
que la guerra civil de los Mil Días fue un castigo de Dios, por los muchos
amancebamientos públicos, embriaguez y pecados de la prensa, y por errores oficiales como
el decreto con el que el gobierno lamentó la muerte de Luis A. Robles, "enemigo de
Dios [...] propagandista de herejías [...] agente del infierno para pervertir y condenar
almas". La guerra, sin embargo, tuvo la ventaja de revivir la "sana y recta
aversión al liberalismo", "calentar los pechos católicos", y dar
oportunidad a madres, esposas y hermanas de mandar hijos, esposos y hermanos a la santa
lucha con escapularios bien colgados. Sí, la religión debe ser defendida con Remington y
machete. Las páginas del obispo definen cuándo es lícito para un cura pelear con armas
y aun matar, además de instrucciones más cotidianas, como el modo de detectar el grado
de liberalismo del penitente en el confesionario, cómo dirigir los votos en las
elecciones, cómo no llamar a Jesucristo "Tribuno del pueblo": "Todo eso
suena a revolucionario, y es mucho más respetuoso y dulce llamarle... Divino Redentor de
las almas".
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Primera tumba de
San Ezequiel en el convento de Monteagudo
(España).
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De la contemplación de
la vida y obra de San Ezequiel Moreno, saco tres conclusiones que me atrevo a enunciar
aquí: Primero, que la Iglesia hizo con sus incesantes y bien repartidas denuncias gran
cantidad de propaganda para el liberalismo, los masones, el socialismo, el comunismo y el
nihilismo. Segundo, que tanto más humanos, si no santos, fueron sus contemporáneos
Miguel Antonio Caro y Federico González Suárez, ese obispo de Ibarra que después fue
arzobispo de Quito y una gran figura en la historia moderna del Ecuador. Así escribió
González Suárez en 1890, al otro lado de la frontera: "Nuestros sacerdotes se han
de mantener muy por encima de todo partido político, no se han de enrolar en ninguno, sea
el que fuere, ni han de hacer jamás los intereses de la religión solidarios con los de
un partido, llámase este como se llamare. Si el sacerdote pertenece a un bando político,
aquellos mismos que forman el partido en que está enrolado el sacerdote, lo miran un
secreto azar; los que están en el bando opuesto lo odian; y cuando predica la doctrina
católica, rehusan escucharla, porque para ellos la voz del sacerdote es entonces la voz
del banderizo político, y no la del maestro discreto de la verdad".
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San Ezequiel
Moreno.
Oleo de F. Masseria, Roma, 1975.
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Como al fin de su
Vicepresidencia Caro había llegado a detestar las intrigas políticas del clero (el
lector que lo dude debe consultar sus cartas en la valiosa obra de Carlos Valderrama
Andrade, Un capítulo en las relaciones entre el Estado y la Iglesia en Colombia.
Miguel Antonio Caro y Ezequiel Moreno. Instituto Caro y Cuervo, 1988): "En estos
países de la América española, donde nada es estable, en esta como Edad Media que
atravesamos, la acción del Clero y de las Ordenes religiosas requiere mayor prudencia y
circunspección que en sociedades más sólidamente organizadas, para no comprometer los
intereses de la religión en malhadadas aventuras".
La misma carta de Caro
que contiene ese juicio me sugirió mi tercera conclusión: los agresivos exclusivismos y
certicumbres de Moreno, su fe sin nubes, lejos de ser tan arcaicos y pintorescos, tienen
una terrible actualidad. Caro cita a un padre de familia que tiene dos tiernos hijos en el
Colegio de San Bartolomé. Sin que los padres jesuítas hayan dado ninguna señal de
desaprobación, ellos, con otros jóvenes bartolinos, han firmado una carta de apoyo al
ministro de Guerra, general Aristides Fernández, felicitándole por su amenaza de fusilar
a presos liberales en el panóptico. La carta del señor Mulet termina con este
"grito de dolor e indignación": "Protesto contra el escandaloso hecho que
a diario tenemos la pena de presenciar y que debiera conmover los corazones más
empedernidos: me refiero a la participación que están tomando en nuestras luchas entre
los hombres, niños, en mala hora asimilados a tales [...] Tal parece que Dios, queriendo
castigar nuestros injustificables odios, hubiera querido agregar a la guerra, a la peste y
a la hambre que nos acosan, un castigo aún más terrible: ¡el prematuro sacrificio de la
infancia!"
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"De cómo
el liberalismo político colombiano no es pecado".
Respuesta de Rafael Uribe Uribe a Fray Ezequiel Moreno. Bogotá,
Casa Editorial de "El Liberal", 1912.
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A estos castigos
todavía familiares, hacen su gran contribución los hombres y aun los santos que piensan
en términos absolutos. La esencia de la política es la concesión. Como político.
Moreno ni siquiera empezó
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